La crisis en la escuela tiene que ver con el cuestionamiento de esa base moral, de ese consenso moral sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero el punto donde pongo la lupa, digamos, es en la introducción de las tecnologías digitales con una perturbación nueva, relativamente nueva…

 

Por / Redacción LCDR – Ilustraciones / Pawel Kuczynski

“Soy de Argentina, pero vivo en Brasil hace 25 años en donde soy profesora docente investigadora en la universidad Federal Fluminense. Igual todo eso lo puedes sacar de ahí fácil”, así se describe Paula Sibilia. Quizás sí sea fácil sacar la información de internet, pero ha sido largo el camino que ha debido transitar para convertirse en una autora de la mayor respetabilidad, en particular a través de sus libros El hombre postorgánico: Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales (2005), La intimidad como espectáculo (2008) y ¿Redes o paredes? La escuela en tiempos de dispersión (2012). Además, ha publicado múltiples artículos académicos y orientado conferencias en diferentes países.

Invitada por la maestría en Estudios culturales y narrativas contemporáneas de la UTP estuvo en Pereira orientando conferencias y seminarios. Esto contestó sobre su más reciente libro, publicado en 2012, y otros temas relativos a la educación.

 

¿Por qué la disyuntiva de redes o paredes?

Si, en realidad es una pregunta, porque en la versión en portugués no salió como pregunta, fue una decisión editorial, porque quedaba feo, porque en portugués no le ponen este signo, entonces quedaba como un error tipográfico, pero es una pregunta y eso de lo digo directamente en la introducción: que todo el libro es una pregunta en realidad, porque es una pregunta y una tentativa de refinar la pregunta sobre la crisis de la escuela, la escuela está en crisis, eso creo que es consensual, todo el mundo sabe eso, una de las instituciones modernas que están en crisis es la escuela, pero sobre lo que no hay consenso es sobre cómo se soluciona la crisis, y en el caso de mi libro no fue una tentativa de dar respuesta a esa solución, cómo se soluciona la crisis, sino que fue una tentativa de tratar de entender mejor en qué consiste esa crisis.

Mejor, no fue una palabra adecuada, porque en realidad creo que es una manera de pensarlo a partir de mi contribución que es la mirada antropológica y la investigación sola, la genealogía de las subjetividades, están cambiando los modos de ser, porque yo no soy especialista en educación, y me parece que en ese sentido es una contribución, de afuera, entre comillas, porque nadie está afuera de esto, porque la escuela es una institución que nos toca a todos, porque todos nosotros fuimos a la escuela en algún momento y también yo soy docente, entonces fue una tentativa de hacer esa pregunta desde afuera del campo académico de la pedagogía, del estudio de la educación, por educadores y especialistas en la historia de la educación, en la pragmática educativa.

Entonces, mi mirada es exterior, entre comillas, porque no viene de ahí, del campo de la academia de los especialistas académicos en educación. Es una pregunta por lo tanto surge a partir de mi práctica como docente y de mi experiencia por haber sido alumna de escuela primaria, después secundaria, después universidad en el siglo XX y de seguir siéndolo, como suele suceder con todos nosotros en el siglo XXI, más allá de haber terminado la escuela, porque muchas veces, como por ejemplo tu caso, ahora eres profesor pero estabas asistiendo a mi clase, a una conferencia, ahí haces la posición de estudiante y yo en la posición de profesora clásica.

A mí me sucede eso también, muchas veces estoy en la posición de estudiante, de alumna, no solamente porque uno hace doctorado, posdoctorado, especializaciones sino también porque muchas veces asistimos a conferencias que forman parte de nuestra formación todavía, aunque ya estemos formados como se decía antes. Entonces viene la pregunta que desarrollo en ese libro. Está ligada a mi práctica como docente y como estudiante en distintos momentos del siglo XX y del XXI y el haber visto la transformación hoy y la intensificación de la crisis porque yo nací en el 67, por lo tanto, ya estaba en crisis la escuela, la institución escolar, pero esa crisis se ha intensificado enormemente y particularmente con la introducción de las tecnologías digitales.Esa crisis se ha puesto en evidencia de un modo que se ha hecho insoslayable, de modo que el libro, ese ensayo, ese texto, surge a partir de mi práctica como estudiante y docente sostenida en el tiempo siglo XX, siglo XXI con tecnologías analógicas y digitales, etcétera, y de ahora, sobre todo como docente, de haber visto la introducción de las tecnologías digitales en los estudiantes que asisten a mis clases.

