El control biológico de plagas es una alternativa para la agricultura en donde se aprovecha el funcionamiento de una cadena trófica manipulada por el hombre en menor o mayor grado, para evitar el deterioro de cultivos afectados por uno o más organismos y también para evitar la salinización y erosión del suelo, contaminación de aguas y otros problemas ambientales.
Por Alejandro Botero *
Los pesticidas los pondremos en este caso como problema de contaminación. Son uno de los mejores ejemplos de cómo la industria no solo puede generar tóxicos de forma indeseada sino al contrario, perfectamente consciente, como producto final que vender para “solucionar” un problema de manera rápida y temporalmente, sin embargo, las consecuencias que ha traído son enormes, empezando por la creciente acumulación de diversos productos en el organismo de sus propios clientes ya sea a través de la dieta o debido a la exposición directa a diversos tipos de pesticidas, cada uno con su particular problemática, tales como los organofosforados, los organoclorados (como el DDT, el clordano, el lindano o el dieldrin) o los carbanatos, por ejemplo. Sus aplicaciones son muy diversas: herbicidas, insecticidas, funguicidas y acaricidas.

Los usos extraordinariamente excedidos de los pesticidas como los que tienen que ver con la agricultura siempre hacen que sus efectos negativos arrojen cifras notables. Basta ver, por ejemplo, que los datos de la Organización Mundial de la Salud hablan de unos 220.000 muertos al año y 25 millones de afectados en el planeta por causa de los pesticidas.
Los datos publicados por el Instituto de Recursos Mundiales hablan de entre 3 millones y 3 millones y ½ de intoxicaciones agudas por pesticidas en el tercer mundo al año, casos a parte estos fueron los problemas que trajeron directamente al hombre.
Ahora hablaremos de dos problemáticas más relacionadas con los ciclos biológicos tales como la resurgencia, que consiste en la aparición de varias plagas que no eran consideradas debido a la reducción de un amplio espectro de especies que eran predadores naturales, por tanto, las plagas se incrementan o reinvaden las áreas donde se han aplicado insecticidas y al no tener enemigos o competencia, éstas incrementan sus poblaciones.
Un ejemplo de este fenómeno ocurrió en los campos de alfalfa de Estados Unidos, donde los organofosforados aplicados eliminaron el depredador Hyppodamia spp. y permitieron que el áfido Therioaphis trifoli se incrementara enormemente; lo mismo ocurrió con el chanchito blanco Pseudococcus aphinis en los viñedos de Chile que aparece después de tratar con químicos continuos contra thrips (Thysanoptera), al eliminar el parasitoide Metaphycus flavidulus. Todos estos casos los podemos catalogar como plagas secundarias de las cuales hay muchos ejemplos.
El otro problema es la resistencia, la cual es unas de las más grande problemáticas, ya que una vez que los pesticidas actúan y eliminan muchos insectos benéficos, se requieren aplicaciones regulares porque sus enemigos naturales han sido eliminados, y la plaga inevitablemente reaparece al utilizar el mismo tipo de pesticid. Esto hace muy posible que éste no actúe de forma eficiente porque la plaga siempre desarrolla resistencia química al cabo de algunas generaciones, teniendo que recurrir cada vez más al uso de pesticidas aún más fuertes y en mayor cantidad. Hoy en día existen más de 450 especies de artrópodos resistentes a mil insecticidas distintos, así como un gran número de malezas.
Para evitar estos problemas, la alternativa es el control biológico, práctica que tuvo origen con los antiguos agricultores chinos, que observaron que las hormigas eran depredadores efectivos contra muchas plagas de los cítricos, aumentaban sus poblaciones colectando nidos y colocándolos en sus huertos, con el objetivo de reducir las plagas del follaje.

