La muerte del periodismo

«¿Periodismo? ¿De veras? ¿Qué sabrá usted de eso? Usted y los de su clase están tan cerca del periodismo como los grafiti de unos orinales de la capilla sixtina.
Honor Tait, protagonista de ¡La exclusiva!

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Por: Fernando Ramírez

La novela de Annalena McAfee pone en tela de juicio el periodismo que vive del escándalo y de la intimidad de los personajes para vender. En el que los periodistas no son capaces de escribir si no se entrometen en las historias. -«Soy alérgica a la primera persona del singular»-, protesta la veterana Honor Tait, corresponsal de todas las guerras del siglo XX. La profundidad es para muchos hoy un hoyo negro al que escapan hábilmente con juegos pirotécnicos: imposturas, luces, diseño y signos de admiración.
Una veterana, que cubrió desde las previas de la Segunda Guerra Mundial hasta Vietnam, necesita, en las postrimerías de su vida, recoger unas libras y para ello cae en la tentación de publicar de nuevo, ampliado y corregido, el libro que reúne sus mejores trabajos, incluido el que le dio el premio Pulitzer, pero por cosas del azar envían a entrevistarla a una periodista joven, muy buena en identificar los escándalos de la farándula, en hacer listas de los mal vestidos, peor peinados, más mal arreglados, en montar una emboscada para descubrir al hijo del jefe de Policía que es adicto a las drogas, pero a la que se le dificulta leer sobre los dramas de la humanidad y, pero aún, comprender sus propias limitaciones.
Así se desarrolla una historia que pone en perspectiva dos mundos distintos: el del periodismo puro y duro, que estaba en el lugar de los hechos y entrevistaba a todos los protagonistas y el infotainment, que parece imponerse en los tiempos que corren sin dejar espacio para las viejas tradiciones del oficio, el mismo que ha creado a periodistas del espectáculo, a quienes poco importa el rigor, siempre y cuando el nudo de la corbata se les vea bien.
Lo que la joven no se da cuenta es que el mismo desdén con el que a ella se refiere la veterana de mil batallas es comparable al que ella misma siente de los bichos raros que empiezan a hacer de las suyas en 1997, cuando la web se consolida en Inglaterra, el ciberperiodismo que pone a esa generación de autosuficientes en un limbo difícil, si no se suben al bus.
La buena literatura describe mejor sus tiempos que la misma realidad. De ahí que no sea casual que McAfee pinte para 1997 lo que es el derrumbe que llega 15 años después. El desprecio por la vida privada ha conducido a escándalos tales como la caída hace un par de años del veterano News of the World por cuenta de las escuchas ilegales, el cual ha dado no solo para juicios públicos en tribunales, sino para que emprender una profunda reflexión sobre la necesidad de autorregulación en los medios, un debate que apenas empieza y que tendrá duras batallas este año.
El informe Leveson promete remover las estructuras del periodismo inglés y seguro será ejemplo para replicar en otras latitudes. Bien le vendría a Latinoamérica plantearse un documento con ese rigor que pone contra las cuerdas ciertas prácticas non sanctas del periodismo que han venido haciendo carrera. Nos regulamos o nos regulan se ha dicho hasta la saciedad, pero hemos hecho oídos sordos.
Allí están Honor Tait, la gran dama del periodismo, y Tamara Sim, la eficiente hacedora de listas, dos profesionales en el mismo oficio, pero tan lejos en sus formas, que es imposible que se entiendan, así llegue el momento en que se necesiten. Mientras tanto, el periodismo, imperceptiblemente, está muriendo, y en estas páginas se develan su agonía y también sus asesinos, que, como era de esperarse, no se dan por enterados.

MCAFFE, Annalena. ¡La exclusiva! Editorial Anagrama. Primera edición, octubre de 2012.

Este artículo fue publicado el domingo 12 de mayo del 2013 en Papel Salmón, separata cultural de LA PATRIA.