EL BILLAR QUE LA PANDEMIA CERRÓ

El sector de los restaurantes y bares ha sido uno de los más afectados económicamente a causa de las restricciones emitidas por el gobierno nacional y las administraciones locales para afrontar el Covid-19 y evitar el aumento acelerado de los contagios. Donde antes se encendían luces y se brindaba entre amigos, hoy se leen avisos de “se arrienda”, dueños de bares y discotecas no tienen claro si en lo que resta del 2020 podrán abrir sus establecimientos, entre el mismo gremio hay silencio. Una crónica sobre cómo dos personas con ayuda de amigos y familiares, levantaron un billar, lo hicieron popular y cómo, sin clientes ni carambolas, cuatro meses después del inicio del confinamiento obligatorio el billar cerró.

 

Texto / Jhonwi Hurtado – Fotografías / Santiago Ramírez

El 28 de julio, a las 2 de la tarde, en el billar “Pili”, ubicado en el barrio Ciudad Jardín, a unas cuadras de la Universidad Tecnológica de Pereira, Cristian miraba cómo sacaban la mesa de billar pool y la mesa de billar desarmadas, también sillas y mesas de madera eran sacadas por una puerta para subirlas a un camión de trasteo. Por esa puerta salía la herramienta que a él, a Jossmary y a parte de su familia les había entregado al sustento los últimos 3 años.

Al ver el salón vacío, algunas sillas arrumadas, la barra vacía y un letrero en la pared que decía “El amor tiene los días contados”, Cristian guardaba silencio. Cuatro meses después del inicio de la cuarentena obligatoria en Colombia, cuatro meses después de pagar arriendo sin recibir ingresos, cuatro meses en los que esperaron el permiso para poder volver a abrir, se vieron obligados a vender el billar. El sueño colombiano se desvanecía.

A las 4 de la tarde del miércoles 7 de octubre me encuentro con Cristián en el lugar donde vive actualmente, a unas cuadras del billar Pili. Después de lavar una moto que recién compró, en la que actualmente hace domicilios, Cristian se sienta, destapa una cerveza y me dice: ¡hablemos pues!

Llegó a Colombia procedente de Venezuela en septiembre del 2016, meses después de que Jossmary Rodríguez arribó al país. Cambiaron el calor del mar, las costumbres de la isla Margarita por una ciudad rodeada de montañas. Ambos provenían de ese lugar caribeño. “Somos isleños, no costeños”, expresan. El primer trabajo que Cristian tuvo en Colombia fue ayudando a atender el conocido billar Quirama, en el centro de la ciudad; por su parte, Jossmary ingresó a atender una tienda-bar hasta las 11 de la noche, después iba y atendía el billar Pili, lugar que era frecuentado en su mayoría por estudiantes universitarios y algunos amantes del juego de tres bandas.

Uno de los sectores comerciales que más se ha visto afectado durante este año en Colombia a causa de la pandemia, ha sido el de los restaurantes y bares, al ser sitios que por su naturaleza reciben personas todo el tiempo que el establecimiento esté abierto.

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Tiempos gozosos

Meses después de estar trabajando como empleados en el billar, la persona propietaria decide arrendarlo, Cristian y Jossmary lo toman, ya conocían cómo era el negocio y tenían la certeza de poder manejarlo ellos solos. Y así fue, pero su visión iba más allá, deciden hacer una oferta para comprar el billar: “En mayo del 2017 ya nos quedamos nosotros con el billar”.

Durante tres años el billar cogió fama entre la población universitaria y entre personas residentes en Ciudad Jardín, a diferencia de otros lugares, la música la colocaba quien se quisiera levantar de la mesa, caminar hasta la barra y usar el computador, pero además de ser el lugar de trabajo, también fue hogar: en la parte trasera de donde se ubicaban las mesas de billar, se encontraban las habitaciones donde Cristian y Jossmary habitaban, y otros miembros de la familia que poco a poco fueron llegando y haciendo del billar su territorio.

Le pregunto a Cristian qué consiguió durante estos años, gracias a este trabajo: “Estabilidad económica, estabilidad emocional: conseguimos, porque no fui yo solo, conseguimos un carrito, conseguimos viajar un poco y sabíamos que estábamos haciendo las cosas bien”.

Este negocio día a día podía tener ventas que oscilaban entre los 200 mil pesos hasta el millón en días muy buenos, aún así, para Cristian lo que más ganancias dejaba era el tiempo en el que las mesas estaban en uso.

“Cuando nosotros cogimos el billar, lo levantamos a pulso. Hicimos remodelaciones, la atención con los clientes siempre era cordial y eso se vio reflejado en que empezaron a aumentarse las ventas”.