Creditos: Mark Hoddle,
Años más tarde el primero en proponer parasitoides en estos casos fue Erasmus Darwin en 1800, porque observó la muerte de muchas larvas del follaje en repollo atacadas por una avispa de la familia Ichneumonidae y sólo hasta poco más de un siglo en 1888 ocurre el primer intento bien planeado de control biológico en el mundo que fue el caso de la introducción del coccinélido depredador (Rodolia cardinalis) nativo de Australia e introducido en California para el control de la escama algodonosa en los cítricos (Icerya purchasi).
La introducción de enemigos naturales por el hombre y el manejo que se hace para controlar plagas es un control biológico aplicado el cual ha sido lento porque los compuestos químicos pueden patentarse, mientras que los enemigos naturales no; por tanto, las empresas no se motivan mucho que digamos y sus avances se debe más que todo a pequeñas investigaciones sobretodo en universidades con fondos usualmente escasos.
La cría y mantenimiento de enemigos naturales suele tomar mucho tiempo lo que resulta a veces inaceptable para agricultores que necesitan una solución rápida y además este control es un proceso no inmediato ni tan dramático como los pesticidas. En los programas exitosos de control biológico el enemigo natural reduce la plaga a un nivel que no cause daño, pero no la elimina por completo ya que requiere una población mínima para su supervivencia, sin embargo es por lo general un control permanente, mientras que el control químico requiere una aplicación cada vez que la plaga aumenta su densidad, lo que ha llevado al desarrollo de resistencia entre las poblaciones de todas las plagas.
Por otro lado, tenemos el control biológico natural que se da entre los organismos en una constante competencia determinada por los agentes bióticos de mortalidad, quienes mantienen idealmente a todas las especies en un estado de equilibrio con su medio. Los seres vivos están restringidos en cuanto a su crecimiento poblacional debido a factores que previenen su aumento ilimitado, estos se dividen en factores independientes (lluvias, seguías, etc.) y dependientes de la densidad poblacional, siendo el último nuestro caso. En palabras más concretas, la mortalidad de una población resulta mayor cuando la población de la presa es alta y concentrada en un punto y hay que tener en cuenta además que existen las relaciones intraespecíficas (entre la misma especie) e interespecíficas (entre diferentes especies) cuya competencia por los recursos juega un papel predominante en la densidad de una población.
Las especies coexisten cada una con su historia natural y en equilibrio, pero cuando la comunidad se simplifica con la agricultura, el medio y los recursos cambian drásticamente. Para cada individuo, nuevos recursos y condiciones emergen, por lo general desfavorables para la mayoría, sin embargo, otros se ven muy beneficiados. La ausencia de ciertos enemigos naturales claves que desaparecen con la agricultura y la reducción de competencia con otras especies explican cómo muchos insectos se incrementaron en grandes números y se convirtieron en plagas, es necesario un control clave de la mortalidad en estos sistemas alterados, ya sea con la introducción de especies predadoras o parasitoides o con la conservación y protección de especies nativas con un papel determinante en la cadena trófica.
Las plagas agrícolas que se regulan mediante control biológico son en su mayoría insectos chupadores (orden Hemiptera) en especial las familias: Cicadellidae, Delphacidae, Psyllidae, Aleyrodidae, Aphididae, Margarodidae, Pseudococcidae Coccidae y Diaspididae. Casos exitosos con muchas de estas especies han dado confianza en este método de control en su mayoría controlado con otras especies exóticas, para un efectivo es necesario siempre tener bien determinado el comportamiento de la especie a introducir y como se puede desarrollar a través del tiempo lo que hace que la ecología de poblaciones sea la base teórica del control biológico de plagas y poder hacer predicciones y saber la viabilidad de un control.
Los beneficios económicos del programa resultan ser muy buenos a la hora de compararse con el uso de químicos, ya que el programa suele ser exitoso cuando la especie logra situarse permanentemente en un lugar donde se ven los beneficios claro a largo plazo. Mohyuddin y Shah (1977)

argumentan que la introducción de una avispa parasitoide en Nueva Zelanda para el control del gusano soldado Mythimma sepa
rata ahorró US $500.000 en insecticidas entro los años 1974 y 1975, aparte de mejorar la producción y por ende las exportaciones de maíz, incrementando ganancias de millones de dólares justificando así el gasto en la investigación de dicho programa.
Otro ejemplo fue en Zimbabwe donde se ahorraron el 50% en los costos del control de la escama roja Aonidiella aurantii, al cambiar las aplicaciones de pesticidas de amplio espectro a un programa de control biológico. Lo curioso es que no fueron los incentivos económicos quienes dieron lugar al cambio, sino la aparición de resistencia de esta especie a los organofosforados, lo cual planteó como única vía de control el uso de enemigos naturales como Chilocorus bipustulatus quien los depredaba y Aphytis melinus el cual es un parasitoide muy efectivo contra estas cochinillas por su alta especificidad con los huéspedes.
*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia


