MÚSICA DE UNA CULTURA MACHISTA

La nuestra es una cultura machista y las canciones vallenatas son un reflejo de ella. Se producen, reproducen, interpretan y disfrutan por personas que pueden ser, en mayor o en menor grado, machistas o sexistas.

 

Escribe / Luis Carlos Ramírez Lascarro – Ilustra / Stella Maris

La reciente publicación del libro Representaciones sociales de género en las líricas vallenatas por parte del profesor Abel Medina Sierra, con el apoyo del Fondo Mixto para la promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira, es un acontecimiento importante para la vallenatología que refrenda el compromiso del autor, el Fondo y la Universidad de La Guajira, por llevar el estudio de la música de acordeón del caribe colombiano –y la vallenata en particular– a otro nivel, aportando luces muy interesantes aplicables no solo a esta, sino a cualquier otra música popular de la región o el país.

Este libro surge buscando responder la pregunta: ¿es el vallenato machista?, permitiendo que se pueda abordar el asunto con un sustento teórico, desde la psicología, la sociología de la cultura y los estudios culturales, haciendo visibles las ideologías, estereotipos y creencias, que han situado y mantenido a hombres y mujeres en roles sociales desiguales con los cuales ellas han llevado siempre la peor parte. Aunque sea difícil admitirlo para muchos el vallenato, como nuestra cultura, es machista. Este libro permite verlo con claridad, además de comprender la participación de los diferentes actores sociales del territorio germinal y de influencia del vallenato en las diversas formas de expresión de ese machismo o sexismo mediante las canciones de este género.

Si bien es cierto que gran parte del cancionero vallenato exalta a la mujer, subyacen, aún en esas canciones con intención glorificadora, unas posturas y una visión patriarcal del mundo que han sido formadas y sostenidas por la familia, la iglesia y la escuela. Quizá no son abiertamente machistas, sin embargo, no dejan de reflejar u objetivar sutilmente ese sexismo institucionalizado que muchos no ven o no quieren ver y reconocer, particularmente en las canciones del vallenato romántico de la época de oro del vallenato, incluido el autor del libro, quien no señala su presencia, particularmente en la obra de Manjarrez, uno de los dos autores que pone como paradigma compositivo del periodo romántico.

Es importante decir, también, que a pesar del notorio aumento de la participación de las mujeres en los escenarios de la música vallenata, esta participación no está del todo aprobada culturalmente y por eso el acceso a los espacios que siempre han dominado los hombres son muy restringidos para ellas, aun en la actualidad. Esa asimetría o desigualdad es un reflejo de paradigmas de vieja data que no parecen tan fáciles de erradicar y plantean un gran reto para lograr cambiarlos.

La nuestra es una cultura machista y las canciones vallenatas son un reflejo de ella. Se producen, reproducen, interpretan y disfrutan por personas que pueden ser, en mayor o en menor grado, machistas o sexistas. Por ello, aunque existan representaciones predominantes en una época o un autor en particular, si se mira la totalidad del repertorio, se podrán encontrar otras representaciones que nos pueden parecer, incluso, extrañas. Tal es el caso de Rolando Ochoa y Romualdo Brito, quienes en mucha de sus canciones fueron extremadamente machistas, pero también han tenido canciones en las que han venerado y exaltado a las mujeres o el caso de Omar Geles, quien pasó de ser uno de los autores principales del vallenato llorón a dominar el panorama en la Nueva Ola.

 

La periodización

Para el abordaje y estudio de las líricas de las canciones vallenatas el profesor Medina hace una división en cuatro periodos, que además de aplicarse al análisis de las letras se pueden aplicar al estudio de los aspectos musicales, interpretativos y contextuales de las canciones. Estos periodos son: Campesino, juglaresco y costumbrista; Lírico trovadoresco; Sensiblero y despechado, y La nueva ola.

Abel Medina Sierra, autor del libro.

En este ejercicio me parece curiosa la poca atención que le brinda el escritor a los autores del periodo Sensiblero, a quienes pone como epígonos de Efrén Calderón, en quien sí se extiende bastante, dándonos sobradas muestras de su “endecha lacerada”. En comparación con los otros periodos, a este del vallenato llorón apenas se le aproxima, sin mayor profundidad. No habla del Chiche Maestre, quien podría ser considerado el rey del despecho vallenato, ni de Iván Ovalle quien también tiene canciones del mismo corte e irrumpe para la misma época y es más cercano a las nuevas generaciones, al igual que Luis Egurrola. No revisa, tampoco, las obras de Wilfran Castillo, Omar Geles ni Tico Mercado, que son los compositores centrales de ese periodo y no detenerse en ellos me parece desdeñoso, seguro porque con sus obras de esa época muestran la faceta “corta venas” del vallenato, cuyo despecho sí se puede considerar influenciado por rancheras mexicanas tipo Me cansé de rogarle, de Pedro Infante; Se me olvidó otra vez, de Yolanda del Río; Por un amor, de Miguel Acevez; Por tu maldito amor, de  Vicente Fernández; Tristes recuerdos, de Antonio Aguilar; Amor con amor se paga, de Jorge Negrete; En el último trago, de José Alfredo Jiménez o Sombras, de Javier Solis*, cuya primera estrofa dice:

Quisiera abrir lentamente mis venas,

mi sangre, toda, verterla a tus pies.

Para poderte demostrar,

que más no puedo amar

y, entonces, morir después.

Es bastante significativa e interesante, por otra parte, la inclusión de algunos grupos o intérpretes en el periodo Sensiblero y en el de la Nueva ola que, de ninguna manera, son incluidos por la mayor parte del público en estas variantes del vallenato.

