EN CALI, CON LA PRIMERA LÍNEA

La comunidad los sigue apoyando con comida e insumos médicos. Para muchos, aquí en Cali, los héroes ya no tienen capa sino un escudo improvisado y una capucha.

 

Escribe y fotografía / Laura Cruz

Después de doce días de lucha y de resistencia popular, el Paro Nacional sigue vivo en Cali, Colombia. Según información entregada por Temblores Ong – Indepaz, 47 personas han sido asesinadas en el marco del Paro Nacional entre el 28 de abril y el 8 de mayo, de los cuales 39 los han sido por violencia policial.

También existe un consolidado de la Mesa de Trabajo por la Desaparición Forzada en el que se registran 471 personas desaparecidas en el marco de la protesta social hasta el 5 de mayo, de ellas 379 aún no aparecen. Y a pesar de todo esto y porque ya no aceptan más estas masacres, los jóvenes siguen diciendo: “de aquí no nos vamos a mover hasta que haya un cambio”.

Durante el día, en Cali, la protesta se acompaña de música, teatro, baile, la salsa inunda los corazones de la gente con la esperanza de caminar en unión. Siguen sonando las voces de cientos de personas que corean al unísono las arengas del paro. “¡A parar para avanzar, viva el paro nacional!”. Con el sol todo es color, música. Sin embargo, al caer la noche, todo se vuelve angustia y miedo para quienes manifiestan y resisten en los puntos de concentración.

Hay un silencio que contrasta con disparos, ráfagas, aturdidoras, gases lacrimógenos, que se han vuelto parte de la realidad de las noches hasta la fecha. Quienes resisten en los puntos de concentración dicen que se escuchan motocicletas pasando rápido por las avenidas, que vino una hilera de camiones, todos tapados, que allí va una fila de motocicletas de la Policía, que camionetas blancas y hasta un bus turístico. Todo ello, aseguran, antecede las balaceras y los gritos entre las cuadras y callejones: “pelado, corra que lo van a matar, corra, corra!” “¡No le pegue!  asesino! ¡Asesino! ¡Asesino!, ayuda”. Todo el mundo piensa en los muchachos de primera línea porque son cientos: muchas familias caleñas tienen un familiar, una amiga, un amigo o una persona conocida que se queda en el plantón, que apoya la primera línea.

EN CALI, CON LA PRIMERA LÍNEA

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Llevo varios días incumpliéndole a mi mamá la promesa de no salir. Llevo varios días saliendo con un casco de bici en la cabeza, una botella de leche en el maletín, un carné de periodista, un chaleco y una cámara para tratar de registrar qué está pasando en Cali,  sin ninguna garantía para mi vida y la de otros periodistas. Salgo para tratar de saber quiénes están adelante, en Primera Línea. Jóvenes de diferentes edades, algunos son bachilleres, otros no pasaron de noveno grado, otros son universitarios, otros pertenecen a las barras. Unos viven en la Ladera, los otros en el Oriente, otros en el oeste, y otros, en barrios de estrato cinco.

Hasta el 28 de abril la mayoría no se conocía. Hasta el día que comenzó el Paro ninguno creía tener nada en común. Hoy todos tienen un objetivo y un sueño: que en Colombia haya un futuro para los jóvenes.

Algunos “pelados” de Primera Línea me relataron sus historias en medio de barricadas y fogatas, mientras uniformados del Esmad, del Ejército y la Policía estaban al frente vigilantes, armados hasta los dientes.

A un compañero le pegaron en el brazo con esas armas que tiran balines, con las que asesinaron a Dylan Cruz. Al otro, con esas que aturden, se la pegaron en la boca y le tumbaron tres dientes, tres dientes. Eso nos llenó de rabia, de rencor, porque somos el pueblo, ellos también son asalariados como nosotros y están en contra de nosotros, entonces son traidores de la patria.

