Ya al final del recorrido tuvimos la oportunidad de ver perfectamente cantidad de árboles secos, marchitos, agónicos, presos de una muerte lenta a la que los ha condenado El Cerrejón a través de una práctica solapada: muy cerca de la raíz de los árboles se les hace un corte que abarca todo su perímetro y sobre él se les echa aceite quemado lo cual impide que la savia alimente el tronco y las ramas, ocasionándoles una así muerte lenta. De este modo El Cerrejón va sembrando desolación a su paso.

Por: Gloria Inés Escobar
Nuestro segundo recorrido
Sábado, 18 de agosto. La jornada consistía en un recorrido hasta Roche, un caserío fantasma en el que quedan 8 familias de 200 que inicialmente había. Roche era el corregimiento más grande que había en la región pero la empresa poco a poco lo había ido desmantelando hasta reducirlo a lo que hoy encontrábamos, unas pocas casas en pie y un cementerio alimentado por las flores que los deudos dejan en las lápidas y que requiere ser trasladado de allí, traslado que implica el dolor de un segundo duelo.
A este recorrido de 20 kilómetros que también se hizo por el río, no pude asistir porque la lesión de mi pierna había empeorado y lo mejor era quedarme para guardar reposo. Pensé en aprovechar el tiempo hablando con la gente, conociendo desde sus experiencias lo que significaba para ellos la empresa. Así, en reposo, pude compartir con los niños un poco de su vida y recorrer con ellos parte de su territorio a través de las imágenes de un manual de fauna en peligro de extinción que había llegado a mis manos por intermedio de Wilman. Los niños me rodearon y juntos empezamos a leer los nombres de los animales, algunos de los cuales ellos reconocían antes de leerlos porque los identificaban fácilmente puesto que hacían parte de su cotidianidad. Ellos se veían contentos y concentrados en el reconocimiento que estábamos haciendo.
Más tarde llegó José María Ojeda, un poblador de Chancleta con quien tuve la oportunidad de hablar sobre su experiencia personal en este proceso de negociación con El Cerrejón. Me ratificó muchas historias que ya había escuchado y me confirmó la desgracia que para ellos había significado la entrada de la mina.
Al medio día, después de almorzar, un vehículo de los que nos estaba transportando nos llevó hasta Roche a Gustav -un periodista sueco- y a mí. Allí estaban todavía algunos de nuestros compañeros de expedición, visitando el cementerio.
Desde Roche se podía llegar a Tabaco, pueblo que fue borrado del mapa el 9 de agosto del 2001. La historia del pueblo y de los sucesos de ese fatídico día los recuerda con dolor el poeta, quien vivía precisamente allí.
Tabaco era un pueblo ancestral, compuesto por 417 familias afro dedicadas a la producción agrícola, pecuaria, pesca y caza. Cuenta el poeta que desde la infeliz llegada de la empresa Intercor, subsidiaria de la multinacional Exxon (hoy Cerrejón), sus pobladores se vieron sumergidos en la extrema pobreza; paulatinamente la multinacional les fue arrebatando sus tierras las cuales les garantizaban no solo una seguridad alimentaria estable y adecuada para su sostenimiento, sino que también les proporcionaba productos para comercializar con los pueblos circunvecinos. De este modo, afirma el poeta, “después de ser productores lamentablemente ahora somos consumidores y con un tejido social fragmentado, ya que la naturaleza del Cerrejón y otras multinacionales, es romper dinámicas sociales y culturales vitales para la pervivencia de las comunidades étnicas”.
Después del empobrecimiento vino la catástrofe final. “No quisiera recordar ese fatídico día a las 10:30 a.m. –continúa el poeta- cuando la comunidad vio morir de forma violenta el último grito de su lucha, atado a la sonriente cuchilla de un monstruoso buldózer, embistiendo sin piedad a las indefensas entrañas de las humildes viviendas. Estos criminales hechos se presentaron luego que los empresarios en conjunto con el Estado colombiano, desarrollaran su sucia estrategia de estrangulamiento, con el fin de obligar a sus habitantes a dejar sus casas, animales, cultivos y todo lo que formó parte de sus proyectos de vida, para darle paso a la gran minería.

