LA CORRUPCIÓN NO ES SOLO DEL CHOCÓ

El veterano periodista Jorge Salgado, director del semanario Chocó 7 Días, fue uno de los líderes del comité que organizó los paros cívicos de 2016 y 2017 en el Chocó. Historia, política, coyuntura, de todo ello conversamos con él en su casa de Quibdó.

 

Escribe / Camilo Alzate – Fotografía / Santiago Ramírez – Ilustra / Stella Maris

Por fin van a terminar las carreteras al Chocó…

Van a terminar la vía a Pereira, la de Medellín no, esa requiere una fase adicional para la que no hay recursos. Con la fase cinco, que fue exigencia del paro cívico de 2017, no alcanza para terminar la vía a Medellín. Los comerciantes, los transportadores salieron a protestar y a arriesgar su vida. Un paro cívico en el Chocó es un harakiri: usted hace un paro en Pereira y eso inmediatamente afecta a Manizales, a Armenia, a Cali… Pero aquí en Chocó el que se afecta es usted, es un acto casi heroico.

Jorge Salgado ha sido corresponsal de El Tiempo y director del semanario Chocó 7 Días. Hace cuatro décadas que vive en el departamento. Como veedor ciudadano ha impulsado activamente el comité que lideró los últimos paros cívicos del Chocó.

¿Entonces es una victoria de los paros cívicos?

Completamente. El Chocó tuvo una economía fluvial durante el siglo XIX y comienzos del XX. Así llegaron los gringos, con la compañía minera Chocó Pacífico, los comerciantes siriolibaneses, pero en la lucha por la departamentalización del Chocó se habló de integrar, fue en un paro que se hizo en la década del cuarenta durante la llamada “república liberal”. Se hablaba de que el Chocó iba a ser un departamento y no era posible que siguiera dependiendo de Cartagena teniendo al Viejo Caldas y Antioquia al lado. Sólo había unos caminos con unas casonas donde se llegaba en mulas y se dormía ahí. Para ir a Bolombolo, que era donde llegaba el tren de Medellín, se demoraban tres días en mulas. Entonces hubo la lucha para que se abriera la carretera a Medellín entre 1942 y 1943, que fue cuando llegaron los primeros buses “escaleras”. La vía de Risaralda apenas se abrió durante el gobierno de Belisario Betancur. Esa vía de Medellín fue una especie de revolución pequeña, porque ya llegaba la comida y el comercio de Antioquia, hubo más migración paisa, pero siguió destapada hasta el 2009. Los primeros paros cívicos del Chocó fueron para lograr la infraestructura básica que debe tener cualquier sociedad en relación a los servicios públicos: energía, salud, educación. En el paro del 2000 se planteó la interconexión eléctrica Virginia – Cértegui, y se habló de la apertura de vías locales. Fue en el paro del 2009 que se puso el ojo en el mejoramiento de esa vía, la gente decía que cómo seguíamos viajando a Medellín o a Istmina por esos huecos cuando el mundo entero ya estaba pavimentado. Entonces se dieron los primeros contratos que se denominaron de fase uno. De entonces a hoy ha habido cinco tandas de contratos, cinco fases. Es un fruto directo de la lucha del pueblo chocoano en los paros de 2016 y 2017. Fue el primer punto en los acuerdos de esos paros, donde se pactaron 720 mil millones. Santos dio una porción y dijo que la otra quedaba para el año siguiente con la argucia de las vigencias futuras. Buscar que se cumpla un acuerdo de un paro cívico es como mover un elefante o un dinosaurio, es terrible. A mí me ha tocado ir a hacer seguimiento en Bogotá y por un lado es el CONPES, por otro el Ministerio de Transporte, por otro el INVÍAS, por otro el Ministerio de Hacienda. Iván Duque intentó engañar al Chocó con reuniones y encuentros para nada, al final tuvo que cumplir, se logró que asignaran los recursos en septiembre y octubre del año pasado.

 

¿Eso de que la vía aparece como pavimentada en mapas del entonces Ministerio de Obras Públicas desde los años noventa es cierto?

No, eso es un mito. La pavimentación arrancó en el 2009.

Vía entre el Chocó y Risaralda. Después de 12 años de contratos, retrasos y prórrogas, se va a culminar su pavimentación.

Hay testimonios que aún en los ochenta la gente hacía la ruta a pie con trasbordos porque sólo había tramos de la carretera.

Sí, en la vía a Risaralda, que también tiene su historia y se habla de ella desde fines del siglo XIX; pero la verdad es que se abrió durante el gobierno de Belisario Betancur. Para hablarlo de manera franca, ahí no tuvo que ver ningún paro. Es la vía al mar de Risaralda y Caldas.

