BRUJAS, MINERÍA Y CAPITALISMO

Brujería, minería tradicional y capitalismo transnacional en los Andes colombianos: el caso del pueblo minero de Marmato es el resultado de una investigación realizada en 2016 y ganadora del Premio Nacional de Antropología ese año. Tuvimos la oportunidad de entrevistar a su autor, Carlos Julio González Colonia, docente de la Universidad Tecnológica de Pereira, sobre sus investigaciones de minería en tres municipios del noroccidente de Caldas.

 

Por / Antonio Molina – Fotografías / Rodrigo Grajales 

Ha hecho un trabajo relativamente reciente sobre la minería en la región de lo que antes se llamaba como el Antiguo Caldas. ¿Qué hallazgos principales o destacados encontró usted sobre la minería en esta zona?

Bueno, en realidad para puntualizar la zona exacta de mi investigación en Colombia, fue el pueblo minero de Marmato, en el alto occidente caldense, lo que llaman noroccidente caldense; es decir, este conjunto de municipios que hacen parte y que tienen una historia común en la minería desde tiempos muy antiguos, en este caso Riosucio, Supía y Marmato, pero la investigación se concentra en el pueblo minero de Marmato. Mis pesquisas consisten en poner en relación el pueblo minero de Marmato y el caso, digamos, de los problemas sociales derivados del ejercicio de la minería en ese territorio, poniéndolo en relación con otros casos de minería en la cordillera de los Andes en toda Sudamérica.

Todo el tiempo los españoles dieron cuenta del ejercicio de minería artesanal en el sentido del barequeo o el mazamorreo.

La minería tradicionalmente se ejercía como una labor artesanal o de alguna manera empírica hasta hace algunos años, ¿esa minería artesanal todavía sobrevive en algún espacio, en Marmato en particular?

Es difícil pensar en un concepto, digamos de diccionario, para el término minería artesanal. Yo diría que cada pueblo que ha fraguado su historia en relación con el trabajo minero, tiene una definición particular de lo que consideran tradicional o artesanal. En general, cuando a uno le hablan de minería artesanal, normalmente uno se remite como a los tiempos prehispánicos porque esta actividad que llamamos del mazamorreo o el barequeo, que está muy asociada a la minería artesanal, tal y como la definimos hoy en día en términos muy generales, evidentemente fue encontrada por los españoles cuando llegaron a estos territorios que hoy conocemos como América.

Entonces, todo el tiempo los españoles dieron cuenta del ejercicio de minería artesanal en el sentido del barequeo o el mazamorreo y, de hecho, el objeto tecnológico para mazamorrear o para barequear, que es esta vasija de madera cóncava, la batea, eso fue un desarrollo prehispánico. Es muy curioso porque hoy en día es común ver a pueblos afrocolombianos en el Chocó viviendo de la minería artesanal mediante el método de barequeo, pero el origen de esto fue prehispánico y ellos lo aprendieron de los indígenas americanos.

 

¿En qué momento empezó la minería de socavón en nuestra región, en particular en Marmato?

Bueno, hay datos de crónicas de Indias que ubican, o que nos dicen, que en Marmato ya se practicaba una minería de socavón, obviamente no a la profundidad que hoy conocemos en este tipo de minería, pero ya se practicaba desde tiempos prehispánicos.

De hecho, hay una reseña, un pasaje de crónicas de Indias cuyo autor es el famoso Francisco Guillén Chaparro, que menciona que en el cerro del Marmato, porque así ya lo conocían en el inicio de los tiempos coloniales, se practicaba minería de socavón desde tiempos prehispánicos. Así lo vieron los españoles cuando llegaron por este territorio. La minería de socavón es antigua, pero obviamente a unas profundidades muy inferiores a las que conocemos hoy en día.

