Periodismo transgénico es ese tipo de oficio, publicaciones e información que modifica su contenido, por medio de fuentes extrañas, intereses económicos, sobornos, amoralidad, pereza, miedo, afán por la brutal competencia, la falta de ética, el egocentrismo, etc, con el fin de producir una nueva forma de hacer noticia.

Imagen tomada de: Letraslibres.com

Por: Diego Firmiano

Seguro usted sabrá lo que significa transgénico porque es una palabra compuesta y polémica dentro del mundo de la ecología y la alimentación, pero el término periodismo transgénico deja un poco de duda respecto a su significado y es justo definir lo que puede llegar a significar para introducirnos en esta nota crítica.

Periodismo transgénico es ese tipo de oficio, publicaciones e información que modifica su contenido, por medio de fuentes extrañas, intereses económicos, sobornos, amoralidad, pereza, miedo, afán por la brutal competencia, la falta de ética, el egocentrismo, etc, con el fin de producir una nueva forma de hacer noticia.

Una realidad que se ha convertido en un fenómeno (por no decir distorsión) comunicacional, que está sumiendo al periodismo en una crisis de función y forma, lo cual pone en juego sus bases, al riesgo de un descreimiento del oficio comunicativo.

Los gérmenes de este “periodismo transgénico” son visibles en varios medios de comunicación en Latinoamérica, que elaboran una información y la emiten no sobre la base de principios éticos, sino por la influencia de empresas comerciales, transnacionales, y empresarios quienes recurren a los medios buscando el único fin pragmático de la propaganda, la mentira, el adoctrinamiento comercial y aunque la apología a la legitimación de sus funciones sean honestas o no.

Periodismo que se compra y se vende y que se convierte en un fin en sí mismo, desligándose de la condición de herramienta de transmisión de información, además de la naturaleza y límites de sus responsabilidades sociales.

Son las corporaciones las que en cierto sentido se han convertido en los grandes patrocinadores del periodismo. En Colombia, el caso de la emisora nacional “La W” y su director Julio Sánchez Cristo en la controversia de la multinacional Pacific Rubiales, es una muestra de ello. Por lo tanto (con cierta desazón se afirma) las organizaciones, industrias y grupos son esos dinosaurios económicos que le asignan al periodismo un valor completamente nuevo y colateral.

Los escándalos periodísticos en los últimos años en el mundo, han dicho mucho sobre la ruptura entre el oficio de comunicar, la ética del comunicador y  de la empresa comunicativa, el fenómeno de “El prisma ideológico de la prensa” de los agentes comunicacionales que acomodan la noticia a sus intereses.

El escándalo del emporio Murdoch, con los diarios “The Sun” y “News of the World”, es una muestra del periodismo escandaloso y amarillo. Periódicos que en algún momento se constituyeron en su momento en publicaciones serias y objetivas para luego justificar sus fines a través de la intercepción telefónica y el soborno para divulgar el escándalo y venderlo como “exclusivas”.

O el reciente plagio de periodistas tan renombrados como Fareed Zakaria, de Times y CNN, y el reportero Jonah Lehrer, de “The New Yorker”, que pusieron entredicho la ética periodística, la mutación “transgénica” de la noticia, producto de la falta de ética en la citación de fuentes, el copiar y pegar y la invención de citas para sus artículos. Reviviendo antiguos fantasmas como los de Janet Cook y Jayson Blair en cuanto a fraudes periodísticos.

Queda la sensación si después del escándalo de Rupert Murdoch y su imperio mediático, y el fraude Zakaria-Lehrer,  no se están haciendo anatomías periodísticas, investigando (o espiando) la estructura, la situación y relación de las personas (amarillismos, paparazzi, crónica roja,…), dejando a un lado el espíritu sustantivo del “acto noticioso” o la investigación imparcial.

¿No será que es este el génesis del “periodismo transgénico” y que nació a raíz de estos excesos y la promulgación del “todo se vale” a la hora de comunicar? Es una pregunta para pensar. Mientras tanto, ¿cómo enfrentar los problemas que se suscitan en medio de una sociedad que demanda a contratiempo registrar el hecho noticioso? Problemas ya mencionados tales como el plagio descarado, el periodismo de copiar y pegar, las publicaciones prejuiciosas, el error investigativo y la ideología comunicativa

Dice el profesor argentino de derecho a la información Damián Loreti, que hay dos principios fundamentales del derecho a la información: el de “universalidad”, que se aplica a sujetos y medios, y el de “generalidad”, aplicado a los mensajes, o sea la ética de los contenidos para una íntegra comunicación.

Las leyes no solo resguardan el derecho a emitir, sino también a recibir correctamente la información por parte de los ciudadanos. Una información distorsionada es coartar las libertades de los informados y por lo tanto los medios, que deben ser verdaderos instrumentos de esa libertad, se vuelven vehículos para restringirla, tergiversándola.

De nuevo Damián Loreti agrega: “Son los medios de comunicación social los que sirven para materializar el ejercicio de las libertades de expresión, de tal modo que sus condiciones de funcionamiento deben adecuarse a los requerimientos de esa libertad”.

Una información periodística de mala calidad –unilateral, sesgada, superficial, o puramente retórica- crea una opinión pública mal informada, y reduce el interés informativo entre los medios y los receptores de la información a un mero juego, sin incidencias en el curso de la realidad en la que se desenvuelve.

La libertad de expresión tiene sus derechos inalienables, pero también sus obligaciones predispuestas en la actividad periodística, como informar de buena fe y buscar los estándares de veracidad informativa en todas las prácticas: investigación, redacción, formulación y emisión de la información.

El  periodismo “transgénico”, que si bien como  término no está generalizado, pero que como realidad se muestra desafiante, hace surgir una serie de preguntas: ¿Cómo considerar un periodismo  serio, objetivo, imparcial que exprese la información sin el dinamismo de la propaganda que demanda los mercados de consumo?, ¿estamos ante una nueva forma de hacer periodismo?, ¿es el periodismo transgénico una mutación mediática, que se usa como recurso para producir el hecho noticioso?

Estas preguntas no se podrán  juzgar, ni responder, sino a la luz de la crítica periodística, el buen uso de la libertad de expresión y de las normas establecidas nacional o internacionalmente para la presentación de una buena información por medio de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación).