Guy Debord  (París, 28 de diciembre de 1931 – Bellevue-la-Montagne, 30 de noviembre de 1994). Reconocido en el ámbito internacional por su libro La sociedad como espectáculo (1965), este filósofo, cineasta y escritor produjo una amplia obra que influyó mucho en sus contemporáneos. Publicamos un aparte de su texto Teoría de la deriva (1958), enmarcado dentro de su enfoque llamado situacionismo, que vinculó a otros intelectuales y artistas en su momento.

Guy Debord

Teoría de la deriva

Entre los procedimientos situacionistas, la deriva se presenta como una técnica de paso ininterrumpidos a través de ambientes diversos. El concepto de deriva está ligado indisolublemente al reconocimiento de efectos de naturaleza psicogeográfica y a la afirmación de un comportamiento lúdico-constructivo que la opone en todos los aspectos a las nociones clásicas de viaje y de paseo.
Una o varias personas que se entregan a la deriva renuncian durante un tiempo más o menos largo a las motivaciones normales para desplazarse o actuar en sus relaciones, trabajos y entretenimientos para dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y por los encuentros que a él corresponden . la parte aleatoria es menos determinante de lo que se cree: desde el punto de vista de la deriva, existe en las ciudades un relieve psicogeográfico, con corrientes constantes, puntos fijos y remolinos que hacen difícil el acceso o la salida de ciertas zonas.

Pero la deriva, en su carácter unitario, comprende ese dejarse llevar y su contradicción necesaria: el dominio de las variables psicogeográficas mediante el conocimiento y el cálculo de posibilidades. En este ultimo aspecto, los datos que la ecología ha puesto en evidencia, aun siendo a priori muy limitados el espacio social que esta ciencia se plantea, no dejan de ser útiles para apoyar el pensamiento psicogeográfico.

Debe utilizarse el análisis ecológico del carácter absoluto o relativo de los cortes del tejido urbano, del papel de los microclimas, de las unidades elementales completamente distintas de los barrios administrativos y sobre todo de la acción dominante de los centros de
atracción, y completarse con el método psicogeográfico y debe definirse al mismo tiempo el terreno pasional objetivo en el que se mueve la deriva de acuerdo con su propio determinismo y con sus relaciones con la morfología social.
En su estudio sobre París y la aglomeración parisina (Bibliothè de Sociologie Contemproaine, P.U.F. 1952) Chombart de Lauwe señala que “un barrio urbano no está determinado únicamente por los factores geográficos y económicos, sino por la representación
que sus habitantes y los de otros barrios tienen de él”; y presenta en la misma obra – para mostrar “la estrechez del Paris real en el que vive cada individuo… un cuadrado geográfico sumamente pequeño” – el trazado de todos los recorridos efectuados en un año por una
estudiante del distrito XVI, que perfila un triangulo reducido, sin escapes, en cuyos ángulos están la Escuela de Ciencias Políticas, el domicilio de la joven y el de su profesor de piano.
No hay duda de que tales esquemas, ejemplos de una poesía moderna capaz de traer consigo vivas reacciones afectivas – en este caso la indignación de que se pueda vivir de esta forma -, así como la teoría emitida por Burgess a propósito de Chicago sobre el reparto de las actividades sociales en zonas concéntricas definidas, tienen que contribuir al progreso de la deriva.
El azar juega en la deriva un papel tanto más importante cuanto menos asentada esté todavía la observación psicogeográfica. Pero la acción del azar es conservadora por naturaleza y tiende en un nuevo marco, a reducir todo a la alternancia de una serie limitada de variantes y a la costumbre. Al no ser el progreso más que la ruptura de alguno de los campos en los que actúa el azar mediante la creación de nuevas condiciones más favorables a nuestros designios, se puede decir que los azares de la deriva son esencialmente diferentes de los del paseo, pero que se corre el riesgo de que los primeros atractivos psicogegráficos que se descubren fijen al sujeto
o al grupo que deriva alrededor de nuevos ejes recurrentes a los que todo les hace volver una y otra vez.
Un exceso de confianza con respecto al azar y a su empleo ideológico, siempre reaccionario, condenó a un triste fracaso al famoso deambular sin rumbo intentado en 1923 por cuatro surrealistas que partieron de una ciudad elegida al azar: es evidente que vagar en campo raso es deprimente y que las interrupciones del azar son allí mas pobres que nunca. Pero cierto, Pierre Vendryes lleva la irreflexión mucho más lejos en Médium (mayo 1954) creyendo poder añadir a esta anécdota – ya que todo ello participaría de una misma liberación antideterminista –experimentos probabilísticos sobre la distribución aleatoria de renacuajos en un cristalizados
circular, cuya clave proporciona advirtiendo: “semejante multitud no debe sufrir ninguna influencia directiva externa”. En estas condiciones, se llevan la palma los renacuajos, que tienen la ventaja de estar “tan desprovistos como es posible de inteligencia, de sociabilidad y de sexualidad”, y por consiguiente “son verdaderamente independientes unos de otros”.
En las antípodas de estas aberraciones, el carácter primordialmente urbano de la deriva, en contacto con los focos de posibilidad y de significado que son las grandes ciudades transformadas por la industria, responde mejor a la frase de Marx: “Los hombres no pueden ver a su alrededor más que su alrededor más que su rostro; todo les habla de sí mismos. Hasta su paisaje está animado”.
Se puede derivar en solitario, pero todo indica que el reparto numérico más fructífero consiste en varios grupos pequeños de dos o tres personas que compartan un mismo estado de conciencia. El análisis conjunto de las impresiones de los distintos grupos permitirá llegar a conclusiones objetivas. Es preferible que la composición de estos grupos cambie de una deriva a otra. Con más de cuatro o cinco participantes, el carácter propio de la deriva decae rápidamente, y en todo caso es imposible superar la decena sin que la deriva se fragmente en varias derivas simultáneas. Digamos de paso que la práctica de esta última modalidad es muy interesante, pero
las dificultades que entraña no han permitido organizarla con la amplitud deseable hasta el momento.