Dice Carlos Julio González Colonia que en el caso de Marmato, en 1825 se instaló allí una empresa inglesa que, obviamente, al traer una nueva tecnología y unos nuevos modos de explotación, pues vino a transformar de manera radical la vida social asociada a la minería. Fotografía / Cortesía UTP

Esta minería de socavón lentamente se fue tecnificando y vemos hacia el siglo XIX la llegada de expertos provenientes de Inglaterra y Alemania que empiezan a hacer un proceso muy diferente al proceso tradicional un tanto más prosaico, ¿qué tanto impactó y qué tanto transformó toda esta explotación de la minería de oro en nuestra región?

Yo diría que ahí hubo varios momentos de transformación radical de los modos de producir mineral en estos territorios americanos, de hecho, cuando llegaron los españoles, la invasión que llaman la Conquista de América, ya eso implicó una transformación radical en los modos de explotación económica de los pueblos indígenas, pero luego, en la época de la República, la época de la Independencia, obviamente muy asociado a la búsqueda del sostenimiento financiero de las recién nacidas repúblicas americanas, en el caso de las libertadas por Simón Bolívar, pues se hizo necesario buscar préstamos con países extranjeros y fue el caso de los préstamos que se hicieron para La Nueva Granada, lo que hoy es Colombia, con los ingleses, lo que implicó que se entregara en prenda de garantía algunos territorios mineros, como los territorios mineros de Supía, Marmato y Quiebralomo, en el occidente de Caldas actual. Muchas otras empresas llegaron a ocupar otros territorios en Sudamérica para explotarlos mediante unos métodos muy asociados a lo que hoy conocemos como la Revolución Industrial.

Entonces, en el caso de Marmato, en 1825 se instaló allí una empresa inglesa que, obviamente, al traer una nueva tecnología y unos nuevos modos de explotación, pues vino a transformar de manera radical la vida social asociada a la minería que se practicaba en ese territorio en tiempos coloniales.

 

¿Qué tanto de estas nuevas prácticas incidió en las prácticas tradicionales y cómo impactaron en los otros mineros de la región que estaban trabajando con otra manera de extracción de este mineral?

Claro, esas prácticas tradicionales o antiguas se vieron subsumidas por las nuevas prácticas, por las nuevas tecnologías y los nuevos modos de hacer, pero podemos decir que no hubo una desaparición, hubo una transformación, porque, por ejemplo, si tú miras hoy en día la forma de producción en el pueblo minero de Marmato, eso que ellos llaman minería tradicional implica el barequeo, pero el barequeo en este caso está asociado a una parte de un proceso más largo que es mucho más industrial y, sin embargo, al ser industrial, sigue siendo llamado tradicional por ellos, porque manejan una escala de producción antigua que data de la época en la que los ingleses estuvieron allí explotando minas.

Hay una transformación permanente y no una desaparición absoluta. Uno puede ver en los actuales modos de producción mineral, los antiguos incrustados, o mestizados por decirlo de alguna manera simple.

Uno ve que en la fisonomía del marmateño están las huellas de un mestizaje también biológico sucedido por la convivencia entre indígenas, afrocolombianos, ingleses, franceses, alemanes.

¿De estos mineros que llegaron de Europa quedaron algunos nombres, algunas empresas o algunas personas que se destacaron en esta labor?

Pues mira, para el territorio del alto occidente caldense, uno encuentra en Riosucio que todavía superviven allí familias descendientes de alemanes, de franceses que llegaron a ese territorio en tiempos de la República, pero ya en Marmato encuentras alguna memoria de que allí estuvieron ingleses, con algunos apellidos alemanes y franceses.

La prueba de que estuvieron allí presentes está más bien como en la fisonomía de sus gentes, uno ve que en la fisonomía del marmateño están las huellas de un mestizaje también biológico sucedido por la convivencia entre indígenas, afrocolombianos, ingleses, franceses, alemanes; sin embargo, pues esto ya hace parte de la memoria antigua de las personas y no queda más que eso: la memoria de esa… ¿cómo se le puede decir a eso?… de esa existencia o de ese advenimiento de extranjeros a la región y como te digo: en Riosucio todavía hay descendientes de esas familias europeas.

 

En la segunda mitad del siglo XIX, hacia 1850, 1860, se dieron gobiernos de corte relativamente liberal, que llevaron a la libertad de esclavos, la toma de bienes de la Iglesia, rompimiento con la Santa Sede, ¿en cuanto a la minería no hubo un proceso de independencia, de asumir el Estado el control de estas minas y quitárselas a los extranjeros que lo hacían?

