¿Felipe Aragón? ¿Ciprián Gamboa? ¿Avenicio Buenaños? ¿De quién era el hijo de Rosa María Buenaños? El tiempo pasa, pero la incertidumbre queda.

 

Por / Jose David Chalarca Suescum – Ilustraciones / Felipe Maya Rubio

Cayó la noche. Llegaba la hora de dormir para todos en la casa. Rosa María Buenaños se acostó con dificultad en la cama que daba junto a la ventana. Su cuerpo estaba lleno de reumas y sus pies de úlceras que le impidieron moverse. Algo somnolienta decidió mirar la ventana por última vez. Se lograba ver el río Cabí. Estaba sereno y tranquilo; como si también se estuviera quedando dormido. Se encontraba en casa con sus padres cuando sucedieron los hechos. Su primo-hermano Avenicio se encontraba en otra habitación.

La joven concilió el sueño. Pasaron algunas horas, aunque seguía de noche. Venteaba fuera de lo normal. La arena paseaba con la brisa. Algunas piedras del suelo se movieron con el viento. Ella se despertó. La cama se sintió más pesada de lo normal. En su cama había alguien más. Era Avenicio Buenaños. Ningún hombre había estado tan cerca de Rosa María hasta ese momento. La agarró con fuerza de los pies e intentó tomar su virginidad. Ella se resistió, pero no pudo ante el dolor que le producían sus pies y la vehemencia de aquel hombre encima de ella. Tomó su cuerpo aún en desarrollo de 14 años y dejó la semilla de la vida allí. La rosa fue desflorada.

Ella jura que así fue. Él lo niega. ¿Avenicio Buenaños fue su primer hombre? ¿Alguien más estuvo con ella?

 

Cásate conmigo

En el corregimiento de Pacurita de Quibdó, paraje de San Antonio, todos se conocían. Las casas quedaban tan cerca que parecían estar vigilándose entre sí. Era un lugar típico para vivir por la cercanía que tenía con el río Cabí. Su verde aura se paseaba en cada una de las casas e iluminaba en las noches los ojos de sus habitantes. A su alrededor se solían reunir amas de casa, niños, pescadores, agricultores, mineros y animales que viven por la zona.

Cuando salía el sol se reunían Felipe Aragón, Ciprián Gamboa y Avenicio Buenaños, cerca del río. Aquellos agricultores y mineros, de manos y pies tallados por las herramientas de arado y picos para la minería, trabajaban y sudaban el día a día en una profesión que apenas es suficiente para sobrevivir, mientras el sol debilitaba sus cuerpos y volvía más ardua su labor.

Solo tenían la fuerza de sus manos para sostener sus herramientas y la resistencia de sus pies para mantenerse firmes en esa tierra caliente. Ninguno de ellos sabía leer ni escribir. Por ello, la mitad de la población se dedicaba a la agricultura y la otra a la minería. Si no estaban trabajando con la tierra, se dedicaban a la extracción de oro y platino; los elementos más abundantes de toda la región.

Vista aérea del río Cabí que rodea todo el corregimiento de Pacurita. Fotografía / Codechocó-Ingeominas.

Uno de ellos era Avenicio Buenaños. Un chocoano de cabello ensortijado y apretado, ojos negros pequeños, boca pequeña y de estatura baja, que decidió quedarse con sus tíos por las facilidades que ofrecía la zona para un agricultor y minero.

Era un día caluroso en Pacurita. Avenicio recibió un encargo de un vecino. Le pedía labrar un terreno cerca al río para cultivar algunos víveres. Descalzo y arrastrando un pico, caminó hasta llegar al lugar. Pasaron las horas mientras trabajaba. Al caer la tarde, cuando había decidido parar y continuar luego, algo se arrastraba hacia él sin darse cuenta. Una serpiente que venía desde la orilla del río Cabí, abrió la boca y clavó sus colmillos en su pierna izquierda. La presencia de animales en la zona era común. Provenientes del río y sus alrededores.

Aunque sintió la mordida, no le prestó atención. Nunca pasó por su cabeza que fuera de las venenosas. Tampoco le brindaron la formación necesaria para saberlo. Al igual que los demás agricultores, vivía de una labor difícil y peligrosa que no le ofrecía garantías de ningún tipo. Trabajó común y corriente a la mañana siguiente.

Mientras estuvo en casa de sus tíos, entabló un compromiso de palabra con Adila Becerra para casarse con ella. Sin embargo, había alguien más para él. Cuando estaba en casa de sus tíos, no dejaba de mirarla. Aunque ella nunca le devolvió la mirada ni los sentimientos, Avenicio nunca se rindió. Desde que se comenzó a quedar en Pacurita, le hizo promesas amorosas y carnales a Rosa María para seducirla y así tomar su cuerpo; que si resultaba embarazada, no tendría problema en casarse con ella.

