Hay algo de cansancio en la mirada de Olga Behar. Tiene unos ojos bellos, de un verde indefinible, pero hay algo triste allí, en el fondo de esos ojos que han visto tanto a lo largo de 38 años de vida periodística. Trabajó en radio, en televisión, en medios impresos… ha viajado mucho… ha vivido mucho. Quizá eso también es un lastre. A pesar del aparente cansancio se muestra presta para conversar sobre su vida y obra periodística. Es ganadora de  múltiples premios, entre ellos un Simón Bolívar. Autora de libros como “Las guerras de la paz” (1985, reeditado en 1986)), “Noches de humo” (1987),  “Penumbra en el Capitolio” (1991),  “El clan de los Doce Apóstoles” (2011) y “A bordo de mí misma” (2014), de carácter autobiográfico. Ha estado exiliada varias veces debido a sus fuertes críticas contra los agentes del poder. Miembro de Consejo de Redacción, agremiación de periodismo investigativo.

 OLGA BEHAR 2014-03-21 18.58.36

Por: Antonio Molina

¿De dónde nació su interés por el periodismo?

Yo creo que mi interés se desarrolló de pura casualidad. Desde pequeña yo escribía y más adelante cuando estaba en los  últimos años del colegio, mi interés era el cine pero acá en Colombia no había un lugar donde estudiar cine, yo tenía 16 años y me conseguí una universidad en Quebec, en Canadá, y mi papá se aterrorizó de mandarme sola al exterior, imagínese usted eso en los años 70. Entonces un amigo de la familia descubrió que la universidad Jorge Tadeo Lozano tenía un programa de comunicación social y que uno de los énfasis era cine. Entonces me dijo: mire, le propongo más bien mijita váyase a Bogotá, está más cerquita, es en español, hace su énfasis en cine y cuando termine la universidad le prometo una maestría en Canadá y la vida me llevó a casualidades o causalidades, pero estando en primer semestre de comunicación -en esa época al papá uno le decía siempre que sí- me pusieron una tarea de radio, hacer una radionovela, y un profesor que pone la tarea y ni siquiera explica cómo se hace, y uno bien buñuelo.

Entonces yo vivía a dos cuadras de Todelar y dije: me voy a ir a Radio Continental, que era la matriz de Todelar, a ver quién me ayuda, porque yo sé que en Todelar hay un radio-teatro, radio novelas, y con tan buena suerte que el que me atendió fue un periodista antioqueño que actualmente es el director de deportes de RCN, que se llama Óscar Restrepo Pérez. Él me atendió porque estaba en la puerta, me dijo: “ay, venga niñita yo la subo sin problema”  y mientras subíamos al cucurucho del último piso, por allá en una buhardilla donde funcionaba el elenco de Todelar, empezó a preguntarme como buen periodista: ¿Usted cómo se llama? ¿Usted qué hace? ¿Y hace cuánto está aquí?  ¿Ah y usted es de Cali y le gustan los deportes? Y yo le digo que sí, que me encantan, juego voleibol, he hecho atletismo. Y  me dice: ¿qué sabe de basquétbol? Yo le dije que lo que lo que sabe cualquier vallecaucano, todos los vallecaucanos sabemos de deportes, y los hemos jugado en algún momento.

Jorge Enrique Pulido. Tomado de www.jorgeenriquepulido.com

Jorge Enrique Pulido. Tomado de www.jorgeenriquepulido.com

Me empezó a preguntar por los idiomas, y le dije que hablaba inglés y francés. Entonces me dijo: “usted es la persona que yo estoy buscando, yo le pregunté por qué,  entonces me dijo: porque hay un mundial de basquétbol femenino y no tenemos quien nos haga las traducciones ¿a usted le gustaría? Le pagamos tanto -cualquier bicoca que a mí me pareció una fortuna-. Y fue así como durante 15 días, yo era la traductora de las entrevistas que hacían los periodistas  y ya empezaba yo a meter cucharadas, y a preguntar de mi cosecha y como que vieron un talento, total que estuve un año en un programa de Todelar que se llamaba “Matinal deportiva continental” hasta que me robó Jorge Enrique Pulido, y me dijo “no, niñita, usted en deportes no más, se viene para el noticiero” y termino yo trabajando en el noticiero Todelar, sin habérmelo propuesto. Ahí está el origen de mi vocación.

Usted menciona dos nombres que son referentes: Óscar Restrepo y Jorge Enrique Pulido. ¿Qué aprendió de ellos en su momento?

