POR UNA REBANADA DEL PASTEL DE LA SOBREVIVENCIA

Con la venta de pasteles chocoanos ancestrales, Katery Albornoz, una lideresa social víctima del conflicto armado, ha intentado suplir las necesidades económicas de ella y su familia, que aumentaron con la llegada de la pandemia. Ante la ausencia del Estado, el perentorio cuidado de sus hijos y su responsabilidad social, ella no se detiene.

 

Por / Jhonwi Hurtado – Fotografías / Saray Rodríguez Malagón

“El conflicto armado me ha perseguido hasta acá; pero será porque estoy rodeada de familia y antes no, que me siento tan fuerte y dije ¡no más! El año pasado, para mayo, como líder social que soy, fui a llevar un proyecto educativo a Tokio, al Remanso, al Plumón y a Nacederos, inmediatamente que los jóvenes salieron beneficiados en eso, me llegaron sufragios a mi casa, me decían que ya sabían por qué yo había salido del Chocó y que acá yo no iba hacer lo que hice allá, que ellos acá sí me legalizaban, que el trabajo de ellos era matar”.

Los líderes y lideresas sociales en Colombia día a día sortean su suerte, entre el deseo de luchar contra injusticias de toda índole, entre la desazón de estar en la mira de enemigos visibles e invisibles, estas personas le ponen la cara y el pecho y a veces hasta la vida a lo que sea que llegue, incluida la actual pandemia.

Su nombre es Katery Albornoz. En su cédula dice que nació en Istmina, Chocó. Recuerda que de niña veía cómo las mujeres de su familia cocinaban, y el esmero con el que lo hacían para la familia, pues “si la familia es lo más importante, tengo que cocinar lo mejor para ellos”, dice.

Nos encontramos frente a una iglesia católica con Katery, pocos minutos después de las 11 de la mañana: es alta, lleva puesto un vestido de colores y mandalas, en su cabeza un turbante morado. Sus ojos son expresivos, tiene una pequeña cicatriz en el rostro –después me diría ella– a raíz de una herida causada por integrantes del grupo narcoparamilitar las Águilas Negras, cuando evitó que asesinaran a su hermano menor en el Chocó. A raíz de estos hechos fue golpeada, abusada sexualmente y tuvo que desplazarse con toda su familia. Todos para diferentes lugares. Algunos morirían sin volver a encontrarse.

Por ser reconocida como víctima del conflicto armado, Katery recibió un apoyo económico en febrero.

Llegó a Pereira hace 4 años y 9 meses, estudió cosmetología y se especializó en pieles afro. A la capital de Risaralda llegó proveniente de Bogotá, de donde también tuvo que salir huyendo; arribó con su esposo y estando próxima a dar a luz a su hija. “Yo llego a la casa de mi cuñada, desempleada, pero siempre he sido emprendedora, traje conmigo 200 mil pesos y compré prendas en acero, y vendía pasteles chocoanos ancestrales. Comencé con 50 pasteles porque no tenía la economía para hacer más, porque eso lleva plata, los hacía cada 15 días para que la gente no se cansara, después de eso es que comienzo con el activismo”.

Actualmente hace parte de la mesa municipal de participación para las víctimas, también pertenece a la Asociación Nacional de Mujeres Afrocolombianas Guadalupe Zapata.

Por ser reconocida como víctima del conflicto armado, Katery recibió un apoyo económico en febrero, y le habían asegurado que le entregarían el segundo en el mes de mayo, pero a la fecha solo ha recibido negativas, por ello la venta de pasteles chocoanos ancestrales se habían convertido en su única fuente de ingreso para pagar arriendo, servicios públicos y dar alimentación a sus tres hijos.

“Hasta antes de la pandemia yo estaba haciendo hasta 50 pasteles cada 15 días, para que la gente no se cansara de ellos, pero después de que empezó estuve 2 meses quieta. A nosotras nos tocaba replantearnos todos los días cómo levantarnos la comida, yo debo dos meses de arriendo, la energía me falta para pagar y el Internet que me tocó afiliarme por obligación, porque a la niña del jardín las profes le hacen video llamada y le dictan clase, a mi hijo de 16 años también y no nos aceptaron no tener conectividad”.

Los pasteles no los cocina en su casa, pues una condición obligatoria es que sean cocinados en leña.

Esta lideresa ha visto en la gastronomía ancestral una pequeña salida a la ausencia del apoyo estatal, y principalmente se ha convertido en una forma de evitar que sus hijos pasen hambre, señala que por eso para ella cocinar es un ritual y cada pastel que hace y vende por encargo, que además hace con ayuda de su hermana y cuñada, tiene su proceso, proceso que inicia con el ánimo que se levante.

Los pasteles no los cocina en su casa, pues una condición obligatoria es que sean cocinados en leña, aunque esto le ha generado también dificultades, ya que a algunos vecinos les ha incomodado el humo de la leña y en ocasiones, dice ella, “me han echado la policía”.

Caminamos una cuadra y nos lleva al sitio donde cocina sus pasteles, en el lugar se ven los vestigios de lo que en pocos minutos puede convertirse en un fogón de leña, ella mira el fogón, y comienza con su narración: “Solo se sale a comprar la carne. Dormís muy bien la noche anterior, entonces llegás y traes el pollo, el cerdo y ya lo limpias, al pollo le quitás la piel, comenzás a aliñarla, porque al menos se necesitan dos o tres días la carne con esos aliños, para que la carne, o sea, absorba, succione, pero no se puede meter a la nevera, porque la sella y no deja que entren los jugos de los aliños: porque el pollo va separado, el cerdo va separado y los tapamos y los dejamos ahí hasta el otro día que los cocinamos”.