Muy curiosamente el advenimiento del liberalismo a estas regiones nuestras marcó una simpatía enorme con los proyectos de minería extranjeros. El liberalismo como ideología penetró en estos territorios de la mano de la llegada precisamente de las empresas inglesas, francesas y alemanas que eran los adalides de un pensamiento liberal en Europa en aquellos tiempos.

Entonces, diríamos que allí la interpretación de lo liberal estaría asociada a la llegada de las empresas extranjeras y a la penetración en estos territorios, por ejemplo, de ciertas ideologías religiosas como el protestantismo. Si uno se pone a mirar en la historia, en este caso de Marmato, Supía y Riosucio, uno se da cuenta que en esas controversias, esas guerras entre liberales y conservadores en el siglo XIX, los liberales estaban apoyados por las empresas extranjeras.

El caso famoso, por ejemplo, del general Ramón Marín, un general marmateño que hizo historia, digamos, con una guerrilla formada en lo que hoy se conoce como las minas de Frías en Mariquita, en una región del Tolima. Era un capataz de mina, liberal, radical, amigo de [Rafael] Uribe y era simpatizante de las empresas inglesas que administraban las minas en Frías en el Tolima.

Entonces, imagínate tú lo curioso aquí: el Estado estaría representando un conservatismo radical en esa época, y el liberalismo estaría luchando contra el Estado entre los mismos criollos y la misma sociedad colombiana de aquel entonces, en alianza con las trasnacionales. No podríamos hablar de transnacionales sino con las empresas extranjeras que en ese entonces, específicamente las inglesas, trabajaban en estas regiones.

Brujería, minería tradicional y capitalismo transnacional en los Andes colombianos: el caso del pueblo minero de Marmato. Fotografía / Cortesía La Cebra Que Habla

¿Qué falta en Colombia, a diferencia de otros gobiernos como el mexicano, en algún momento el ecuatoriano, incluso el peruano para que no haya posesión del Estado sobre la producción de estos bienes? Ha sido como una reiterada costumbre de entregar la producción y el beneficio de todos los bienes auríferos y de petróleo a empresas extranjeras…

Yo diría que los que hoy administran el Estado son herederos ideológicos de aquellos liberales del siglo XIX, que eran muy simpatizantes de las empresas extranjeras, por eso no se parece contradictorio lógicamente que el Estado actual en Colombia tenga afecto a las multinacionales, porque son ideológicamente compatibles, en el entendido de que los que hoy administran el Estado, los que ostentan el poder estatal son descendientes ideológicos e intelectuales de esos liberales de la segunda mitad del siglo XIX en Colombia.

Entonces yo creo que en gran medida uno podría entender ese fenómeno estudiando la historia de las ideas políticas en Colombia. Pienso que hoy el Estado es un Estado liberal, en un sentido transnacional, en un sentido económico liberal, de libre mercado y por eso es que vemos que el Estado está cada vez más buscando parecerse a las empresas privadas y eso implicaría que el Estado deje de controlar, que se vuelva chico para poder que la supuesta libertad de mercado actúe, por eso no me parece contradictorio, y por eso es tan relevante que hoy en día quienes reivindican la soberanía sobre los recursos naturales sean los pueblos aborígenes, los pueblos ancestrales, esos que vienen a reclamar la necesidad de que el Estado los proteja también, pero asociado a la protección de ellos como grupos étnicos también se protejan sus territorios.

Entonces, es curioso cómo van transformándose las ideas a través del tiempo, pero como uno sí se detiene a estudiar claramente cómo se van transformando, se da cuenta de que hay unas lógicas subyacentes allí que se mantienen desde hace muchos años.

 

Marmato, de alguna manera, se ha considerado un prototipo de las prácticas mineras que empobrecen a sus pobladores, paradójicamente; Marmato ha sido una población con índices de pobreza muy altos, bajo desarrollo, bajo poder de transformación, ¿por qué esas dinámicas se dan de manera tan reiterada en nuestra región?

