PINONCELLI (I): UN DEDO POR ÍNGRID BETANCOURT

“Para mí la violencia de lo que hice no es nada al lado de la violencia que vi en el hospital al que me llevaron en Cali. La gente tirada en el suelo. Apuñaleada. Sangrando, pero no por elección propia”.

Pierre Pinoncelli

Escribe / Jaime Flórez Meza – Ilustra / Stella Maris

El 28 de enero de 2021 se hizo en Colombia un importante anuncio: la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), creada como resultado del acuerdo de paz firmado entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (Farc-Ep), acusó a ocho de sus excomandantes, firmantes de dicho acuerdo, por “toma de rehenes y otras privaciones graves de la libertad”,[1] según palabras del alto tribunal. Si bien se trata de un paso histórico en el proceso de justicia transicional que se busca, diferentes voces manifestaron su inconformidad con el calificativo de “toma de rehenes”, empleado en lugar de secuestro. El tribunal aclaró que esa es la expresión técnica que se usa para referirse a esa práctica en el marco de conflictos bélicos. Para los colombianos, en todo caso, particularmente para las víctimas del conflicto armado, el secuestro sigue siendo una herida abierta, una parte muy sensible de la memoria de la violencia política que ha padecido el país en las últimas décadas.

“El secuestro fue una práctica de la que no podemos sino arrepentirnos, sabemos que no hay razón, ni justificación para arrebatarle la libertad a ninguna persona. Reiteramos nuestro compromiso para rendir cuentas ante la justicia”, dijo el partido político de las extintas Farc (hoy denominado Comunes) en su cuenta de Twitter el 14 de septiembre de 2020.

Por tratarse de una figura política importante y por su condición de ciudadana colombo-francesa (pues no sucedía lo mismo cuando la víctima era menos visible o desconocida y de un nivel socioeconómico inferior), uno de los secuestros que más conmocionó al país y al mundo fue el de Ingrid Betancourt, perpetrado por las Farc el 23 de febrero de 2002 cuando era candidata presidencial, junto a su compañera de campaña Clara Rojas. Ambas se dirigían por su cuenta a la recién clausurada zona de despeje para los fallidos diálogos de paz entre el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana y la guerrilla.

Última foto de Ingrid Betancourt pocas horas antes de su secuestro

Tres meses después un artista plástico y performero francés de 73 años alistaba cuidadosamente en su taller de Saint-Rémy, en la Provenza francesa, los elementos que emplearía en la clausura del Quinto Festival de Performance de Cali, al cual había sido invitado: un bastón, una capa, un sombrero, unos guantes y un traje, todos de color negro; dos máscaras de calavera, una de ellas con la palabra Colombia estampada en la frente; una jaula de madera; una colorida chaqueta semejante a la de un Arlequín, en cuya parte delantera había estampado la palabra paz y en la trasera el nombre “Ingrid Betancourt”; una camiseta blanca en la que a su vez había estampado el mismo nombre por delante, pero abreviado (“Ingrid B.”), y la frase “Paz in Colombia” por  detrás; un pantalón arlequinesco; una imagen impresa a color de la candidata (la última foto que le fuera tomada antes del secuestro) y su nombre en letra grande de color rojo; cosmético en distintos tonos (azul, blanco, rojo, amarillo, blanco); una camiseta blanca, sin ninguna estampa; una sudadera gris suave; un aerosol negro; un frasco de formol; una máscara de perro. Y una filosa hacha.

Pierre Pinoncelli, como se llama este artista, bien pudo haber optado por ir a la selva colombiana en busca de Ingrid Betancourt: esa podría haber sido su performance, acostumbrado como estaba a realizar acciones temerarias y contestatarias (otros dirán que demenciales). Pero el público no habría podido reunirse para verla y, además, debieron advertirle que se enfrentaba a un secuestro seguro: como escribió en su momento el periódico El Tiempo, “desde que recibió la invitación, Pinoncelli dijo que quería ir al monte a buscar a Ingrid”.[2] Así es que no le quedó más remedio que realizar su performance íntegramente en el Museo de Arte Moderno La Tertulia, en Cali, Colombia, la noche del sábado 8 de junio de 2002 como clausura del Festival de Performance de Cali.

