Un consejo de grupos indígenas de México respaldado por rebeldes zapatistas seleccionó a una indígena nahua como primera candidata presidencial indígena del país. El Concejo Indígena de Gobierno eligió a María de Jesús Patricio, informó anoche la agencia de noticias AP. Acá un relato de lo acontecido ayer.

Por: Adrián Roa Mendieta

Fotografías: Laura Rodríguez Ramírez

A la entrada del auditorio se prepara la bienvenida. Mientras tanto, los visitantes compran los productos que se ofertan en los pasillos. Hay para todos los gustos: libros, ropa, comida. La Comandancia General hace acto de presencia, sale de un edificio amarillo. Los dirigentes zapatistas son custodiados por la comisión de seguridad, quienes tomados de la mano, a manera de cadena humana, los blindan. La gente alrededor saca fotos, toma videos, se entusiasma.

¡Zapata vive!

-¡La lucha sigue!

-¡Zapata vive y vive, la lucha sigue y sigue!

Algunos no tardan en seguir al grupo de “encapuchados” que llegan hasta el auditorio principal: un edifico de ladrillo pintado de verde en sus columnas y sus marcos. En la entrada, una instalación a manera de altar representa una especie de partida de ajedrez entre zapatistas, Donald Trump y Peña Nieto. Se aglutinan las cámaras de los presentes. Alrededor, acomodados entre la tierra y el pasto, los integrantes de la comisión discuten sobre la forma más viable para formar otra valla.

Entonces, ¿por dónde? – Planean la próxima movida.

Por donde va el compa de azul– sugiere uno.

Empecemos la fila desde aquí– dice otro que está sentado.

Ái que buscar la sombrita– añade uno más.

Se están organizando. Nadie manda pero todos opinan, todos preguntan. El sol se presta para ir a la playa. Las montañas no dejan de atestiguar lo que sucede: un hecho histórico que había estado esperando su momento desde hace tiempo, el nombramiento de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno y candidata presidencial mexicana para 2018.   

Un compañero que está sentado saca un periódico de su mochila que reza en su encabezado. “La libertad se construye en comunidad”. Mientras tanto, otros dos compañeros comparten un trozo de pan, de esos que reparten con café de olla.

¡Abusados! Listos para hacerla a nivel país. Sino la hacemos… tronamos. Dice el compañero de sombrero, quien enseguida detiene a dos señoras. –Buenos días compañeras. No se puede pasar- Y agrega mirando hacia el altar –Los de las cámaras no van a dar chance. Ahorita les voy a decir para que estén enterados.

Afuera del auditorio una voz de mujer se escucha. -¡Ábranse! La comandancia va a pasar por aquí. Los medios libres abajo del escalón.

Los zapatistas pasan, siempre custodiados por la comisión de seguridad.  

¿Los grabaste? Se escucha entre la gente amotinada.  

Al auditorio entran los delegados y los invitados. También están los medios libres. No cabe un alma más. El acceso está agotado. Entonces se decide dejar la puerta abierta por dos razones: para dejar entrar el aire y para que sea posible escuchar la bienvenida. Los niños, brincan y sonríen, son los únicos que entran y salen como Pedro por su casa. Del otro lado del pasillo, en el comedor, se transmite el acto en vivo a través de una pantalla plana. El Sub Comandante Moisés se escucha a lo lejos. –“Bienvenidos a los hermanos, las bases de apoyo. Hombres y mujeres. A los medios libres. Buenas tardes”. Afuera del auditorio las personas que no alcanzaron lugar se asoman por las ventanas, no quieren perderse lo que pasa ahí adentro. Adentro del auditorio el Sub Comandante Insurgentes Moisés continúa:

“Queremos comentar que hasta el momento tenemos 496 delegados, invitados por el CNI 296, concejales tenemos 56. Lo que nos hace un total de 848 compañeros que nos acompañan ya en esta asamblea, en el entendido que estamos iniciando. Y todavía estamos esperando a que siga llegando más gente por la tarde noche. Hasta el momento tenemos registradas 58 lenguas, de 58 pueblos de los 32 estados de la República Mexicana. También tenemos gente de tres países que son: Apache de Dakota, Arizona; de Guatemala Mam y Qánjobál. También tenemos ahí compañeros de Chile. Esta es la información al momento de cómo está la asistencia a esta Asamblea…”  

Afuera del auditorio se ve a una madre caminar. Se trata de Doña Hilda Hernández, mamá de César Manuel González Hernández, uno de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, alias el “Tlaxcalita”, quien antes de ser desaparecido trabajaba como maestro en una comunidad de su estado. “Venimos invitados, venimos a escuchar – dice la mamá-. Soy originaria de Huamantla, Tlaxcala. A los compañeros los veo animados, metidos”. Además de ella vienen cinco padres del caso Ayotzinapa. Doña Hilda camina hacia la Mesa 3, donde se organizan “los propósitos, las estrategias y el funcionamiento de lo que sigue”. México, todo México, espera lo que sigue.