Pues mira, ese tema de los indicadores a partir de los cuales uno mide el desarrollo o la pobreza, yo siempre los he mirado con mucha… bueno, no solo yo, digamos las ciencias sociales y humanas en general, miran con mucho escepticismo la fabricación de esos indicadores, porque yo personalmente, en mi experiencia como etnógrafo en Marmato por veinte años, me he percatado de que los mineros de Marmato no son para nada pobres; todo lo contrario, cualquier minero en Marmato tiene más dinero que yo en el bolsillo en cualquier momento de la semana porque la minería da plata.

Lo que pasa es que obviamente hay unas lógicas sociales, de organización social y cultural que hacen que las ideas de desarrollo varíen. No hay una sola idea hegemónica de desarrollo como la que construyen los estadounidenses o los europeos sino que la experiencia de la pobreza es diversa culturalmente hablando.

Yo diría que para entender la noción de riqueza y de pobreza en Marmato, hay que tomar en cuenta su propia historia minera y yo me atrevería a afirmar que no es cierto que sean pobres, ellos son acomodados a su manera y tienen poder económico a su manera, de hecho es relevante que los marmateños siempre hayan visto y considerado que su territorio es un territorio en el que pueden sobrevivir cómodamente y por eso se resisten vehementemente a ser ocupados por un proyecto trasnacional, porque es un cerro que lleva quinientos años siendo explotado y las minas de hoy en día son herencias de los tatarabuelos, de los bisabuelos, de los abuelos, de los padres.

Eso solo se explica porque los marmateños consideran que allí se vive bien, entonces hay una noción de buen vivir propiamente de los marmateños que habría que mirar con detenimiento o en oposición a los indicadores económicos a partir de los cuales uno imagina la pobreza o la riqueza.

Los marmateños consideran que su cerro es un continente de oro y han vivido allí sobre sus laderas durante siglos.

Con respecto a estas pulsiones trasnacionales, en este momento hay un tire y afloje de una trasnacional explotadora que viene con unas condiciones que supuestamente irían en contra de ese bienestar que en apariencia tienen los marmateños, ¿cómo hace usted la lectura de este pulso de la trasnacional minera y los originarios de esa región?

Sí, claro. Es una situación de controversia política y económica muy paradójica porque finalmente son mineros contra mineros, los mineros tradicionales contra los mineros trasnacionales y en ese sentido, para mí es muy obvio, o son muy obvias las razones que los marmateños esgrimen para no estar de acuerdo con la ocupación de su territorio por una trasnacional, porque evidentemente una trasnacional tiene una mirada sobre el cerro en el que viven los marmateños muy distinta a la mirada que tienen ellos mismos.

Los marmateños consideran que su cerro es un continente de oro y han vivido allí sobre sus laderas durante siglos, mientras que para la trasnacional eso es un repositorio de oro que en veinte años puede pulverizarse y queda ahí un hueco enorme, como una especie de taza enorme después de haber pulverizado ese cerro.

Es obvio que allí hay una controversia entre quienes ven la montaña como su fuente de identidad social, cultural, económica, porque ellos se consideran mineros tradicionales y eso implica que tengan esa idea de la minería desde muchos años atrás, pues evidentemente ellos ven ese cerro como su lugar de vida, el lugar donde tienen sus conexiones afectivas, mientras que la trasnacional lo ve desde una perspectiva instrumental, económica, no tiene ningún significado para ellos más allá del monetario.

Es una controversia de dimensiones dramáticas porque si la trasnacional pulveriza la montaña los marmateños no podrán regresar jamás a su territorio a celebrar Navidad, a visitar a sus parientes, es decir, ahí hay unos elementos de orden emocional atados a lo cultural y a lo histórico que son relevantes y que los políticos, en este caso del departamento de Caldas y de la nación, tendrían que tomar en cuenta a la hora de patrocinar un proyecto transnacional allí.

