Con un ¡Vamos, vamos Chape!, así se hicieron sentir las más de 30 mil voces que asistieron al escenario deportivo para homenajear a quienes partieron primero de este mundo. Chapecoense, un humilde equipo brasilero que logró tallar su nombre en el fútbol mundial a un alto precio.

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Por: Carlos A. Marín

Todavía no me reponía de la tristeza que causó el no ascenso de la escuadra Matecaña y apenas finalizaba una nota escueta que debía mandar a Pereira. El rumbo del partido quebrantó el alma de quienes estuvimos allí para presenciarlo. El empate de Leones silenció el palpitar de los corazones futboleros que viajaron desde el Eje Cafetero hacia el sur del Valle de Aburrá.
Ese 2-2 amargo, lluvioso, acompañado de nudo en la garganta se mantuvo hasta que mi editor y jefe me escribió a eso de las 11:30 pm acerca de la desaparición de un avión con los integrantes del equipo Chapecoense de Brasil. De hecho, al salir de la Terminal del Sur (Medellín), mojado, sin ilusiones y algo cansado, mi esperanza era esperar hasta el miércoles para disfrutar de una final continental más, porque para quienes amamos el fútbol cualquier partido es gloria. Si de glorias hablamos, Atlético Nacional nos está acostumbrando a mucho.

Después de leer el chat enviado por el jefe, acompañado de una breve reseña sobre la situación que él mismo me envió, me alerté lo suficiente, comenté la noticia a un par de personas que se encontraban al lado, luego con tono de asombro entablamos una conversación encaminada a determinar a cuánta distancia estábamos de La Ceja Antioquia, no discrepamos mucho, a una hora 30 minutos.
img_20161130_163539Procedí a indagar en los diferentes medios de comunicación a través del celular, encontrándome con pocos detalles que por supuesto aumentaron el nivel de incertidumbre. Chapecoense, el equipo de nombre extraño, se encontraba en problemas, probablemente el partido cambiaría su fecha.

Con los tenis tupidos de agua, el celular con poca energía en su batería, y escuchando a mis vecinos intercambiar ideas acerca de la repentina noticia, recliné la silla del bus, me acomodé para pensar no en el equipo de la ciudad, mas sí en un posible siniestro de un avión. Al instante me llegaron más mensajes del jefe, tratando de contextualizar más la noticia porque para ningún medio en el país estaba clara, pues siendo más de las 0:00 horas, se mostraba como una tragedia no confirmada. 
No tuve mucho para responder, todo lo que sucedió con Deportivo Pereira en Itagüí pasó a un segundo plano. Las imagénes de ambulancias, rescatistas, bomberos, luces, Policía, se crearon en mi imaginación para contrastar con cada gota que caía por la ventailla del bus en aquella madrugada agotadora, lo cual le daba un tono de oscuridad y lamento a la situación.

El retorno a Pereira estuvo marcado por la ansiedad. Llegué a la Terminal a eso de las 3:40 a.m. Los televisores apagados, el ambiente de trasnocho casi contagioso me abrazó hasta dejarme en un grado de somnolencia abrumador.

img_20161130_182017Pude comprender el evento al encender el televisor cuando ya me encontraba en casa. Me alerté tanto que cualquier sentimiento de sueño desapareció. Estuve atento a cada palabra, frase e información minuto a minuto hasta que la tristeza me advirtió con un soplo al oído que no más.

En la mañana del martes una necesidad de estar ausente e introducirme ligeramente en mis pensamientos fue la respuesta a tanto acontecimiento desafortunado. Padres, hijos, abuelos, iban en aquél viaje sin retorno. Las imágenes en los noticieros, combinadas con musicalización diegéticamente seleccionada para apuntar al corazón, estremeció el interior del alguien que vive por y para el fútbol. No estamos tan distantes. Siempre queremos lo mismo, la victoria, sea desde la cancha o la tribuna.

En la mañana del miércoles tomé la decisión de viajar a la ciudad de la Eterna Primavera, esta vez con una motivación distinta. Los ánimos no daban para vaticinar sobre el resultado de algún partido de fútbol. Solo para acompañar a las víctimas de un lamentable hecho en el que murieron 71 personas, como consecuencia de un trágico accidente aéreo que marcó el presente del fútbol mundial.
img_20161130_202312Chapecoense, el tímido equipo brasilero que en siete años logró lo imposible:  ascender de cuarta a primera división, ser campeón en su país, alcanzar la final de Copa Sudamericana. Ese mismo de nombre diferente en el fútbol latinoamericano al que poquísimos conocíamos, se dispuso a viajar desde Chapecó, municipio del Estado de Santa Catarina (Brasil), hacia Colombia, con el sueño que cualquier jugador anhela, lograr un título continental. Pues bien, el modesto elenco lo hizo en un vuelo charter con la compañía LaMia, de Bolivia. Un trayecto pasado por pormenores como cambio de horarios, cambio de avión, hasta un posible mal cálculo en el alcance de la gasolina por parte de la tripulación encabezada por el piloto de la nave.
El resultado, 71 personas fallecidas de las 77 que viajaron: 19 jugadores, cuerpo técnico, 20 periodistas, acompañantes, miembros de la tripulación, además de un paraguayo y una persona de naciolidad venezolana.

