A lo largo de la historia de la evolución del ser humano, éste se ha visto obligado a interactuar con su entorno y los cambios ambientales, para así lograr sobrevivir hasta en los más inhóspitos ambientes en los que ha llegado a habitar.

Por Stefany Vargas*

Una de las herramientas que hemos desarrollado como especie humana, y que nos logra diferenciar del resto de las especies, es la agricultura, la cual en sus inicios ‘’no resultó de experimentos conscientes orientados a un fin concreto, si no que la domesticación de las diferentes variedades de plantas surgió gracias a las reacciones y adaptaciones de estas a determinadas conductas humanas, de manera espontánea y no planificada. La costumbre de recolectar plantas silvestres y tirar las semillas, ‘plantándolas’ accidentalmente, fue uno de los primeros pasos en el desarrollo de la agricultura’’1. Con el paso del tiempo llegó la necesidad de seleccionar y cuidar las especies de plantas más útiles y beneficiosas para el humano.

La agricultura avanzó lentamente y se consagró en el Neolítico, hace aproximadamente unos 8.000 a 10.000 años, donde los primeros cultivadores ocuparon distintas regiones como Irán, Irak, Jordania, Israel, Siria, Turquía, Sureste asiático (Tailandia), África (Egipto, a lo largo del río Nilo), Europa (Macedonia, márgenes del río Danubio), China (río Amarillo), India y Pakistán (valle del río Indo) en América lo que hoy es el norte de México (…). De aquí en adelante la vida nómada de nuestros antepasados cazadores-recolectores  se vio reducida y con el aumento de las poblaciones tras la última glaciación, se vieron forzados a buscar espacios permanentes y estables para cuidar, dedicarse a la preparación de la tierra, la siembra y recolección de sus cosechas. Al desarrollarse la agricultura y con esta, la domesticación de plantas y animales, se logró la combinación ideal para sobrevivir a las nuevas formas de vida sedentarias.

En América la agricultura se desarrolla en lo que actualmente conocemos como México y el resto de Centroamérica entre los años 8000 y 5000ac, luego con la aparición de  las primeras civilizaciones como la Azteca, Mixteca, Tolteca y Maya, en Suramérica los Chibchas, los Quechuas y los Mochica, la agricultura ocupó un lugar muy importante en el desarrollo y en la supervivencia de estos pueblos indígenas. Lo demuestran las terrazas de cultivo andinas, un claro ejemplo del aprovechamiento racional de los recursos que proporcionaba la tierra. La América indígena aportó numerosas especies de plantas domesticadas, como la papa, los fríjoles, el cacao, la yuca, el tabaco, los tomates, la coca, el amaranto, la quínoa, el aguacate, el ají, el maní, variadas frutas tropicales y su base alimenticia, el maíz.  Con la llegada de los europeos se introdujeron los cultivos de leguminosas, hortalizas, el olivo, la caña de azúcar y especias de origen asiático. 

Agricultura en el Neolitico

Seguido a la conquista y al infortunado descubrimiento de las minas de oro y plata, se llegó a menospreciar a la agricultura, sin embargo los centros mineros no podrían permanecer sin ella y sin ganadería, por lo tanto se extendió la producción de maíz, trigo, carne y cuero para satisfacer las necesidades de la población minera. Entre los siglos XVII y XVIII  la agricultura se convirtió en la actividad económica más importante del continente, a causa del crecimiento demográfico, y a la valorización social de aquel que poseía la tierra.  De aquí en adelante la mayoría de los esfuerzos se empleaban en mejorar y extender la producción, en suplir las necesidades de las nuevas poblaciones y del naciente sistema que favorecía la acumulación de la tierra.

A principios del siglo XX y gracias a los avances y descubrimientos científicos en química, mecánica y genética, comienza la introducción de fertilizantes químicos, los agro tóxicos en forma masiva, dejando a un lado los sistemas de rotación, la asociación entre plantas cultivadas (o policultivos) pasando a los monocultivos permanentes.Tras la Primera y Segunda Guerra  Mundial productos químicos se sintetizaron para ser aplicados desde un avión para destruir las cosechas del enemigo, luego se utilizaron como herbicidas en la agricultura. 

