El fútbol no tiene la culpa

 “Canadá no va al mundial, pero tiene 20 premios Nobel”; “Mientras se quedan viendo el partido de la selección, el gobierno le hace goles a los colombianos”. Estas son unas de las tantas frases que se han encontrado en los últimos días en las redes sociales, o que se escuchan en los comentarios de pasillo; siempre la doble moral de las personas sale a flote cuando de buscar culpables se trata.

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imagen tomada de: www.caracol.com.co

Por: Jhonwi Hurtado

El país  ha vivido  durante más de 50 años un conflicto armado que ha desangrado a los colombianos, un conflicto que se inició durante los primeros años de la década del 60 (30 años después de que se realizó el primer mundial de fútbol)

La delincuencia común lleva muchos años incrementándose, el maltrato infantil, el abuso a la mujer son temas del diario vivir, se han encontrado casos de madres que abandonan a sus hijos, de padres que los violan o, peor aún, los asesinan. El desempleo es notorio, el clientelismo y la corrupción abunda en las oficinas de aquellos sitios donde se toman las decisiones que competen a los ciudadanos, la nueva droga de la clase política es la reelección. Pero ¿el fútbol tiene la culpa? ¿Ver fútbol tiene la culpa?

Muchos de los hombres que seguramente vestirán la camiseta de la selección Colombia en la cita mundialista Brasil 2014 crecieron viendo fútbol, algunos en televisores prestados, porque también eran víctimas de las problemáticas antes mencionadas: Luis  Amaranto Perea nació el 30 de enero de 1979 –Turbo Antioquia-, a los 15 años dejó este pueblo, para radicarse en la capital antioqueña, en la que, para subsistir, vendía helados a las afueras del estadio. Pero fue el fútbol, fue su sueño de ser futbolista lo que lo llevó a estar hoy desde el otro lado de la pantalla, desde adentro. Teófilo Gutiérrez -Barranquilla, 17 de mayo de 1985-. Mucho se ha polemizado sobre este delantero de la selección Colombia, quien surgió de una escuela de escasos recursos llamada “Independiente Frammy”  “Teo”  pasó desde sus primeros años de vida pegado a la pelota, vivía en La Chinita, una zona que protagonizaba conflictos entre pandillas, pero, seguramente el estar viendo fútbol junto a su padre, lo aisló de esas situaciones, y así, un día, cuando ya era jugador de fútbol profesional, pudo comprarle una casa a su mamá; pues una de las anécdotas que más recuerda  con tristeza este jugador fue ver llorar a su madre, tras ser desalojados de una casa por no tener con qué pagar arriendo, desde ese día su primer objetivo fue ese. Regalar una casa a su mamá. Historias como esta hay muchas, pero la idea no es novelizar el fútbol, es ver que este deporte que despierta emociones, no es el héroe, pero tampoco  es el villano.

Ir al mundial no es el acabose, no es la hecatombe nacional, la selección Colombia estuvo ausente durante tres mundiales, a la fecha se cumplen 15 años, y por simple ejercicio, nos podemos preguntar: ¿Qué mejoró en el país a causa de esta ausencia en los mundiales? Se frustró un diálogo de paz –febrero 2002, gobierno Andrés Pastrana-. Estamos a  casi 30 años de la toma del Palacio de Justicia, y aún Colombia, estando ausente de los mundiales, no le ha dado solución a las familias que esperan respuesta por sus muertos; los Nule no tuvieron que esperar a que Colombia fuera a un mundial para hacer de las suyas.

Lo más curioso es que, cuando en las eliminatorias a los mundiales Korea-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 los comentarios que se escuchaban eran más de crítica, de burla, por siempre el papel nefasto del equipo en dichas eliminatorias. Pero siempre la doble moral sale a flote, se crítica desde un sillón, o desde una pantalla, pero en últimas no se hace nada para que las cosas sean de otra manera.

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Imagen tomada de: madrimasd.org

Que el país no tenga más premios Nobel no es culpa de ir o no ir al mundial, es culpa de la falta de  apoyo a la educación, de la falta de proyectos de investigación, de la triste actual situación de la educación pública universitaria, del conformismo, de los bajos índices de lectura en el país. El número promedio de libros leídos por los canadienses es cerca a 17 libros al año. El 13 por ciento, que son los grandes lectores, leen hasta 50 libros por año. En Colombia el 30 por ciento de los hogares colombianos no tienen libros, las bibliotecas más que recintos del saber, parecen sitios fantasmas. Según Mariana Garcés -Ministra de cultura-, el promedio de libros leídos al año por los colombianos es de 2. Cifra que a mi parecer puede distar un poco de la realidad.

Claro está que el fútbol, como muchos otros escenarios que despiertan emociones, despierta una euforia desmedida en muchas personas, y seguramente el país no está preparado para un triunfo de renombre de la selección Colombia, mencionemos el tan recordado 5-0 frente a la selección Argentina, que dejó 82 muertos y 725 heridos en el país durante la desmesurada celebración, acompañada de la embriaguez. Pero repito, ¿es culpa del fútbol? Por mi parte, no lo es, y no lo digo desde un punto de vista del que defiende el fútbol por pasión, lo defiendo por razón. Dejando un tema abierto, ¿es también culpa del fútbol la violencia en las barras bravas?

Solo me resta decir que estoy orgulloso de que la selección Colombia regrese a un Mundial, que lloré cuando en  antiguas eliminatorias quedaba por fuera; que espero con expectativa, pero con realismo, el papel que puedan desempeñar los jugadores en Brasil 2014 y que ojalá los siguientes mundiales no se hagan lejanos para nuestra selección, y que todos debemos saber que con  la selección Colombia, o sin la selección Colombia en el mundial, este país necesita cambios, necesita soluciones, pero no solo cambios o soluciones por parte de la clase política. Estos cambios se necesitan desde el señor de la panadería, la señora que vende arepas, el profesor de escuela, colegio o universidad, y que ojalá así como abundan las críticas, abunden las personas en las bibliotecas. Porque si de algo estoy seguro, señores, es que el fútbol no tiene la culpa.