Las parteras Misak: generación de identidad y apropiación territorial

He visitado ciertas comunidades indígenas por diferentes motivos, pero hace algunos años hubo uno que marcó mi camino y que lo sigue marcando, escuchar que había mujeres (y en algunos casos hombres) que atendían los partos de las mujeres de la comunidad. ¿Cómo lo hacían y por qué lo hacían? Fue lo primero que me pregunté. 

 

Texto/ Jhonwi Hurtado – Fotografías / Santhiago Ramírez

Mi trabajo de campo desde mi formación como Licenciado en Comunicación y mi vocación de periodista me han permitido llegar a lugares en los que pareciera que el tiempo estuviese detenido.

He visitado ciertas comunidades indígenas por diferentes motivos, pero hace algunos años hubo uno que marcó mi camino y que lo sigue marcando, escuchar que había mujeres (y en algunos casos hombres) que atendían los partos de las mujeres de la comunidad. ¿Cómo lo hacían y por qué lo hacían? Fue lo primero que me pregunté.

Los Misak, o “guambianos”, residen en Silvia, Cauca, a poco menos de una hora de Popayán. La mayoría de los 35.000 habitantes de este municipio son indígenas de esta etnia.

La organización o forma de vida de las comunidades indígenas tiene sus particularidades. Para la comunidad Misak, por ejemplo, el futuro no está en los niños, sino en los mayores y por ello, los ancianos en esta comunidad son respetados y escuchados. Entre estas formas de organización o de vida, hay un papel importante, un rol que hace que la vida siga su curso, y es el de las parteras.

Según la OMS (Organización mundial para la Salud), en el mundo mueren cada día 830 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto, también señala que una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es reducir la RMM (Razón de mortalidad materna) mundial a menos de 70 por 100 mil nacidos vivos, entre 2016 y 2030.

¿Han ayudado o ayudarán las parteras a lograr estos objetivos? En diferentes ciudades colombianas y del mundo, la labor de atender partos, que se considera en las comunidades como un saber ancestral, se ha ido perdiendo. Los partos atendidos en hospitales y las cesáreas programadas han hecho que parir en un lugar diferente al hospital sea visto como una práctica arcaica y peligrosa, a tal punto que en su momento el exministro de Salud Alejandro Gaviria dijo que “en Colombia hay epidemia de cesáreas”.

En ciertos sectores de la parte médica se valida y se reconoce la partería de tradición, dice la ginecóloga Susana Bueno.

En algunos lugares de Silvia, como en tantos otros de la geografía colombiana, se hace difícil que el sistema de salud genere acciones positivas, en particular por las distancias, para muchas personas de veredas alejadas, el hospital más cercano puede estar a tres horas. Hace un tiempo le escuché a Susana Bueno, ginecóloga, decir lo siguiente: “En ciertos sectores de la parte médica se valida y se reconoce la partería de tradición, a esas parteras que han adquirido el conocimiento por estar en áreas alejadas de sitios donde no hay acceso cercano al sistema de salud, pero también existe otro sector médico que piensa que el conocimiento en torno al nacimiento es potestad de la parte médica y se ha perdido esa visión de que el parto es un acto natural”.

Ahora, ¿son las parteras actores sociales dentro de sus comunidades?

La partería hasta hace pocos años no era bien vista por muchas personas, principalmente porque se ha asociado con brujería. Desde el 2016 las partería tradicional del Pacífico fue declarada Patrimonio cultural e Inmaterial de la nación, este reconocimiento ayudó a que de cierta manera las parteras y parteros salieran de la caverna, dejaran de ejercer su labor casi en silencio y se atreviesen a mostrarse al mundo.

Si nos remitimos al texto El giro decolonial, encontramos una relación entre la colonialidad del ser y la cosmogonía indígena, en la época de la colonia. Los españoles generaron que las comunidades indígenas se diezmaran y como forma de control político y territorial, los desplazaron hacia lo que hoy se conoce como resguardos indígenas. En ese sentido, el papel de las mujeres parteras fue predominante para evitar la desaparición total de la comunidad: “La colonialidad se refiere a un patrón de poder que emergió como resultado del colonialismo moderno, pero en vez de estar limitado a una relación formal de poder entre dos pueblos o naciones, más bien se refiere a la forma como el trabajo, el conocimiento, la autoridad y las relaciones intersubjetivas se articulan entre sí, a través del mercado capitalista y la idea de raza”, afirma Nelson Maldonado-Torres.