Hoy, 11 años después, los pobladores de lo que una vez fue Tabaco, siguen esperando que el municipio de Hatonuevo les construya un plan de vivienda al que está obligado gracias a una tutela que en el 2002 determinó un plazo de 48 horas para que el municipio iniciara los trámites correspondientes para materializar las soluciones efectivas a favor de los miembros de la comunidad de Tabaco.
En lo que quedaba de la tarde aprovechamos para hablar con el gobernador de Tamaquito, quien nos contó a su vez que la destrucción de Tabaco, gracias a los eficientes esfuerzos de la fuerza pública en favor de El Cerrejón, había significado para su asentamiento un duro golpe por cuanto con esta comunidad tenían lazos muy fuertes: la escuela en Tabaco era a la que asistían los niños del asentamiento, asimismo el puesto de salud les auxiliaba cuando su medicina tradicional no los curaba; buena parte del empleo de los integrantes de la comunidad se encontraba allí; el intercambio de productos entre ambas comunidades que era fluido, se acabó; la pesca y la caza se les redujo en la medida que su territorio fue siendo cercado por los predios de la compañía; en cierta manera Tamaquito quedó encarcelado o más bien cercado por los terrenos que El Cerrejón iba adquiriendo; la comunidad se vio sometida a una especie de asfixia que terminó por obligar a su reasentamiento, proceso en el cual están trabajando.
La tarde pasó muy a prisa, sobre todo para mí que por causa de la lesión de la pierna fui llevada a un centro médico en Hatonuevo, un pueblo cercano al caserío. Cuando regresamos a Chancleta recibí el auxilio de Wilman y el gobernador de Tamaquito quienes con todo el afecto del mundo me prepararon un emplasto de achiote que serviría para mermar mi inflamación. Una vez realizada nuevamente la socialización de la jornada algunos nos acostamos y otros se quedaron charlando y tomando chirrinchi, bebida embriagante a base de panela cuya preparación dura de 8 a 10 días, dependiendo la calidad de la panela.
Nuestro último día en Chancleta
El domingo 19 a las 8:20 salimos para nuestro último destino, asentamiento de Tamaquito (aún no han logrado su reconocimiento como resguardo), en un recorrido de aproximadamente 20 kilómetros. A Tamaquito se accede por la misma vía de Roche pasando por la entrada que llevaba a Tabaco. En el trayecto pasamos varias quebradas, la Chercha, Cañaboba. En este paso la vegetación empieza a cambiar, ya es mucho más densa, fértil, fresca que la de Chancleta. Después encontramos la Cortadera, la cual atravesamos dos veces, la siguiente fue Zumbador desde donde se abre paso un camino que lleva a Venezuela y empieza el asentamiento como tal. Llegamos a nuestro destino después de un trayecto de más o menos 40 minutos por una carretera amplia pero en muy mal estado, inimaginable en invierno.
Tamaquito ofrece como primera impresión un remanso de tranquilidad y vida, aquí el sol y el viento se hallan como en casa, hay árboles robustos y generosos con su sombra desplegados por todo el lugar, el sitio destinado a la socialización de la comunidad es limpio y amplio. Apenas bajamos del auto se acercó una de las autoridades indígenas y fuimos presentados por Jairo. Quien nos recibió dijo su nombre y yo apresurada por consignarlo en mi libreta le pedí el favor que lo repitiera. Esto provocó un regaño pues enseguida se me informó que tenía que tener permiso de las autoridades para escribir. Ya Jairo nos había advertido acerca de no tomar fotos hasta que no nos dieran la orden pero no nos dijo nada sobre escribir. Bueno, yo me disculpé y me sentí muy apenada pues no quería para nada molestar o irrespetar la comunidad. Después de una breve espera nos invitaron a sentarnos en unas sillas que se habían ubicado en forma de medio círculo en el lugar que nos iban a presentar parte de sus costumbres y juegos. Allí estaba reunida la comunidad la cual se integró con nosotros en un ambiente bastante relajado. Jairo presentó a todos las autoridades indígenas y solicitó en voz alta y en wayuu naiki, el permiso para tomar fotos, videos y todo tipo de registros. Las autoridades accedieron y se dio comienzo al evento de recepción que nos tenían preparado. Allí al tiempo que observábamos los ejercicios que se hacían, pudimos conversar con las personas de la comunidad que estaban junto a nosotros. Yuri, una wayuu artesana quien más tarde sería nuestra guía por el asentamiento, fue desde el comienzo muy amable y abierta.

