El 17 de marzo de 2020, en plena pandemia, la revista ARCADIA que conocimos fue suspendida por decisión del Grupo Semana. No entendimos claramente lo que eso implicaba. Ese día, La Liga Contra el Silencio y los 15 medios con los que había tejido una alianza para romper el silencio y la censura en Colombia, supimos que el proyecto cambiaba de rumbo y que su director y la mayor parte de su equipo de trabajo habían sido despedidos. 

En respuesta presentamos #LaRevistaQueNoFue, una propuesta de los colaboradores de la revista que quisieron publicar sus artículos, que ya no verían la luz, bajo el sello de La Liga. El buen periodismo -ahí el cultural-, ese que cabalga sobre terrenos inciertos, el que siguen haciendo periodistas, escritores y profesionales de distintas disciplinas, tiene su espacio aquí.

Texto/ Vanessa Velásquez Mayorga* – Ilustración de portada / David Aronnax García Tapasco

En septiembre de 2015 llegó a las librerías una obra que en poco tiempo se convirtió en un inusitado éxito en ventas en Colombia, y después también en otras partes del mundo. Se titulaba Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida (publicada por la editorial Planeta con el sello Espasa) y reunía, en poco más de doscientas treinta páginas, apuntes hechos a mano, espacios en blanco para rellenar, listas de música, cancioneros, páginas para recortar, recetas de cocina y docenas de ilustraciones. Era un libro para el despecho, y su autora, Amalia Andrade, era entonces una desconocida editora, escritora e ilustradora caleña de treinta años.

También con Planeta, en 2017, Andrade publicó un segundo libro, Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas, y un año después, Tarot magicomístico de estrellas pop. Para ese entonces, Uno siempre cambia al amor de su vida ya había sido traducido al italiano, al alemán y al ruso, y en 2018 la editorial británica Penguin Books la imprimió en inglés con el título You Always Change the Love of Your Life (for Another Love or Another Life), convirtiéndola en la cuarta colombiana en ser publicada en Penguin Books, y, entre esos autores, la única viva.

El pasado 10 de enero, casi cinco años después de su primera publicación, Andrade, que ahora también es una influenciadora con un poco más de sesenta y dos mil seguidores en Twitter, decidió participar en una conversación en esa red que proponía confesar algo inesperado sobre uno mismo. Escribió: “Soy la colombiana que más libros ha vendido por fuera de Colombia después de [Gabriel] García Márquez”. Poco después, el editor Nicolás Morales retomó y problematizó esa afirmación en su columna de la revista ARCADIA.

Aunque conocer las cifras exactas de ventas de un autor en Colombia es muy difícil, según la página web de Planeta, Andrade “ha vendido más de 400.000 ejemplares de sus libros”. Esto también me lo confirmó Myriam Vidriales, directora de Mercadeo y Comunicación de Editorial Planeta Latinoamérica, quien además aseguró que “Andrade es la escritora colombiana con mayores ventas en América Latina y forma parte del top diez de autores latinoamericanos más vendidos en el exterior, encabezado por Gabriel García Márquez”.

¿Cómo y por qué Amalia Andrade llegó a ser esta gran excepción en la industria editorial de nuestro país y la región? ¿Qué hace tan particular y exitosa su propuesta narrativa?

Leer diferente

Amalia Andrade estudió Literatura en la Universidad Javeriana, en Bogotá, y luego trabajó en medios de comunicación. Ya entonces se había acercado a las editoriales con la idea de publicar un libro, pero había salido desmotivada de esas primeras conversaciones. “Una vez me reuní con una editora que me preguntó por qué quería dibujar si yo no sabía dibujar, y también con un editor que literalmente me dijo: ‘Tú, apégate al canon’. Yo pensé: ‘Amigo, acabo de graduarme de Literatura, estudié el canon, ¿por qué querría quedarme cerca del canon?’. Decirme eso fue como decirme: ‘Tú, ve y lee (a hombres, sobre todo), y ve y haz lo que se puede hacer (es decir, poesía, novela, cuento). No inventes, haz eso’. Pero a mí no me interesaba hacer eso”.