El 31 de diciembre del 2019 Cristian y Jossmary abrieron el billar como cualquier otro día, en la noche compartieron con sus familiares y amigos, a pesar de estar lejos de su país, la certeza de un año más en el que de a poco cumplían sus sueños.

Cristian destapa la segunda cerveza y al preguntarle sobre las expectativas que les generaba el 2020, asegura: “Pensábamos muchas cosas, cosas buenas, hasta queríamos ampliar el local”.

El 22 de marzo, el gobierno colombiano decretó el asilamiento preventivo obligatorio por 19 días. El 23 de marzo, a las 2 de la tarde, policías llegaron al billar y le dijeron a Cristian que lo mejor era que cerrara, ningún establecimiento podía estar abierto, es algo temporal, le dijeron.

“Eso fue de un momento a otro, yo cerré, pensando que realmente sería algo temporal”.

Mientras pasaban los días y el gobierno colombiano señalaba las ampliaciones a cada asilamiento preventivo obligatorio, Cristian y Jossmary se empezaban a preocupar, a pesar de que ella seguía en su trabajo habitual, las facturas, el arrendo del local y los demás gastos se empezaban acumular y la noticia de la apertura de bares no llegaba.

“Hubo un momento en que ya no aguantamos, ni colocando un restaurante nos iba a dar para pagar el arriendo del local y las habitaciones, con dolor y un nudo en la garganta, tuvimos que vender las mesas de billar, también el carro tuvo que venderse, todo el trabajo que habíamos realizado parecía esfumarse”, señala Cristian.

A pesar de que ellos tenían todos los documentos al día en el billar, a pesar de que también sus documentos migratorios están al día y pueden ejercer cualquier actividad laboral en Colombia, nunca recibieron un mensaje sobre ayudas para este sector, un sector que parece no tener dolientes, pues incluso Asobares dejó de funcionar en la ciudad.

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El 29 de julio el billar se encontraba vacío: sin mesas, sin sillas, sin estanterías, a pesar de haber llegado a un acuerdo de pago con la arrendataria, habían decidido salir, y como quien no puede quedarse quieto, Jossmary continuó con su trabajo y Cristian buscó empleo, como la primera vez que llegó a Colombia. Desde septiembre a la fecha, ha trabajado en diferentes obras de construcción y realizando domicilios en restaurantes.

Finalizando agosto, exactamente un mes después de haber cerrado por completo el billar, el Presidente Iván Duque anunciaba el fin del aislamiento preventivo obligatorio y mencionaba el aislamiento selectivo, para esa fecha Cristian ya se encontraba trabajando en una obra de construcción y del billar solo recuerdos quedaban y un computador viejo.

Con la resolución 1569 de 2020, firmada por el Ministro de Salud, Fernando Ruiz, en la que establece el protocolo de bioseguridad que debían establecer los bares para su apertura, Cristian y Jossmary se ilusionaron y se animaron nuevamente a intentarlo. El presidente Iván Duque en sus diarias alocuciones televisadas cada vez era más enfático en la reactivación económica, en el cuidado responsable, por ello entablaron diálogos con la arrendataria y ella aceptó, les permitiría incluso tumbar una pared para ampliar el negocio: inmediatamente empezaron trabajos de remodelación, lo primero que hicieron fue empezar a entechar el patio, y cuando se pensaba tumbar una pared, los medios locales anunciaron medidas especiales para Pereira y Risaralda, pues el Departamento se encontraba en el pico de la pandemia: entre los puntos que exponía el alcalde Carlos Maya para afrontar la situación, el punto 3 señalaba “aplazar la apertura de bares y discotecas”.

“Cuando vi que todo estaba empezando a abrir nuevamente y que con los protocolos yo sé que podía, me emocioné porque dije: voy a agarrar el negocio, voy a volver a empezar, voy a surgir nuevamente y me dejaron con las ganas, como quien dice ilusionado porque volvieron a decir que no, y quedamos de nuevo en la misma”.  Cristian y Jossmary siguen trabajando para otros; el billar, por ahora, seguirá cerrado. La esperanza de volver a abrir está en pausa, la reactivación económica no ha tenido en cuenta este sector.

El viernes 9 de octubre Colombia enfrentaba a Venezuela por las eliminatorias al mundial de fútbol Qatar 2022. En un mueble grande Cristian veía el partido, tras sonar el himno venezolano y escuchar a algunos de sus familiares entonándolo, dice. “Ve, no se les ha olvidado, ¿saben hace cuánto no escuchaba yo ese himno?” y alguien responde: “en este momento estaría ese billar a reventar de gente”.

Este artículo fue realizado en el marco de un acuerdo de financiación con Google News Initiative Journalism Emergency Relief Fund