LAS MUJERES SIEMPRE HAN ESTADO EN EL CINE

La primera mujer en hacer cine en Colombia no fue colombiana. La estadounidense Kathleen Romoli filmó en Chocó rodó en los años 30 A Journey to the Operation of the South America Gold Platinum Co.

 

Escribe / Melissa Téllez H. – Ilustra / Stella Maris

Desde muy pequeña Delfina Chacón, cocreadora del colectivo Encuadradas, se vio reflejada en los personajes de las películas que veía: princesas, superheroínas y personajes animados. A medida que fue creciendo, su gusto por el cine también lo hizo, y no tardó mucho en darse cuenta de que quería dedicarse a contar historias a través de lo audiovisual. Sin embargo, en el pregrado notó que, mientras los referentes masculinos eran citados y elogiados, de las mujeres se hablaba poco o no se hablaba nada. Fue entonces cuando comenzó a preguntarse el por qué. ¿Acaso no existían? o, por el contrario, ¿habían sido olvidadas e invisibilizadas en una historia contada mayoritariamente por hombres? Y, además, ¿qué pasaba con las mujeres haciendo cine en la actualidad?

Según la Federación Iberoamericana de Academias de Arte y Ciencias Cinematográficas (FIACINE), en Iberoamérica las directoras representan el 18%, mientras que las mujeres trabajando en sonido y dirección de fotografía 7%, en guion y montaje 22% y en dirección de arte 43%. Esto abrió otros interrogantes, sobre todo en referencia a la paridad y representación, no sólo a Delfina sino a muchas mujeres que trabajan en el campo cinematográfico.

Mujeres Audiovisual, Killary Cinelab, Encuadradas y RecSisters son algunos de los colectivos que nacieron por estos mismos motivos: cuestionando el rol de la mujer en la industria, la invisibilización del trabajo femenino en la historia del cine, la paridad inexistente en el campo, los abusos de poder y las propias experiencias. A lo largo de los años estas iniciativas han trabajado en Colombia para entender las dinámicas y cerrar la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres en este medio, a través de talleres de capacitación, investigaciones, festivales, creación de contenido: mujeres que narran mujeres.

Alice Guy-Blaché

Las pioneras

Alice Guy-Blaché apareció en escena en 1896, un año después del estreno de la primera película, era secretaria de la productora Gaumont. Alice estuvo presente en una demostración realizada por los hermanos Lumière, en donde explicaron cómo funcionaba el cinematógrafo. A ella le interesó el asunto y pidió que la dejaran usar el aparato en sus horas libres. Así, comenzó a experimentar y ese mismo año realizó su primer cortometraje, llamado La Fée aux Choux (El hada de las coles).

Este no sólo fue su primer trabajo cinematográfico, sino también la primera película de ficción de la historia. Además de eso, fue pionera en efectos especiales, ciencia ficción fílmica, lenguaje cinematográfico, narrativo y quedó a cargo de la productora un tiempo después. Sin embargo, por muchos años su legado fue apartado de la historia y sus películas fueron atribuidas a su esposo (quien era camarógrafo) o nunca fueron mencionadas, hasta finales del siglo XX, momento en el que su trabajó fue retomado por historiadoras y mujeres en el campo audiovisual.

Según Cari Beauchamp, historiadora, periodista y documentalista estadounidense, esto no sólo ocurrió con Alice Guy-Blaché. En el documental Story of Film, ella asegura que lo mismo pasó en Hollywood. “Hollywood fue construido por mujeres y judíos, personas que no eran aceptadas en otras posiciones en el momento. La mitad de los filmes escritos antes de 1925 eran escritos por mujeres”.

The Women Film Pioneers Project, un proyecto de recolección de datos fílmicos de la Universidad de Columbia, constató que 644 mujeres que trabajaron en la industria del cine mudo no fueron historizadas, algunas tenían trabajos como supervisoras, fotógrafas, cortadoras de negativos, operadoras de maquinarias, entre otros. Además, hasta la fecha, registran 300 mujeres pioneras del cine en todo el mundo, entre ellas: directoras, guionistas, productoras, editoras, jefas de escenografías, actrices y dueñas de compañías cinematográficas.

 

La mujer en el cine colombiano

El 13 de abril de 1897 se realizó la primera proyección pública cinematográfica en el país, sin embargo, la participación y posicionamiento de la mujer en esta industria no se dio hasta unas décadas después. Según María Teresa Gómez Ramírez, escritora del artículo ‘Representatividad de la mujer en el cine, un análisis del contexto hacia un imaginario social para el reconocimiento femenino’, esto ocurrió porque no se contaba con una educación incluyente de género sino hasta la mitad de siglo y, además, porque las mujeres, aunque lucharan “por sus ideales, su poder de liberación y el reconocimiento social, también debían estar comprometidas con ser madres, hijas y esposas, cuidando así cada uno de sus roles”.

La primera mujer en hacer cine en Colombia no fue colombiana. Kathleen Romoli era una antropóloga e historiadora estadounidense que se mudó a Colombia a finales de los 30. Mientras vivía en el Chocó, la compañía minera Gold Platinum pidió un filme promocional de sus operaciones en el país y Romoli rodó A Journey to the Operation of the South America Gold Platinum Co. Este filme se concentró en la comunidad Emberá que residía en los terrenos cercanos a la compañía y sólo fue descubierto hasta después de su muerte.