La presentación incluyó varios juegos, entre ellos una demostración de lucha, ejercicios con trompos grandes, lanzamiento de flechas y danzas similares a las que habíamos ya presenciado, además de una demostración de ejecución de instrumentos musicales. Todo esto transcurrió en medio de un ambiente alegre y festivo. Fuimos también obsequiados con una refrescante chicha y atendidos por toda la comunidad de manera bastante amistosa.
Antes de dejar esta comunidad en la que la palabra es sagrada, da respeto y se cumple; en la que los espíritus se manifiestan a través de los sueños y son interpretados por la ouusut, la anciana médica tradicional; y los colores que los representan son el azul (el color del agua) y el amarillo (el color del sol), Yuri nos mostró varios sitios. Transitando por el camino de los espíritus (bordeado por piedras azules y amarillas) nos dirigimos hacia el manantial cristalino de su territorio. En el trayecto pudimos ver las dos escuelas para la educación de los niños; la casa de las mujeres artesanas en la que se reúnen a tejer sus bolsos, manillas y mantas; un galpón de pollos y el matadero de estas aves; el telar donde se fabrican los chinchorros; y finalmente los tres ojos de agua que con esmero cuida la comunidad. Allí nos despedimos de Yuri y continuamos con la guía del gobernador. Antes de abandonar el asentamiento Jairo nos mostró el vivero en el que tienen ceibas, caracolíes, robles, plantas medicinales como algarrobo, quina…; también nos enseñó el pozo artesanal de 14 metros de profundidad para la recolección del agua. En su voz y en la de Yuri se percibía la nostalgia pues todo aquello de lo que se sentían tan orgullosos y que con tanto esfuerzo habían levantado, pronto sería arrasado por la empresa, de todo ello no quedaría más que el recuerdo en sus vidas y ahora en las nuestras.
Muchos árboles
Tanto en el trayecto de ida como de regreso tuvimos la oportunidad de ver árboles muy altos y de gran abarcadura, árboles y vegetación abundante que una vez se produzca el reasentamiento de la comunidad, también serán borrados por la empresa que de modo “responsable y compensatorio”, continuará con su política de reforestación, lavando así la vergüenza de la destrucción que a su paso genera. Ya al final del recorrido tuvimos la oportunidad de ver perfectamente cantidad de árboles secos, marchitos, agónicos, presos de una muerte lenta a la que los ha condenado El Cerrejón a través de una práctica solapada: muy cerca de la raíz de los árboles se les hace un corte que abarca todo su perímetro y sobre él se les echa aceite quemado lo cual impide que la savia alimente el tronco y las ramas, ocasionándoles una así muerte lenta. De este modo El Cerrejón va sembrando desolación a su paso. Los compañeros también nos habían contado en la socialización del día anterior, que en el recorrido de Chancleta a Roche por el río Ranchería, habían observado que muchos árboles de algarrobo se les había hecho lo mismo.
Una vez en Chancleta, almorzamos y nos pusimos en marcha hacia nuestro sitio de llegada, el resguardo de Provincial. Parte de nuestro afecto y muchos recuerdos quedaron apresados en su territorio, en los rostros de los niños, en las hileras de cactus que custodian la casa de quienes fueron nuestros anfitriones y más que eso, nuestros compañeros.
Una vez en Provincial nos reunimos todos los integrantes de nuestro recorrido, en compañía de los coordinadores y guías. Fue el último ejercicio de socialización en el que teníamos como tarea afinar todo el trabajo de relatoría realizado de manera ágil e inteligente por uno de nuestros compañeros, para ser presentado en la noche. Este tal vez fue el momento más importante para nosotros puesto que el trabajo realizado en las jornadas previas tomó consistencia y volumen; el ejercicio exploratorio realizado daba sus frutos; la contaminación del medio ambiente, la destrucción de los recursos naturales, el desmantelamiento de las comunidades, la miseria y el dolor de la gente la habíamos podido respirar y palpar. Fue este también el momento en que pudimos hacer un reconocimiento a la tenacidad y el gran calibre de los líderes indígenas y afros que con valentía y a pesar de las intimidaciones, persisten en la defensa de sus derechos, en la defensa de su territorio, en la defensa de sus costumbres.

En la noche cada grupo presentó el resumen de su relatoría, de esta manera pudimos intercambiar las experiencias vividas en los recorridos que se hicieron. El intercambio fue muy enriquecedor, fue este un momento bastante importante por cuanto se logró sintetizar todo lo que durante la expedición se vivió.
