Llegar al parque La Libertad no fue del todo gratuito. Recurriendo a una serie de estrategias estético-artísticas de participación ciudadana como el mapa simbólico del miedo y el fobófono, en las cuales indagaba por la existencia de territorios periféricos, de difícil acceso…

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De todas las edades, con diferentes perspectivas de género y orientación sexual, los pereiranos asistieron a la exposición abierta en el Museo de Arte.

Por: Sandra Silva

La ciudad en la que vivimos, sensible a cualquier ejercicio de observación contiene el esplendor de lo que Amendola denomina como territorios de la mirada, es decir, los lugares de ocio, consumo y espectáculo en los que se reafirman el capital y el embellecimiento; pero también, la densidad de los territorios rotos, según Nogué. 

Esos terrenos intersticiales que suscitan un máximo de tensión en relación con el miedo y la inseguridad, porque agrupan espacios abandonados, feos, fronterizos e informales y grupos humanos marginados (desplazados, prostitutas, gays, habitantes de calle, inmigrantes, vendedores ambulantes y gente de la periferia).

En mi obsesión por reconocer la ciudad que habla a través de las ventanas de los escaparates y de los edificios abandonados, recubierta por los colores de las tiendecitas improvisadas en el espacio público; demarcada por los pasos de los inmigrantes, los itinerarios de las prostitutas, los chécheres de los vendedores ambulantes; señalizada por la sensibilidad lúdica de los jóvenes y por los rastros de los animales, de cruces alternativos en la noche invisibles en el día, fui a parar al sector del Parque La Libertad de Pereira. A todas luces, un territorio producido por el uso corriente, verbal, peatonal y simbólico de quienes lo habitan o lo laboran, y cuyos códigos afectivos y comunicacionales, inherentes a las experiencias espaciales, culturales y estéticas resultaron muy relevantes en la concreción de Itinerarios del Vértigo.

Llegar al parque no fue del todo gratuito. Recurriendo a una serie de estrategias estético-artísticas de participación ciudadana como el mapa simbólico del miedo y el fobófono, en las cuales indagaba por la existencia de territorios periféricos, de difícil acceso, intrincados en unas cartografías ininteligibles, precarias y vulnerables, que producen miedo por el tipo de personas y dinámicas que coexisten en ellos, los habitantes de Pereira me remitieron al Parque La Libertad y a un grupo humano específico: mujeres transgénero en ejercicio de prostitución. De esta manera, inicio un proceso de reconocimiento de lo humano en este espacio.

FOTOS La artista Sandra Silva al lado de su esposo Álvaro Herrera durante la inauguración en el Museo de Arte de Pereira.


La artista Sandra Silva al lado de su esposo Álvaro Herrera durante la inauguración en el Museo de Arte de Pereira.

Visitar el territorio con frecuencia (algunas veces acompañada por los estudiantes), conversar con las mujeres trans en los bares y residencias, adentrarme en sus viviendas y sus álbumes de familia me llevaron a entender la necesidad de hacer visible estos seres que vemos pero no miramos, que juzgamos y excluimos por su ejercicio profesional y por su identidad de género, y que por nuestros prejuicios o imaginarios no las vemos existiendo más allá de esos márgenes.

Identificar los acontecimientos y las personas que reivindican sus libertades y derechos, como la marcha por la diversidad sexual y de género y a su líder Leidy Londoño, “La Pulga”, pero también aquellos sucesos como la muerte en los que se enfrentan a la mirada y el escarnio público cuando deben peregrinar por las calles de la ciudad llevando a cuestas el féretro de sus amigas, fueron las experiencias que detonaron el potencial creativo de las dos comunidades involucradas: las mujeres transgénero del Parque La Libertad y los estudiantes, profesionales y profesores de la Fundación Universitaria del Área Andina.

Dignificar y visibilizar serían las palabras clave para darle unidad a cada artefacto, sistema, objeto o acción a emprender. Bajo la premisa de “la cotidianidad de unos le produce miedo a otros”, nace la crónica Días de Afrodita.

Pensando en construir un intercambio o transacción simbólica con la comunidad del parque en el que se reflejara el conocimiento y el talento de ambas partes, llegué a la conclusión de que debíamos realizar los trajes para la marcha por la diversidad sexual y de género. Sin embargo, la propuesta iba más allá de la elaboración de los vestidos: era una invitación a caminar e ingresar en otros territorios de la ciudad, a propiciar un ambiente de inclusión y respeto, y a hacer manifiesto el papel que juega el creador dentro de un proceso de transformación social como catalizador urbano: “un agente extraño capaz de insinuarse en el campo en donde operan fuerzas a menudo en conflicto, para combinarlas entre sí y proporcionar a través de dispositivos de interacción, todos ellos por inventar, algunas direcciones inéditas, producciones de sentido y de espacio”, según Careri.n

De esta manera damos origen a Vestidos Orales, una obra de arte relacional y contextual activada por las mujeres trans del parque y la comunidad universitaria. El vestido juega un papel relevante para estas mujeres porque es forma constitutiva de su identidad en tanto les permite existir y revelar de manera auténtica esas subjetividades y también un objeto monumento mediante el cual reafirman la necesidad de un lugar digno y visible ante su comunidad y la sociedad.

Hacer los vestidos nos tomó alrededor de nueve meses. Meses en los que concretamos varios encuentros para que fueran ellas, las mujeres trans quienes tomaran las decisiones estéticas de su vestido: color, texturas, bases textiles, medidas, referentes visuales. Mientras tanto, los estudiantes, profesores y profesionales de los campos del diseño y el arte íbamos asesorando la elaboración de los vestidos y registrando todo el proceso mediante videos, fotografías y un libro de artista. Dos serían los escenarios donde debían aparecer los vestidos: la marcha por la diversidad sexual y de género que se celebra el 28 de junio y la exposición en el Museo de Arte, que se lleva a cabo desde el 15 de mayo.

Ya hemos dado el primer paso. Mostramos la experiencia en el Museo donde pude comprender que la existencia de todos estos objetos (vestidos, videos, fobófono, mapa, libro) animaron algo mucho más importante: el encuentro humano entre unos y otros, todos ellos extraños y desconocidos; el cruce de emociones dispares como la alegría, el miedo, la dignidad y el respeto; el contacto y reconocimiento mutuo y la existencia de nuevas formas de relación a partir de un hecho familiar: ser humanos.