Llevaban primero computadoras, empezaron a llevar computadoras para tomar notas y después ahora generalizado con los dispositivos digitales, tabletas o celulares. Y al mismo tiempo yo como estudiante en conferencias o en reuniones en las cuales hay alguien exponiendo y yo estoy tomando la posición clásica del estudiante, yo misma también empecé a usar esos dispositivos que funcionan en red, están conectados a redes, esa es la perturbación, porque las paredes son justamente las que definen la situación escolar, es uno de los elementos que la define, no es el único, otros son los pupitres alineados, o el círculo, si queremos hacer una actualización más contemporánea, pero es el mismo esquema. Hay un profesor, aunque se lo llame de otra manera, se lo puede llamar facilitador, todas esas transformaciones que se han intentado hacer en los últimos años, pero la estructura permanece estable a pesar de la crisis, de alguna manera sigue presente, sobre todo, porque tiene esas paredes que definen el espacio y el tiempo de la situación de aula. Se cierra la puerta, a veces se deja entreabierta, que vino con la crisis también, pero se suponía cuando no había crisis que la puerta se cierra en el momento en que empieza la clase y solo se abre cuando termina. Bueno ese límite se ha vuelto mucho más flexible, el horario, pero las paredes siguen definiendo que hay un límite de espacio y de tiempo que debe ser dedicado a la clase, a lo que se supone que debería suceder allí.

Esa crisis de la escuela que usted recalca cómo la evidencia, ¿cuáles son elementos evidentes de esa crisis de la escuela?

La crisis de la escuela tiene muchísimos elementos. Por ejemplo, el tema de las transformaciones que ocurrieron en las últimas décadas en el plano de los valores, la moralidad, y que tienen que ver con el respeto a la jerarquía o a la autoridad que ahora es mucho más que cuestionable.

Los usos del tiempo y el espacio que solían ser mucho más rígidos y pautados por normas, reglas y por manuales, reglamentos escolares que eran consensualmente respetados, no solamente por los alumnos y los profesores y la institución escolar en modo general, sino también por los padres y la sociedad.

Todos esos aspectos respecto a la jerarquía, horarios escolares, tipo de castigos, a los alumnos que no estudiaban lo suficiente las notas o que se portan mal, que no respetan el silencio de la clase, entonces hay pequeñas puniciones, todas esas, como amonestaciones, notas bajas o exámenes de recuperación, penalidades por no hacer lo correcto, todo eso tenía un consenso general.

Siempre hubo transgresiones y críticas, pero había un consenso generalizado no solamente por estudiantes y profesores y directivos de la escuela, sino también por la sociedad de modo general. La crisis en la escuela tiene que ver con el cuestionamiento de esa base moral, de ese consenso moral sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero el punto donde pongo la lupa, digamos, es en la introducción de las tecnologías digitales con una perturbación nueva, relativamente nueva que no es que provocó la crisis, porque la crisis ya venía, pero que ha puesto en evidencia la crisis y en muchos sentidos ha agudizado estos elementos que dije recién, por ejemplo el uso del tiempo y el espacio.

El hecho de que las paredes tengan una legitimidad capaz de recortar las horas de clase, y que empieza a las 7 y termina a las 5 y que no hay negociación con eso porque si no vienes a las 7… y el uso del tiempo y el espacio ya estaban siendo cuestionados, las tecnologías digitales terminan de enconar la cuestión e incluso la deshabilitan, porque si yo estoy en la clase, pero estoy conectada a internet, por ejemplo, pero yo lo desafío porque estoy en otro lado, entonces al mismo tiempo que estoy haciendo lo que se supone que debo estar en la clase, estoy haciendo también otras cosas.