 

¿Qué representa para este departamento con medio millón de habitantes no contar en pleno siglo XXI con una carretera en buenas condiciones para conectarse al resto del país?

Lo que significa para cualquier país, para cualquier región. Si se pavimentan las vías aumenta el intercambio. Acá siempre ha existido una corriente absurda y suicida que habla del separatismo, de la república independiente del Chocó. En realidad, todas las luchas del pueblo chocoano desde hace siglos han sido por lo contrario: por la integración, por la unión. Cuando planteamos abrir una vía o pavimentarla, no estábamos planteando el separatismo. Yo a veces les digo que el separatismo es ir a dinamitar la vía en las Peñas del Olvido para que se rompa el vínculo, para hacer la república independiente, eso no solamente es impracticable, sino que sería ir de Guatemala a Guatepeor. Las vías son para integrar, tienen un fin económico, cultural y social.

Barrio junto al río Atrato en Quibdó. Más del 70% de los habitantes del departamento vive en situación de pobreza, según reconoció la Corte Constitucional en su sentencia sobre la protección del río Atrato.

¿Qué balance hay de las exigencias que hizo el paro cívico en educación y salud?

En salud había una petición esencial: la construcción de un hospital de tercer nivel para Quibdó y tres hospitales de segundo nivel para las subregiones: Istmina, Riosucio y Bahía Solano. Han pasado cuatro años y medio y no hay ningún avance. El gobierno central dice que no avanza en estudios y diseños para ese hospital de tercer nivel en Quibdó argumentando que el gobierno departamental no ha entregado el lote, los hospitales de segundo nivel también están en cero. Recientemente hubo una declaración del personero de Tadó tras visitar el hospital de allá. Es deprimente, todo está podrido, las camas, las paredes, las sillas, y ese es un municipio de los más importantes del Chocó, ¿cómo será en detalle en los municipios más pequeños o en los corregimientos más apartados? No tienen ni un termómetro, cuando alguien se enferma lo que tienen que hacer es coger una canoa y salir.

 

¿Cuando alguien tiene una complicación medianamente grave corre riesgo de morir?

En Quibdó ya hay algunos especialistas, no es como hace cincuenta años. Pero, aunque hay talento humano, no tienen equipos. Por eso hay tanta remisión y no avanzan los hospitales, porque cuando hay remisiones a Medellín o a Pereira la facturación grande la hacen allá, aquí queda la facturación más pequeña.

 

Es culpa también del modelo…

Claro, la principal culpa es del modelo de salud, de la ley 100, que hace que aumente la desigualdad a nivel nacional.

El Hospital San Francisco de Asís de Quibdó es el más importante del departamento. Se encuentra al borde de la quiebra total, una crisis donde se conjuga el clientelismo de los caciques políticos, la mala administración y las inequidades de la Ley 100.

¿Y qué pasa con el Hospital San Francisco de Asís que cada día está más quebrado?

En el Chocó ha ocurrido que los gobernadores y políticos vieron esa fisura y montaron empresas medio piratas para llevarse mil o dos mil o diez mil afiliados, así le quitan el mercado al Hospital San Francisco de Asís, por eso no tiene salvación: se ha subdividido la torta de la salud en Chocó entre un montón de IPS, muchas de ellas de garaje, eso es un caos. El subintendente de la salud habló de más de doscientas IPS, y uno se pregunta, pero ¿cómo? Esas son las que se llevan el mercado.

 

¿Los gobernadores qué tienen que ver ahí?

Tienen que ver mucho, porque a través de amigos o parientes cercanos montan IPS para apoderarse del mercado. Con el poder político direccionan usuarios, sobre todo del SISBEN, entonces le quitan afiliados al Hospital San Francisco. El exgobernador Patrocinio Sánchez es el mejor ejemplo de esto: tenía tentáculos en todo lado, una empresa de construcción, una empresa de salud, una empresa de vigilancia, el tipo pensó ‘yo para que le doy esto a otros si puedo montar lo mío’.

Hábleme de las exigencias del paro cívico frente a la educación

Un punto clave era la infraestructura y es muy poco lo que se ha avanzado. En el gobierno Santos hubo un programa nacional de mejoramiento de infraestructura escolar y eso fue un fracaso. Ya usted conoce: escuelas caídas y demás. Quibdó ha mejorado un poquito, si uno mira con lo que había hace diez años ya hay colegios buenos como el megacolegio. Pero la gran mayoría de instituciones siguen caídas, con los niños en condiciones horribles. En los pueblos no tienen paredes, en el Alto Baudó los padres de familia hacían ellos mismos los pupitres con machetes y tablas toscas para que sus hijos se sentaran ahí. Las instituciones indígenas son deprimentes. Por eso los resultados de las Pruebas Saber son catastróficos en el Chocó, eso impide el avance social y político.

