JULIANA GIRALDO, UN CRIMEN CON MUCHAS VÍCTIMAS

El sobrino de Juliana le ha preguntado si su tía era mala porque el Ejército sólo mata gente mala. La respuesta de su madre es “No mi amor, tu tía era una buena persona”. ¿Cómo responderle a un niño que, con unos cuantos años de edad, ya ha interiorizado la narrativa de odio impuesta por un Estado y su fuerza pública?

 

Por / Laura Cruz*

El 24 de septiembre, en la vía que conduce a Miranda, Cauca, Juliana Giraldo de 36 años fue asesinada por un soldado de 19 años.

La historia de Juliana Giraldo ha tenido eco en el país, no porque su crimen sea diferente al de tantas de otras víctimas sino porque su familia ha tenido la claridad de señalar al verdadero culpable y ha reconocido en el asesino a otra víctima de un Estado que tiene control sobre el Ejército y lo utiliza para mantener el poder. Unas fuerzas armadas que no se detienen a pensar antes de matar porque son consideradas “letales”, lo que va en detrimento de los derechos de los ciudadanos.

El recuerdo

Aura María Díaz se parece a su hermana Juliana en el cabello y algunos rasgos de la cara. Habla en un tono fuerte pero tranquilo. El día que se enteró de la muerte de su hermana, estaba en un comité del trabajo. Juliana 3

La noticia se la dio su mamá que en España se enteró primero. De camino a Miranda, mientras su esposo manejaba, Aura veía a los militares en el camino, sintió rabia. “Yo iba muy enojada, en el camino pensaba tantas cosas se me venían a la cabeza tantas cosas. No sabíamos qué pasó, que la habían asesinado en un retén, nada se sabía con certeza. Yo le echaba la culpa a todo el mundo, en el camino vi soldados y mi esposo me dijo cálmate”.

Al llegar, el cuerpo de su hermana ya no estaba. Sólo había Coroneles que daban el pésame y que no podían explicar lo que pasó. A lo lejos vio a una mujer y se dio cuenta que era la madre del soldado que disparó. Aura la abrazó. Lo hizo en un país que no ha aprendido a perdonar. Ese abrazo fue la forma de decirle que comprendió que esa mujer también era una víctima más de un Estado que lleva niños a la guerra.

“El coronel Cristo Díaz, quien estaba a cargo de ese batallón de muchachos, me da sus condolencias y yo veo a mucha gente a mi alrededor y entonces dijo quién es ella, quién es ella, y al otro lado de la cinta de amarrilla, veo a la mamá del soldado. Inmediatamente cuando vi a la señora me tranquilicé, y pensé en mi mamá. Verla a ella fue ver a mi mamá y desde ahí empecé a estar muy tranquila. Es una señora muy humilde y yo pienso que el problema ahora también es para la mamá de ese muchacho, que acabó su vida”.

Aunque las primeras versiones que entregó el Ejército señalaban que el soldado había apuntado a las llantas del vehículo y el proyectil rebotó, el informe balístico determinó que se trató de un disparo en línea recta que dio directamente al parabrisas, lo atravesó y llegó a la cabeza de Juliana Giraldo.

“Si tú me preguntas sobre el soldado, solo con verle a los ojos acabamos de comprobar que él es el menos culpable de todos. Es un soldado raso, inexperto de 19 años. Es un niño que llevaron a la guerra, ese niño no tenía por qué estar ahí. Él no dijo absolutamente nada. De hecho, se veía muy nervioso, le temblaban hasta las piernas. La que habló todo el tiempo fue mi mamá manifestándole que no se sintiera culpable, que estuviera tranquilo y que aprovechara el tiempo que iba a tener”.

Dice Aura María que, como familia, no iban a emprender acciones legales en contra de soldado, pero “esto ya es un tema político que tiene a toda una sociedad haciéndole presión a la Fiscalía y la Fiscalía tendrá que proceder y de alguna manera se tendrá que hacer justicia porque si no procede va a pasar que todos van a sentirse con el derecho de accionar un arma. Él cometió un error y tenemos que ser consecuentes con los errores que cometemos”.

Añade que ya instauraron una demanda en contra del Estado, pero que a pesar de eso nadie les va a devolver a su hermana Juliana. Juliana, que estudió algunos semestres ingeniera de sistemas, que fue aventurera y viajó a Madrid. Que tomó clases de belleza con Raúl Molina, un reconocido estilista de Jamundí. Juliana y Aura jugaban con sus muñecas, compartían peinados y una complicidad que llevaron hasta adultas cuando iban a bailar juntas, cuando le contaba sus sueños de abrir un salón de belleza.

“Juliana era muy soñadora, ella le prometía casa a todo el mundo, quería hacer un montón de cosas”, dice su hermana.

El sobrino de Juliana le ha preguntado si su tía era mala porque el Ejército sólo mata gente mala. La respuesta de su madre es “No mi amor, tu tía era una buena persona”. ¿Cómo responderle a un niño que, con unos cuantos años de edad, ya ha interiorizado la narrativa de odio impuesta por un Estado y su fuerza pública? ¿Cómo responderle que el soldado que, como dice Aura era un niño, es casi tan víctima como Juliana?”

Aura reflexiona sobre eso y dice que, para ella, el servicio militar no debiera ser obligatorio y además que “si van a llevar a unos niños a prestar el servicio militar que sean en unas condiciones óptimas, son niños que deberían estar prestando un servicio cívico o lo que hace la Policía”.

Aura insiste en que no se deberían llevar niños a la guerra, pero no sólo eso, sino que “no deberían llevar niños problemas: si tú te pones a analizar hay familias que tienen un niño que no quiere estudiar, no quiere trabajar, está por ahí en las esquinas consumiendo sustancias, haciéndole daño a los demás. Conozco casos puntuales que los mandan a pagar servicio uno o dos años porque los están buscando y entonces ¿qué niños están recibiendo? Son unos pelados inexpertos que están mandando con un fusil”.

Y esas palabras se reflejan en la realidad del caso de su hermana, pues sentencia: “el soldado que disparó el arma ya había cumplido el servicio militar; sin embargo, siguió en el batallón por el tema de la pandemia, cuando deberían despachar a esos muchachos más rápido. Me parece un abuso de autoridad. Si aquí hay un responsable es el estado, el sistema es el único responsable, hoy mi hermana no está por eso”.

*Publicado originalmente en Hecho en Cali. Se reproduce con permiso de la autora.