Andrade siguió publicando en su blog y subiendo sus dibujos y textos a su cuenta de Instagram, y ahí fue cuando el entonces director editorial de Planeta en Colombia, el venezolano Marcel Ventura, conoció su trabajo. Un día la invitó a tomar café.

“¿Por qué te llamó la atención el trabajo de Andrade?”, le pregunté a Ventura por correo electrónico. “Varios amigos me habían hablado de ella, empecé a ver su trabajo en Instagram y lo primero que me interesó fue la forma en que integraba cierta transparencia emocional con un mundo de referentes intergeneracionales y otro espacio de alta cultura tratado sin arrogancia. En Amalia había una transparencia y una honestidad que esperas en todos los libros a los que aspiras como editor”.

Del café que se tomaron, Andrade recuerda que Ventura le dejó la impresión de haberla entendido. “Le pareció chévere mi idea. Dijo: ‘Esto está bueno, creo en ti’”. Ventura, que en su momento llevó al catálogo de Planeta en Colombia a autores como Andrés Felipe Solano, Melba Escobar y Luis Miguel Rivas, y que es conocido por inyectarle a la relación editor-autor intimidad e intensidad, acompañó la elaboración de Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida. En el proceso creativo, Andrade hizo un hallazgo crucial: entendió que era posible cambiar la forma como un escritor se dirige a sus lectores, como se acerca a ellos y les habla, como los interpela y los desafía. Su experiencia de periodista, el uso de redes sociales y el hecho de pertenecer a una generación capaz de comunicar en formatos fluidos y multidimensionales –la de los llamados millennials– convergieron en esa aproximación. “¿Qué pasa si me relaciono horizontalmente con el lector? Me gusta mucho la idea de la literatura como juego, pero también, y sobre todo, creo que me interesa la idea del libro como objeto, de borrar los límites entre ser escritora y ser dibujante”.

Amalia Andrade / Archivo Grupo Planeta Colombia

Uno siempre cambia el amor de su vida es un libro sencillo, ingenioso y juguetón, que revela el trazo de Andrade, su prosa descompilada, su habilidad para mezclar registros –del humor al dolor al humor–. Los dibujos y la letra a mano alzada se alternan con páginas escritas en fuentes serifadas o pintadas de colores intensos que producen simpatía y cercanía. Estas dos percepciones se refuerzan con la narrativa escrita y visual de la ansiedad y la tragedia del duelo y el desamor, haciéndolas a la vez próximas desde la primera persona; desde una escritura autobiográfica y cercana a lo confesional. “Cuando lo escribí, estaba pasando por el duelo de la muerte de mi tía, que fue como mi mamá. A ella le dedico el libro –cuenta Andrade–. El duelo está en todas partes. Está en las canciones con las que creció mi generación, las de Juan Gabriel o Shakira. Es decir, está tan en nuestra cara todo el tiempo que asumimos que la gente puede sanar sola (…). Poco hablamos de eso. De ahí sale el libro”.

La horizontalidad con el lector no está solamente en el tono y el registro, también en la invitación a intervenirlo, transgrediendo la sacralidad y la limpieza del libro como objeto. Está hecho para eso: para rayarlo, tacharlo, romperlo, dibujar y escribir en él. El lector lo completa sacando de sí sus experiencias y dejándolas en el papel junto a las de la autora, como si ella fuera su amiga o su confidente. Mientras tanto, el texto muta hasta que ese diálogo termina, y el lector se convierte también en el autor de su propia e íntima versión.

Esta forma de hacer un libro, de escribir y producir experiencias en el otro, se parece a la forma en que se escribe en las redes sociales, el ecosistema en que de algún modo Andrade empezó a escribir su primer libro. El pensamiento en píldoras, la comunicación multiformato, el intento permanente de calar en el otro son formas propias de ese lugar de la escritura. Este libro es en ese sentido interactivo y permite la creación y la expresión. Es como si Andrade creara con sus libros un lugar similar al de las redes, y dirigido a sus principales usuarios. Y seguramente algunos de ellos comparten sus propias versiones del libro de Andrade en redes, devolviéndoselo al lugar que lo hizo posible.

