Según Nietzsche, “la voluntad es la verdadera ‘esencia’ de la realidad”1, pero cuando esa voluntad se ve disfrazada de influencias categóricas sin argumento alguno, la realidad es un concepto ajeno para el ser humano que desea apropiarse de esta misma, para así ser dentro de una construcción cultural. La realidad al ser dinámica, convierte a los hombres que se apropian de ella  en seres que a su vez son dinámicos, puesto que para “la voluntad, el querer, no se somete a lo querido, si no que se sobrepone a todos sus posibles objetos…”. 

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Por: Mónica Viviana Bernal Soto***

Como un sueño en donde empiezan a aparecer sucesos sin sentido, se hace tan real y simplemente participas de él sin preguntarte por qué de ciertas cosas, tal vez no te cuestionas porque no eres consciente de ello, solo eres un personaje más. El concepto de la realidad humana se me hace ajeno a la naturaleza y a lo que estaba aquí en la tierra antes de que apareciera el hombre con su cerebro creador, como el arquitecto de su propia realidad o de este concepto. Antes de que apareciera el ser humano la vida en el planeta tierra estaba latente sin nuestros dioses, sin nuestras fantasías, sin nuestras reglas. Todo vivía en plena armonía con el entorno, presuntamente todo tenía una función útil en un ecosistema perfectamente establecido. Después un simple mono con pulgares funcionales empezó a buscar un lugar en ese mundo donde cada ser viviente gozaba y goza de una habilidad en particular.

El ser humano, lento al correr, con mandíbulas y dientes pequeños, erguido en dos piernas que no le proporcionan el equilibrio del cual gozan otras especies, de carne blanda y huesos porosos, extremidades frágiles, de hambre y sed, de temores y llanto,de frío y enfermedades, tanta fragilidad que poseemos y tanto poder que nos hemos otorgado. Pero entonces, ¿cuál es la habilidad del ser humano? Tal vez sea la de crear a partir del pensamiento, o tener conciencia de que está en este tiempo y espacio. ¿Qué función cumple el hombre en la naturaleza del planeta tierra? ¿Acaso el ser humano es tan necesario como cree serlo? Me surgen más interrogantes que respuestas en este preciso instante y con ellas una sensación de curiosidad por indagar la verdadera función de nosotros en este planeta.

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Un mono sin identidad, un mono que se dedica a pensar y a creer que con crear infinidad de objetos, sistemas, leyes, y demás,está solucionando problemas que anteriormente eran inexistentes .El ser humano se dedica a crear soluciones a problemas que él mismo ha creado a través de los años, y con esas soluciones, se generan cambios, los cuales provocan más dificultades a ser resueltas. Esto se convierte en un círculo inacabado, en una espiral, en un vórtice profundo y oscuro en donde cada vez estamos más lejos de ese principio que nos hacía sentir libres porque éramos inocentes, estáticos,  naturales, plenamente animales, sin preocupaciones.

Al parecer el ser humano, con ese poder que él mismo se ha otorgado, intenta moderar el comportamiento de otros, se ha encargado de establecer límites a sí mismo y dividir los que están capacitados para liderar, de los que simplemente siguen órdenes en el reino de los hombres o más bien el reino de los cielos en donde se encuentran los poderosos, los magnos, los gloriosos, como cual rey sentado en trono bañado de oro y abrigado por pieles majestuosas comiendo manjares y gozando de opulencia, un rey clemente de piel lozana y clara que mira hacia abajo para dirigir, que mira hacia el frente para entretenerse, que no mira hacia arriba porque ya lo está…

En un reino de los cielos tan utópico,

Tan perfecto, Tan hermoso

En calma se va desmoronando la estructura,

En silencio va cayendo lo forjado.

Solo se escucha el leve crujir de su cáscara.

La perfección quimérica,

Desde el momento de su concepción las grietas no se hicieron esperar,

La cal cubría su superficie cada vez que se alteraba,

La pintura retocaba su simetría aparente.

Cada vez más pesada, cada vez más perfecta ante los ojos ajenos

Pero a punto de colapsar.

De repente, un día,  la tierra la sacudió

No dio espera y simplemente todo su cuerpo crujió

No soportó más.

Su capa exterior se marchito,

El viento limpio sus cenizas, su polvo.

