Una mirada singular a una región que palpita

Con la serie Buscando el corazón de Colombia, el periodista y escritor  Juan Miguel Álvarez incursiona en el género documental y ofrece un particular acercamiento a la realidad de la región cafetera. Con mirada crítica y todo el rigor del mejor periodismo, Álvarez emprendió un recorrido que nos permitirá cuestionarnos y comprender mejor el pasado, presente y futuro de los tres departamentos y su devenir sociocultural en el marco de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO.

Con 26 capítulos de 52 minutos cada uno, una producción cuidadosa en el manejo de la fotografía y el lenguaje audiovisual, y la frescura de un equipo de trabajo joven y profesional, la serie promete dejar un buen diagnóstico de como palpita el corazón de Colombia. Los capítulos de la serie son transmitidos cada domingo a las 10:30 de la noche por el canal Telecafé.

Juan Miguel A (1)
Por: ​Juan Felipe Gómez

 -Después de Balas por encargo, trabajo sobre el sicariato en la región, usted ha recorrido buena parte del país escribiendo otro tipo de historias para diferentes medios. ¿Cómo fue “desprenderse” de un tema tan delicado y emprender la búsqueda de otras historias?

Fue un desprendimiento necesario. El método que me impuse para elaborar ese libro me volvió un obsesivo con las historias del crimen organizado. Desprenderme era limpiar mi cerebro. Sin embargo, una vez los editores te conocen como reportero de temas de sangre te buscan para invitarte a proyectos periodísticos afines. Así que tardé poco en empezar a viajar a las zonas más críticas del conflicto armado en el país hasta el punto de poder decir que he escuchado las cosas más salvajes y crueles de la guerra en Colombia de los labios de sus victimarios y de sus víctimas. En conclusión, puedo decir que el desprendimiento fue parcial.

-De entrada la serie pone en entredicho la conveniencia de la denominación “Eje Cafetero”, lo cual implica un alejamiento de otro tipo de producciones que exaltan la unidad de los tres departamentos ¿Cómo se planteó esta cuestión al iniciar el proyecto?

En principio estoy de acuerdo con mantener la unidad de los tres departamentos bajo una consigna publicitaria que sería la de “Eje Cafetero”. Pero lo que muestro en la serie es que si bien existen hechos comunes en Caldas, Quindío y Risaralda, también existen profundas diferencias que son de origen histórico y que vienen dadas en el carácter de sus habitantes. Caldenses, Quindianos y Risaraldenses tienen idiosincracias diferentes. Y son esas idiosincracias las que han modelado, entre otras cosas, las ciudades. Para mí son obvias las diferencias entre Armenia, Manizales y Pereira. La primera, una ciudad más consciente de sí misma, satisfecha con su tamaño y sus alcances. La segunda siempre herida por el pasado, siempre en busca de la reivindicación de ese pasado. Y la tercera un poco afanada por aparentar ser una ciudad más grande, menos secundaria en el orden nacional.

 En la serie se conjugan las posibilidades del ejercicio periodístico con un manejo narrativo y estético poco visto en los medios de la región ¿Hay un modelo o línea que le interesa seguir?

Me interesa proponer una televisión que esté más emparentada con el cine. Cuando me propusieron dirigir esta serie condicioné el sí: “Lo hago pero me dejan cambiar todo lo que han hecho hasta el momento”. Propuse una serie que tuviera un punto de vista subjetivo, a veces caprichoso, sobre los aspectos de la historia del Eje Cafetero que íbamos a trabajar. Y que ese punto de vista se tradujera en los enfoques de cada capítulo y en la manufactura audiovisual. Que las imágenes narraran también por sí solas, que no fueran simples acompañantes de los textos en Off o de los testimonios de los entrevistados. Por ejemplo, si alguien le baja el volumen al televisor y se queda solamente con las imágenes el televidente también podrá entender el relato que proponen estas imágenes.

-¿Cómo ha sido el paso del periodismo escrito al audiovisual? ¿Podría mencionar algunas ventajas o desventajas?

Es un paso agradable y nutritivo. Hay muchos momentos del proceso que he debido aprender casi de cero. Por ejemplo, la escritura de los textos. En periodismo escrito he procurado un estilo profuso: de párrafos largos y oraciones subordinadas. De cuidadas descripciones tanto de los escenarios como de los personajes. Y nada de esto funciona en la escritura de guiones para la serie. Esta escritura debe ser más directa, más corta, sin oraciones subordinadas y casi sin ninguna descripción. Más directa y corta porque la lectura de los Off debe ser directa y corta. Y con pocas descripciones porque no hay que pretender suplantar a la cámara.