 

Esta empresa multinacional ha solicitado de manera expresa al Gobierno que le facilite la ayuda que sea necesaria para mantener el poder en la zona y así realizar la explotación de manera libre como ellos quieren. Cuando subrayan las herramientas que sean necesarias, uno hace lecturas de pronto muy suspicaces, pero eso de todo vale para mantener acá el poder sobre esto, ¿qué lectura hace usted sobre la carta que las transnacionales minera escribieron al gobierno del presidente Iván Duque pidiendo mayor apoyo para invertir en Colombia?

Pues mira, los marmateños están muy preocupados. Yo tengo, pues, muchos amigos en Marmato derivados de esta larga trayectoria investigativa mía allí, y están muy preocupados porque saben que evidentemente el Gobierno es simpatizante de las transnacionales y que en Colombia ha habido una historia muy larga de unas connivencias específicas entre el Gobierno y los grupos paramilitares, y bien es sabido que en muchos territorios han sacado gente a sangre y fuego para cubrir expectativas específicamente que son del interés de los empresarios extranjeros y del Estado colombiano.

Entonces, evidentemente están muy preocupados y tienen temor de que esto pueda llegar a verse materializado en crímenes o en muertes; sin embargo, los marmateños no hay que mirarlos tampoco como si fueran inocentes ideológicos, ellos también son hijos de esta historia y también en el interior de Marmato, en el pueblo mismo, hay controversias entre ellos de muchos tipos, hay grupos que están de acuerdo con que el territorio sea explotado por una transnacional y hay quienes no, ¿cierto?

Adentro también hay heterogeneidad, aquí la pugna yo creo que alcanza a la sociedad colombiana completa, así como en nuestra sociedad hay gente que piensa que deberíamos ser soberanos de nuestro territorio y poder definir los destinos de él por encima de las posibilidades de negocio que vean los empresarios extranjeros.

A pesar que hay quienes tienen esa conciencia, hay quienes no, hay quienes consideran que hay que estar abiertos al libre mercado y que es una posibilidad real de desarrollo económico el hecho de que los extranjeros vengan y monten sus proyectos. En Marmato es exactamente igual, hay una controversia interna, pero evidentemente aquellos que tienen esta idea más protectora del territorio, obviamente hay bastante zozobra de este documento que tú señalas.

En Marmato empezaron a pulular las organizaciones sociales enfrentadas al proyecto transnacional.

¿Se ha organizado la comunidad, de alguna manera, para poder enfrentar el reto de tomar un papel, un rol decisivo frente a una transnacional que tiene un poder económico muy grande?

La impresión que yo tengo es que Marmato es uno antes del año, ponle tú 2006, y después del año 2006. La multinacional que en ese entonces estaba se ha ido transformando en términos de razón social, de nombre se ha ido transformando, pero creemos que es más o menos la misma gente la que está detrás, digamos, de la administración, pero antes de 2006 y después de 2006, Marmato cambió radicalmente.

En 2006 los marmateños sufrieron en carne propia los embates de la transnacional comprando minas y tumbándolas, cerrando los molinos, apostándole a la posibilidad de que el pueblo migrara y ellos pudieran vaciar el municipio para hacer una explotación a cielo abierto que es la que ellos querían hacer en este momento, pero después de esa experiencia, en los marmateños se avivó, digamos, un espíritu colaborativo que derivó en muchas organizaciones sociales a partir del año 2006, 2007.

En Marmato empezaron a pulular las organizaciones sociales enfrentadas al proyecto transnacional. Hoy en día yo diría que pocos municipios tienen tanta organización social de orden cívico, económico, político, cultural. Hay muchas organizaciones que están opuestas al proyecto transnacional y entre ellas dialogan y planean un futuro para su territorio, distinto al que se plantearía si existiese allí una explotación minera transnacional a cielo abierto.

Entonces hoy en día hay una organización increíble ahí, no te miento, pueden haber entre diez o quince organizaciones cívicas, políticas, económicas, culturales, pero también están los grupos de base afrocolombiana que están consagrados en la Constitución Nacional. De grupos afrocolombianos hay por lo menos siete u ocho reconocidos por el Ministerio del Interior. Diferentes, hay como diez más en fila.