Allí se encontraba una masa blanda, libre,

Asimétrica, caótica, imperfecta…

Y así se trasformó de ser perfecta a ser real**

 Los seres humanos nos hemos esforzado por crear un vasto sistema de normas para convivir en este mundo, invirtiendo tiempo, esfuerzo e investigación para descubrir lo invisible a nuestros ojos, pero ya existente en este ecosistema, elementos aún inexplorados para nuestra realidad. Nos exaltamos por tan perfecta estructura construida sobre pilares grabados con los nombres de Religión, Política, Cultura y Ciencia, pero respecto a la experiencia de su escritor, actualmente los tres primeros elementos se han visto mediados por la televisión y los medios de comunicación en general que los trastocan un poco o exponen variedad de versiones a un solo tema.Esos medios que nos sintonizan con nuestro hipocampo son en su mayoría los más buscados por los usuarios. El manejo de la realidad, por parte de los medios de comunicación ejerce un tipo de poder sobre los televidentes, un poder traducido en un control para promover, asimilar e incorporar a estos una reducida gama de contenidos; la cual conduce por caminos inciertos a esa realidad que anhelan conocer y que se puede manipular a la merced de las interpretaciones de otros. La perspectiva se permea de ciertos contenidos de una realidad utópica y algunas veces maquillada, divulgada por diferentes medios de comunicación.

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Según Nietzsche “la voluntad es la verdadera “esencia” de la realidad”1, pero cuando esa voluntad se ve disfrazada de influencias categóricas sin argumento alguno, la realidad es un concepto ajeno para el ser humano que desea apropiarse de esta misma, para así ser dentro de una construcción cultural. La realidad, al ser dinámica, convierte a los hombres que se apropian de ella  en seres que a su vez son dinámicos puesto que para “la voluntad, el querer, no se somete a lo querido, si no que se sobrepone a todos sus posibles objetos. No quiere “esto” o “lo otro” si no su propio querer”2. Los humanos, al trasformar y apropiarse de ese querer, toman el control y sus deseos priman sobre imposiciones, siendo de esta manera seres autónomos a la hora de creer en elementos culturales seleccionados desde su legítimo querer. Creen sobre lo que ya está, pero no creen por obligación, creen por libre albedrío de lo que les alimente la razón o el alma, se cree desde lo traducido a partir de nuestro lenguaje y se piensa y se vuelve en sí mismo dialogando con los hechos históricos, mutables y trasformadores.

La realidad fundamentada en la libertad podría ser mediada por el deseo indiscriminado de lo “apolíneo” y lo “dionisiaco” en donde el orden, lo sereno, lo caótico y lo violento se integran en perfecta armonía. Retomando a Nietzsche “la realidad es el encuentro de dos fuegos contrarios”; los contrarios concebidos como elementos integradores de la dinámica vital,danzando libremente en plena armonía, mezclándose en comunión,transformándose en un solo elemento y no en dos vertientes intrusas  las cuales llevan a dos destinos diferentes.

Dentro de la cultura occidental ese concepto de realidad como componente integrador de dos opuestos se torna trágico e imposible, ya que nuestras condiciones morales solo dan lugar a lo sereno, al orden, a lo “apolíneo”, entonces tal vez solo tengamos una realidad a medias, o una realidad más bien lastimera e imposible porque no permite que su reflejo en el espejo participe de nuestro espacio. Obliga a censurarnos, a cauterizar deseos y a limitamos de esa voluntad, haciéndonos infelices. Nuestra verdad se envuelve en bruma y se hace irónica y la realidad se torna solo en metáfora interna o secreta, vista por medio de una pantalla, allí vemos lo que desearíamos ser y no lo que somos, y cuando percibimos lo que somos y nos identificamos, esto algunas veces se torna deprimente, estático y líquido. Desconectamos lo exterior de lo interior y esa dualidad se desgarra, se ve herida y sangrante; se oculta porque presuntamente ya todo está establecido y no hay lugar para algo que no sea bello y bueno. Se profanarían los valores y nuestra moral cultural,transformándonos en animales impulsados por el instinto sin creencias ni leyes y caminaríamos desnudos por el mundo, desamparados y rodeados de temores e inseguridades. Pero acaso ya no sentimos temores, esos temores inconscientes en cuanto a fallar a las imposiciones de otros,sus estándares culturales de belleza, sus preferencias políticas, sus prácticas religiosas, de roles en la sociedad, de inclinaciones sexuales, de opiniones e ideas.

Es una realidad vagabunda, como todas las palabras que se acomodan en variados contextos, una realidad enjaulada y alimentada por los hombres, amaestrada y sólo vista a través de una cajita luminosa, ejemplificada con ideas de lo que debería ser correcto para el homo sapiens.

A pesar de mi impronta, sería contradictorio satanizar los medios de comunicación en este texto, y sería absurdo culparlos de nuestras decisiones, concepciones y construcciones culturales.Son los hombres los artífices,  tampoco somos buenos o malos, somos temerosos, sumisos, piadosos, de emociones y sentimientos, limitados y efímeros.

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 Hombre… no mates a tus dioses, ellos te hicieron carne y sangre, ellos te animaron, te dieron el aliento de vida, te pusieron un alma. Si destruyes a tus dioses, te estás destruyendo, te estás condenando a una muerte prematura, arderías en agonía y volverías a morir. Tu naturaleza es obedecer y arrodillarte, es seguir e imitar, es ser ejemplo de un ejemplo, es ser mártir de las circunstancias sin cuestionar el destino que se ha escrito para ti. De esta manera serás aprobado y tendrás el privilegio de seguir vivo por unos cuantos años más, pero inmutable. Pero si por el contrario, mataras a tus dioses, serías el superhombre del que Nietzsche habla, y al fin serías libre, pero ¿qué harías con esa libertad si no la conoces?, si eres ignorante respecto a ella, ¿qué harás pequeño hombre?**

Para Nietzsche, “el hombre actual debe ser sustituido por el superhombre, un hombre que haga de la afirmación de nuevos valores el eje de su vida”, se debe cambiar para ser libre, pero primero se debe encontrar la manera de lograrlo y se podría considerar extremadamente arriesgado respecto a la “tranquilidad” del sujeto en su inclusión y aceptación dentro de lo considerado normativo. Ese cambio se trataría más bien de saber diferenciar la realidad virtualizada vista a través de la pantalla de un monitor, un escenario considerado posible pero inalcanzado por el ciudadano común del  mundo vivo, de este mundo dinámico que usted está viviendo en este momento, el mundo que está sintiendo y pensando sin reducirlo estrictamente al plano físico.

El hombre se alimenta de ilusiones sublimes, porque estas son bellas y armoniosas, aspira  a perfeccionarse cada día adoptando lo que percibe en la propaganda, de las telenovelas, de las series, de los programas de farándula, de los realities y demás.Este tipo de programas son preferidos porque provocan una vitalidad disfrazada a través de otros ojos y sus usuarios se identifican de alguna u otra forma desde lo personal,  mueve el interior y de algún modo el televidente podría vivir mejor si imitase alguno de estos reflejos, es algo que produce sentido, ya que si es visto en un programa donde la mayor parte de la población lo ve, esta misma sociedad aceptaría estos mismo actos realizados por los ciudadanos, es buscar aprobación dentro del reino de los hombres.Un claro ejemplo de esto son los partidos de fútbol, donde el aficionado hace un exorcismo a sus represiones, grita, suda, insulta, se sobresalta, llora, la adrenalina está recorriendo todo su cuerpo y está vivo en ese momento, es claramente un desfogue de emociones, da todo por nada en un ritual desbordante de júbilo, de rabia o de tristeza, y aquí podríamos  retomar la figura de un dios, pero vuelto figura humana donde los directos responsables de esta efervescencia son exaltados y vistos prácticamente como deidades (caso de Diego Armando Maradona y su estatua milagrosa), todo lo demás se vuelve invisible y se mitiga una realidad social de corrupción, desempleo y violencia con fútbol, este deporte visto como un ritual, se convierte en la medicina a variadas problemáticas sociales, repleta de injusticias y desigualdades. Las masas se controlan y ya no hay peligro de que el pueblo se revele en contra de ciertas instituciones gubernamentales que ejercen el control total de sus ciudadanos, el control sobre su realidad. En este punto es pertinente hacer una breve comparación de nuestros días y los días en los que el Imperio Romano controlaba a su población con el Coliseo: “nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses. La gente que alguna vez llevó a cabo comando militar, alta oficina civil, legiones, todo, ahora se limita a sí misma y ansiosamente espera por sólo dos cosas, pan y circo”

El humano se hace predecible, de esta manera controlarlo es cada vez más fácil, no refuta la realidad en la que está viviendo y no se empeña por investigar las razones de ciertas leyes impuestas por el mismo hombre, porque ese hombre hecho un dios ya se ha convertido en  Dios misericordioso que provee cuando hay escasez, que castiga cuando se cometen errores y que premia cuando hacen su voluntad divina. La relación entre humanos dominantes que condicionan a otros  humanos dominados se hace notoria, y esto siempre ha conformado un amplio espectro  de esa construcción histórica desde el inicio de la humanidad  en donde se debe dar la reciprocidad para mantener un balance. La dualidad nuevamente aparece y se ve fracturada la unidad, se ve agredido y censurado eso que necesita el ser humano para sentirse libre, esa identidad en donde actúa por su legítimo deseo de disfrutar experiencias y simplemente vivir más allá de los limites mentales, ese humano que no se quiere salvar e ir al reino de los cielos siendo estéticamente perfecto, mentalmente estable, éticamente correcto,un humano quien se busca a sí mismo en lugares oscuros y pútridos entre histeria y caos,lugares llenos de espinas y hiedra venenosa encontrando caminos donde se construye a si mismo haciendo de su vida un poema lleno de metáforas que respetan esa realidad cargada de verdad. Un niño maldito y perdido.

Bibliografía

*1,2,3La filosofía de Nietzsche : La Crítica de la Metafísica y la Moral

*Reflexiones tomadas del Seminario de Hermenéutica del Doctor Julián Serna

*http://www.thelatinlibrary.com/juvenal/10.shtml (D. IVNI IVVENALIS SATVRA X)

**  Mónica Bernal

***Maestría en comunicación educativa. Universidad Tecnológica de Pereira. Mayo del 2013