Bueno, de ambos aprendí el amor por el oficio, eso sí, eran unos apasionados del periodismo y cada uno de lo suyo. Pulido de la política y Restrepo de los deportes, aprendí una cosa interesante y que la comencé a desarrollar desde muy joven, que es un lema en Todelar “Sin confirmar no lo decimos” y de ahí aprendí yo que todo había que confirmarlo y reconfirmarlo miles de veces, y de allí surgió mi pasión por la investigación.

¿Cuánto dura el periodo trabajado con Jorge Enrique Pulido?

Dos años, porque en Todelar yo estuve trees años, y allí por casualidades de la vida –todo en mi vida han sido cosas que llegan de repente- se dio la oportunidad de trabajar con Jaime Soto, que tenía un noticiero llamado “Contrapunto” y allí fue una experiencia muy importante para mí. Allí duré tres años también, después estuve seis meses en el ministerio de Gobierno, con Jorge Mario Eastman, yo fui la persona que creó la oficina de prensa del ministerio y ya después de eso volví por un año más a Contrapunto. En esa época monté la oficina de prensa de Caracol Televisión, sin haber estudiado organizacional, simple olfato. Bueno, en esa época ya me había graduado, afortunadamente ya era comunicadora, con énfasis no en cine, sino en periodismo. Luego estuve 1 año más en Contrapunto y de ahí pasé al Noticiero 24 horas.

Muy recordada usted en el noticiero 24 horas, usted se volvió la imagen del noticiero…

Álvaro Gómez Hurtado

Álvaro Gómez Hurtado

Una de las imágenes del noticiero, realmente era muy emblemático el equipo, muy combatido, muy batallador, muy dedicado a la búsqueda de la verdad, muy desafiante porque era un noticiero ultra conservador en cuanto a sus dueños… Álvaro Gómez Hurtado; pero desafiábamos y ganábamos las peleas con mucha frecuencia.

¿Cómo era Mauricio Gómez como director?

Es, era y sigue siendo un hombre amoroso, a quien usted como periodista no le puede decir que no, nunca le oí un grito, un portazo, nunca lo vi arrugarle una cuartilla a un reportero. Un hombre a carta cabal decente, profundo en sus análisis, un gran maestro, a pesar de que era muy joven.

¿Qué le dejó esa experiencia en el periodismo de los 70, 80, época en la que usted tuvo tanto nombre en Colombia a través de los noticieros y era un referente en el periodismo?

Yo creo que me dejó la gran lección de que no importa lo que uno tenga que desafiar en busca de la verdad, y eso es algo que ha sido una línea recta en mi vida. Y de ahí no me he movido un milímetro.

Llegó el momento de la toma del Palacio de justicia, ¿qué la marcó de la toma del palacio que la llevó después a escribir sobre ese tema?

O.B: Mire, fue un acontecimiento en mi vida personal muy duro, durante dos años yo había cubierto el proceso de paz, entonces había conocido a los guerrilleros que estaban en el diálogo nacional y había hecho algunas amistades entre ellos; por el otro lado yo había cubierto Corte Suprema  y Consejo de Estado en Colombia -eso era lo que había, Corte Suprema y Consejo de Estado, no había Judicatura (afortunadamente, digo yo)- entonces yo cubría altas cortes, se llamaban las altas cortes, entonces conocía toda o casi toda la gente que había adentro y fue tan terrible saber que todos se habían muerto. Fue terrible, y simultáneamente con eso arreciaron las persecuciones hacia mí, y pues hubo situaciones muy desafortunadas: el Ejército allanó mi casa, hubo una persecución implacable; hoy en día pensamos que querían desaparecerme, había cometido un solo delito: decir la verdad, ese era mi delito. Y mi sentencia era una sentencia a muerte.

¿Qué cree que la salvó?