Sin duda este viaje a Medellín fue sobreacogedor en su propósito. Acompañar a los familiares, amigos y conocidos de las personas fallecidas, desde otro idioma, país, cultura, acotando las fronteras entre uno y uno para darle paso a la hermandad siempre añorada en el deporte rey.

img_20161130_191004Al volver a Medellín se sintió el aire de vacío, fue como si toda la ciudadanía hubiera entendido el mensaje. Las estaciones del Metro a eso de las 3:30 p.m. del miércoles, horas antes de lo que iba a ser el partido de la final de Copa Suramericana entre Atlético Nacional y Chapecoense, se atestaron de personas con camisetas blancas.

Los alrededores del estadio Atanasio Girardot lucieron repletos, largas filas de entre tres y cuatro cuadras se acomodaban como serpientes humanas entre las instalaciones de la Unidad Deportiva Atansio Girardot. Por lo menos 150 mil personas acudieron al llamado para antes de las 5:30 p.m.
Sobre la misma hora, ya las puertas del escenario se cerraron, pues el descontrol de la multitud obligó a las autoridades a salvaguardar la integridad de quienes ya habíamos ingresado. Para las 6:45 p.m. las más de 30 mil personas al interior del templo del fútbol paisa entonamos bajo la guía de las hinchadas Resistencia Norte (Medellín) y Los del Sur (Nacional) cánticos alusivos al homenaje póstumo para Chapecoense. Fue hermoso, nunca viví algo igual.

Los del Sur, en su mítica tribuna popular, acompañaron el dolor de las familias con un bandera cuya leyenda fue «El fútbol no tiene fronteras. Fuerza familias, hinchada y pueblo chapecoense». Los tambores y redoblantes sembraron el ambiente de Carnaval de Río, que muy respetuosamente sonaron para acuñar con melodía la letras de las súplicas al cielo.

En las tribunas occidental, oriental y norte los mensajes fueron múltiples, alentando por medio de frases en portugues al pueblo de Chapecó por tan magna pérdida.
El momento llegó a su máxima emotividad cuando se encendieron las velas, fue el más esperado por el significado de la luz de esperanza en un panorama sombrío y desolador para las familias de los ausentes.

img_20161130_172828Los arcos de norte y sur fueron derribados en el césped, para con floreas rojas ofrecer el tinte de luto que la ocasión solicitó. Ahí donde Franco Armani, arquero de Atlético Nacional, brilló con destellos incandescentes e innolvidables atajadas, estaba la fiel imagen de un arquero que no pudo cumplir su sueño, el de Chapecoense.
En el centro del campo un anillo de flores, con los lazos de luto, y las banderas de Brasil, Colombia, Venezuela, Paraguay, Bolivia y Antioquia que se ondeaban para homanejar a las víctimas.

La imagen de hombres, mujeres, niños con lágrimas en sus ojos y mirando al cielo es indescriptible. Allí donde siempre hay rivalidad, ira, enojo o alegría a causa del fútbol, se sentó la solidaridad para acompañar al pueblo brasilero en la tragedia aérea más grande en su historia.

A lo lejos, en la geografía suroriental de Medellín, en el edificio insignia del municipio, Coltejer, se observaban las banderas de Antioquia y Colombia izadas a media asta, tal como lo ordenó Luis Pérez, gobernador del departamento.

img_20161130_202623Entre los invitados quien más impactó fue el ministro de relaciones exteriores de Brasil, José Serrá, cuyo discurso sonó quebrantado por segundos. Rescato una frase ingenua cargada de mucho significado: «Gracias a Atlético Medellín», afirmó Serra, cuando tal vez quiso aludir a Nacional. Gesto que me hizo pensar que por primera vez en la historia, en la agitada rivalidad paisa entre Atlético Nacional y Deportivo Independiente Medellín, ambos aficiones se unieron para lanzar cánticos al cielo por un tercero, ‘El Huracán del Oeste’.

Es esta una semana difícil para el fútbol mundial, cuando por primera vez el Atanasio Girardot dejó de oler a goles y fútbol, para oler a luto y tristeza.

Fuerza al pueblo de Chapecó. Juntos nos recuperaremos de esta porque el fútbol cuando se siente en el corazón, no lleva colores.