En su segunda obra, Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas, Andrade habla sobre las distintas formas del miedo y sobre la ansiedad como la peor de ellas. El libro replica el formato del primero, un híbrido entre el dibujo, las pequeñas cápsulas de ficción que abren los capítulos, los ejercicios y los consejos para lidiar con la crisis.

Su libro más reciente, Tarot magicomístico de estrellas pop, es menos personal, pero aún más interactivo. Es un pequeño manual sobre cómo leer el tarot, que para ella es una herramienta de sanación. Andrade reinterpreta la baraja con personajes de la cultura popular que encarnan los arquetipos: en la carta del colgado aparece Britney Spears con la cabeza rapada, el sumo sacerdote es Juan Gabriel. “Mi libro más literario es el Tarot porque en él se manifiesta totalmente lo que quiero hacer: ¿cómo logro que la gente lea diferente? Pues qué manera más radical de hacer que la gente lea diferente que poniéndola a leer dibujos. El tarot implica eso, leer dibujos que son símbolos, y es además profundamente literario. Los arquetipos son la base fundacional de la literatura”.

Libros que cambian vidas

Myriam Vidriales, directora de Mercadeo y Comunicación del Grupo Planeta para América Latina, dice que Andrade ha tenido éxito en el mundo de los libros por no renunciar a un lenguaje que domina, el gráfico, y también por una capacidad de traducción de temas complejos mediante referentes de la cultura popular: “Logró hacer un puente increíble que resulta interesante en términos de lenguaje y síntesis, y hay un trabajo creativo e intelectual poderoso. Ahí está su magia”, me dice.

Vidriales no revela las cifras exactas de ventas de Andrade, pero sí que “están en tres dígitos, de miles. Salvo Gabo, nadie que sea colombiano o colombiana vende muchos libros en el mundo, y menos novelistas tradicionales”.

Vidriales también fue quien organizó la primera gira que hizo Andrade, cuando Uno siempre cambia el amor de su vida comenzó a venderse aceleradamente en México. Unió esfuerzos con la Librería Gandhi para llevarla a ese país y presentar sus libros en tres ciudades. Fue una primera vez para Planeta y para Andrade. “Cuando ella llegó, nos encontramos con una mujer que rompía totalmente el paradigma del autor literario e incluso del autor de autoayuda, que es el cajón donde sus libros deberían encajar, aunque no encajen completamente”.

Sobre esto, Andrade me dice: “Yo sí quería, de frente, hacer libros que ayudaran a la gente. Ese sí es mi interés. A mí la gente me da durísimo y me dice ‘eso que tú haces no es literatura’. No me concierne y tampoco creo que así sea. En lo que sí pienso es en la pregunta sobre para qué sirven los libros; sobre cómo un libro puede ayudar a alguien. Si la gente menosprecia los libros que ayudan a otras personas, ¿para qué creen que nació la literatura, y el arte en general? Esto es la mímesis, el arte es donde nos miramos a nosotros mismos y sanamos”.

Le pregunté a Myriam por qué incluía a Andrade en un listado en que se compara la literatura de Gabriel García Márquez y la propuesta de Amalia Andrade, que son a todas luces muy distintas, y respondió que su criterio es simplemente el número de ejemplares vendidos: “Amalia está en la categoría de juvenil, pero el top es una mezcla de géneros, cuyo criterio es el número de ventas de autores latinoamericanos”.

El género, a la larga, es lo que menos importa. “Lo que más me ha conmovido siempre es la relación de los lectores con el libro, la clara sensación de que esas páginas han cambiado vidas –me dice Ventura–. Supongo que por eso me entristece el esnobismo de quienes no entienden que si un libro genera eso, el libro como artefacto gana nuevas vidas”.

*Velásquez es periodista freelance. Tiene una cuenta de Instagram, Ficcioncitas, en que recomienda libros.