OLGA BEHAR 2014-03-21 18.58.36 (1)La intuición. Mi abuela, que era astróloga, me enseñó a tener premoniciones, yo el peligro lo detecto. Y me moví, yo me moví, yo no estaba en mi casa cuando me allanaron.  Yo me había ido para Cali. Inmediatamente me escondí  y Belisario Betancur me dijo: usted debe salir del país, acá ya no hay garantías para nadie. Que le diga a usted eso el Presidente de la República, no es lo mismo que si se lo dice una fuente del das, si a usted se lo está diciendo el comandante y jefe de las Fuerzas Militares, coja el primer avión que salga. Entonces me fui a vivir a México, fue una época muy buena para mí en lo personal y en lo profesional, sentí mucho respeto y respaldo por parte del gobierno mexicano, me dieron una visa casi que diplomática. Gocé de todas las garantías, pude trabajar, tanto en medios mexicanos como corresponsal para medios colombianos; me casé, tuve mi hija que nació en México. Y bueno, al año más o menos de estar en México, yo sabía que una guerrillera había salido con vida, se había camuflado entre los rehenes, y logré contactarla a través del comando internacional del M-19 dirigido por Antonio Navarro y durante un mes trabajé con ella, vivimos en la misma casa, trabajamos juntas. Logré hablar con el hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia, vino hasta México a hablar conmigo, logré hablar con un muchacho de orientación militar que estuvo en todo el operativo y con el abogado de las víctimas, Eduardo Umaña Mendoza, y así fue como logré construir mi libro (“Noches de humo”), contando lo que no se sabía sobre lo que había pasado adentro del palacio.

Usted desde el pasado tenía una sindicación de ser afín a grupos subversivos, ¿con ese libro no se acentuaron esas acusaciones?

Pues yo creo que no, porque nadie quedó contento con el libro. El M-19 quedó furioso conmigo, años después ellos me pidieron disculpas,  y reivindicaron mi libro, dijeron que sí, que realmente yo había contado la verdad. Decir cuando la cosa acá estaba tan tremenda, cuando estaban ellos de nuevo en el monte, que había sido una gran equivocación, que esa acción había correspondido a una falta de visión política, decirle eso al M-19 que me había facilitado a la guerrillera, en su cara, fue muy duro. Y hubo gente del M-19 que quedó furiosa conmigo, hasta que con el paso del tiempo, ellos mismos entendieron que lo que yo había escrito en el libro era la verdad y, segundo, mi valoración, mi análisis sobre lo que había pasado, era certero. Los militares quedaron furiosos, inmediatamente empezaron a mandar solicitudes de declaraciones juramentadas al consulado de Colombia en México, que atendí por supuesto. La justicia absorta, también preguntaba y preguntaba: ¿conoce usted el paradero de Clara Helena Enciso? Yo a ella le dije: usted tiene un seguro de vida, lo tiene que comprar. Ella me dijo ¿cuál es ese seguro de vida?, yo le dije: decirme adiós, y nunca más volverme a contactar.  Porque si a mí me agarran, a mi me torturan, yo canto La Marsellesa en ruso, no tengo esa formación que pueden tener ustedes; entonces yo nunca más volví a saber de ella, no me costó ningún trabajo contestar esos cuestionarios.  Creo que los únicos que quedaron contentos inicialmente con el libro, fueron los hijos de los magistrados, años después me encontré con los hijos de Gaona Cruz y me dijeron algo que me conmovió muchísimo y es que mi libro estaba en la mesa de noche de ellos desde que estaban niños, porque era lo último que los acercaba a su padre en vida. Años después, no hace mucho, me encontré con Yesid Reyes, el hijo de Reyes Echandía y me felicitó, me dijo: es uno de mis libros de cabecera, es el último recuerdo de mi padre. Es más, yo quisiera volver  a oír lo que yo  le conté, esa grabación, a mi las grabaciones se me perdieron todas. Me hubiera gustado mucho volver a escucharlas a ver si rescato algo más para mi memoria personal.

Viene unos años que para la gente del común como que Olga Behar entra como en una especie de silencio, que es como en los 90, no se nota tanto. ¿Qué pasa con Olga en esos tiempos de los 90, en los que poco escuchamos de usted?

Mire, yo creo que una de las características en mi vida es la responsabilidad, soy una persona profundamente responsable. Y yo tenía dos niños muy chiquitos, entonces me sentí responsable por su acompañamiento, por acompañarlos, por ayudarlos a crecer. Ya estaba en Colombia, y después también salí cuando el niño tenía 6 años y la niña 9, salimos para Costa Rica, y yo sentí que tenía que criar esos niños, que ellos son mi mejor obra, entonces decidí ejercer el periodismo con corresponsalías, yo fui corresponsal 20 años para la cadena Univisión. Cuando estuve en Costa Rica fui también corresponsal 9 años para el canal RCN y me dediqué a hacer ese tipo de periodismo, corresponsalías, para ganar el dinero que necesitaba para que mis hijos se criaran bien, y estar con ellos, acompañarlos, ayudarlos a crecer.  Y cuando mi hijo estaba en noveno, y mi hija se había graduado del colegio, nos regresamos a Colombia, sin embargo no empecé a escribir inmediatamente, esperé a que estuvieran más maduros, y cuando faltaban pocos meses para que él terminara su secundaria, escribí el libro “El clan de los doce apóstoles”, que originó el exilio de mis hijos, tuve que sacarlos de un día para el otro.

