El Instituto Lingüístico de Verano (ILV) tenía una finalidad lingüística, pero también tenía una finalidad de la promoción de las sagradas escrituras del evangelio en los pueblos indígenas. Ellos eran (son) casi todos lingüistas norteamericanos con vocación protestante. Eso no fue muy bien visto por la comunidad porque en ese tiempo la iglesia católica tenía mucha incidencia, entonces vieron en los lingüistas una amenaza.

 

Por Maritza Palma Lozano

Juan Carlos Jacanamijoy es un indígena camëntsá, músico y abogado, quien de manera reciente se ha dedicado a promover el diccionario bilingüe camëntsá-español recopilado por su padre Juan Bautista Jacanamijoy Juajibioy, a partir de un trabajo de 30 años de investigación y recopilación de la lengua.

Su padre trabajó desde la dirección del grupo Uáman Soyëng Camëntsáñ Uatsjendayëng (USCU), que significa Estudiosos de los Valores de la Cultura Camëntsá, de la cual Juan Carlos asumió la dirección tras la desaparición de su padre en el año 2008.

Dedicado al cuidado de su obra, y ahora a su promoción, Juan Carlos habla sobre lo que ha sucedido alrededor del diccionario, el cual cobra un valor aún mayor por tratarse de un homenaje a la memoria de su padre.

 

¿Cómo inicia el trabajo desarrollado por su padre, Juan Bautista Jacanamijoy?

En 1979 el ILV, que en este momento es asesor de la UNESCO en asuntos lingüísticos a nivel mundial, logra la autorización del Ministerio de Gobierno para trabajar con grupos indígenas a nivel nacional; entonces una pareja de lingüistas, Roberto Van Zyl y Kathreen Stallings de Van Zyl, vinieron a trabajar acá en el pueblo Camëntsá. Ellos sufrieron una suerte de persecuciones en la comunidad, en tanto eran extranjeros, y la familia de mi abuelita les abrió las puertas de su casa y los custodiaron durante el tiempo de su estancia. En ese momento se fortaleció su amistad y vieron en mi papá, Juan Jacanamijoy, una persona con gran capacidad para hacer un trabajo de alfabetización. Uno de los proyectos que ellos adelantaron fue cómo los indígenas podían aprender a hablar su lengua de una manera fácil e iniciaron la investigación. En ese momento encontraron que en 1974 Alberto Juajibioy había propuesto un alfabeto camëntsá, entonces vieron que una de las formas más sencillas de hacer el tránsito de la lengua castellana al camëntsá era usar un alfabeto que se pareciera mucho al del castellano. Porque los mayores en ese tiempo empezaron a ir a la escuela donde ya usaban el alfabeto castellano, así que era como tomar a nuestro favor ese alfabeto, pero adaptado con los sonidos específicos del camëntsá.

Juan Bautista Jacanamijoy Juajibioy/ Fotografía tomada del Facebook de su hijo.

¿Eso implicaba eliminar u obviar algunas letras de la lengua?

No, no, no, para nada. Incluso el alfabeto se enriqueció porque nosotros tenemos 6 vocales: a, e, i, o, u y una vocal intermedia entre la a y la u. Se recuperaron sonidos que se habían perdido, porque siendo nuestro pueblo tan pequeño, hay muchas variaciones dialectales. Realmente lo que se hizo fue la representación fonética de los sonidos específicos. La lengua camëntsá es una lengua vernácula y tiene sonidos que en ninguna otra lengua existen, entonces el trabajo que hizo USCU (Uáman Soyëng Camëntsáñ Uatsjendayëng) en ese momento fue estudiar solo el alfabeto y, al final, le propusieron a la comunidad usar este nuevo alfabeto, de manera respetuosa, en 1982. Sin embargo, como USCU era un grupo de jóvenes que, entre comillas, no poseía ningún grado de autoridad, pues no fue acogido, incluso fue despreciado. A partir de eso, USCU tomó una decisión, porque ellos evidentemente no iban a desechar su trabajo, de seguir publicando y enseñando ese alfabeto. Así, el 15 de marzo de 1983 se conforma oficialmente el grupo USCU.

 

Devolviéndonos al principio, respecto a la persecución sufrida por los lingüistas, ¿por qué se dio?

La razón es muy sencilla, y es que SIL International, o sea el Instituto Lingüístico de Verano, tenía una finalidad lingüística, pero también tenía una finalidad de la promoción de las sagradas escrituras del evangelio en los pueblos indígenas. Ellos eran (son) casi todos lingüistas norteamericanos con vocación protestante. Eso no fue muy bien visto por la comunidad porque en ese tiempo la iglesia católica tenía mucha incidencia, entonces vieron en los lingüistas una amenaza.

 

¿Al tiempo que hacía el trabajo en pro de la lengua, promovía abiertamente su creencia?

