Este sistema hace rato colapsó, es más, nació muerto, porque al cambiar de EPS a EPS y de razón social, lo que hacen es jugar con la salud y los recursos de millones de colombianos que han apostado o creído en el gobierno y sus beneficios. 

 

Por: Diego Firmiano

Al llegar a ese edificio atestado de gente no se puede dejar de sentir el tufo caliente a cualquier hora del día. Son cientos de personas que saturan el aforo de Medimás emplazado en la avenida 30 de agosto de Pereira; esa EPS que brinda el servicio de salud a las clases menos favorecidas, o mejor, a los ciudadanos subsidiados por el gobierno.

Igual que un servicio espiritual, la gente llega a las 5 de la mañana, es decir, 3 horas antes de que abran las puertas del lugar. Algunos traen desayuno, aunque los tinteros medio adormilados ya están listos en sus carritos para hacerse su diciembre a esa hora de la mañana.

Los que hacen fila, para no dormirse ocupan su tiempo charlando. De ahí surgen inquietudes como ¿será que me aprueban la cirugía? O ¿tendrán los medicamentos para el tratamiento del niño? Es más, juegan entretenidos con la lógica al pensar que “al que madruga Dios le ayuda” y “si llego primero, me atienden primero”. Cuestiones que gravitan en el aire, hasta que ponen a prueba sus requerimientos delante de un operador que sabe de trámites, menos de dolores temporales.

Mientras esperan, la niña Angelica Valencia de 7 años duerme en las piernas de su madre, y se despierta asustada diciendo que no quiere ir a la escuela. Martha Castaño, su madre, pone su delicada mano en la frente de la criatura y sabe que delira, pues su fiebre no bajará de 37 grados hasta ser atendida. La gente observa esta escena y no se conmueve, pues ellos mismos en fila ordenada esperan también soluciones prácticas por parte de la EPS.

Luego llegan los funcionarios y operadores de Medimás bien uniformados y abren las puertas del establecimiento con una parsimonia asombrosa.  No detallan, o prefieren evitar el sentimiento, de ver que las personas de todos los barrios de Pereira ahí apostados exhiben el rostro como si estuvieran en un campo de concentración alemán.

Uno a uno entran a esa boca fría llamada sala de espera, y como en una escuela ocupan las primeras sillas; sillas más frías aún que las órdenes de aprobación para exámenes de salud importantes. En cuestión de minutos el lugar está abarrotado y el frío de esta temporada de octubre comienza a convertirse en sudor que baja por la piel de niños, adultos y ancianos y que se puede ver en la ropa húmeda de cada uno.

Curiosamente a la sala entra también el mismo vendedor de tinto que los acompaña desde temprano; pero no viene a vender, sino que es un paciente más del sistema; sistema que en sí no es una EPS sino un suplicio, porque Medimás no es una entidad promotora de salud pública, sino un malestar general.

Como se sabe, esta institución es la tercerizadora médica que tiene en jaque el bienestar integral de los pereiranos con la burocrática y negligente aprobación de servicios sanitarios, medicina, tratamientos postergados y hacinamiento de afiliados. Usuarios que, al no dar abasto, los han remito a otras entidades como Salud Total y otras, con el fin que se hagan cargo de los pacientes residuales de un sistema ya colapsado.

Aunque acá no hay de qué hacer un caldo. Pues esas otras EPS, donde lanzan la gente como una pelota, también comercian con la salud, tienen los mismos convenios con la entidad ya mencionada, y exponen a los pacientes a un gran riesgo, al aprobar medicamentos no esenciales, genéricos, no permitidos por Invima. Estas oficinas y clínicas comerciales ven las personas como simples números y facturas más allá de que alguien se muera en la puerta de un hospital o al ser atendido, y esto debido a las aprobaciones tardías de tratamientos delicados, o entrega de medicinas posmorten.

Las quejas son generales en Pereira y en todo el territorio colombiano. Y a esto es lo que somete el gobierno a sus ciudadanos, al dejarlos en manos de inescrupulosas entidades médicas que dan atención en salud de segunda mano, como si la gente se enfermara a propósito para acceder a esos servicios cada vez más deficientes.

La situación es delicada.

Mientras los funcionarios de esas EPS se lucran con altos sueldos que devienen, las personas, mayormente de estrato bajo, o bajo-bajo, mendigan atención de calidad.

Hay que pararle las ruedas al carro.

Este sistema hace rato colapsó, es más, nació muerto, porque al cambiar de EPS a EPS y de razón social, lo que hacen es jugar con la salud y los recursos de millones de colombianos que han apostado o creído en el gobierno y sus beneficios.  A estos mercaderes de la higiene pública les es indiferente la situación, y en su historial ya hay cientos, sino miles de denuncias en contra de su funcionamiento y en la forma de tratar a los ciudadanos y sus derechos.

Lo que demuestran con su existencia, es que lo principal de su visión o misión es facturar y poner en cuarentena los que esperan por atención integral para mitigar sus dolencias básicas.

A esta realidad estamos sometidos los pereiranos.

Solo queda esperar qué sucederá con los dolientes, que como dicen en criollo están a la buena de Dios, ya que incluso la misma superintendencia de salud no se atreve a intervenir tales entidades mercantilistas, porque tienen las manos amarradas por medio de leyes y cláusulas, que no les permite abogar por los menos favorecidos.

Los abanicos en el lugar resoplan, y por la puerta entra y sale gente con la misma expresión en su rostro a la espera de sentirse ciudadanos de primera categoría.