Sobre la novela La perra y lo que implicó escribirla trató la conversación con Pilar Quintana, evadiendo ahondar en los hechos que influyeron su creación, como el maltrato sufrido por parte de su excompañero, con quien convivió en Juanchaco, cerca a Buenaventura. Esto porque la violencia padecida por la autora ya ha sido explicada con suficiencia en otras entrevistas.

La novela “tiene que ver mucho con el tema del abandono y de la soledad, entonces tenemos a un personaje que está aislado en una selva, donde su marido se va y la deja muchos días sola, quise reproducir eso”. Fotografía / Carlos Mario Álvarez / Secretaría de Cultura de Pereira

Por: Antonio Molina

Luce más joven de lo esperado, quizá debido a su contextura delgada y baja estatura. Se nota curiosa y salta de alegría cuando desde el último piso del hotel avizora el Bolívar Desnudo. “Todo un referente de Pereira, tengo un amigo gay aquí que adora esa estatua, la considera un símbolo”.

Luego comenta algunas cosas más sobre sus relaciones con la ciudad mientras toma asiento en la pequeña sala adyacente al restaurante. Posa su mirada sobre el interlocutor, lo hace con fijeza y un rasgo de aparente rigidez aflora en su rostro, quizá acentuado por los muy delgados labios que permanecen apretados mientras escucha.

Al contestar parece otra. Su voz es jovial, aunque enfática y sin titubeos para expresarse. No es una mujer que se complique innecesariamente, decide elegir lo pragmático en cualquier interlocución.

Ella es Pilar Quintana (Cali, 1972), autora de varias novelas [Cosquillas en la lengua (2003), Coleccionistas de polvos raros (2007 y revisada en 2010), Conspiración iguana (2009)] y un libro de cuentos [Caperucita se come al lobo (2012)].

En la actualidad promociona La perra (2017), su más reciente novela, la obra que ha tenido mayor acogida entre el público entre toda su producción literaria.

Al indagar sobre si ha recibido críticas desfavorables, dice que ha visto comentarios en redes. En Goodreads, la red donde la gente comenta sobre libros, hay personas que le ponen una estrella y dicen que es malo. “Entonces he visto eso, pero nadie me ha dicho en mi cara que no le ha gustado”.

Esta novela tiene una particularidad, ella es que se lee con agilidad y de una sola sentada, en parte debido a que apenas supera las 100 páginas de extensión. Al respecto comenta que siempre quiso hacer una novela corta, esas que se leen en una tarde, una mañana, que se leen muy rápido. “Creo que yo [lo hice] sin intentar hacerla, porque yo no pensé que estaba escribiendo una novela sino un cuento, logré hacer esa novela corta, entonces a mí me parece absolutamente maravilloso”.

En la novela abunda el silencio, pero no es aquel silencio sereno surgido de la soledad de la protagonista. Es un silencio dramático que se potencia con la estructura y manejo rítmico propuesta por la autora. Al respecto comenta que “tiene que ver mucho con el tema del abandono y de la soledad, entonces tenemos a un personaje que está aislado en una selva, donde su marido se va y la deja muchos días sola, quise reproducir eso”.

Es inevitable relacionar la obra con su experiencia personal, adquirida durante nueve años de estancia en Juanchaco, un pequeño puerto en el Pacífico, ubicado a media hora en lancha desde Buenaventura. En cierto momento, permaneció tres meses solo con la compañía de un perro y un gato, viviendo en un acantilado mientras su esposo permanecía internado en un hospital. “Quería reproducir un poco esa vida contemplativa y de mucho silencio, pero siempre manteniendo una tensión, que no fuera una calma de no pasaba nada, sino una calma amenazante, uno siempre estaba esperando que fuera a pasar algo terrible”.

“Me aseguré de que en esos puntos [en las acciones importantes] siempre iba a estar pasando algo o si no estaba pasando algo, estaba la amenaza de que iba a pasar algo”. Foto / Archivo

Estructura, imágenes y ritmo

Una de las virtudes de esta novela es que tiene un ritmo sostenido, el lector permanece atento y en tensión, a la espera de algo terrible que puede suceder a la vuelta de la hoja. Al indagarle sobre cómo fue pensar la estructura de este ritmo sostenido, refiere que empleó la técnica de la escaleta, la misma con la cual se escribe un guion de cine.

“Me aseguré de que en esos puntos [en las acciones importantes] siempre iba a estar pasando algo o si no estaba pasando algo, estaba la amenaza de que iba a pasar algo”.