¿Por qué se decidió a escribir ese libro?

Por responsabilidad, a veces con las cosas que pasan en este país, con la gente que eligen como congresistas e incluso como Presidentes, cuando veo cómo premian a los políticos corruptos dándoles más prebendas, yo digo: ¿vale la pena luchar por esta ciudadanía? Me lo cuestiono. Pero bueno, finalmente esta es la profesión que yo escogí con las botas puestas hasta que me llegue la hora.

Usted en “El clan de los doce apóstoles” toca no más que al hermano de uno de los Presidentes y ex presidentes más poderosos de este país, Álvaro Uribe Vélez, ¿no sintió temor de abordar ese tema?

Mire, el miedo es inherente al ser humano, pero yo no me dejo paralizar por ese miedo, yo tomo medidas, por ejemplo tomé la medida de que mis hijos vivieran en el exterior y no regresaran. Los mandé lo más lejos que pude, viven en Asia. Eso fue lo más lejos que pude.

¿Y ellos cómo lo asumieron?

Ellos me apoyaron, y estuvieron dispuestos a pagar las consecuencias que tuvieran que pagar, lo que no quieren es que su mamá se muera, y yo siempre les digo: no creo que me vaya a morir, porque si yo me muero se sabe quiénes fueron.

Santiago Uribe Vélez en un grupo con el narcotraficante Fabio Ochoa Vásquez.

Santiago Uribe Vélez en un grupo con el narcotraficante Fabio Ochoa Vásquez.

¿Santiago (Uribe Vélez) se ha contactado alguna vez con usted?

Si, a través de una demanda que me puso. Entonces tuvimos una audiencia de conciliación fallida, y esa es la única vez que lo he visto en estas épocas.

¿Ha recibido amenazas?

Usted sabe que a mí nunca me han amenazado, a mí me llegan. Yo no conozco las amenazas, a mí me llegan directamente, yo tengo en este momento un instructivo de seguridad que plantea como punto número dos no pisar suelo antioqueño.

¿Por qué hacer periodismo en esas condiciones?

Porque no sé hacer nada más.

¿Exponiendo la vida?

Bueno, yo creo que sería otra cosa. Me dedicaría a otra profesión. Si no supiera que esos son los riesgos que se corren; pero aquí exponemos la vida a todo momento, sabemos que salimos a la calle y nos pueden quitar la vida por robarnos un celular. Entonces yo incluso he dicho: “hago responsable a la familia Uribe, si a mí me pasa un accidente, si a mí me atropella un carro, me roban una bicicleta, o me roban un celular y me muero, yo los hago responsables, ellos tienen que cuidar mi vida.

El maestro Javier Darío Restrepo dice que vale más vale un periodista vivo, que un periodista muerto

Eso sí, estoy totalmente de acuerdo con él, pero es que yo no me voy a morir.

En Colombia el periodismo se convirtió en un periodismo, primero corporativista, que trabaja para las grandes empresas, y lo vemos en manejadores de grandes medios, o se volvió un periodismo para hacer alabanzas al poder y un tercer periodismo, cada vez más escaso, que se dedica hacer investigación de verdad y a denunciar cosas como las que usted dice. ¿Qué le diría a cada uno de esos tres segmentos de periodistas: el corporativista, el áulico y el que se dedica a denunciar?

O.B: Mire, yo creo que en el periodismo colombiano siempre  ha habido una minoría que es la que investiga más. Nosotros siempre hemos sido bichos raros del periodismo, nosotros no somos la mayoría del periodismo, y se lo digo históricamente, nunca he pertenecido a las mayorías del periodismo, siempre he hecho un periodismo diferente, lo que pasa es que antes había un periodismo responsable y más ético y los conglomerados no eran los dueños. Hasta cierto punto había una restricción clara y fuerte y era el hecho de que los hijos o los parientes de los políticos de alto vuelo eran los dueños de los medios de comunicación, pero se podían dar batallas, sino yo nunca hubiera podido descollar como periodista. Hoy en día, y creo que hay una generación perdida de la época de los 90, yo misma fui una integrante de esa generación perdida, lo que pasa es que como el ave Fénix resurgí. ¿Por qué? Porque si hablabas te mataban, ahora si hablás antes que te maten, te demandan. Entonces hay instancias, digamos. ¿Qué les diría a todos? Pues que cada uno obre según su conciencia.

