“Mi papá era un vendedor estrella, si no salía a vender se enfermaba”, comenta Marinella Alzate, hija de un hombre condenado a pena de muerte en el país asiático.

 

Luis Antonio Alzate Moreno al lado de su hija Marinella.

Por Carlos A. Marín

Luis Antonio Alzate Moreno de 75 años fue capturado en noviembre del 2014 cuando intentaba ingresar cocaína a la República Popular China, un país que se ha caracterizado por ser severo en su legislación, especialmente en la persecución y castigo del narcotráfico.

Sin embargo, antes de cometer este hecho que lo tiene al borde de la muerte en la cárcel de Guanzhong, Alzate se desempeñaba como comerciante en Tuluá (Valle del Cauca). “Nosotros tenemos un negocio familiar donde vendemos muebles, mi papá es oriundo de Caldas, pero se trasladó a Tuluá por razones de negocio”, manifiesta Marinella.

Luis a diario se desplazaba por los pueblos vendiendo y ofreciendo los productos del negocio. Cuando no podía hacerlo se enfermaba, algo de lo que dan cuenta sus hijas, quienes se iniciaron en el mundo de los negocios junto a su padre y aún lo continúan haciendo en Pereira.

Marinella Alzate, pereirana de nacimiento, es la hija que ha salido ante los medios de comunicación a dar la cara y a pedir clemencia por su padre. Explica con tranquilidad, pero velada tristeza en su voz, las situaciones por las que ha tenido que atravesar la familia después de la captura. “Somos cinco hijos. Mi padre en este momento tiene 10 nietos y dos bisnietos, algunos de los nietos están en edad de entender la situación, a otros simplemente les decimos que el abuelo está de viaje”, comenta.

El dolor de la familia Alzate va más allá de las declaraciones, pues Luis, antes de abordar el vuelo más caótico de su vida, tenía discapacidad en una de sus piernas, por lo que la preocupación de sus cinco hijos una vez se enteraron de la captura, fue mayor. “Ya estando allá la realidad se complicó mucho más, no era una de las piernas sino las dos, por lo que pedimos colaboración al consulado, pero fue un proceso largo; ahora mi padre pude tener un caminador y hacer ejercicios tres veces al día”, explica.

Es que la piedad que tuvieron las autoridades chinas con el caso especial de Luis ha sido el mejor momento desde que se encuentra preso. Para los condenados por narcotráfico en las cárceles chinas la realidad es compleja, más cuando se trata de extranjeros.

Una vez capturado al individuo se le incomunica por un año. Después de este tiempo, si hay lugar a condena, esta se hace efectiva y se envía a prisión. Después del año los familiares pueden tener contacto con la persona una vez al mes durante solo cinco minutos. Esto se hace vía telefónica.

Luis Antonio, un hombre de 75 años condenado a muerte.

Marinella además explica que su padre ha podido conocer a sus bisnietos por fotos. “Nosotros enviamos las cartas y las fotos vía correo electrónico a la cónsul, a ella se le permite mostrarlas a través de un vidrio y luego debe entregarlas a las autoridades, quienes determinan si pueden ingresar o no; en ocasiones ni siquiera llegan”.

Luis hace parte de los 14 colombianos que están condenados a pena de muerte, 12 hombres y dos mujeres. Tres tienen pena de muerte efectiva y nueve tienen pena de muerte con suspensión a dos años, lo que quiere decir que podrían salvarse de morir y su pena cambiar por años en la cárcel.

El caso de Ismael Arciniegas, uno de los 14 condenados a pena de muerte y a quien ya le fue aplicada la inyección letal, selló un capítulo de dolor entre los familiares de los presos. “Sentimos dolor en el corazón y profunda tristeza, aunque tenemos la esperanza de que en octubre podamos tener noticias positivas respecto a la situación de mi padre”, concluye su hija.

Alzate se encuentra preso en el hospital del centro penitenciario, está encadenado a la camilla donde a diario reposa para no sufrir más quebrantos de salud, y a la espera de que el Gobierno chino le brinde la posibilidad de pagar por su error en Colombia.

 

A la pena de prisión suma la incapacidad para movilizarse.

Unión y consuelo

Los familiares de los colombianos presos en China se han convertido en una especie de alianza espiritual. Se comunican entre  ellos, dialogan y siempre están en contacto con la cancillería colombiana para que medie entre los dos países.

El propósito del trabajo conjunto es la repatriación de los ciudadanos para que purguen su pena en las prisiones colombianas; pero el Tribunal Superior de China ha dejado claro que las leyes en su país son para atemorizar y que se deben respetar por encima de cualquier pretensión.

Después de aplicada la sentencia de muerte al caleño de 74 años Ismael Arciniegas, se revivió una polémica por los ciudadanos colombianos presos en el país asiático. Familiares, conocidos y amigos de los condenados se encuentran en total incertidumbre, pus son más de 120