Nosotros éramos un grupo de 20, los 20 del Cali. El Esmad (Escuadrón Móvil antidisturbios, de la policía) empezó a tirarnos los gases. Ya nos los tiraban en la cara. Nosotros habíamos llegado a Univalle desde Puerto Resistencia. Eso fue el día que empezó el Paro. Fuimos y sacamos unos letreros grandes de Jardín Plaza y con eso hicimos los escudos.

Había hinchas del América, hinchas del América de acá mismo, que incluso nosotros hemos tenido enfrentamientos con ellos y al lado de uno, combatiendo por una misma causa, la gente allá en Univalle veía eso y no las creía. Como caleños y americanos peleando juntos por una misma causa. No importaba el color de la camiseta, nada, lo único que importaba era la Primera Línea, lo único. Siempre pa delante, siempre. Ese combate fue uno de los mejores que he vivido.

Así lo relata El Caleño. Cuando lo conocí, estaba en Puerto Resistencia en una barricada armada con estibas y latas. El Caleño vive en el Oriente, tiene 22 años. Es hincha del Cali. Ha sido barrista la mayor parte de su vida. Le gusta viajar, y como él dice: se la rebusca para salir adelante.

En mi casa pagamos un arriendo de 500 mil pesos y vivimos tres personas. Tenemos entre todos que colaborarnos. También con los servicios y la comida. Trabajamos todo el día, nos vemos solo en la noche y hay días que ni nos vemos. Entonces imagínate uno trabajar, trabajar y trabajar así, todo un día, pues pa poder supuestamente vivir tranquilo.

En la pobreza la tranquilidad es solo una palabra.

Brindamos con una gaseosa que la comunidad del sector nos llevó. Brindamos porque seguimos vivos. Hay gente bailando y coreando “Van a volver, las balas que disparaste van a volver, la sangre que derramaste la pagarás, el pueblo al que asesinaste no morirá, ¡NO MORIRÁ!”. Un cartel de una publicidad ha sido reemplazado por la frase “Disponible Puerto Resistencia”.

¿Cuántos compañeros tuyos han resultado heridos?

Varios. En el segundo día del Paro estuvimos en Puerto Resistencia. Lastimosamente cayó un compañero. El Esmad, como siempre, empezó a tirar sus gases, entonces nosotros empezamos a coger rocas, botellas, todo lo que había, de todo, y pues armamos el escudo. Pasaron los minutos y nosotros seguíamos ahí, por el sentido sur-norte, por toda la Avenida Simón Bolívar; entonces mi compañero estaba adelante y el ESMAD le tiró una aturdidora en la cabeza y le lograron dar. Todos lo arrastramos, y lastimosamente hoy se encuentra en cuidados intensivos, luchando por su vida. Como hemos podido, le hemos recogido plata, no es mucha, pero pues ahí le hemos recogido alguito. A otro compañero le sacaron un ojo, un ojo.

El ESMAD ha disparado contra nosotros. No disparan al cuerpo, sino que disparan a la cara, en la cabeza, a dar en la cabeza. Los enfrentamientos han sido ahí, corticos con ellos, ellos tirándonos gases, balines, pero nosotros resistiendo, como te digo: el escudo. Siempre con el escudo y siempre arriba. Nosotros tenemos una frase: ni un paso atrás, siempre pa adelante, atrás ni pa coger impulso.

 

Roca contra metralla

Los habitantes de La Luna, por la autopista Suroriental con Pasoancho, llegando al Centro de Cali, han sentido la represión del Esmad y la policía. Este sector se ha convertido en un campo de guerra entre civiles desarmados y los que disparan en nombre de perpetuar un orden que ni en Cali ni en Colombia ha existido nunca.

Los “pelados” armados con piedras enfrentan las balas que les ha disparado la Policía, el Esmad y uno que otro “ciudadano de bien” que pasa en lujosas camionetas. Con escudos improvisados, algunos han logrado esquivar las balas; sin embargo, no todos han corrido la misma suerte: estar a un metro de un lugar o llegar diez minutos después, puede ser la diferencia entre ser asesinado o seguir viviendo.