¿Qué decirle a la gente que le apuesta al periodismo, que cada vez es menor en las facultades de comunicación, cada vez menos gente le apuesta al periodismo?

Yo rebato contundentemente su apreciación, yo dirijo un énfasis de periodismo en la Universidad Santiago de Cali, y tengo un semillero de 60 periodistas. En teoría futuros periodistas, los tengo carnetizados  y son los periodistas del colectivo Utópicos. Yo veo grandes periodistas en este país, eso depende más bien de qué quieren las universidades. La universidad Santiago de Cali, y específicamente la facultad, quiere fortalecer el periodismo, y les brindamos los docentes y yo, como encargada de esa área, todos los conocimientos y todas las herramientas para que lo logren, entonces yo no creo en esa teoría.

Uno ve que en las facultades de comunicación se dedican mucho a lo organizacional, y unos cuantos se dedican al periodismo, pues en las facultades donde hay las dos opciones: organizacional y periodismo.

Hoy hay una realidad, hoy hay un periodismo que le llaman organizacional, yo lo llamo corporativo; el periodismo corporativo es una alternativa, yo misma lo hice, yo cree dos unidades de comunicación: una en el ministerio de Gobierno, y la otra en Caracol. Pero además formé parte del equipo de comunicaciones de una empresa cementera que hizo una serie de obras en la ciudad de Bogotá, Cemex, y siempre allí, les dije: lo principal es la verdad, no la vamos a esconder ni a disfrazar. Y yo aprecio mucho que Jorge Mario Eastman respetara eso en mí. Incluso hubo un momento en que era el periodo electoral, que todo el mundo decía que Turbay le iba a robar las elecciones a Belisario y que le iba a dar el triunfo con fraude a López Michaelsen, y yo puedo dar fe, bueno, los colombianos podemos dar fe porque ganó Belisario y no López, pero yo puedo dar fe en el periodo previo porque fui miembro designada por el Presidente y por el ministro de la Comisión de análisis electoral. Era una comisión en la que tenían asientos todos los grupos políticos y ahí se hacían las denuncias, y se analizaban las dificultades en los procesos, sobre todo en las regiones y yo puedo dar fe de que estuvimos siempre con la verdad, se dijo la verdad hasta el momento final. Con Caracol  hubo momentos, recuerdo la primer telenovela que se hizo en exteriores que era sobre la minería, “La bruja de las minas”, en Marmato, eso fue un gran fracaso televisivo y costosísimo, era la primera vez que se hacía todo en exteriores y yo tuve los pantalones de enfrentar ese fracaso y para que los directivos de Caracol enfrentaran ese fracaso. Entonces, yo creo que incluso en el periodismo corporativo es posible ejercer la profesión con dignidad.

Una periodista como usted, tan beligerante, tan independiente, tan dueña de su posición, ¿cómo enfrentó al gobierno de Turbay con su Estatuto de Seguridad que fue una persecución acentuada a la oposición o a cualquiera que tuviera algún rasgo de medio subversión en su discurso, o en su accionar, cómo hizo para estar dentro de ese gobierno?

Sí, eso se me cuestionó y mi explicación fue clarísima en su momento y todo el mundo dijo “ah, interesante”. El presidente Turbay Ayala  le dijo al ministro de Gobierno: “yo no me voy a robar las elecciones, el que gane, ganó, aunque el partido liberal pierda el poder y lo siento mucho por López Michelsen  si pierde el poder, pero yo necesito que el país sepa eso”. Diana Turbay se opuso terminantemente a que una enemiga del gobierno y una enemiga del sistema llegara al ministerio de Gobierno y Turbay se opuso, se opuso a su hija y dijo: yo quiero que Olga Behar entre acá, porque la gente va a creer, y porque ella si ve que hay un delito electoral lo va a denunciar, y me interesa que se denuncie si hay un delito electoral. Y esa fue la razón y yo lo expliqué cuando me entrevistaron, porque yo entro aquí como garante de que aquí no va a haber un fraude electoral, y por la democracia de mi país cumplí ese papel y  me siento satisfecha de él.