Se acerca un niño, su brazo derecho está enyesado. Su nombre es Johan, “Hoy no voy a entrenar, sólo vengo a ver porque tengo la mano descompuesta,  soy arquero y a veces hago de jugador , mi sueño es ser un futbolista y acá estoy empezando a cumplir ese sueño.  Pero si no fuera futbolista sería policía o abogado”.

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Por: Jhonwi Hurtado

Fotografías: Elkin Londoño

“Profe hoy no puedo ir, tengo herido este pie”, dice un niño mientras señala el pie derecho sobre el pedal de la bicicleta.

Son las 3:30 de la tarde. El sol golpea con intensidad el asfalto del barrio Bella Vista, perteneciente a la comuna Villa Santana. En una de las casas del barrio, tres  hombres sonríen en compañía de cervezas, escuchan esa canción que dice “…Si tu naciste mala, la culpa no es de Dios…”.

Hugo Oquendo-Torres “El profe” o “pastor”*, como la mayoría de niños del barrio lo llaman acaba de llegar  en compañía de su novia. Al verlo la pregunta se repite en cada niño o niña que lo reconoce: “Pastor ¿Hoy hay entrenamiento?”, “Pastor ¿Ya?” – No, a  las 5 como siempre, Alejo- “Ah, 20 minutos que faltan”-Bueno, vaya cámbiese pues, responde Hugo. Las nubes avecinan la lluvia. Los niños prefieren ignorarlo.

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Para todos los niños de la escuela, el jugador referente tiene un mismo nombre: James Rodríguez.

Hugo Oquendo-Torres tiene un pregrado en Teología y cursa actualmente la maestría en Literatura en la Universidad Tecnológica de Pereira. Después de terminar el pregrado en Medellín decidió en común acuerdo con la Iglesia Colombiana Metodista, venir a Pereira para continuar su formación y a la par trabajar en una comunidad marginal, pues esa es la filosofía que rige su vida, la metodista, esa que influenció en Estados Unidos Juan Wesley, que en pocas palabras consiste en realizar obras sociales donde más se necesiten. En Bella Vista, ha fundado una escuela de fútbol llamada “Escuela de formación deportiva  Metodistas Pereira”, no importa cuántos niños o niñas  lleguen al entrenamiento, no importa si saben o no saben jugar. Lo que importa es abrir un espacio donde lo primordial sea la diversión.

Reside en el barrio, parece ser muy conocido, no solo los niños lo saludan; también lo hacen hombres y mujeres. La casa no es pintada, tampoco revocada pero el ambiente es acogedor, al ingresar se deja leer en la parte superior de la puerta un mensaje escrito en papel con marcador negro: “Conócete a ti mismo”  Sócrates. Posiblemente sea una de las premisas de Oquendo-Torres, ayudar a que a través de la práctica del deporte los niños y niñas vayan conociéndose a sí mismos y vean que hay otras opciones, otras salidas diferentes a la que el contexto les está colocando siempre a la vista.

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“Antes, cuando no estaba el profe con nosotros, jugábamos pero nunca estirábamos ni calentábamos” Dice uno de los integrantes del equipo.

 “yo no soy deportólogo ni nada pero a raíz de la necesidad me ha tocado exigirme, participar en algunos cursos de formación deportiva. La comunidad local propuso crear una escuela de formación deportiva.  A raíz de ello nació la “escuela de formación deportiva Metodistas Pereira”, iniciamos con mucha fuerza, había mucha motivación  y comenzamos 6 personas de las cuales teníamos dos categorías y tres equipos; a raíz de muchas cosas, la falta de oportunidades y de que no podían servir como voluntarios, algunos renunciaron y yo seguí con esta categoría. Teníamos infantil y pre-juvenil, pero ahora solo tenemos infantil”.

De los 25 niños que pertenecen a la escuela, todos hacen parte de la categoría infantil, no tienen que pagar dinero. Tampoco tienen que pertenecer a la comunidad metodista. La  categoría juvenil se desapareció, entre otras cosas porque en épocas electorales alguien llegó a prometer uniformes, guayos y demás falacias. Pero eso nunca llegó, se quedó como muchos sueños frustrados, muchas esperanzas dilatadas, se quedó como una tarjeta de campaña  electoral que había en la carretera sin pavimentar del barrio. Sueños que tiran al vacío.

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Hugo Oquendo-Torres también es poeta, su último libro “Poética del cuerpo desnudo” fue publicado en dos idiomas.

“Yo llegué acá para continuar el proceso de formación y en calidad de reemplazo de otra reverenda que hacía un trabajo diferente. En comunicación con la iglesia local se dialoga y entramos primero a hacer un análisis social de acuerdo a las características del barrio: se descubrió que hay muchas madres solteras, mucho expendio de drogas, poco aprovechamiento del espacio libre, también pocos espacios adecuados. Altos índices de juventud ingresando a grupos al margen de la ley” Dice Hugo mientras caminamos rumbo a la cancha, que está ubicada a pocos metros de su casa.

La lluvia arremete en el barrio, recuerdo cómo eran esos días en los que la ilusión de jugar un partido o incluso sólo ir a patear un balón a la cancha se frustraba porque justo cinco minutos antes de iniciar empezaba a llover y no había otra opción que esperar en la ventana a ver si de un momento a otro como en las películas, la lluvia cesaba y salía el sol, para mirar el reloj y ver si aún había tiempo para ir a jugar.