Según el DANE, la tasa de desempleo en Pereira y el Área Metropolitana, del trimestre mayo-julio, fue de 24,1 por ciento, es decir, 15.9 por ciento más alto que el mismo trimestre en el 2019. Katery hace parte de ese porcentaje de población desempleada.

 

El liderazgo social no se detuvo

Han sido varios procesos los que ha acompañado a través de las diferentes mesas a las que pertenece. Le pregunto qué es lo que la motiva a estar tan activa y hacerse tan visible, cuando las huellas del conflicto y las amenazas siguen latentes:

—A mí no me gustan las injusticias, yo soy representante de mujer víctima de violencia sexual (hay un grupo de 25 mujeres) y tú sabes que la mujer es muy apática a contar su historia, pero yo hoy me siento plena al hablar de esa situación, porque yo no pedí que me pasara esto, yo no lo busqué, yo sé qué es no tener comida, sé qué es que nadie te escuche, que no te presten atención, yo sé qué es que así como yo estuve en un momento dado en esa posición hay muchas mujeres. Yo no les voy a resolver la vida porque yo no tengo plata, tú ves que yo trabajo vendiendo mis pasteles, pero una orientación sí les puedo dar”.

Mientras seguimos hablando junto al espacio dispuesto para el fogón de leña, van pasando vendedores ambulantes: algunos llevan escobas y trapeadores sobre sus hombros; una mujer pasa vendiendo avena, otro hombre carga una carreta donde a gritos ofrece cebolla y tomate, y finalmente pasan dos mujeres con un tarro en el que van ofreciendo huevos tibios.

Para César Palacios, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Tokio, de Pereira, la crisis económica que ha generado la pandemia no ha sido ajena a muchos líderes y lideresas sociales,  asegura que no conoce el primero que haya recibido una ayuda del Estado: “En mi caso,  soy también presidente de junta y según lo que tenía entendido, desde el Gobierno Nacional iban a llegar unas ayudas para los comuneros, para los presidentes y ediles, pero eso nunca fue efectivo. Antes ha sido todo lo contrario, conozco líderes sociales que hoy el Estado les ha dado la espalda. Tengo una compañera que es artesana y que la administración central y municipal no le ha dado garantías, no ha buscado formas de involucrarla en nada”.  Por ello, dice César, muchos procesos que venían caminando se han visto pausados.

Por su parte, Katery cuenta que no es que le interese quedarse sentada esperando que el Estado o que los impuestos de los colombianos lleguen a su casa para solventarse, pero es consciente de que la ley 1448 de 2011 le da prioridad a la población víctima del conflicto armado, aunque en la realidad no es así, porque cuando ha aparecido alguna ayuda, no llega en las mejores condiciones: “La Gobernación iba a dar unas ayudas y me anotaron como lideresa, como madre cabeza de hogar para unos mercados: me trajeron dos tacos de esos de mil de galletas, una bienestarina y una bandeja de pollo que cuando la destapé, los muslitos de pollo estaban verdes. Eso fue todo lo que me dio la Gobernación. En la pandemia yo no recibí más nada”.

Por ahora, Katery seguirá cocinando sus pasteles chocoanos ancestrales y ejerciendo su activismo social.

Es por esto que, después de dos meses de haber pausado la venta de los pasteles, ha tenido que volver a acudir a ello para seguir luchando. Dice tener todas las medidas de bioseguridad a la hora de cocinar y repartir sus pasteles, sabe que el riesgo de contagiarse existe, pero asevera que si no se expone a contagiarse, se expone a que sus hijos mueran de hambre.

Tras el confinamiento que decretó el gobierno nacional en el inicio de la pandemia, los encuentros personales se trasladaron a la virtualidad o a las llamadas telefónicas. Algunas mujeres seguían en contacto con Katery, por diferentes motivos: “Por teléfono yo les decía: mis amores, pues yo no tengo plata, pero al menos llamémonos, tenemos que seguir en pie de lucha. ¿Qué si necesitan algo? Esperen yo llamo a tal sacerdote a ver si tienen unas libritas de arroz o lentejas pa´ regalar. Recuerdo que las muchachas del encuentro de mujeres de Pereira recogieron con el Gobernador unos mercados, yo no tenía con qué comer en mi casa, ¿pero yo para qué voy a recibirlos? Nos fuimos para El Plumón a regalárselo a esas mamitas que sí están en plena pandemia. Nosotras salimos forradas, con todo el protocolo, y nos fuimos para allá a llevar esos mercados, porque hay personas que están peor que uno”.

Por ahora, Katery seguirá cocinando sus pasteles chocoanos ancestrales y ejerciendo su activismo social por las mujeres, por las víctimas del conflicto armado y por la comunidad afrodescendiente en Pereira. Las ganancias de la próxima venta las usará para pagar la energía, el Internet y ajustar lo que debe del arriendo, pero, principalmente, para tener comida para sus hijos.

*Este artículo fue realizado en el marco de un acuerdo de financiación con Google News Initiative Journalism Emergency Relief Fund.