Algunos manifestantes de primera línea se han cubierto los rostros con camisetas. Cargan leche y bicarbonato para enfrentar los gases lacrimógenos. Con palos, latas, valor y el sueño de una Colombia más justa e igualitaria, enfrentan las armas.

La Policía rodeó todo el barrio para que la gente no pudiera salir de allí, yo estaba al frente de una Unidad Médica que tampoco respetaron. Todos comenzamos a correr, la gente de las casas gritaba que corriéramos que nos iban a asesinar. Las balas no cesaban, había mucho miedo. Me resguardé en un parque y pasaron varios motorizados disparando, nos tuvimos que arrojar al piso, estaban a menos de cinco metros. Cada motorizada tenía dos agentes y los agentes de atrás estaban disparando, toda la manifestación se disolvió de manera peligrosa para los marchantes. Creo que los que nos salvamos ese día fue de milagro.

Eso fue el cinco de mayo, yo me encontraba en la manifestación de La Luna, había plantones en ambos lados del puente sobre la calle 13 y el Esmad estaba allí.  Había dos tanquetas. Cada disparo de la tanqueta suelta como tres gases, además que cuando disparan estos artefactos explosivos tienen adentro balines. Desde la tarde se estaban presentando enfrentamientos.

A eso de las 9:30, el Esmad avanzó hacia los manifestantes, despejaron el puente y pasaron una cantidad muy grande de agentes de policía regular, no sé, más de 80 agentes, cuando ellos salieron fue que comenzaron los disparos de bala, obligándonos a retirarnos a los barrios, hacia las zonas residenciales y allí volvieron a hostigarnos con gases. Uno no podía escuchar casi nada, solo el sonido de las balas.

Este relato es de un joven de 21 años a quien por seguridad llamaremos Fernando. Es estudiante de humanidades. Vive en un barrio de estrato cinco en Cali y su padre es abogado. Acerca de sus motivos de estar apoyando la Primera Línea, me respondió:

Yo tengo el privilegio de haber accedido a una Universidad pública de mucha calidad, que es la Universidad del Valle, que se mantiene en la constante lucha por no ser privatizada y por mantenerse de calidad, pero la mayoría de jóvenes de este país no pueden entrar a una universidad porque sus condiciones son muy precarias. Realmente es una angustia horrible de lo que pueda traer el futuro para uno. Yo no veo oportunidades, creo que es muy difícil conseguir trabajo, los jóvenes no pueden ejercer lo que estudian y deben dedicarse a trabajar en lo que les salga. 

Yo veo que mi padre a pesar de ganar muy bien, está condenado al ahorro.  He visto a mi mamá y mi hermano, a primos y tías, más de 20 personas de mi familia subirse a un avión y migrar a otro país porque en este a los jóvenes nos niegan el futuro. Cómo es posible que yo tenga que pagar IVA por hacer una tarea, y eso era lo que iban hacer con la Reforma Tributaria, ponerle iba al internet, a los productos básicos. Nos niegan el derecho a la educación, a comer, nos niegan el derecho a la protesta. Ni el Esmad ni el gobierno entienden que cada vez que lanzan un gas o nos disparan están más lejos de los ciudadanos.

Yo puedo decir que cuando uno está en Primera Línea hay mucho miedo porque uno ve a estas personas de negro también equipadas tan robustas, que tienen tanques, armas. Uno siente que, con una camisa en la cabeza, una pañoleta, realmente no está preparado para enfrentarlos, pero ya que está la masa, ya que está la concentración, cuando uno ve esa unión, uno dice sí se puede. Sí podemos hacer el cambio.

Dejo al pelado que acabo de entrevistar entre los escombros que sirven de barricada en Puerto Resistencia. Sonríe. Muchos como él siguen aguantando en sitios similares instalados en varios puntos de la ciudad. La comunidad los sigue apoyando con comida e insumos médicos. Para muchos, aquí en Cali, los héroes ya no tienen capa sino un escudo improvisado y una capucha.