Se acerca un niño, su brazo derecho está enyesado. Su nombre es Johan, “Hoy no voy a entrenar, sólo vengo a ver porque tengo la mano descompuesta,  soy arquero y a veces hago de jugador , mi sueño es ser un futbolista y acá estoy empezando a cumplir ese sueño.  Pero si no fuera futbolista sería policía o abogado”.

Faltan 5 minutos para la hora de entrenamiento  y aún no escampa, a pesar de ello dos niños han ido a la casa del11739544_10153683936149206_296498481_n profe por el costal con casi 10 balones, los aros y demás implementos deportivos que usarán en el entrenamiento. Así como recordaba yo, la lluvia paró y como imanes fueron llegando de todas las direcciones niños que llegaban a su entrenamiento, también llegaron dos niñas. El entrenamiento iba a dar inicio.

La cancha definitivamente no cumple con las medidas adecuadas en ningún sentido. El único pasto es el que hay alrededor de ella, ese pasto que sirve de alimento para las  vacas. Hacia abajo se observa otra cancha, esa que ha servido de casa del Deportivo Pereira y por la que han pasado jugadores como “El Chicho Serna” y “Tressor Moreno”, ellos (los niños)  logran ver desde allí el estadio Mora Mora. Pero deben conformarse sólo con verlo  y hacer de su “cancha” su estadio,  aunque en él tengan que esquivar huecos de casi 15 centímetros de profundidad, aunque en su estadio no sea raro llegar un día y ver que uno de los arcos está dañado porque a alguien se le ocurrió dañarlo para venderlo por chatarra.IMG_9801 (1)

En el momento hay una familia que se dice dueña del terreno y evita incluso que ellos traten de hacerle arreglos. Actualmente la zona está en el limbo. El hombre que fue dueño de estos terrenos falleció hace varios años, sus hijos fueron vendiendo por lotes parte del terreno. Esos lotes son las casas que hoy forman el barrio, pero la parte donde está ubicada la cancha y la ladera nunca la vendieron, por esto dicen ser los dueños legalmente, pero   ellos desde hace muchos años dejaron de pagar el impuesto predial,  así que el terreno está embargado aunque la oficina de planeación no ha realizado el proceso legal de expropiar el terreno. Es decir, hasta el momento, legalmente esta familia si es la dueña de la cancha. Por otro lado, todo el sector Bella Vista está inscrito en la alcaldía como “Finca cafetera”, a pesar de que hay alrededor de 200 casas construidas. Pero al estar inscrita como finca cafetera no pueden hacer uso del erario público para mejoras del lugar.

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Johan, integrante de la escuela. Tiene 13 años.

“Profe, o sea que si uno hace un gol, él lo anota”, dice uno de los niños mientras me ve escribiendo en la libreta, todos patean el balón, corren tras él como cuando se persigue un sueño. Johan, el niño del brazo enyesado que decía sólo iba a ver el entrenamiento, repentinamente cambió de opinión, al ver a sus compañeros dispuestos a entrenar no lo pensó dos veces y salió corriendo, 2 minutos más tarde estaba cambiado, él también iba a entrenar. Junto a él, está Jean Carlo, también es arquero, “Tengo 12 años, llevo acá un año, para mí significa mucho aprender a jugar fútbol, que cuando uno sea grande pueda ser un jugador, pues jugador no, portero. Yo soy el arquero del equipo.”

Oquendo-Torres, los llama con cierta paciencia, “A ellos hay que saberlos tratar, algunas veces son muy conflictivos, puede ser por la realidad del barrio, o a veces porque llegan castigados de la casa”. Las instrucciones continúan, pero no todos prestan atención:-¿Profe, y es que vamos a salir por televisión? Pregunta un niño. A mi derecha el fotógrafo le ha hecho más de 5 fotos a un mismo niño que quiere posar de todas las maneras posibles: con el balón, sin él, con el peto, sin el peto.  Así todos disfrutan cada momento del entrenamiento.

Además de la “escuela de formación deportiva Metodistas Pereira”, Hugo Oquendo-Torres ha realizado con ellos caminatas ecológicas o festejos como el día de la familia, “decidimos celebrar el día de la familia para no tener que festejar el día del padre, el día de la madre, o el día de la mujer; los celebramos todos en un mismo día”.

Seguramente pronto volverán promesas, favores, uno que otro almuerzo como regalo para la comunidad. Claro, las elecciones están cerca y las planillas ávidas de firmas llegarán casi como llegan los niños al entrenamiento, con la diferencia que los niños van en busca de un sueño, los otros van buscando comprar sueños.

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Los balones, los petos, los aros y otros implementos deportivos, fueron donados por una familia metodista que reside en Estados Unidos.

El entrenamiento continúa, mientras tanto Jean Carlo  me dice: “además la labor del profe es re grande, porque allá en el estadio (Mora mora) están cobrando 55 (55.000$) por entrenar”.

*En la comunidad le dicen “Pastor”, pero debido a su título profesional y al pertenecer a la iglesia metodista, correctamente se debe llamar “reverendo”.