Este hecho lo constata cualquier lector, porque cuando hay la sensación de que la narración decae, de inmediato sucede algo inesperado. “Lo aprendí escribiendo para televisión, que es la escritura más efectiva de todas. Esas estructuras te ayudan a contar una historia que mantenga atrapada al público televidente, al público sentado en la sala de cine o al público lector, y creo que nunca tuve en la universidad, ni cuando ya empecé mi carrera, alguien que me dijera ‘vea, así se cuenta una historia’”.

Todo lo aprendió escribiendo guiones para televisión, con sus maestros que eran libretistas. Luego los enumera y cuenta lo aprendido de cada uno de ellos. La primera maestra fue Martha Bossio, hizo cursos con ella, era una gran libretista de los años 80 y de principios de los 90. El esposo de Martha, Hernando Martínez, leía sus libretos y le decía de manera puntual qué le faltaba. También estuvo con Juan Guillermo Isaza, con quien escribió el guion de la serie televisiva Cartas a Harrison; trabajando con él aprendió a contar historias.

La sucesión de imágenes que el lector descubre al avanzar las páginas es fruto de esta formación. Es muy fácil hacerlo, pues en esta novela todo está enfocado en la recreación visual del ambiente y de los personajes. “Yo construyo como se hace un argumento para cine, como se hace un guion de cine, que es a través de acciones y escenas”.

Esta técnica de construcción narrativa es una de las que emplea en sus talleres semanales para adultos en la librería Luvina en Bogotá, donde cuenta con un grupo variado de asistentes. “Siempre como que jodo a mis alumnos de mis talleres de escritura creativa: ‘aquí estás reflexionando, mostrá, poné en escena, hacé, antes de sentarte a escribir cerrá los ojos, imaginate la película y contame la película’”.

Aunque evade comentar sus referentes cinematográficos, en particular para esta obra, en La perra hay una película en constante movimiento. “Es mucho más fácil para mí escribir así, contar una película que vi en mi cabeza que escribir sin un referente de imágenes. Mi intento como escritora es que el lector pueda ver lo que yo me estoy imaginando en mi cabeza”.

Secuela de esa formación, escribió además el guion para un largometraje que ganó el año pasado el estímulo integral del Fondo de cinematografía y lo produce 64A Films, la misma productora de Matar a Jesús, Perro come perro y Todos tus muertos. La va a dirigir Carlos Moreno, director de Perro come perro, y se empieza a rodar en julio.

Esta novela “es mi intento por hacer un Viejo y el mar con protagonista mujer, pues no se trata de la pesca, sino que se trata de la maternidad; es mi versión de El viejo y el mar y es un personaje en constante pugna con los elementos”. Fotografía / Carlos Mario Álvarez / Secretaría de Cultura de Pereira

Una voz creíble

Pero no todo fue pensar en imágenes. Pilar refiere que uno de los trabajos más fuertes que hizo en esta novela fue el narrador. Eso lo tuvo claro cuando decidió que la protagonista, Damaris, una mujer negra y pobre del Pacífico colombiano, iba a ser la narradora. En ese momento supo que “no podía contar la novela en primera persona, ni hacer un flujo de conciencia ni hacer un monólogo, porque yo no puedo darle voz a una negra del Pacífico colombiano, aunque sí viví allá nueve años, y sí que puedo contar algo cercano a una mujer del Pacífico, sí que puedo observarla y contar cómo vive”.

Esa apuesta fue, entonces, por un narrador que nos contara a Damaris, pero desde muy cerca, sin ser una primera persona, pero sí un narrador que está muy cerca y vive el drama con ella.

Otro acierto fue ambientar la novela en la orilla del océano Pacífico, impetuoso y violento por su mareaje, una acción que contrastó el hecho de que la selva termina en la playa misma, en los enormes acantilados cimentados en rocas oscuras que producen una arena negra que contagia a un mar también oscuro.

Refiere que esta novela “es mi intento por hacer un Viejo y el mar con protagonista mujer, pues no se trata de la pesca, sino que se trata de la maternidad; es mi versión de El viejo y el mar y es un personaje en constante pugna con los elementos”. La relación de ahogados en esas aguas indomables es uno los puntos llamativos de la novela, porque no se queda en la apreciación idealizada, aborda el miedo que sus aguas causan. La selva, por el contrario, puede significar la esperanza, como cuando regresa con vida lo allí extraviado.

La perra, una novela que habla de lo inhóspito al trazar las huellas de una mujer que busca una inalcanzable maternidad, aliada en esa travesía con un animal que termina siendo una proyección de sus vacíos y desesperanzas. Una mujer hueca junto a una perra que no conoce de lealtades.