“Nunca hubo una guerra buena  o una mala paz”

Benjamin Franklin

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Por Diego Firmiano:

El fin de la guerra, es antes que nada el fin del discurso. La guerrilla lo sabe, y más que saberlo, al negociar la paz lo que está haciendo es tomar provecho de su propia decadencia para renovar su interior. La posmodernidad ha aplastado las ideologías, o al menos las ha fragmentado y no poseen la misma fuerza de otro tiempo. La juventud, que mayormente son la carne de los grupos armados, ya no reconoce una praxis que no confirme su veracidad. El capitalismo cumple este signo, pero la lucha por ideas ya no tiene un centro definido porque en sí, es un interior sin exterior.

El patriotismo ya no se entiende en términos de morir por la patria. Las personas creen en una expresión libre. Es decir, si hay que luchar, se debe entender el porqué de tal lucha. Si hay que creer, hay que tener opciones de elegir que creer. Si hay que amar algo, hay que hacerlo de forma personal, alejada de la sugestión. Lastimosamente en la guerra, ni el ejército, que es la facción de derecha, ni la guerrilla, (o las guerrillas) delimita ésta esperanza libre que, garantiza el valor de la libertad y de la razón, primeros presupuestos para erradicar una guerra genérica de amenaza múltiple.

Las guerras libertarias son claramente un eufemismo y están fuera de la aspiración de la comunidad. La guerra no es un juicio de Dios, (sometiéndonos a la opinión del imaginario popular) sino que la realidad es que la decisión suprema entre las partes, no quiere someterse a juez alguno.