Perseguida por el desaparecido DAS en el pasado –fue víctima de las interceptaciones telefónicas, de acoso y hasta de un secuestro exprés– y en la actualidad asediada por esa máquina perversa que se infiltra en el Estado para cometer sus fechorías, amparada en una aparente legalidad, la periodista pereirana Claudia Julieta Duque lleva más de 20 años involucrada en la difusión de causas que afectan a las minorías atropelladas por los gobiernos que dicen defenderlas. Sobre su labor y los problemas para ejercer verdadero periodismo compartió en esta charla.

 CLAUDIA JULIETA (3)Por: Antonio Molina

¿Por qué seguir trabajando derechos humanos, seguir haciendo periodismo en medio de tanto acoso, de tantos problemas?

Claudia Julieta: Bueno, esa pregunta me la hago yo también casi todos los días, varias veces al día, y la respuesta que yo encuentro, la encuentro cuando veo los rostros de las víctimas y cuando veo que más allá de mi propia historia, hay historias que no son contadas, y que no son visibilizadas y que uno como periodista puede ayudar en denunciar y en dar a conocer de seres anónimos que tienen que pasar situaciones muchísimo más difíciles y muchísimo más complicada y en contextos inclusive peores que los que uno ha tenido que vivir; o sea, cuando veo esos rostros y esas luchas, yo digo realmente es por eso o es por el bien de esto que hay que seguir y que hay que continuar.

No soy optimista, no pienso que la labor del periodista cambie el mundo, como muchos de los otros piensan; yo no creo que la labor del periodista pueda cambiar el mundo, sobre todo cuando uno está en un rincón crítico frente a la mayoría de los medios tradicionales, pero sí creo que al menos uno puede hacer un poquito la diferencia y contribuir a que esas luchas anónimas se den a conocer.

AM: ¿Todos estos lustros de hacer periodismo y activismo por los derechos humanos han valido la pena?

Claudia Julieta: Yo me gradué en el año 1993, y empecé periodismo en 1988, de hecho lo empecé acá en La Tarde, en Pereira. Inicié como practicante en segundo semestre. Pienso que más que valer la pena, el periodismo es algo que uno lleva en la sangre, es una profesión que lo define a uno como ser humano.

Como decía Gervasio Sánchez en algún momento: “el periodismo es un modo de ver el mundo”, entonces yo creo que es ese motor que uno lleva adentro para hacer lo que hace, y en ese sentido yo soy una persona apasionada por mi trabajo y por mi labor, y aunque hay días que siento que esto no vale la pena, porque como te decía, yo no creo que la labor del periodismo alternativo cambie el mundo, pues sí creo que sirve para mi vida, para mi mundo. No me imagino haciendo otra cosa, cambiando de rumbo en mi perspectiva, entonces, en mi vida y en mi proyecto de vida pienso que vale la pena. Y de todas maneras hay goles que uno alcanza a meter de vez en cuando, que también nos hacen sentir orgullosos.

 CLAUDIA JULIETA

El espionaje  del DAS

AM: Sus denuncias ante la Procuraduría y ante diferentes instancias de la justicia colombiana y de organismos de control no siempre han tenido el resultado esperado. ¿Qué siente cuando ocurre eso tan repetidamente?

CJ: Te refieres a las denuncias de mi causa, pues mira, creo que he convivido con la impunidad durante muchos años; creo que así como el periodismo de denuncia en temas de derechos humanos es parte de mi vida, la lucha contra la impunidad también lo es. Quizás por la experiencia que tengo en el tema de los derechos humanos, yo sé perfectamente que en Colombia el 95 por ciento de las violaciones a los derechos humanos, de personas que defienden los derechos humanos, queda en la impunidad.

Sé y conozco de cerca muchísimos casos de colegas asesinados, exiliados, lo mismo, masacres y situaciones graves de derechos humanos que han quedado en la impunidad. Entonces digamos que ese es el triste porvenir o devenir de la justicia en Colombia, pero también creo que en mi caso ha habido una evolución importante, contraria casi que a la corriente general de la impunidad y es que después de muchos años de denuncias mi verdad se convirtió en la verdad judicial, y aparecieron verdades y denuncias y se confirmó -por lo menos en gran parte se ha confirmado-.

Tomada de Semana.com

Felipe Muñoz. Tomada de Semana.com

Creo que eso es un aliciente y creo que la persistencia, porque las pruebas no aparecieron per se, ni solas, ni porque a alguien se le ocurrió entregar las carpetas como nos da a entender Felipe Muñoz, el ex director del Das, que fue que él encontró unas carpetas y las entregó, entonces él es un adalid contra la impunidad.

No, en realidad aquí esta lucha fue muy dura y fue con las uñas, aquí yo tuve que presentar una tutela en contra del DAS y el Ministerio del Interior que llegó hasta la Corte Constitucional y la gané en todas las instancias, y en ese proceso de tutelas el DAS entregó pruebas de informes de inteligencia en contra mía que demostraban mis denuncias. Fueron así de descarados que entregaron informes de inteligencia en contra mía y por lo tanto yo le pido a la Corte que ordene adicionalmente que me entreguen todo lo que existe sobre mí, y la Corte me dio la razón en todo, determinó que se estaba haciendo inteligencia ilegal en mi caso. En octubre del 2008 ordena que me entreguen absolutamente todo lo que había sobre mí en el DAS, fuera de seguridad nacional, ultra secreto, lo que fuera si eso no había tenido órdenes y base legales para realizarse.

La Corte dijo: no puede ser secreto para la víctima, para la periodista, yo estaba en el exilio, y volví en diciembre y en enero de 2009 el DAS destruye las pruebas que en febrero denuncia la revista Semana. Entonces yo considero que el escándalo del DAS tiene origen en esa orden de la Corte Constitucional en mi caso y por eso creo que sobrevivió una parte de la información sobre mí, muy importante, y me parece que es una recompensa casi que increíble, imposible en un país como este a tantos años de lucha.

