La paz no es silencio, ni contiene una verborrea. De modo que, en el documental, se encuentra desde el foco en los campamentos de Las Farc, como las vicisitudes de los puntos que se negociaron en La Habana.

Por: John Harold Giraldo Herrera

Estar a la sombra, y al tiempo como protagonista invisible (siendo la ciudadana y la periodista), es lo que hace Natalia Orozco, con su propuesta documental, sobre el proceso de paz y las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia. El silencio de los fusiles, también alude a quienes han fusilado esa paz, que se ha gestado, a modo de contrato social, de convenio, de inclusión, entre un grupo beligerante y armado (con discurso político y propuesta de país) con el Estado y la sociedad en general; los fusiladores, no han sido otros que quienes se han opuesto y ven todo tipo de falsedades, mientras que el hilo narrativo, es sopesar los incesantes agites del hecho más relevante en Colombia (en las últimas décadas). Los ruidos de los que no quieren el silencio, se convierten en un odio exacerbado, que ni siquiera las víctimas (quienes han perdido a sus familias y casi todo) lo expresan, sino que su decisión ha sido el perdón. Casi que no damos con un audiovisual, en Colombia, que no saliera colgado de un hecho social y que pudiera darle la talla al suceso, sin que caducara por lo presentado.

Una película, tan de cerca de esos comandantes guerrilleros, de esos micrófonos que han cubierto el proceso, de los negociadores, pero también del que sin estar sentado en la mesa, ni ser directos, constituyen el soberano primario. Armar los detalles, las piezas, de ese eslabón, que aún es incierto, no sólo es apremiante, devuelve lo que no se encuentra en la inmediatez de la noticia, ni el comentario desinformador y lesionador de la construcción de un tejido social, que tanto ha costado entretejer en el país. Así como los medios presentan la información, así mismo ha sido el hecho de potenciar las paces. Se hace desde los polos, sin matices, muchas veces sin contexto, ni mediatizar el entramado, es decir, que un hecho surge por una cantidad de acontecimientos. Entonces, aparece Natalia, por allá en los entredichos, siendo una sombra, y una intermediara. Colada en los vericuetos, pero también en el acontecer. Sin perder de vista, que deja para la posteridad una síntesis de cuatro años, que son cinco décadas, que también es lo que puede ser en las posteriores circunstancias de la nación.

Eso es lo que vemos, una intimidad tan bondadosa como sentimental. Una experiencia de encuentros y desvaríos, de forcejeos comunes y de calamidades superables. Lo que no se puede mencionar de los innumerables hechos de la realidad, que quedan en la impunidad o contados sin mayores posibilidades para comprender; en el caso de El silencio de los fusiles, acudimos a vibrar con los protagonistas, como también con el suceso. Cuando al otro se silencia, con el fusil, con la intención de acabarlo, por no ser parte de los objetivos o causas, es ahí donde viene una de las violencias fratricidas que hemos vivido. La más cruenta ha sido la violencia estructural, que cobra a diario todas las víctimas, que incluso, deja sin participación y los que lo intenta son masacrados. La paz no es silencio, ni contiene una verborrea. De modo que, en el documental, se encuentra desde el foco en los campamentos de Las Farc, como las vicisitudes de los puntos que se negociaron en La Habana. Funciona como una especie de relojero, nos marca esas coordenadas que dan el paso a una sociedad embalsamada por la guerra y el odio, y que quizás se dispone a una apertura y a una medio aceptación (¿amor?) por los demás.

Más de 50 años de guerra, nos dan un marco para la interacción no para el ostracismo. Y lo que uno ve, es que los acuerdos con las Farc, aperturan para trenzar unos hilos invisibles que por décadas no nos ha importado, tampoco, ni siquiera, visibilizar. A propósito, un trabajo tan arduo y compacto, tan trascedente, es un desdén que lo pongan tan poco tiempo y en horarios poco masivo de asistencia. El trabajo de Natalia, trasmite una sensación de frescura al contar, de incertidumbre por el país, de energías para el trabajo de reconciliación y de una cantidad de enigmas, que si bien son preocupantes, lo que permiten es recorrer un camino. Su título del Silencio de los fusiles, también deja entrever los que antes y ahora fusilan el silencio.

 

Ficha técnica

País, duración, año: Colombia, 120 minutos, 2017

Directora y guionista: Nathalia Orozco

Música: Alejandro Ramírez-Rojas

Fotografía: William Alfonso

Productora: Coproducción Colombia-Francia; Alegria Productions/ Arte Televisión/ Pulso Mundo Films/ Rcn Televisión

*Docente Universidad Tecnológica de Pereira

john.giraldo.herrera@gmail.com