Entonces las tecnologías digitales entonces nos marcan un antes y un después, no creo que la crisis sea causada por las tecnologías digitales, son justamente consecuencias de generar esas transformaciones en nuestra sociedad; por eso las inventamos, porque permiten que nos relacionemos de otra manera con el tiempo y el espacio, permiten que nos relacionemos de otra manera con los demás y con el mundo, pero en el momento que se generaliza el uso de las tecnologías digitales y nosotros nos compatibilizamos con ellas, con la propuesta de mundo que ellas ofrecen, la situación escolar se desarma del todo, creo que entra en una crisis ya innegable y eso es lo que me llevó a escribir el libro, el momento en que las redes atraviesan las paredes, incluso las escolares, cuál es el sentido de la pared, por qué seguimos juntándonos en un mismo lugar con un horario establecido para hacer lo que se supone que se viene haciendo en la escuela desde el siglo XIX y principio del siglo XX, que fue la época de auge de la escuela, cuando se consideraba que no estaba en crisis, entonces me parece que yo escribí ese libro por ese motivo, cuando las redes se transforman en algo habitual en nuestra vida, y aprendemos a vivir en red, la pared se convierte en un problema y un obstáculo que limita las posibilidades que ofrecen las redes, por lo tanto deja de tener sentido y eso es un problema gravísimo para la escuela.

En Colombia está ocurriendo que a las universidades públicas y privadas cada vez ingresan menos estudiantes. Hay múltiples explicaciones, hay una que ha sido la que menos se arguye, pero relativamente razonable, ella es que la educación ya dejó de ser una manera de tener ascenso social en las personas, la gente no tiene ascenso social a través de la educación. ¿Usted cómo visualizaría esta posible incidencia en que la gente ya no escoja tener una carrera de educación superior o cómo lo ve usted también desde sus países, desde Brasil y los países en los que usted tiene presencia como docente?

No conozco los números de Brasil y de Argentina, pero sí diría que más allá de las estadísticas y los datos precisos hay un desprestigio de la educación como la única posibilidad de ascender socialmente y no solamente, no era un argumento económico más, sino era de cultivarse a uno mismo y potencializar las posibilidades existenciales de cada uno.

Y la universidad puede hasta pensarse como algo optativo, por ejemplo, nunca fue obligatorio o no fue considerado un derecho humano universal como el derecho a la educación básica, a la alfabetización, pero yo extendería el problema a la escuela básica también y a la escuela secundaria en particular, porque ahí también se puede, empiezan a elegir los adolescentes, “por qué tengo que ir a la escuela si no me gusta y no sirve para nada”, entre comillas, estoy citando.

Hay momentos muy expandidos en nuestra sociedad, porque justamente la educación perdió prestigio como algo útil, como algo que garantiza el éxito y también perdió prestigio la forma en cómo la escuela implementa la educación que es con estas paredes (señala las paredes de un aula), con este ritmo de espacios y tiempos pautados y regimentados con reglamentos de conducta, etcétera.

Entonces la explicación que yo doy, voy a tratar de sintetizarla muy rápidamente. Lo que pasó es que la moralidad de la sociedad moderna, aquella que llevó a instaurar la escuela como una institución obligatoria prácticamente y un derecho, también un derecho estudiar para todos los ciudadanos, esa moral moderna se ha cuestionado en todos sus aspectos y entró en crisis ella misma, los valores modernos que llevaron a fundar la escuela también están en crisis, no solo está en crisis la idea de que tenga sentido estudiar porque hay otras formas de ascender socialmente mucho más divertidas e interesantes, y exitosas y eficaces, como por ejemplo ser un jugador de fútbol hasta una celebridad, un instagramer, un youtuber y que por tanto pasar días y años encerrado en una sala de aula escuchando un profesor parece algo sumamente aburrido y una pérdida de tiempo; inclusive la idea de leer, trabajar con libros, suena algo aburrido asociado al tedio y a la pérdida de tiempo.Esto es algo que evidentemente me parece que hay que tener un cambio de valores muy claro que viene sucediendo en las últimas décadas y está intensificándose cada vez más, un desprestigio del estudio y de cualquier cosa que requiera esfuerzo a largo plazo con objetivos que están en el horizonte y que pueda concretarse o no, cuando hay toda una demanda de inmediatismo y de soluciones rápidas y supuestamente mucho más eficaces que lo trabajoso que significa estudiar.