Con sigilo Pinoncelli descendió unas escaleras que conducían a un recinto abierto. Se encerró en la jaula de madera, salió de ella y ante una bicicleta hizo un gesto con el puño cerrado (una posible referencia a su travesía en bicicleta desde Francia hasta la China de Mao Tse Tung). Se fue despojando de la negra vestimenta para mostrar las demás ropas que llevaba puestas, como si fuera él una caja china: el disfraz arlequinesco, la camiseta que luce el nombre abreviado de la candidata y al final su atuendo más sobrio. Con ayuda de otro asistente extrajo una paloma blanca de una pequeña jaula, la tomó en sus manos y la echó a volar. Seguidamente extendió los brazos en forma de cruz y enseñó a la audiencia la foto impresa de Betancourt. Se deshizo de las máscaras calavéricas, luciendo una cabeza rapada, en el rostro los colores de las banderas de Colombia y Francia y en la frente una cruz blanca. Luego entró en una sala del museo. Apoyó el dedo meñique de su mano izquierda sobre un bloque de madera, tomó el hacha y la descargó una vez, y otra vez. Con la sangre que brotaba garabateó un corazón sobre su camiseta. Entonces, como si nada, tomó el aerosol con su mano derecha, lo agitó y escribió en una de las blancas paredes la palabra FARC y la salpicó varias veces con la sangre que manaba de su dedo mutilado. Levantó su puño derecho. Tomó la cercenada falange superior de su meñique y se la metió en su boca como si fuera a tragarla. Luego la escupió sobre un trapo blanco, destapó un frasco de formol y la vertió en él. Ante un público atónito enseñó su dedo amputado.

Levantando el frasco de formol con ambas manos Pinoncelli dijo en un enrevesado castellano que quería ofrecer esta obra de arte conceptual, y corporal también, por Ingrid Betancourt, y que donaba al Museo La Tertulia su falange, esa parte suya que se quedaba para siempre en Colombia. “¡Viva Colombia libre!”, dijo finalmente. Se puso luego el ensangrentado trapo blanco sobre su cabeza, se posó en la pared donde había pintado la palabra FARC y extendió sus brazos cual si estuviera crucificado. Un asistente se acercó y cubrió con una toalla el muñón sangrante y acompañó a Pinoncelli fuera de la sala, mientras el público no cesaba de aplaudir con entusiasmo. A los pocos minutos Pinoncelli regresó, oculto bajo la máscara de lobo y vistiendo una pantaloneta negra, emitió unos dolorosos aullidos y se tiró al suelo. Dos asistentes lo tomaron de las piernas y los brazos y lo sacaron de la sala. El sacrificio por Ingrid Betancourt había terminado. El título de la performance: Un dedo para Ingrid Betancourt.

 

Una secuencia de la performance Un dedo para Ingrid Betancourt. Fotografías / Le Magazine de l’Homme Moderne

Reacciones

La noticia dio la vuelta al mundo. Un artista francés se había cortado un dedo como protesta por el secuestro de Ingrid Betancourt, que era uno de los tantos rehenes de carácter político que las Farc tenían en sus manos, entre miembros de la policía, militares y políticos activos, por cuya liberación pedían un intercambio humanitario, esto es, un canje por guerrilleros encarcelados. El gobierno de turno se negaba a ello y exigía la liberación incondicional de todos los secuestrados. Cuando dos días después de su acción artística respondió a un medio informativo colombiano, Pinoncelli dijo: “Pido a (Manuel) Marulanda —el jefe de la guerrilla— que suelte a Ingrid. Estoy listo a ir por ella si me dejan las FARC”.[3] La madre de Ingrid Betancourt, Yolanda Pulecio, una de las personas que más luchó por la liberación, manifestó ante el mismo medio: “Es un acto de valor y coraje que me tiene consternada… pero pienso que es un símbolo de cómo nos sentimos en Colombia: con el alma mutilada. (…) Dios quiera que este gesto suyo conmueva a los señores comandantes de la guerrilla y que se den cuenta hasta qué punto está impresionado el mundo por (el secuestro de) Ingrid y tantos otros”.[4]

Pero ni la guerrilla ni el gobierno colombiano parecen haber permitido que el artista mediara para la liberación de Betancourt: ni las Farc ni el gobierno de Andrés Pastrana, que estaba a menos de dos meses de entregar el poder, respondieron a la petición de Pinoncelli. Según dijo éste once años después de los hechos, las Farc lo amenazaron, por lo cual tuvo que pedir escolta y salir precipitadamente de Colombia. Aunque no hay una evidencia clara de ello, lo cierto es que para las Farc Ingrid Betancourt era una secuestrada muy valiosa y el gobierno de Francia, acaso más que el de Colombia, estaba muy interesado en obtener su libertad (recuérdese que ella es también ciudadana francesa), que solo se produjo seis años después, presuntamente mediante un operativo militar denominado Operación Jaque en el cual también fueron rescatados otros secuestrados. Desde entonces persiste la duda de si fue realmente un rescate o una negociación secreta entre la guerrilla y el gobierno francés, facilitada por el de Colombia y presentada al mundo como un operativo de rescate.