Otra diferencia es la de la elaboración del tejido narrativo. Esta serie ha buscado la construcción de una imagen muy limpia y bella; es el estilo del realizador que se llama Alejandro Noreña. Y para ello hemos debido repetir y repetir varios momentos simples de mis recorridos. Algunas veces he sentido que mucho del tejido narrativo de esta serie es una dramatización. Al comienzo del rodaje me incomodaba un poco —yo siempre tan sujeto a la búsqueda de la pureza en el relato de no ficción—, pero luego me fui acostumbrando y ya en este momento puedo anticipar qué momentos debemos repetir y dramatizar.

El mes pasado se cumplieron 4 años de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad. En su recorrido para la realización de la serie, ¿qué percepciones ha encontrado sobre lo que significa para la región esta declaratoria? ¿Cuál es su propia percepción al respecto?

Sin duda es un hecho importante. Ha transversalizado la cotidianeidad de buena parte de la población de los tres departamentos. Pero no del modo esperanzador que en un momento se pretendió. He visitado el 90 por ciento de los municipios de los tres departamentos y en todos esos lugares la gente es consciente de la declaratoria, la cita y hasta cierto punto se vanagloria con ello. Pero la población también es consciente de que esta declaratoria no se ha traducido en hechos concretos que hayan mejorado sustancialmente la calidad de vida o el bienestar social. Por ejemplo, la caficultura y otras agriculturas no se han visto especialmente beneficiadas por la declaratoria: el precio del café no es bonificado si trae un sello que hipotéticamente diga: “cultivado en el Paisaje Cultural Cafetero, patrimonio de la humanidad”. La arquitectura tampoco se ha visto especialmente beneficiada: hay casas de bahareque con todos los elementos patrimoniales situadas dentro de los lotes que hacen parte de la declaratoria, pero están para caerse y sus dueños que son campesinos de azadón no han recibido subsidios para mejora de vivienda ni hay un equipo técnico que los piense visitar para decirles: “tranquilo su casa no se le va a caer; como es patrimonio de la humanidad el Estado se la va a parar y a restaurar”. Y así sucede con la mayoría de los atributos que hicieron de este paisaje un patrimonio mundial.

Lo que sí se ha beneficiado ostensiblemente es el turismo. Los empresarios y comerciantes han visto potenciado su escenario laboral. La región se ha vuelto todavía más atractiva para el turista internacional y más competitiva dentro de la oferta nacional. Pero ya todos sabemos que el turismo por sí solo no genera desarrollo ni beneficia al grueso de la población.

El sociólogo Gustavo Pinzón, que hizo parte del equipo que logró sustentar los atributos del paisaje y lograr la declaratoria, me dijo decepcionado: “Queríamos que esto ayudara al campesino, al caficultor, al jeepero, pero terminamos haciéndole el favor a los empresarios del turismo”.

Entre los temas que tratará la serie, ¿cuál le ha generado mayor satisfacción? ¿Ha habido alguno particularmente difícil  de abordar?

La minería. El alto occidente de Caldas ha sido históricamente una zona de oro. La vida en Ríosucio, Supía, Marmato y Quinchía —que es de Risaralda— está condicionada por la extracción minera. Y como es un tema de debate coyuntural y la legislación no ha podido ser aplicada del todo, es un campo de trabajo muy exigente para el periodismo. He debido aprender a interpretar la ley y sus limitaciones cuando se traslada al terreno donde hay una comunidad necesitada. Y también he debido reconocer cuáles son los hechos prioritarios en este debate y cuáles son los secundarios. Entender por ejemplo que el hambre es el marco de referencia y el primer hecho a solucionar. Y que las preocupaciones medioambientales y conservacionistas pueden esperar.

-El componente testimonial y humano se anticipa como clave a lo largo de la serie, ¿qué criterio se tuvo en cuenta para la selección de los personajes?

Criterios periodísticos: que tuviera el conocimiento que requería cada capítulo. Que quisiera compartirlo en cámara. Que tuviera el tiempo y la disposición para dejarse abordar. Y lo que hice junto con la productora de contenido Margarita Herrera fue conseguir tres tipos de personajes: los teóricos y analistas del tema, los expertos por la práctica, y los personajes incidentales.  

-¿Cómo espera que sea la recepción de la serie entre el público de la región?

Espero que la audiencia pueda verla y reconocer allí muchos de los asuntos que atraviesan su cotidianeidad. Y espero que las productoras de televisión locales y regionales se animen a proponer nuevos programas, nuevos formatos, que terminen alimentando la misión educativa de los canales públicos regionales.