El cierre
El último de nuestros días en Provincial fue el lunes 20, día en el que a partir de las 9:15 se realizó el acto de cierre de la expedición. En él Adelaida, una mujer wayuu, en un ritual que dio comienzo al evento sintetizó en una frase lo que siente, vive y piensa la comunidad, la tierra es el sustento de la vida para nosotros; también manifestó que para los pueblos indígenas la piedra es vida, la piedra es el símbolo de la resistencia y por eso los baños sagrados se hacen sentados sobre piedra.
Después de este acto inicial se efectuó un reconocimiento a las personas que han liderado la lucha por la defensa del territorio, después de lo cual cada una de las comisiones presentó su informe y finalmente, las conclusiones no sin que antes se hicieran unos compromisos de acciones concretas en defensa de la vida del río.
Acabada la ceremonia y tomado el almuerzo llegó la hora de la despedida, momento cargado de afecto mutuo en el que los abrazos más que las palabras se encargaron de expresar los sentimientos que nos atravesaban.
Muchas experiencias quedan en el recuerdo, muchos afectos se tejieron, mucho dolor guajiro cargamos en nuestra sangre, muchas lecciones aprendidas de los campesinos afros y wayuu, pero para mí, tal vez la más indeleble de todas ellas es la de la dignidad y determinación de quienes sin tener nada desafían a quienes lo tienen todo. Para la lucha del pueblo guajiro todo mi respeto y admiración, toda nuestra solidaridad y apoyo.
Las voces de la comunidad
Cuando la minería llega a un pueblo le cortan la posibilidad de vivir dignamente.
Se lucha por la reubicación pero no en la forma en que se ha hecho.
Los habitantes que no somos reubicables somos unos NN para ellos (los de El Cerrejón). No nos dan trabajo.
Sobre El Cerrejón. Wilman Palmesano (Presidente de la Junta de Acción Comunal de la Comunidad de Chancleta):
- Ellos fueron arrinconándonos y llevándonos poco a poco al punto que ellos querían, era que uno tuviera la necesidad, que uno tuviera hambre para poder negociar con hambre, para que cuando ellos nos ofrecieran una miseria por lo nuestro, tener si es posible el fogón apagado, las ollas boca abajo y los hijos llorando. Ese el punto exacto a donde ellos nos quieran llevar y le conviene, porque con una situación de esas cualquiera acepta.
- Frente al proceso de negociación de tierras de los campesinos: Yo todavía no he escuchado a alguien que haya sido desplazado que haya dicho que está bien.
Simeon Soto (Autoridad tradicional, resguardo Provincial). Frente a la necesidad de unión para resistir la lucha: Las hormigas son más unidas que nosotros.
Emiro Guariyu (líder y consejero del resguardo Provincial). Frente al proyecto de desviación del rio y las comunidades perjudicadas por ello:
- El problema no es solo de las comunidades ribereñas sino de toda la comunidad guajira
- La Guajira es un solo pueblo, es un solo territorio
Rogelio Ustate (el poeta): Dejando lastimadas, no solo a las comunidades asentadas a orillas de nuestro brillante ícono, sino al resto de la quebrantada península.
Compañeros, tenemos que pararnos en raya, aquí los pobres somos más y los perjudicados somos todos.
Frente al Cerrejón. Rosario Epiayu (mujer wayuu): El Cerrejón ha venido con mentiras y engaños, dividió la comunidad y hasta las familias
Luis Arturo: El Cerrejón es un elefante y uno es una hormiguita para ellos
Las voces de El Cerrejón
“Vale más el cuero que el tigre”. Edgar Sarmiento, funcionario de El Cerrejón, respondió así cuando José María Ojeda le preguntó por qué no les daban a los trabajadores -que a pico y pala arreglan las vías o limpian el terreno y potreros a machete- elementos de seguridad como guantes, gafas, vestido..
Cerrejón, Carbón para el Mundo, Progreso para Colombia
Cerrejón, minería responsable
Sobre el tema de la desviación del río, Roberto Jungüito (exministro y presidente de El Cerrejón): Nosotros no hemos presentado un proyecto que indique que el río Ranchería podría ser desviado, por eso no vale la pena hacer mucha polémica sobre el tema.
Fundación Cerrejón, sembrando futuro