Así es que el acto de Pinoncelli quedó como uno de los muchos que se realizaron tanto en Colombia como en Francia y otros países para presionar por la liberación de una persona influyente: “En consecuencia, ser una persona secuestrada que cuenta con los recursos para posicionar en el ámbito de lo público su situación, crea posibilidades para concebir el cautiverio de una manera particular”,[5] escribe César Caballero Reinoso en el informe Una sociedad secuestrada. El caso de Ingrid Betancourt contribuyó a visibilizar mucho más el drama de todos los secuestrados y a sensibilizar a una sociedad que parecía estar anestesiada frente a un hecho criminal tan recurrente: “De esta manera, el hecho de que un secuestro circule en la prensa colombiana, y de esta forma sea conocido por la sociedad, potencia el reconocimiento del daño sufrido. Sólo desde la aceptación de los otros como un acto indigno es que éste cobra vida y se sitúa en el espacio, pues tener el privilegio de acceder a lo público para hacer memoria construye otras posibilidades en el cautiverio que favorecen su vivencia”.[6]

El 13 de diciembre de 2002, seis meses después de la amputación pública de Pinoncelli, un senador colombiano perdió dos dedos en un atentado cometido por las Farc: fue Germán Vargas Lleras, que ese día recibió un libro de regalo que contenía una bomba.

En el siguiente video editado se puede apreciar una síntesis de lo que fue la performance de Pinoncelli en Cali:

Quizás, cuando supo de la liberación de Ingrid en julio de 2008, Pierre Pinoncelli se dijo a sí mismo que el haber sacrificado su falange por ella bien había valido la pena. Pero más aún cuando supo que aquella guerrilla que la mantuvo en cautiverio (como a otros miles de secuestrados) firmó un acuerdo de paz y se desmovilizó con trece mil de sus miembros.

Cuando el periodista colombiano Ricardo Abdallah le preguntó en 2013 si tuvo miedo de las consecuencias personales que podría acarrear la amputación de su meñique, Pinoncelli respondió: “No soy tonto. Yo me corté el dedo que uso menos. Tuve más miedo de las Farc (…) Y sobre todo, tuve miedo del regaño que me iba a pegar Marie Claire cuando volviera”.[7] Se refiere a su esposa, con quien lleva casado 65 años, pues, aunque parezca increíble, este venerable anciano que en abril de 2021 cumplirá 92 años, viene de una familia tradicional, tiene tres hijos, ocho nietos y vive en una casa campestre en Saint-Rémy, adonde se mudó en 1971.

Una de las primeras performances de Pinoncelli en Francia. Fotografía / artnetMagazine

 “El provocador”

Pierre Pinoncelli, que cambió la y final de su apellido (Pinoncelly) por una i para su rol como artista, nació en Saint-Étienne, en la provincia de Loira, en 1929. De joven fue un aventurero que vino a América y vivió entre México, Cuba y Venezuela durante cuatro años. Cuando volvió a Francia se vinculó a una empresa distribuidora de semillas, de la cual fue director comercial hasta obtener su jubilación. Pero, mientras realizaba día a día esa labor, descubrió la performance y el body art, que estaban naciendo como formas artísticas en Europa y EE. UU. a comienzos de la década maravillosa de 1960.

“Imagínese lo que era acabar de hacer un performance que sale en todos los periódicos y al día siguiente ir a trabajar a la oficina. Las caras de la gente”,[8] dice Pinoncelli sobre aquellos años en los que alternaba su trabajo de oficina con sus acciones artísticas. En estas, sin embargo, es difícil saber dónde termina la acción política y dónde comienza la artística o si ésta realmente está ausente, porque a menudo sus acciones eran protestas contra el poder omnímodo, la institucionalidad, la violencia, la política, la cultura y el mismo arte. ¿Se podría considerar una performance su ataque con pintura roja al ministro de Cultura del general De Gaulle? En efecto, el 4 de febrero de 1969 Pinoncelli se presentó en la inauguración del Museo Chagall en Niza, provisto de una pistola de agua que contenía pintura roja y la arrojó al escritor André Malraux, que era ministro de Cultura del gobierno de entonces. Se cuenta que Malraux le arrebató la pistola y lo roció con ella para devolver la broma; pero lo de Pinoncelli no había sido una broma sino una protesta contra un intelectual que se había vendido al régimen contra el que miles de jóvenes y trabajadores franceses se habían levantado el año anterior, en el histórico movimiento de Mayo del 68. Pinoncelli fue arrestado y ocho días después fue remitido, por orden judicial, al hospital psiquiátrico de Niza, donde le diagnosticaron hipomanía, una forma de esquizofrenia caracterizada por períodos de euforia en los que supuestamente el paciente realiza actos riesgosos y erráticos. De alguna forma tenían que justificar lo que Pinoncelli había hecho.

