Viendo los dos últimos partidos de eliminatorias ante Perú y Ecuador, es notorio que aún no es claro qué quiere Colombia, dominada por la confusión de un chip que quieren imponer de forma brusca pero que el jugador cafetero todavía no es capaz de asimilar.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve

Bastaron solo 4 años para encumbrar la cúspide del fútbol mundial. En 2010 tomó el sorbo que solo los grandes habían bebido y que hoy la ha puesto en la gloria. Con tres títulos consecutivos la selección española, fiel a un estilo, logró meterse en la retina de los degustadores y amantes del deporte rey a nivel mundial.

El fútbol de toque odiado en Colombia, es hoy alabado en la roja. Es más, aquellos que elogian el toque español, quieren borrar de un plumazo la que es, guste o no, la identidad del fútbol colombiano. Pero hoy, celebran un título ajeno, pregonan que así se juega a la pelota y la vez menosprecian lo conseguido por Colombia en los 90.

Esa esencia que llevó al tricolor cafetero a tres mundiales y lo puso a sonar en todo el mundo, hoy está extinta en el gen del futbolista criollo. El fútbol intrascendente de 50 pases hacia los lados, de posesión y llegada es válido para España pero para Colombia no. Acá es síntoma de atraso o de un estancamiento que no permite avanzar. Lo paradójico es que la Selección desde la renuncia a su estilo, no volvió a los mundiales, cayó en un ostracismo futbolístico y hoy es un equipo más del montón.

Aunque Colombia poco le agregaba dinámica y explosión en ataque, no tuvo en su nómina a cinco enanos tocando y pasando sin prestar la esférica tal cual lo hace el equipo ibérico. Pero es evidente que no entiende otra cosa, otro estilo que le fue arrebatado a la brava. Todo por querer parecerse a esos grandes equipos europeos, fieles desde su entraña al juego de potencia y verticalidad.

Por esa razón la tricolor cambió sus atributos por jugar a la europea, dos cortas y de punta para arriba, al forcejeo, a un fútbol vertical que quisieron imponer aquellos modernistas del fútbol. Viendo los dos últimos partidos de eliminatorias ante Perú y Ecuador, es notorio que aún no es claro qué quiere Colombia, dominada por la confusión de un chip que quieren imponer de forma brusca pero que el jugador cafetero todavía no es capaz de asimilar.

La España que por estos días camina escribiendo su historia con sus actuaciones, hace recordar aquella selección Colombia en cabeza del Carlos Valderrama. Bien lo dijo Diego Maradona, “Valderrama enseñó a jugar a los colombianos”. Esa idiosincrasia se perdió y puso a la Selección al nivel de Hungría, Perú y otras selecciones que se revuelcan en el lodo del olvido buscando retomar el camino de su verdadera historia que las llevó a resonar, algún día, en el panorama mundial.

Así pues, mientras se exalta el fútbol exquisito español, se menosprecia volverlo a poner sobre ruedas en Colombia. Hoy se puede ver una selección sin ningún tipo de sistema, de juego o de memoria. Se cortan los procesos y se está corriendo el riesgo de perder una generación de futbolistas que difícilmente puedan volver a aparecer. La terquedad de los últimos seleccionadores en imponer sus ideales por encima de la capacidad de los deportistas no ha permitido labrar una selección que se parezca, por lo menos, a la de esa gran generación que se tuvo en los 90.

El espejo de España está ahí que sirva para retomar lo que hizo grande a Colombia. No se trata de estar al nivel de Brasil o Alemania, nunca lo ha estado, pero sí por lo menos, la manera con que se encaraban los partidos antes de 1998 permitió que el nombre y la huella de Colombia aparecieran en el panorama futbolístico. ¿Brasil 2014 por televisión?, el país no se merece otra ausencia de un mundial.