Entonces podríamos decir que ese espacio tan pequeño que es Marmato, que son 9.800 habitantes, está fragmentado en una gran cantidad de organizaciones sociales de muchos talantes, y evidentemente todos luchan políticamente contra el proyecto transnacional tratando de proteger lo que ellos consideran es el futuro que desean para su territorio.

 

Los pobladores de esta región, además de la asociaciones que usted hace evidentes, ¿qué otras herramientas podrían tener para poder enfrentar el reto de esta transnacional?

El tema de las organizaciones ha sido tan fuerte que, por ejemplo, hay una que es particularmente relevante allí, llamada Asociación de Mineros Tradicionales de Marmato (Asomitrama).

En el año 2014, creo, si no estoy mal, o en 2015, unos mineros de Asomitrama pusieron una acción de tutela contra la posibilidad de que los desalojaran de una de las minas que la multinacional cerró en aquel entonces, 2006, 2007, y ellos se pronunciaron ante la Corte Constitucional con una acción de tutela, reivindicando su derecho al trabajo, su derecho a la autoafirmación cultural, etc… como mineros tradicionales, eso derivó en la famosa –después de un tortuoso camino jurídico en el año 2017– pronunciación con la sentencia SU133 de 2017, en donde la Corte Constitucional protegió, de alguna manera, los derechos culturales de los mineros tradicionales, y algunos derechos fundamentales de la Constitución que habían sido vulnerados.

Entonces mira que esa organización ha dado sus frutos, llegó a las instancias de la Corte Constitucional y la corte se pronunció en favor de los mineros. Obvio, no de manera taxativa, les puso unas tareas que ellos todavía no han hecho completamente, también les puso unas tareas a la Agencia Nacional de Minería, que tampoco ella ha hecho completamente, pero eso quiere decir que la disputa está mapeada. Ahí las fuerzas que tercian en ese proceso son potentes a lado y lado, tanto el lado de la transnacional como el lado de la población civil organizada.

El hecho de que los recursos naturales son la última frontera del debate sobre lo ético, aquello de lo que depende nuestra vida misma, es la última frontera sobre lo que podemos debatir políticamente.

¿Las trabas que se le han puesto últimamente a las consultas populares, su impacto o su incidencia sobre las mineras y la presencia de mineras transnacionales y la explotación posterior, no dificulta mucho esta labor de poder enfrentar a estas empresas que, repito, tienen gran poderío?

Sí, esa impugnación que hicieron desde el Gobierno Nacional, la nueva composición de la Corte Constitucional, porque salieron los anteriores jueces y llegaron otros nuevos, ese fue un golpe muy fuerte contra toda esa actividad jurisprudencial que había hecho la Corte Constitucional hasta este momento. Yo carezco de conocimiento jurídico específico como para señalarte algo concreto sobre cuál podría ser el efecto de ese impedimento de hacer consultas populares.

Determina la nueva Corte Constitucional, pero sí, evidentemente es una jugada ideológica en contra de esa posibilidad de reivindicar el punto de vista de los que habitan en los territorios y eso, pues, evidentemente es preocupante desde una perspectiva política porque tercia a favor de quienes consideran que los proyectos de desarrollo basados en la llegada de transnacionales mineras al territorio o de transnacionales de cualquier tipo, pues es lo que se debería hacer.

Tercia a favor de quienes piensan que esa debería ser la visión de desarrollo de nuestro país. Sin embargo, yo creo que esto es como dicen los paisas: el camino es largo y retrechero. Uno no podría aventurarse a pronosticar hacia dónde se va a ir, digamos, toda esta perspectiva política de la lucha sobre los recursos naturales.

Para mí es la última frontera como ética de la lucha entre ideologías encontradas, el hecho de que los recursos naturales son la última frontera del debate sobre lo ético, aquello de lo que depende nuestra vida misma, es la última frontera sobre lo que podemos debatir políticamente. Confío en que haya mucha consciencia de la población civil para organizarse y tratar de enfrentarse a la destrucción de los recursos naturales, que es lo que más nos preocupa en este momento.