Todo aquel que llegue a Antioquia encontrará un territorio sediento de fútbol, canchas por doquier donde la pelota rueda en busca del arco; coloridos barrios en las periferias enseñan que la pecosa sube hasta las montañas para luego bajar al mítico estadio Atanasio Girardot, donde miles se aglomeran para entonar ¡Vamos Medellín!

Fotografías tomadas de la página oficial del equipo

 

Por: Carlos A. Marín

“Jugando fútbol del bueno, el poderoso no engaña”, así suena la canción de Alfredo Gutiérrez en los barrios más populares de la capital paisa, claro, en segundo plano suena la narración de los partidos en la televisión. Aquellos que no alcanzan a visitar el estadio, se quedan en el sector compartiendo con familiares, vecinos y amigos del deporte más amado de todos.

Cuenta la historia que el Medellín es equipo de arrieros, tradición antioqueña que no descansa y que funda un departamento adornado por la Cordillera Central de los Andes, así se ha transmitido y así lo han creído las generaciones que han pasado en los 104 años de historia que tiene el club más longevo de Colombia.

Obreros de grandes fábricas del municipio asistían a los cotejos a manera de descanso; reposaban mientras veían los partidos que desde su origen era de fútbol aficionado. Con los años la costumbre se arraigó entre los ciudadanos y ya sonaba en las calles destapadas la idea de ver jugar al Medellín en una cancha de la zona céntrica.

Un siglo después la historia no ha cobrado mucho, el DIM sigue siendo el equipo que silencia al visitante para hacerlo entender que la fiesta se vive en el estadio, en las calles y las empinadas calles de Manrique, Santo Domingo Savio, San Javier, Castilla y todo lugar donde pueda reposar la pasión  de ver jugar al decano de Colombia.

El fervor del hincha ‘Poderoso’ se hace sentir desde lejos, los cánticos y el acento en su lenguaje hace que todo parezca montañero; la mística en su necesidad de vestir la ‘roja’ le arrebata parte de la rutina familiar, para luego convertir su capricho de ir al estadio es una fiel práctica como aficionado.

Nacional es bogotano, afirman los más fervientes hinchas, mientras los radicales de la Rexixtenxia Norte, la barra distintiva del plantel canta en la popular: “Sureño puto vos ándate a Bogotá, no sos arriero”. Dándole vida a la Murga del Indigente, nombre que recibe la instrumental  que se encarga de componer las letras propias y en contra de su rival de patio, Atlético Nacional.

Es que el concepto de arriero que se acuña hasta en la Feria de la Flores, tiene bastante que ver en la filiación que tienen los nacidos en este departamento con el fútbol, lo necesitan para configurar un sentimiento hacia el equipo de los colores rojo/azul, más también para llegar al argumento  de obrero,  finalmente sustentando porqué es el ‘Equipo del Pueblo’.

El arriero, como reposa en la casa museo del ‘Pueblito Paisa’, era todo aquél que se disponía a cargar a otras personas de un lugar a otro, después con los años y para el siglo XVIII, el trabajo del arriero pasó, del  transporte de personas,  a guiar mulas que sobre su lomo llevaban trigo, café, y demás cultivos propios de la región antioqueña.

Es así como los paisas aficionados al DIM han ido construyendo su identidad a partir de elementos importantes e influyentes en la historia del mismo departamento.

Cuando el DIM juega las calles de barrios históricos de Medellín, Envigado, Bello, Itagüí ondean sus banderas para avisar que algo grande se avecina, un evento como si se tratara del 20 de julio o el 7 de agosto, fechas de suma importancia para nuestra nación. Mujeres, niños, adultos y ancianos se suman al ajetreo por llegar al ‘Coloso’ de la 74. Nadie se quiere perder la partida de un viaje fantástico.

“No necesito que estés arriba para quererte glorioso DIM”, se escucha en la canción de Gabriel Romero, un gran compositor de origen costeño, pero que se ha dejado seducir develándolo en su trabajo musical, en el que se pueden encontrar diversas canciones dedicadas al ‘rojo’.

Aunque varios escritores hayan intentado definir el fútbol, tendrían que llegar a territorio paisa para replantear sus más humildes conceptos al percatarse de todo lo que engalana a este bello deporte aquí en Colombia, uno de los países del sur que más siente el fútbol.  

Desde Vladimir Nabokov, hasta  el  bonaerense Jorge Luis Borges que erró cuando se refirió a este deporte: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. El fútbol es popular porque el amor es universal, y el fútbol se puede amar como se ama a otra persona.

Las décadas han convertido al Deportivo Independiente Medellín en un grande que no necesita tener seguidores en todo el territorio nacional, porque a cientos de miles que hay en Medellín les basta para construir un arraigo portentoso como su deseo de lograr títulos.