“A pesar de esas promesas, yo nunca llegué a autorizarlo para que fuera a mi cama. Trató de forzarme, cosa que traté de evitar pero mis fuerzas no me ayudaron, y como consecuencia me poseyó el individuo que se había introducido a mi cama, destruyendo mi virginidad. Ese hombre fue Avenicio Buenaños”.

Rosa María manifestó que tras el acto carnal, Avenicio Buenaños siguió visitándola con bastante frecuencia, y aun cuando trataba de rechazarlo, no lo conseguía porque la amenazaba con contarle una partida de “cosas” sobre el tema a su padre.

“Me aseguró que si él llegaba a saberlas, me pegaría con toda seguridad y yo ante el temor de verme castigada siempre me quedaba callada”.

Avenicio no quería que nadie se enterara del fruto de su relación incestuosa con su prima-hermana. Por eso, en diferentes ocasiones le propuso que se tomara unas “aguas” que él mismo iba a conseguir, para salir de la criatura que tenía en el vientre. Ella dijo que siempre se negó.

La chocoana presunta víctima de ese hombre que utilizó la fuerza y seducción para tomar su cuerpo, sufrió desde los 6 o 7 años de reumatismo en los pies. Enfermedad que le impidió moverse o estar de pie durante estos años. Según Francisco Murillo, médico de confianza de la familia y preparador de los remedios durante su tratamiento, ella no podía hacer más que gatear y estar sentada.

A pesar de ello, tras varios años de estar en terapia, finalmente presentaba mejorías.

En marzo de 1934, su padre la llevó donde el Director de Higiene de Quibdó, para que le aplicaran algunas inyecciones que previnieran el pian; una enfermedad propagada con facilidad por personas con úlceras infecciosas. Poco después de cumplir los 14 años empezaba a caminar más que antes.

Meses después, Avenicio Buenaños se empezó a quedar en la casa de sus tíos.

La confesión de Rosa María

Se cumplieron las palabras de Avenicio Buenaños y el presagio que tanto temía sobre el padre de Rosa María. Esa partida de “cosas” atravesaron las paredes y ya estaban en boca de los habitantes de Pacurita. Todos hablaban sobre la incestuosa relación entre su hija y su sobrino. Los primeros rumores tocaron la puerta de su casa, y Belisario no lo podía creer. Sus ojos cegados por la rabia y sus manos hinchadas solo pensaron en agarrar un látigo. Quería escuchar a toda costa la verdad de la boca de su hija. Sin embargo, solo sacó a relucir las inseguridades de una joven confundida.

Con las manos amarradas a una viga de la casa, se encontraba arrodillada Rosa María Buenaños. Recibió el primer latigazo. Luego, tocaron la puerta los hermanos Moreno. Invitados por Belisario para presenciar el castigo aunque ellos no lo sabían. Uno de ellos, Pedro Moreno, no dejaba de observar sus manos hinchadas y aprisionadas por la correa que las ataba a la viga. Rosa María recibió el segundo latigazo. Su padre entre gritos le preguntó por el padre del hijo que esperaba en su vientre. Ella respondió asustada que el padre era su primo-hermano Avenicio.

Por otro lado, Arturo Moreno, se concentró en la mirada desconsolada de aquella niña de 14 años. Mientras los invitados observaban, Belisario le dio el tercer latigazo y le preguntó de nuevo sobre el responsable. Rosa maría contestó que era Felipe Aragón. Tras escuchar esta declaración, los primos Moreno decidieron no seguir en el acto y se retiraron de la casa. La familia Moreno aseguró que el hijo en gestación, según lo que escucharon de Rosa María, en primer lugar era de Avenicio y luego de Felipe Aragón.

 

Ustedes no la conocen tan bien como yo

El 5 de mayo de 1934, Belisario Buenaños, padre de la víctima, denunció ante la Alcaldía de Quibdó a Avenicio Buenaños como seductor y abusador de su hija de 14 años.

“La seducción de mi hija Rosa María llevada a efecto por Avenicio Buenaños ocurrió sencillamente por vivir con él en mi casa, como sobrino que es mío, y seguramente aprovechó de algún descuido mío y de mi esposa, para abusar de nuestra hija, de lo que no nos dimos cuenta sino cuando ya se le notaba el embarazo”, agregó frente a la Alcaldía de Quibdó.

El alcalde confirió el caso al Juez primero del Circuito de Quibdó para su investigación y, para el 28 de mayo, Avenicio ya estaba siendo investigado por seducción.

En la semana siguiente, inició la indagatoria. Avenicio se encontraba en la sala. Lo acompañaba un testigo. Francisco Cuesta, quién lo asistió porque no sabía escribir.

El Juez le preguntó si estuvo con su prima-hermana Rosa María la noche en que perdió su virginidad. Avenicio lo negó. También señaló que pudo haber otros hombres involucrados.

“Cuando yo vivía con ella, ya no era una señorita, así pues que no sé con quién fue que la perdió”, agregó.

