Juan-manuel-toroAhora todo está encerrado bajo cuatro paredes adentro de una cabina. Da lástima que habiendo llegado grandes emporios a los medios, no se fortaleció lo concerniente al deporte. Hoy día no existe inversión y, por el contrario, más plazas se cierran, más micrófonos se apagan y más plumas se quedan sin tinta.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve

Un placer haber escuchado a Hernán Peláez, Iván Mejía, Wbeimar Muñoz, Javier Giraldo, Jaime Ortiz Alvear. Pocos se escapan; otros ni merecen ser nombrados. Lo cierto es que esa generación que hizo grande la prensa deportiva en Colombia, hoy se despide, va de salida y abre un abismo gigante en la búsqueda de sus reemplazos.

Con ellos se va igualmente un legado, un estilo que hoy es añorado. El periodismo deportivo serio en los micrófonos y con profesionalismo, de eso, poco queda. La nostalgia se apodera de épicas narraciones donde la mente del aficionado era trasladada a sentir en vivo y directo las gestas de los escarabajos encabezados por “Lucho” Herrera en Europa, el empate agónico 1-1 de Colombia frente a Alemania y el famoso 5-0 en pleno Monumental de Buenos Aires.

Con el doblaje los partidos han perdido el sabor. El ciclismo, otrora símbolo de las narraciones deportivas, perdió su lugar en el dial. Ahora todo está encerrado bajo cuatro paredes adentro de una cabina. Da lástima que habiendo llegado grandes emporios a los medios, no se fortaleció lo concerniente al deporte. Hoy día no existe inversión y, por el contrario, más plazas se cierran, más micrófonos se apagan y más plumas se quedan sin tinta.

Pero además el recurso humano en ese campo escasea, no hay relevo. La radio deportiva terminó inundada con discómanos y locutores que sabrán de música, hobbies, moda, tendencias, farándula pero de fútbol u otros deportes, la verdad muy poco; o nada. Y de allí se desprenden chistes flojos, algarabías, demasiada chabacanería que le resta seriedad y credibilidad a la información. Uno de ellos, crítico ácido en el pasado del oficio, hoy a punta de palabras rebuscadas intenta llamar la atención del público.

Pocos hacen el curso de llegar a la cúspide que van cediendo los viejos periodistas. Pero lo cierto es que esa nómina de estrellas del periodismo todavía no encuentra los suplentes que les mueva su butaca. Y por eso, se percibe una insistencia por querer jubilarlos. Ojalá no se llegue al extremo pero sin esos grandes del comentario, no quedaría otra opción que apagar el radio.

Además los disc-jockeys colgados con la investidura de periodistas deportivos de la noche a la mañana han tenido la oportunidad de crecer como analistas al lado de esos grandes. Pero bien lo dice el mito del gran Hernán Peláez Restrepo: les enseñó a hacer radio pero no aprendieron. Por el contrario, fue impuesto un formato grotesco, poco serio, altanero, donde sobresale un hinchismo exagerado que hastía al oyente. Y como dato agregado, las cifras de sintonía del pasado Sub 20 en Argentina demuestran que la nómina de lujo de Caracol pasó por encima y sobrada sobre la competencia, encabezada por esos pseudoperiodistas del comentario.

En fin, la época dorada del periodismo deportivo en Colombia tuvo la fortuna de contar con una plantilla de lujo. Incluso ese fenómeno del retiro ha hecho metástasis a otros formatos donde la salida de esos “viejos” ha traído problemas para algunas cadenas. Pero como en la vida todo tiene su final, los ciclos se cierran. Lo que sí está claro es que aún queda mucha radio y prensa por disfrutar. Así en aras de vender y agradar se traicionen principios y seriedad por grosería y aullidos que al final terminarán tirados al olvido por lo que encarnan hoy día: una simple moda; y muy mala.