 

Cuatro movimientos similares en el siglo XX y cinco más en lo que va corrido del XXI configuran una larga tradición de protestas ciudadanas que comienzan en 1914; es la manera como el departamento más abandonado por el país consigue que Colombia mire a sus territorios.

Colegio Carrasquilla, institución emblemática del Chocó. La infraestructura educativa se encuentra en pésimas condiciones en todo el departamento y su mejoramiento ha sido una de las peticiones de los paros cívicos desde principios del siglo XX.

Tengo la idea que desde los años cincuenta bajo el liderazgo de Diego Luis Córdoba había un espíritu del pueblo chocoano por educarse, conozco gente en los ríos que empeña lo que sea para mandar sus hijos a estudiar afuera…

Eso es verdad. Dentro del ánimo de superación y de deseo de progreso del pueblo chocoano desde comienzos del siglo XX, cien años después de la independencia, aparece un reporte de 1913 que habla de que en todo el Chocó solamente había cinco profesionales, entonces se da una lucha tremenda desde 1920 hasta los noventa donde se impulsan los colegios: el Carrasquilla, la Normal de Istmina, la de Tadó, becas de la intendencia y la gobernación, la valoración del Magisterio, y esa cultura de tener al maestro como un notable que existía en los cincuenta, en los sesenta, los profesores, la rectora, eran semidioses en los pueblos, rodeados de solemnidad, pero era algo bonito. Con el deterioro de los noventa hacia acá eso se ha venido menoscabando a tal punto que gobernadores y alcaldes nombraban personas que no daban clase y sólo cobraban el sueldo. Ya no existe la motivación en los jóvenes para hacerse docentes y viajar a zonas como el Baudó sin energía, sin internet…

 

En el interior del país, que es modernizado, que tiene vías e infraestructura mejores, hay un imaginario de que el Chocó es corrupto. Pienso que eso se mezcla con cierto prejuicio racista de que los negros son malos administradores. ¿Usted cree que el Chocó es corrupto?

El Chocó es corrupto y Colombia es corrupta. Pero la corrupción más grande está fuera del Chocó. En la desigualdad nacional también está la desigualdad en la corrupción. Colombia es un país centralista: cualquier experto le puede comprobar con números cómo a medida que avanza el siglo XX se va concentrando el monopolio del poder central sobre el presupuesto nacional, y especialmente en el ejecutivo, es decir, en el Presidente. En el Chocó más del 70% de las inversiones que se hacen vienen del gobierno central. Lo que manejan gobernadores y alcaldes es lo más bajito de la billetera, los billetes gruesos los maneja Bogotá, la Presidencia. Por ejemplo, las pavimentaciones de las dos vías, que son una inversión muy grande, no ha tenido absolutamente nada que ver ningún funcionario del Chocó. No es que yo los quiera defender, estoy en la orilla opuesta a ellos, simplemente es la realidad. Otro ejemplo, la interconexión eléctrica del municipio de Sipí: nada tuvieron que ver la gobernación y las alcaldías, fue directamente el Ministerio de Minas y Energía. Ahora hasta las obras de pintura de escuelas con los PDET las manejan desde Bogotá. Los que manejan el Estado, tanto en Chocó como en Colombia, son corruptos. Pero la corrupción más grande está en el poder central. Piense no más en un Odebrecht o en un Reficar, que costó 8.000 millones de dólares, y uno los compara con 7.000 millones de pesos que se robaron acá en la secretaría de Educación… La corrupción del Chocó es una verruga sobre la que se coloca el foco para que no se mire la llaga del poder central, para no achacarle la culpa.

 

¿Es una narrativa para culpar a los chocoanos del atraso en su departamento?

Siempre. Y no solamente con el Chocó, pasa en todas las regiones. Es una forma de esconder, y surgen mitos como que la vía a Pereira no la han pavimentado porque se la ha robado tantas veces el gobernador, que no tiene nada que ver en eso, como no tienen que ver en la interconexión eléctrica. Duque se baja del avión y lo primero que dice es que “Chocó es prioridad para el gobierno”, uno puede buscar cuando Pastrana o Uribe o Santos dijeron lo mismo, es la frase que todos repiten.