Marleny Morales es enfermera misak.

El territorio conocido como guambía fue el lugar donde los españoles esclavizaron a esta comunidad indígena, incluso, el terreno donde se encuentra el hospital tradicional fue territorio recuperado por las autoridades indígenas a españoles, y allí ocurre algo particular, que podría ejemplificar lo que nos explica Nelson Maldonado Torres en su trabajo: a través de su organización y al ver la necesidad de generar mayor apropiación por parte de la comunidad frente al saber de la partería tradicional indígena, las parteras lograron que se les construyera la “chey-ya” o casa de las parteras en Namsri, lengua misak.

Pero antes quiero hacer un breve repaso de la metodología con la que las parteras ejercen su labor en este lugar: para las parteras misak el calor es un factor indispensable a la hora de parir. Por ello critican los hospitales, ya que son lugares fríos, en ese sentido el parto debe estar cercano a un fogón encendido, a diferencia de los partos en hospitales, donde la mujer está acostada, las parteras piden a la mujer o parturienta que se siente en cuclillas, sosteniendo una soga.

Cuando el parto finaliza, estas mujeres entierran el cordón umbilical bajo tierra, lo que en algunas partes llaman “ombligar” para que el nuevo ser humano siempre recuerde de dónde es y a dónde pertenece.

¿Por qué es importante haber contextualizado? Cuando la casa de las parteras terminó de ser construida, las mujeres y las autoridades indígenas habían solicitado a los encargados de la construcción dejar el piso en tierra, para poder enterrar los cordones umbilicales, esta persona se negó y dejó el piso en cerámica, argumentando que el sistema de salud no le permitiría a ningún hospital tener un piso de tierra. La decisión de las mujeres parteras al escuchar esta decisión fue negarse a atender los partos en ese lugar, y lo siguieron haciendo en las casas de cada una de ellas o en las casas de las mujeres que iban a parir.

De otro lado, la IPS- I Mama Dominga, de carácter occidental, ha aceptado que estas mujeres parteras, que no tienen algún estudio, diferente a su saber empírico y tradicional, ingresen a las salas de parto de la clínica cuando las mujeres parturientas así lo decidan.

En este momento, podemos volver a remitirnos a Maldonado, cuando asevera que “La colonialidad del ser es una expresión de las dinámicas que intentan crear una ruptura radical entre el orden y el discurso y el decir de la subjetividad generosa, por lo cual representa el punto máximo de este intento. El mismo queda expresado en la transformación del orden del discurso en un dicho o discurso coherente establecido, anclado en la idea de una diferenciación natural entre sujetos, es decir, en la idea de raza”.

Al fondo, la Chey-ya, casa de las parteras/ La identidad, el territorio y el conocimiento propio o saberes ancestrales, juegan un rol importante para las comunidades indígenas.

Es entonces una ruptura del orden y el discurso el que generan estas mujeres con su posición firme de hacer las cosas a su manera y de la forma en que lo consideran correcto. En palabras de uno de los médicos del hospital, cuando lo entrevisté hace algunos años, si ellas lo han hecho durante miles de años y lo han hecho bien, el hospital no tiene por qué venir a cambiarles las reglas de juego.

La identidad, el territorio y el conocimiento propio o saberes ancestrales, juegan un rol importante para las comunidades indígenas. El sentido de pertenencia por sus ideologías ha sido en gran medida la forma en que logran mantenerse durante el desarrollo de la historia y les permitió recuperar lo que en su momento les fue quitado. Es en ese orden de ideas, el papel de las parteras ha sido importante para mantener esa identidad propia; estas mujeres han logrado que a través de su conocimiento se hayan salvado muchas vidas, generando respeto y admiración por la comunidad.

En la introducción a Identidades, sujetos y subjetividades se lee lo siguiente: “podría afirmarse entonces, como lo señalan algunos autores, que sólo se piensa en la identidad cuando se la ‘pierde’, cuando su tranquilo discurrir está amenazado por algún factor, externo o interno, en el despliegue que va del autoreconocimiento a las identificaciones grupales, colectivas.”

Y es que la identidad de los Misak, no ha entrado en discusión o totalitarismos frente a las decisiones de vida, entre el tejer y el destejer, el hilar y el deshilar, que comienza desde el momento del parto, dicen ellas. Cada que el Misak sale a otras ciudades, a otros países, volverá a deshilar regresando a su territorio donde tiene el ombligo enterrado.