La siguiente tabla relaciona a los incluidos en el vallenato llorón:

Intérprete Compositor Canción
Daniel Celedón Marcos Díaz No me lastimes más
Los ambajadores Marcos Díaz Esperando tu amor
Jorge Oñate Efrén Calderón Me pides tanto
Los Betos Efrén Calderón Dame tu mano
Farid Ortiz Efrén Calderón No puedo olvidarte
Binomio de oro Efrén Calderón Qué será de mí
Miguel Morales Tico Mercado No te detengas
Iván Villazón Tico Mercado Perdóname
Iván Villazón Wilfran Castillo No me pidas que te olvide
Iván Villazón Wilfran Castillo Compréndeme
Poncho Zuleta Wilfran Castillo No tardes tanto
Diomedes Díaz Luis Egurrola Ven conmigo
Los Betos Luis Egurrola No me vuelvas a ilusionar
Diomedes Díaz Jorge Valbuena Necesito tu amor
Hermanos Zuleta Walbert Orozco Regresa pronto
Poncho Zuleta Walbert Orozco Decidete

 

Revisando el cuadro se puede refrendar que el oyente percibe como lloronas a las canciones no por su letra, sino por el tipo de voz del intérprete.

El otro resumen, que muestra a los intérpretes incluidos, hasta cierto punto inesperadamente, en la Nueva ola, permite mostrar que los males que se han achacado a los intérpretes de este último periodo, no son exclusivos de ellos ni fueron, tampoco, los iniciadores de la degradación que se les atribuye han traído al vallenato.

Intérprete Compositor Canción
Diomedes Díaz Fabián Corrales Qué hubo linda
Diomedes Díaz Fabián Corrales Perita en dulce
Iván Villazón Fabián Corrales Pongale la firma
Iván Villazón Fabián Corrales Te tengo en la mira
Binomio de oro Fabián Corrales A partir palito
Poncho Zuleta Felipe Peláez Los ayayay
Beto Zabaleta Elkin García Y hasta más
Beto Zabaleta Manuel Mercado Te cogía la caida
Beto Zabaleta Juan Manuel Pérez La que me mueve el piso
Jorge Oñate Josué Rodríguez Se te fueron las luces
Jorge Oñate Elkin García El plan B

 

Este listado enfatiza en el tipo de lenguaje directo y jergal que se acostumbra a usar en muchas de las canciones de la nueva ola y que no fue introducido por sus intérpretes en el cancionero vallenato, como tampoco el sexismo exacerbado ni la cosificación de las mujeres, asunto en el cual no han hecho más que retornar, como en varios otros aspectos, al primer periodo que el profesor Medina define para las líricas vallenatas.

 

Algunas representaciones recurrentes

A lo largo de estos cuatro periodos se mantiene una imagen de la mujer ideal: mansa, hogareña, recatada, aguantadora y sometida, que se ilustra claramente en Busco novia, de Héctor Zuleta; se glorifica en Mujer conforme, de Máximo Movil; se canta en Con el alma en las manos, de Rafael Manjarrez y sirve de modelo en Anticuado, de Euro Díaz. Si una mujer no se ajusta a este molde y se iguala al hombre en la parranda es amenazada con ser cortada por La tijera de Luis Enrique; cancelada, dejada, zafada o abierta por Fabián Corrales, Omar Geles o R8 y vista como plástica en Así no es ella de Rafael Manjarrez o La farandulera de Fello Zabaleta.

Otra forma en la que se manifiesta ese arquetipo mariano de la mujer virtuosa es en la constante tensión entre lo rural y lo urbano que se manifiesta en la supuesta moral laxa de las citadinas en contraposición de la pureza de las pueblerinas y que se evidencia en varias composiciones.

Así mismo, persiste la idea del macho picaflor que presume de su virilidad, en ocasiones usando la figura de un animal depredador, sea gavilán, zorro o tigre, que acedia a las pollitas o palomitas, y en otras como un terremoto que tiene de payasos a los pretendientes de la hembra, a quienes aplana inmisericorde y ante un desagravio, simplemente, pasa a conseguirse otra que no tiene ni punto de comparación. Ese macho se ufana de ser maluquito, pero sabroso o un negrito sabrosón que la pasa mujereando y diciendo a viva voz ¡Quiero mujeres! Un solo compositor podría servirnos para mostrar la persistencia de esta idea: Romualdo Brito, quien vivió para participar de los cuatro periodos, pero se puede evidenciar, también, con canciones de otros autores.

Es necesario señalar que, aunque el autor haya identificado unas representaciones y un lenguaje predominantes o presentes de manera regular en cada uno de estos periodos, no se puede generalizar o tenerles como un absoluto en ellos: “En épocas de juglaría encontramos las canciones de Tobías Enrique Pumarejo que exaltan la mujer; en la de lirismo emergen canciones de exacerbado machismo y vituperación de las mujeres como las de Héctor Zuleta; en pleno apogeo de la sensiblería Hernán Urbina Joiro cantaba “Yo no le canto al despecho, porque/ No me interesa inspirar compasión”. En predominio de la Nueva Ola, se escuchan canciones que celebran las virtudes femeninas” (p. 56).

 

Coda

Corresponde ahora a los lectores, espero no sólo en el ámbito académico, aproximarse a esta obra, valorando la oportunidad que brinda para ver y dimensionar la forma en la que las canciones vallenatas recrean y ayudan a reforzar las asimetrías en las relaciones hombre/mujer, al margen de que en su fuero interno considere o no a esta música como machista.

 

*Se citan los intérpretes de estas rancheras en vez de los compositores, por ser más reconocibles en nuestro medio, para poder mostrar que en la época de oro de las rancheras mexicanas ya existían este tipo de canciones.