Pienso que todo fue al revés en mi caso, fíjate que en la mayoría de las víctimas del DAS están casi todos los casos en la impunidad, hay unas cuantas condenas de funcionarios, pero en realidad el grueso de lo que sucedió y la gran cantidad de funcionarios que participaron, está todo eso quieto, está allá, todos los delitos prescritos. Hay varios funcionarios que ni siquiera tienen sentencia, en cambio en el caso mío, que venía muy lentamente, casi contra la corriente, hoy tiene vida propia y se sostiene gracias  también a una labor investigativa que en los últimos casi que cuatro años ha sido muy fuerte por parte de la Fiscalía.

 

AM: ¿Qué pasó en el anterior gobierno de Álvaro Uribe Vélez para que se diera este proceso de hostigamiento y de restricción de espacio para que las personas vinculadas a la vigilancia de derechos humanos fueran perseguidas o, por lo menos, fueran acosadas de alguna manera?

Uribe-VelezCJ: Pues hay varias cosas. Él, desde que fue gobernador de Antioquia, siempre persiguió a la defensa de los derechos humanos, siempre la vio como enemiga. Hay que recordar que cuando fue gobernador asesinaron a Jesús María Ovalle y acabaron con varios movimientos de derechos humanos en Antioquia.

Que allí nació el primer escándalo de chuzadas contra defensores de derechos humanos, nace del entonces coronel Santoyo, que terminó destituido, y que él restituyó en su cargo y llevó hasta ser secretario de seguridad de la Casa de Nariño, cuando desaparecen a dos defensores de derechos humanos: Claudia Monsalve y no recuerdo el nombre del muchacho (Ángel Quintero). Desaparecen y la investigación determina que había dos mil líneas telefónicas chuzadas en Antioquia a defensores de derechos humanos.

Entonces a mi no me parece que esto sea nuevo en el  arsenal de Álvaro Uribe, que es una persona muy comprometida con el paramilitarismo y con la violencia de la guerra sucia en Colombia. Creo que Álvaro Uribe es un hombre comprometido con ese modelo de desarrollo basado en la violencia y en el control social que a su vez se basa en el uso de las armas, con la excusa de combatir a la guerrilla o a las guerrillas: a los defensores de los derechos humanos de este  país es casi histórico que se les ha vinculado con las organizaciones de grupos guerrilleros.

Entonces a mi no me parece muy novedoso el discurso en contra de la defensa de los derechos humanos y yo creo que el punto de quiebre en el gobierno nacional, ya cuando él está en la Presidencia, es un informe que creo que se llamaba “La plataforma colombiana de derechos humanos, democracia y desarrollo”, que es una plataforma que reúne a más de 100 organizaciones de derechos humanos en Colombia, que hacen un balance del primer año de gobierno de Álvaro Uribe y lo titulan “El embrujo autoritario”.

CLAUDIA JULIETA (1)Entonces ese informe sale en septiembre del año 2003, para el día nacional de los derechos humanos, y lo que hace Álvaro Uribe es arremeter en un discurso muy violento y muy visceral en contra de las ONG, en el que llama a los defensores como traficantes de  los derechos humanos, defensores del terrorismo, y ese discurso marca desde mi punto de vista la exacerbación de la persecución contra la oposición en Colombia, o sea, no es que antes no se diera, porque yo creo que lastimosamente en Colombia así se resuelven las cosas: matando al que se opone, este ha sido un modelo histórico.

Pero ese discurso desde el Presidente de la República sí genera un aumento en la persecución, pues ahí es donde ya se da ese punto de quiebre tan grave que llega a ese escándalo que hoy se conoce mal como las chuzadas, que en realidad es un proceso de persecución a la sociedad civil de oposición; de hecho, en los documentos del DAS uno de los objetivos era neutralizar a la sociedad civil de oposición en Colombia y el mundo. Desde cuando conocí esos documentos, siempre he dicho que la sociedad civil en Colombia no es posible, ¿qué tenemos ahora? Tenemos sobrevivientes, gente tímida, que se acerca y que sigue luchando, pero ahí hubo toda una intención de acabar.

AM: ¿Qué ha cambiado de la administración de Álvaro Uribe Vélez a la administración de Juan Manuel Santos?

CJ: Creo que el discurso,  el discurso ha cambiado en términos de que hoy hay una apertura en el discurso al accionar de los defensores y defensoras de derechos humanos y en general de la oposición; pero sin duda alguna la práctica sigue siendo bastante diferente a lo que se nos dice públicamente. Tenemos hace poco el último reporte del programa “Somos defensores”, que acá hubo una cantidad de personas asesinadas por la labor defensores, creo que 63, y sigue habiendo amenazas y asesinatos selectivos y la impunidad sigue siendo la norma en estos casos.

Hay una mayor apertura social en el discurso en torno a la labor de los defensores, pero sigue habiendo en la practica un recelo y una desconfianza y hasta una animadversión de los derechos humanos y en general de la crítica, y pues eso hace que de nuevo  surja el discurso también de las manos negras. Porque en el gobierno de Álvaro Uribe era muy claro que uno se estaba enfrentando con el Presidente, y acá en cambio vuelve a surgir  esa “mano negra” o ese paramilitarismo o esa extrema que yo realmente sigo ubicando dentro de los organismos de seguridad del Estado, pero que hoy es un discurso doble, o una doble moral dentro del Estado, que yo creo pues puede significar, por un lado, una fractura interna frente la labor de los defensores de derechos humanos y, por otro, un acto enorme de hipocresía política por parte del Ejecutivo.