El escritor André Malraux después de ser atacado por Pinoncelli. Fotografía / Galerie Ferrero

Desde la misma ciudad, Niza, Pinoncelli inició un periplo en bicicleta hasta la China en 1971. Su objetivo era entregar a Mao Tse Tung un mensaje de paz de Martin Luther King, el líder afroamericano asesinado, como se sabe, en 1968. Las autoridades chinas no lo dejaron pasar la frontera. Como protesta Pinoncelli se hizo dos marcas con una pistola de soldadura al rojo vivo en una de sus mejillas. Cuatro años más tarde protagonizó otro episodio de implicaciones políticas en Niza: asaltó un banco con una escopeta recortada llevándose como único botín diez francos. El motivo: protestar por la decisión de declarar a Niza ciudad hermana de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, país que vivía oficialmente desde 1948 bajo un régimen de apartheid (el cual finalizó, como se sabe, en 1992).

Pinoncelli es arrestado después de asaltar simbólicamente un banco en Niza. Fotografía / Le Magazine de l’Homme Moderne

En 1994 Pinoncelli se desnudó en una calle de la ciudad de Lyon junto a un barril para recrear al filósofo griego Diógenes, que dormía en un barril y fue quizás el primer provocador de la historia y el más conocido de los llamados filósofos perros. La policía arrestó a Pinoncelli por exhibicionismo. En otra ocasión se disfrazó de Papá Noel en una navidad en Niza; se dirigió a la tienda por departamentos Lafayette y se paró en la entrada a una hora muy concurrida. La gente pensó que se trataba de otro ardid comercial, pero Pinoncelli extrajo todos los juguetes que llevaba en su costal y los destrozó ante la mirada estupefacta de los compradores y de los niños que no entendían cómo Santa Claus destrozaba lo que era supuestamente para ellos. ¿Contra qué protestaba esta vez? ¿Contra el consumismo y esnobismo navideño? En fin. Acciones como éstas hicieron que Pinoncelli recibiera en Francia el mote de “El provocador”.

Pinoncelli realizó performances hasta 2006, pero no abandonaría sus otras pasiones, la pintura y la escultura, y su mayor obsesión: una obra conceptual de Marcel Duchamp, uno de los más importantes artistas de vanguardia del siglo XX.

(Segunda parte: de cómo Van Gogh influenció a Pinoncelli; los dos ataques a la obra emblemática de Duchamp; las raíces de Pinoncelli en el dadaísmo; el trabajo artístico de Pinoncelli es finalmente reconocido)

Pierre Pinoncelli. Fotos: JungleKey.fr – OG des Artistes

Notas

[1] JEP, “La JEP imputa al antiguo Secretariado de las Farc-Ep crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra por secuestros”, https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/La-JEP-imputa-al-antiguo-Secretariado-de-las-FARC-Ep-cr%C3%ADmenes-de-lesa-humanidad-.aspx

[2] “El dedo acusador de Pinoncelli”, El Tiempo, 11 de junio, 2002, https://www.eltiempo.com/archivo/ documento/MAM-1369822

[3] “Artista se corta dedo por ex candidata colombiana secuestrada”, My Plainview, junio 9, 2002,  https://www. myplainview.com/news/article/Artista-se-corta-dedo-por-ex-candidata-colombiana-8901576.php

[4] Ibíd.

[5] Centro Nacional de Memoria Histórica. Una sociedad secuestrada. Bogotá: Imprenta Nacional, 2013, p. 197.

[6] Ibid., p. 197.

[7] Citado por Ricardo Abdahllah, “La amputación como una de las bellas artes”, SoHo, https://www.soho.co/ historias/articulo/la-amputacion-como-una-de-las-bellas-artes-por-ricardo-abdallah/33255

[8] Ibíd.