Por ejemplo, hay ciertas fantasías, como la idea de los cursos de idiomas, que uno tiene que ir a estudiar un idioma extranjero, uno tiene que asistir a clase, leer libros, hacer ejercicios, o sea las tareas y dedicarse muchísimo tiempo para quizá de aquí a muchos años aprender a dominar de una forma precaria, porque nunca se logra de una forma perfecta otro idioma, lo que muchas veces sale en las publicidades de instituciones que venden este servicio de recursos de idioma extranjero, se apropian de la retórica del mercado y la tecnociencia contemporánea, y venden técnicas para aprender idiomas que no requerirían esfuerzo o que no requerirían mucho tiempo de estudio sino que serían rápidas, inmediatas, súper eficaces y divertidas.

¿Cómo se hace? Cada uno inventa su marketing particular, pero el imaginario que está en la moral, el imaginario de los valores, están alimentando ese tipo de estrategias que son las que están relacionadas con las tecnologías digitales, la idea es que en última instancia lo que se sueña es como una especie de implante de un chip o de un archivo transferido directamente al cerebro que nos descargue en la cabeza todo el curso de inglés y que salgamos sin ningún esfuerzo, o de noche, que es un casco que de noche te pasa unas ondas cerebrales y nos levantamos sabiendo inglés, por ejemplo.En el horizonte está esa promesa que sería posible, la tecnología reemplazaría a la vieja institución escolar que está obsoleta, que es mecanicista, que requiere esfuerzos cotidianos, enormes y a largo plazo y que puede no funcionar. Uno puede hacer todo eso y no aprender por ejemplo o aprender mal, en cambio la tecnología viene con esa promesa de que nos va a solucionar el problema rapidísimo y va a ser súper eficaz.No estoy diciendo que esto sea cierto, estoy diciendo que cambian las narrativas y las expectativas también, por lo tanto hay ese sueño de la solución rápida; la escuela se presenta todavía con toda esa carga de lo lento, lo no garantizado y entonces se operó esta transformación que a mí me cuesta bastante entenderla, pero que trato de alguna manera, con todos estos libros y estas reflexiones, como puede ser que leer se ha transformado, en el imaginario, en algo aburrido, que los libros se hayan transformado cuando hace unas décadas eran como la gran diversión, la imaginación se perdía leyendo novelas, por ejemplo, y se tenía acceso a otros mundos, identificarse con los personajes, vivir aventuras que era posible hacerlo a partir de la literatura, por ejemplo, y también los ensayos, la filosofía.

Es todo ese universo mágico de la biblioteca que mereció loas y elogios a lo largo del siglo XIX y del XX, ahora está asociado a aburrido, al tedio, evidentemente no es que los libros cambiaron, los libros están ahí todavía, es posible, teniendo herramientas, entrar en ese mundo mágico y tener mucho placer leyendo libros; sin embargo, no me parece casual que se haya asociado a la lectura estos adjetivos relacionados con lo aburrido, lo poco interesante, y en cambio todo lo que está asociado a los dispositivos digitales, como por ejemplo las redes sociales o los videos, lo visual y lo corto y rápido, los videos cortitos también, memes…

El meme creo que es el gran símbolo de esta nueva idolatría, creo que es más casual porque justamente por un lado la novela, y por otro lado el meme, parece que simbolizan modos de vivir muy distintos y modos de gozar y modos de sufrir que por un lado está toda la sociedad moderna. No es casual que la novela haya sido el género por excelencia de la sociedad moderna y por otro lado el meme, la publicidad o el tweet o los mensajes de whatsapp, como el género paradigmático de la contemporaneidad.

No son cambios de géneros o soportes, sino que encarnan modos de vida distintos, proyectos de mundo muy distintos. Obviamente, la novela está más relacionada con el proyecto escuela, y con el uso y el tiempo y el espacio que la escuela propone, supone y estimula.