Cantidad exigua, por lo general despreciada. Aún así, esta pequeñez a veces suele traer cosas grandes, como por ejemplo, una medalla de plata en los juegos Olímpicos. Londres. Estadio Olímpico a tope. Ante los aplausos de un público al que ella misma se encargó de animar, Caterine Ibargüen descubrió (o ratificó) un 5 de agosto de 2012 el valor que tienen las pequeñas cosas.

Ibargüen asegura de esta forma la tercera medalla de plata para Colombia en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Foto tomada de: eluniversal.com.co

 

Por: Juan Francisco Molina Moncada

Su especialidad es el salto largo, el de altura y triple. Fue campeona panamericana en Guadalajara 2011, año en el que consiguió el tercer lugar correspondiente al salto triple en el mundial llevado a cabo en Daegu, Corea del Sur. Esto, añadido a sus títulos locales y continentales, la hacía considerar como una de las grandes favoritas para conseguir, a nombre de Colombia, una medalla Olímpica. Ibargüen, contraria a la tendencia del deportista colombiano de sucumbir ante las grandes expectativas, no desentonó.

La atleta oriunda de Apartadó, Antioquia, lugar donde nació hace 28 años, afrontó con tranquilidad, o mejor, alegría, una competencia que le iba a sonreír conforme mejoraban sus registros de salto. Vestida de azul, bajo la atenta mirada de su entrenador, el cubano Ubaldo Duany Leveque, la atleta desde un primer momento se ganó la simpatía de un público al cual, sus aplausos y desenvoltura incluso antes de saltar, cautivó.

Y es que mientras a las otras atletas se les veía tensionadas, preocupadas, o acaso pensando en otros asuntos, Ibargüen esbozaba una sonrisa y generaba conexión con los espectadores, quienes con una especie de sentimiento reciproco, animaron particularmente a la colombiana en sus saltos. ¿Habrá influenciado tal motivo para que estos fuesen todos regulares y constantes dentro de una línea que no la alejaría del pódium? Al parecer, la respuesta a esta pregunta es afirmativa.

Ibargüen, apasionada además por la enfermería, área cuyo estudio lo alterna en Puerto Rico (donde está radicada) con su preparación atlética, nunca tuvo un registro en blanco, o mejor, una bandera roja que hubiese descalificado un intento suyo. Pasó el primer corte con un registro de 14.67 metros que al parecer, iba a ser difícilmente superado, o bien, amenazado por unas rivales, que si acaso, amenazaban a la tercera colocada.

Así, la atleta colombiana saboreaba las mieles del éxito, sonreía incluso cuando se equivocaba, como en su segundo intento en el cual una leve desconcentración le hizo registrar una distancia que, teniendo en cuenta su rendimiento, era pobre. Lo vivía con más tensión su entrenador, quien desde una baranda en la grada, no dejaba de estar atento a los movimientos, o mejor saltos de su pupila, a quien no dudó de corregir de forma categórica en uno de sus últimos turnos. La gloria estaba cerca, ya se podía palpar, pero es en esos momentos, cuando el pan está a punto de salir del horno, cuando más se teme por su suerte, cuando una escaramuza de último minuto conlleva a presentir lo peor, a que la ley de Murphy se aplique con todo su peso.

Fue así como la ucraniana Olha Saladuha, en su última oportunidad, saltó (si, literalmente) desde la quinta posición hasta la segunda plaza. Sus 14.79 dejaban atrás los 14.67 de Ibargüen, quien veía amenazada así su posibilidad de medalla, más cuando Hanna Knyazyeva, ucraniana también, salía a defender su tercer lugar perdido. Era el último tren para ambas. Si Knyazyeva acertaba Ibargüen quedaría fuera del pódium, dentro del cual estuvo casi toda la competencia. No obstante, la atleta europea falló, cosa que aseguraba presea para la antioqueña, quien así no tenía nada para perder, sí mucho por ganar.

Sintonía con el público total. Todos aplaudían al unísono, bajo el ritmo que Ibargüen marcaba con sus palmas. Llegó el momento de correr, de tomar impulso y por último saltar. Fue un esfuerzo visible, pero natural desde su calidad. Caterine Ibargüen superaba no solo su marca sino también la de su rival ucraniana. 14.80 metros contra 14.79. Un centímetro que garantizaba una nueva medalla de plata para Colombia (la tercera en estos juegos, la cuarta si se tiene en cuenta la de bronce conseguida por la judoka Yuri Alvear), un centímetro que permitió ver por fin a un exigente Ubaldo Duany Leveque satisfecho, abrazando casi paternalmente a su dirigida. Un centímetro que mantiene vigente la discusión alrededor de cuáles deberían ser las prioridades deportivas en Colombia…Un centímetro, que son míseros 10 milímetros, y unas cuantas lágrimas de satisfacción, de triunfo, ante la grandeza que trae consigo éxito deportivo.