 

Una Revolución costosa

Los años 50 y 60 fueron cruciales en la historia agrícola, principalmente por el fenómeno mal llamado ‘Revolución verde’, esto conllevó a la implementación de ‘paquetes tecnológicos’ impulsados por los gobiernos y las empresas productoras de insumos, los cuales alentaban a los países a transformar su agricultura y adoptar el modelo de monocultivos dependientes de fertilizantes químicos y agro tóxicos, con la excusa de la hambruna, y la necesidad de aumentar la producción y rentabilidad de los alimentos causada por el crecimiento de la población. 

La revolución verde implicó el desarrollo de semillas de ‘variedades de alto rendimiento’, sobre todo de trigo, maíz y arroz, pero estas semillas llevan consigo la necesidad de utilizar grandes cantidades de fertilizantes y agro tóxicos. Esta agricultura al ser masificada llegó a ser conocida como agricultura convencional, lo que convirtió a la agricultura en dependiente del petróleo ya que la maquinaria, los combustibles, los insecticidas, fungicidas, los fertilizantes, los herbicidas, son en gran parte utilizados en los cultivos y cosechas. Todo esto conlleva a la desaparición de variedades locales adaptadas y la cultura asociada a ellas, además del conocimiento acumulado por milenios, elimina métodos tradicionales de manejo ecológico del suelo, de la materia orgánica, de abonos verdes, de control biológico de plagas y de variedades adaptadas a diferentes condiciones de suelo y clima. 

Revolución verde: Deforestación e implementación de monocultivos.

”La agricultura convencional implica la simplificación de la biodiversidad y alcanza una forma extrema en los monocultivos. El resultado final es una producción artificial que requiere de una constante intervención humana. En la mayoría de los casos, esta intervención ocurre en la forma de insumos: agro tóxicos y fertilizantes químicos, los cuales, a pesar de aumentar los rendimientos en el corto plazo  resultan en una cantidad de costos ambientales y sociales indeseables” 2. Esto nos lleva a una preocupante situación, donde a las empresas y los gobiernos de turno les importa más la acumulación de riquezas, de clientes que compren y no de pueblos que coman, actualmente se produce más alimento del que se consume, y aún así millones de personas mueren de hambre.

Nuestro país no ha estado exento de esta problemática. Colombia, un país rural, centro de diversidad biológica y cultural, ha atravesado a lo largo de la historia por diversos conflictos socioambientales. La  ocupación territorial de Colombia resultó de formas de apropiación privada iniciadas durante la colonia española, y se continuó en épocas siguientes por una política de enajenamiento que favoreció a los sectores más poderosos de la sociedad desde entonces, fortaleciendo al latifundio como forma de dominación. El problema de la tierra en nuestro territorio se ha visto influenciado  por el afán de poder y de acaparar el mayor número de tierras, despojando a campesinos e indígenas que han resistido a la barbarie de los terratenientes, paramilitares, militares, guerrilla y del propio estado.

 En Colombia, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) hay aproximadamente 9 millones de hectáreas aptas para la agricultura, pero se utilizan para este fin únicamente 5 millones. En cambio, hay 19 millones de hectáreas aptas para la ganadería pero ¡se utilizan 40 millones!… Las élites colombianas han hecho perdurar este problema oponiéndose a una Reforma Agraria efectiva y justa para los campesinos sin tierras, y esta crisis de la agricultura fue la que condujo a que se implantaran los cultivos ilícitos, resultando benéfico para los narcotraficantes quienes encontraron en esta población la mano de trabajo para sus cultivos y la obtención de mayores ingresos.  Una triste realidad donde se demuestra la tendencia a la concentración de la propiedad, al aumento de tierras dedicadas a la ganadería extensiva, a la falta de oportunidades de trabajo, a la poca inversión en tecnología para el campo, a que la producción de alimentos se disminuya y los desplazamientos forzados aumenten, al deterioro de los suelos y a la pérdida de invaluables bienes naturales. 