Si entramos un poco a los métodos utilizados para atender los partos, encontramos que esta identidad incluso se forja desde las plantas medicinales que le dan a beber a las mujeres en proceso de parto; no es raro encontrar en las cimas de las montañas a las parteras buscando las matas que solo crecen en esos lugares.

Pero se debe resaltar que las parteras indígenas, en su mayoría, no conocen el nombre de las plantas, y no les interesa conocerlo, no la nombran pero saben para qué sirve: lo no nombrado también existe.

Son estos recursos los que también han logrado que estas mujeres se mantengan en pie. Y ese no nombrar también radica en la necesidad de cuidar su saber. Hoy por hoy es conocido el caso de las parteras urbanas o doulas y las discusiones que se han tejido entre quienes las apoyan y quienes no. Para muchas de las parteras tradicionales mujeres que no son de la comunidad se han “robado” sus saberes y se están lucrando de ello en las ciudades.

Si vamos de nuevo al texto Identidades, sujetos y subjetividades, en el capítulo 1 escrito por Leonor Arfuch, se señala: “La pregunta sobre cómo somos o de dónde venimos (sorprendentemente hoy el actual en el horizonte político/mediático) se sustituye, en esta perspectiva, por el cómo usamos los recursos del lenguaje, la historia y la cultura en el proceso de devenir más que de ser, cómo nos representamos, somos representados o podríamos representarnos. No hay entonces identidad por fuera de la representación, es decir, de la narrativización – necesariamente ficcional., del sí mismo, individual o colectivo”

Ante la ausencia del Estado, han sido estas mujeres las responsables de salvar muchas vidas.

¿Cómo entonces se da esa unión entre identidad y representación? En la Casa Payán, que hace el lugar de museo para los Misak, se encuentra un cuadro que muestra una partera atendiendo un parto, en él se ve a una mujer en cuclillas sosteniendo una soga, un hombre al lado que se asume es el esposo, una planta de maíz y el fogón echando candela, siendo esta una representación individual de un ejercicio colectivo

Para finalizar, solo queda decir que ante la ausencia del Estado, han sido estas mujeres las responsables de salvar muchas vidas, han aportado a la reducción de la mortalidad perinatal y lo han hecho sin esperar nada a cambio.

Por ello, si parte de las premisas de los Estudios Culturales es proponer el estudio de cada cosmovisión cultural, es interpretar esos códigos culturales propios de cada comunidad, el hecho de estudiar la partería tradicional en Colombia dará aportes significativos para que se entienda que no son saberse arcaicos que se practican en cavernas, además de rescatar la importancia que merecen como saberes que responden a la ausencia del Estado en muchos lugares del territorio  colombiano.

Por último, para Manuel Castells “la identidad se está convirtiendo en la principal, y a veces única, fuente de significado en un periodo histórico caracterizado por una amplia desestructuración de las organizaciones, deslegitimación de las instituciones, desaparición de los principales movimientos sociales y expresiones culturales efímeras”. En ese sentido, las parteras tradicionales muestran esas formas o atributos culturales que dan sentido de pertenencia que se ubican por encima de las demás fuentes de sentido.

 

Referencias

Castels, M. (1999). La era de la información: Economía, sociedad y cultura. Masachusets: Siglo XXI Editores.

Consultor Salud. (17 de Julio de 2017). Obtenido de https://consultorsalud.com/epidemia-de-cesareas-en-colombia/

Hurtado, J. (21 de Noviembre de 2018). Panorama Cultural. Obtenido de https://panoramacultural.com.co/patrimonio/6350/parteras-y-parteros-del-choco-reunidos-para-seguir-aprendiendo

Maldonado-Torres, N. (2004). Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto.

OMS. (19 de Septiembre de 2019). Organización Mundial de la Salud. Obtenido de https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/maternal-mortality#:~:text=La%20mortalidad%20materna%20es%20inaceptablemente,parto%20o%20despu%C3%A9s%20de%20ellos.

Pecheny , M., Arfuch, L., Di Cori, P., Catanzaro, G., Regine, R., Sabsay, L., & Silvestri, G. (2005). Identidades, sujetos y subjetividades. En L. Arfuch. Buenos Aires: Prometeo Libros.