Según la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, la primera realizadora fílmica colombiana fue Gabriela Samper (en la portada) en los años 60. “Esto significó un punto de quiebre en las narrativas y la presencia de la mujer en el cine”, aseguraron Delfina Chacón y Melissa Vergara, realizadoras de la investigación académica ‘Encuadradas: las mujeres hacedoras de cine del Caribe colombiano’ y creadoras del colectivo del mismo nombre que busca visibilizar el trabajo de las hacedoras de cine del Caribe colombiano.

 

Las décadas siguientes fueron esenciales para consolidar a la mujer dentro del campo, no sólo como actrices sino también como creadoras de contenido. Además, el movimiento feminista, que tomó fuerza en los 70 y 80, moldeó la narrativa de muchas mujeres que se iniciaron en la industria cinematográfica en Colombia, como es el caso del colectivo Cine-mujer.

“El feminismo es el que ha permitido la conquista de estos espacios que tenemos hoy en día. Mujeres Audiovisual empieza en el 2008, pero hay muchas mujeres detrás, por ejemplo, Cine-Mujer, yo a ellas las veo como una inspiración. En los 80 lograron ser productoras y directoras, crearon contenido con perspectiva de género: eso era activismo. Ellas labraron unos primeros pasos muy importantes”, afirmó Jimena Prieto, directora creativa de la Fundación Mujer Es Audiovisual, creadora de Cine En Femenino Festival y Femlab, espacios dedicado a la formación de mujeres en el sector cinematográfico, en donde además, se propone la apreciación y crítica cinematográfica sobre el cine hecho por mujeres desde el análisis de género.

 

La lucha continúa

Cuando Jimena estaba en sexto semestre comenzó a hacer cortos en la universidad. Un día, su profesor de cámara llegó al salón con una cámara de cine 16 mm, un poco antigua y pesada, lo primero que dijo fue: “Bueno aquí las niñas no tocan nada, esto es de los hombres”. Jimena también recuerda que su trabajo fue cuestionado por ser mujer, “un profesor una vez me dijo algo como ‘esto no lo pudiste haber escrito tú, es muy inteligente”, contó Prieto.

Según el estudio internacional sobre imágenes de género en películas del mundo entero, realizado por el Instituto Geena Davis sobre Género en los Medios, ONU Mujeres y la Fundación Rockefeller, de un total de 1452 cineastas encuestados sólo el 20,5% son mujeres, el 7% son directoras. El porcentaje baja drásticamente cuando se investiga sobre las mujeres que trabajan en la parte técnica de la industria (cámara, sonido, efectos especiales, iluminación, entre otros). Asimismo, demostró que las mujeres tienen el doble de posibilidades de ser sexualizadas y acosadas, sólo por su condición de género.

En los últimos años movimientos internacionales y nacionales, como el Me Too o la protesta en Cannes en 2018 por las pocas nominaciones a trabajos realizados por mujeres, han llamado la atención en la disparidad que tienen las mujeres en el mundo audiovisual, no sólo en los puestos de poder sino también en las brechas salariales y lo expuestas que se ven al acoso laboral.

Un estudio realizado en Colombia por el colectivo RecSisters en 2020, ‘Acoso laboral dentro y fuera del set’, evidenció que 80% de las 147 encuestadas se han sentido acosadas por sus compañeros de trabajo y que sólo 16% ha denunciado, en comparación al 84% que no denunció “por miedo a perder el trabajo y por la normalización del acoso”.

Para Juana Suárez, directora del programa de archivo y preservación de imágenes en movimiento de New York University y escritora del libro Cinembargo Colombia, la cuestión de igualdad va mucho más allá de los roles en los que históricamente se ha relegado a la mujer. Para ella, es importante hablar de igual manera de la influencia que tienen los círculos académicos en la creación de imaginarios y las políticas públicas como impulsadoras de la paridad que tanto buscan las mujeres, no sólo en este campo.

“Todo inicia por la cultura. Colombia es un país bastante machista, estamos intentando, de a pasos, trabajar para ser mejores, pero falta mucho. La cultura es machista, se reafirma dentro de la academia y además en los espacios en donde se desarrolla lo audiovisual”, agregó Delfina Chacón.

Por ello, nacen iniciativas desde la academia como el simposio ‘Los lugares de las mujeres en cine colombiano’, con el apoyo de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y el Seminario de Investigación en Cine del Festival Internacional de Cine de Cali (FICCALI), que este año habló sobre las mujeres en el cine. Y, por otro lado, las juntazas de mujeres cineastas en Colombia que trabajan en torno a la visibilización de la mujer en cine, a la defensa jurídica de sus derechos y la participación e incidencia de las mismas, como el Movimiento MUSA, una asociación de ocho colectivos, que buscan no sólo pensarse estos temas sino transformar sus realidades.

“No estamos pidiendo un cuartico de la casa, una esquinita, 15 minutos para mostrar mi corto, estamos pidiendo tumbar la casa y redistribuirla con espacios equitativos. Esa es la base de descolonizar los procesos, los archivos, el cine”, concluyó Juana Suárez en el Seminario de Investigación en Cine del FICCALI.