Primera recuperación de tierras Hacienda Cobaló, Cauca, 1974. Foto: Jorge Silva
Documental Nuestra voz de tierra, memoria y futuro.

A pesar del Estado con su notable corrupción y su incapacidad para atender las demandas de la sociedad,  las comunidades han generado diversas formas de protesta, resistencia y lucha en contra de las apropiaciones de nuestro patrimonio por parte de las dirigencias políticas, de los terratenientes, narcotraficantes, de empresas extranjeras etc. Uno de los frutos surge con la creación de las Zonas de Reserva Campesinas en el año 1994 para contrarrestar y regular la inequitativa concentración de la propiedad,  además de lograr un desarrollo adecuado y sostenible de la economía campesina. Actualmente hay Zonas de Reserva Campesinas en Guaviare, Cundinamarca, Caquetá, Bolívar, Antioquia y Putumayo. Además se crearon los Resguardos Indígenas, los Territorios Colectivos de Comunidades Negras (TCCN), los Territorios Agroalimentarios que dan continuidad a la lucha por una vida digna, por la supervivencia de sus culturas y de un manejo sostenible para con la naturaleza.

 

Bienvenida la agroecología

Zona de Reserva Campesina del Catatumbo

Gracias a la búsqueda de soluciones a los problemas como la vulnerabilidad alimentaria, la falta de conciencia por parte de los que habitamos las urbes, del desconocimiento de los derechos elementales de los pueblos, de la falta de apropiación, de la destrucción de nuestro patrimonio ambiental y cultural, se han orientado estrategias de concientización con el fin de materializar las grandes ideas que en verdad benefician a las comunidades y propiciar un cambio real hacia un país justo y digno para quienes lo habitamos.

Una de estas herramientas es la Agroecología, la cual en América Latina tiene sus raíces en los conocimientos y prácticas de los indígenas y campesinos de Mesoamérica y los Andes. La Agroecología se consagró a finales de los años 70s como alternativa a la Revolución verde, y ”emerge como una disciplina que provee los principios ecológicos básicos sobre cómo estudiar, diseñar y manejar agroecosistemas que son productivos y a su vez conservadores de los recursos naturales y que además, son culturalmente sensibles y socialmente y económicamente viables” 3.

En la actualidad la agroecología es una ciencia y una práctica definida en las vidas de miles de pueblos campesinos e indígenas alrededor del mundo, ya que reúne a las comunidades en la creación de soluciones para producir alimentos saludables, conservar los bienes naturales, además de nutrir la lucha para la soberanía alimentaria y el fortalecimiento en la defensa de la Madre Tierra. La Vía Campesina, un movimiento social global, dice, “el origen de la agroecología es el conocimiento acumulado del pueblo rural, que es sistematizado y desarrollado a través de un diálogo de diferentes clases de conocimientos: el conocimiento científico, el conocimiento de las comunidades que se organizan, y el conocimiento cotidiano práctico de la agroecología y de la producción agrícola”4.

En Colombia la agroecología toma fuerza también a causa de los conflictos socio-ambientales y a la degradación ambiental causada por la agricultura industrializada.  En el ámbito académico tenemos varios ejemplos que impulsan la Agroecología: la RECAB (Red Colombiana de Agricultura Biológica), la Red de Agricultura Ecológica (RedAE), la Sociedad Científica Colombiana de Agroecología (SOCCA) creada en 2011, la Escuela de Agroecología de CECIDIC en Toribío Cauca, el programa de Ingeniería Agroecológica en la Corporación Universitaria Minuto de Dios (UNIMINUTO) desde 2001, el Programa de Doctorado en Agroecología en las Universidades de Antioquia y Nacional creado por la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA)  la Facultad de Ingeniería Agroecológica de la Universidad de la Amazonía, la Universidad de Caldas abrió la primera Maestría en Agroecología que se dictó en el país, La Universidad Santa Rosa de Cabal (UNISARC) reconocida como la primera institución de educación superior que en Colombia en los años 90 inició procesos de formación en agricultura orgánica, ACASOC (Asociación del Colectivo de Agroecología del Suroccidente Colombiano) creada en el año 1994, entre otras.