Ellos lo que hicieron fue proponer a la comunidad la traducción de las sagradas escrituras, en este caso, el nuevo testamento.

 

¿Qué piensas frente a estos procesos de evangelización?

Desde mi experiencia, mi mamá es católica practicante. Ella ha guardado muy bien la sabiduría ancestral, pero sí, evidentemente tiene esa vocación; y mi padre, por su parte, era una persona agnóstica o creyente no practicante y tuvo amigos de muchas corrientes ideológicas, filosóficas y religiosas. Entonces yo crecí con esa dicotomía. Ahora cuando ya desperté conscientemente uno de los primeros libros que me regalaron fue “Las historias de la biblia” y era mi libro preferido, me parecían aventuras de un superhéroe. Ya cuando voy a la escuela, acompañaba las eucaristías porque yo soy músico. Pero cuando entro a la Universidad Nacional en 1999, yo ya me di cuenta (de hecho antes) de que el Instituto Lingüístico de Verano tiene una misión de evangelizar a mi comunidad, entonces yo asumo una posición de rebeldía y les digo: “yo esto no lo quiero para mí y no lo quiero para mi pueblo, porque es una forma de sometimiento”. Porque pues ya teníamos grandes cicatrices emocionales por la imposición de una creencia, sufrimos anulación de nuestra propia espiritualidad tanto en la invasión como en todo el proceso de colonización y república.

 

¿Qué fue sucediendo con el trabajo de USCU?

Ellos empiezan a hacer un cuerpo de literatura que se va nutriendo año a año. Prácticamente cuando la comunidad rechazó el alfabeto decidieron entre continuar y abandonar. Mi padre estuvo muy triste, muy frustrado, pero les dijo: “sigamos”. Siempre con la idea de escribir, traducir, publicar y formarse. Siguieron trabajando con los lingüistas del Instituto de Verano solo para formarse a más profundidad. Después de 1983 siguieron trabajando por 10 años en la cartilla transicional al camëntsá, reconociendo la influencia del español en el camëntsá y estuvieron indagando por qué a los niños se les dificultaba tanto aprender el camëntsá. A partir de eso, propusieron que se tomaran las herramientas del castellano para hacer la transición al camëntsá. De ahí surgió también el Centro de Estudios de la Cultura Camëntsá, donde tuvimos formación adicional a la educación formal para acompañar procesos intergeneracionales en teatro, danza, música, tejido, medicina tradicional, lengua camëntsá y política indígena. Todo enseñado en lengua camëntsá. 

Y de manera más reciente se tuvo el diccionario camëntsá-español, que fue el resultado de 30 años de existencia de USCU, donde se lograron más de 4.000 palabras compiladas que, como dijo Paula Jones, asesora lingüística en temas de diccionarios a nivel mundial de SIL International, “esta es una de las obras más bellas de la literatura indígena que se haya escrito en el mundo”; una de las características que tiene es que es escrita por un hablante y estudioso de la lengua camëntsá, porque generalmente las investigaciones se hacen con asesoría lingüística y, por regla general, los lingüistas son quienes aparecen como compiladores.

Integrantes del grupo USCU en sus inicios / Fotografía tomada del Facebook de Juan Carlos Jacanamijoy (hijo).

¿Cómo ha sido el trabajo con el diccionario?

En el 2005 se tiene una primera versión del diccionario y, con la ayuda de Roberto Van, que decidió quedarse en la comunidad aun después de que el Instituto de Verano se retiró del país, trabajan el diccionario hasta el 2008 que ya tuvieron la versión final. Ese año fue en que mi papá desaparece, entonces ya la prioridad para nosotros cambió: no fue la publicación, no fue USCU, no fue la obra literaria, sino la búsqueda de mi papá. Y lo empezamos a buscar por muchos lados. En 2009 interpusimos una denuncia por desaparición. En el 2010 yo llegué con mi título de abogado y empecé a buscarlo usando otras herramientas legales. Solo al 2012 se pudo lograr que un fiscal de derechos humanos en Nariño asumiera la investigación de su desaparición. Entonces solo hasta el 2014 se volvió a retomar el diccionario para hacer una revisión editorial, y en el 2016 se hizo una jornada de lectura colectiva de la obra. En 2017 se hizo la última corrección de estilo y en el 2018 se publica y se hace su lanzamiento en el cabildo camëntsá en un evento muy bonito donde se reunieron todos los miembros históricos de USCU. Ahora ya estamos acordando otros eventos tanto en el resguardo como en otros departamentos y municipios.

 

¿Qué los motiva a continuar con el tema del diccionario aún tras la desaparición de su papá?

Honrar su memoria, y a mí particularmente el hecho de continuar mi encuentro espiritual con él, porque mi padre fue un maestro. Entonces por una parte nos motiva seguir buscando y por otra honrar su trabajo compartiendo con amor esto que mi papá hizo. Él decía que la lengua es una forma de liberarse de la opresión de los invasores.

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