Fragmento de una de las respuestas de Avenicio Buenaños en la indagatoria. Fotografía / Esteban Villegas

Avenicio estaba seguro de sus respuestas. No parecía dudar de nada. Para él, ya no era más una niña. “Nunca lo había sido”, añadió.

Siguió el interrogatorio. Avenicio seguía mirando fijamente al juez. La sala permaneció en silencio cuando le preguntó por el bebé en el vientre de Rosa María. Se quedó callado unos segundos, y respondió que nada tuvo que ver. Se puso un poco histérico tras la respuesta. Repetía que, a pesar de su enfermedad, ella ha estado con varios hombres desde antes de su llegada a la casa de sus tíos.

“Como ya lo hice notar ella es una mujer recorrida, y como es del dominio público, ella como mujer ha tenido qué hacer con Ciprián Gamboa, Felipe Aragón y Julio Romaña”.

Mientras Francisco Cuesta calmaba a Avenicio, el juez pronunció la siguiente pregunta:

-“¿Sabe usted quién es el hombre que le ofreció a Rosa María Buenaños unas ‘aguas especiales’ para abortar a la criatura en su vientre?”, preguntó.

Avenicio también negó haberle ofrecido esas “aguas especiales” a su prima-hermana. Aclaró que ella lo buscó cuando ya estaba en cinta y le pidió el favor de buscarle algunas pero que nunca lo hizo. “No sé de esas cosas”, agregó.

Antes de retirarse de la sala, giró su mirada hacia al juez y sin dudarlo dijo: “Ustedes no la conocen tan bien como yo”. Avenicio se retiró junto con Francisco Cuesta de la sala, acompañado de algunos inspectores de policía que lo llevaron sujetado fuera del lugar.

Más tarde, a pedido del Juzgado Primero del Circuito de Quibdó, el párroco confirmó la edad verdadera de la víctima. Tenía 16 años y no 14 como presentó en la denuncia su padre Belisario Buenaños. Sí tenía un poco más recorrido de lo esperado.

Investigando cada pétalo oculto de la Rosa

Días después de la encarcelación de Avenicio, los doctores Fausto Domínguez y René Carrasco confirmaron que la más joven de la familia Buenaños estaba en el cuarto mes de gestación. La desfloración tuvo lugar cinco meses atrás por lo menos.

El Juez citó en la indagatoria a Martina Buenaños, madre de la víctima y quien fue la primera en sospechar los primeros acercamientos de Avenicio con su hija. Se sentó con Rosa María en la cama y le preguntó. Rosa María la miró, se recostó sobre sus piernas, y le dijo que estuvo con Felipe Aragón, pero que “el hijo iba a ser de Avenicio”.

Tras dos meses de desasosiego, y mientras se seguían reuniendo las pruebas, Avenicio Buenaños sintió un intenso dolor en su pierna izquierda. Recordó aquella mordedura de serpiente cerca del río Cabí. Herida que más tarde se enteró que le podría ocasionar la muerte si no se trataba a tiempo.

Después de confirmar la causa de su dolor, le pidió a su abogado redactar una carta para solicitar la excarcelación provisional. También, justificó que su empleo y estatus le imposibilitaba pagar la fianza impuesta por el juez.

Luego de conocer el estado de salud del investigado, y los testimonios que confirmaban su posición social y económica, el juez concedió los beneficios de excarcelación provisional a Avenicio Buenaños.

Pasaron algunos meses. Nadie se volvió a pronunciar sobre el caso. La inocencia de Avenicio Buenaños no se declararía hasta casi un año y medio después.

 

Confusión, errores judiciales e incertidumbre

Aunque el 25 de julio de 1936 el Juzgado Primero del Circuito de Quibdó declaró como sobreseído el caso en favor de Avenicio Buenaños, la intendencia Nacional del Chocó declaró nula la decisión del juez primero y estimó que se había usurpado jurisdicción por parte del funcionario en saber de un delito que no le correspondía. La intendencia se encargó de dictar el fallo en rigor.

Señaló que no hay pruebas suficientes contra Avenicio Buenaños. Nunca se aclaró si la víctima tuvo relaciones amorosas con Felipe Aragón, Ciprián Gamboa y Julio Romaña. No hay material suficiente para condenar al chocoano de 21 años. Ni hay investigaciones amplias sobre los jóvenes anteriores. Además, faltó la promesa formal de contraer matrimonio para que se le impute el delito de seducción.

Fragmento de la sentencia donde se declaró como sobreseído en favor de Avenicio Buenaños. Fotografía / Esteban Villegas.

Según el Tribunal Superior de Quibdó, tampoco se logra demostrar el delito de fuerza y violencia que expresa Rosa María contra Avenicio. Finalmente, el 13 de Octubre de 1936 Avenicio Buenaños quedó libre.

¿Felipe Aragón? ¿Ciprián Gamboa?¿Avenicio Buenaños?¿De quién era el hijo de Rosa María Buenaños? El tiempo pasa, pero la incertidumbre queda.

 

Bibliografía y cibergrafía