En el campo social y en diferentes regiones del país encontramos importantes proyectos, movimientos e iniciativas como lo son las experiencias de las Escuelas Campesinas, las cuales le han dado vida y fuerza a la enseñanza e implementación de la agroecología en la Colombia rural; la solidaridad, la originalidad y la generación de un nuevo sentido hacia la soberanía y autonomía alimentaria en el país se destacan entre los principios de éstas. Actualmente sobresalen las siguientes: las Escuelas Campesinas Agroecológicas de la Provincia de Entre Ríos y la Escuela Agroecológica Tierralegre ambas en Quindío, la Escuela Campesina del Valle de Tenza (Escavalle) y la Escuela de Agroecología Agrosolidaria en Boyacá, las Escuelas Campesinas hacia el Desarrollo Sostenible  y la  Escuela Campesina de la Secretaría de Agricultura y Ambiente de Marinilla SAYA en Antioquia, la Escuela Territorial y Agroecológica Manuel Quintín en el Tolima. 

 

Además encontramos la labor realizada por el Grupo Semillas, y la Red de Semillas Libres de Colombia, quienes apuestan por la defensa de las semillas nativas y criollas, de los conocimientos asociados a ellas y que han pasado por generaciones, además del rescate y la importancia de los custodios de semillas; la Red de Mercados Agroecológicos Campesinos del Valle del Cauca integrada por 275 familias de campesinos que ven en la agricultura familiar un importante aporte a la economía campesina; en Riosucio, Caldas, el Resguardo Indígena Cañamomo y Lomaprieta se declaró un territorio libre de transgénicos priorizando las semillas criollas y el cultivo basado en los ciclos naturales de la luna y de las lluvias, junto a la soberanía alimentaria, rechazando el uso de las tecnologías y productos que aceleran artificialmente los procesos naturales de los alimentos.

En Medellín encontramos a la Red de Huerteros que genera espacios alternativos y colaborativos entorno a la agricultura urbana, y al fortalecimiento de la relación entre campo y ciudad. En un plano más amplio y como opción al modelo económico, político y social actual, la Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular dentro de su pliego de exigencias pide ‘’La transformación del modelo productivo del país, apuntando a una política económica planificada y agroecológica, que regule el mercado, basada en el fortalecimiento de la economía campesina, indígena y afrocolombiana’’5

Resguardo Indígena Cañamomo Lomaprieta, Territorio Libre de Transgénicos en Riosucio, Caldas.

Esto nos lleva a que dentro del desalentador panorama de la agricultura convencional, del acaparamiento y uso indebido de las tierras haya un país que quiere vivir con justicia y paz, que reconoce a la ruralidad como motor del desarrollo, que necesita una reforma agraria que ataque el latifundio, que reconoce a la naturaleza como víctima de los conflictos, que sabe que el peor modelo agrario es el que no pone a trabajar a la tierra, que entiende que en la diversidad de especies está la riqueza, que exige que el gobierno regule las semillas de las multinacionales que atentan contra la soberanía de los pueblos, y que principalmente comprende el momento político profundo que atraviesa nuestro país y que es la oportunidad de transformar las dinámicas agrarias de esta sociedad.

CITAS

1 Jared Diamond. El Tercer Chimpancé.’Ambivalencias de la Agricultura’

2 Miguel A Altieri. Agroecologia: principios y estrategias para diseñar una agricultura que conserva recursos naturales y asegura la soberanía alimentaria.

Miguel A Altieri. AGROECOLOGIA: Bases científicas para una agricultura sustentable.

4 Agroecología Campesina para la Soberanía Alimentaria y la Madre Tierra, experiencias de La Vía Campesina. Cuaderno n°7 Noviembre 2015

Cumbre Agraria: Campesina, Étnica y Popular. Pliego de exigencias: Mandatos para el buen-vivir, la democracia y la paz.

 

*Estudiante de antropología Universidad de Antioquia