El Gobierno ha intentado comprar los terrenos donde se encuentra el volcán de Arboletes, Antioquia, para protegerlo de la erosión costera, pero no se ha podido llegar a un acuerdo sobre el precio con el dueño de la propiedad.

Un atractivo turístico que conjuga la belleza del paisaje marítimo con las propiedades que la gente le otorga al lodo volcánico.

 

Por: Víctor Morales H.

Fotografías: Javier Meza

En Arboletes todo apunta hacia al volcán de lodo, desde las señales de la carretera entre Antioquia y Córdoba hasta los viejos murales que están en la entrada del mismo, donde se explican las supuestas propiedades curativas del lodo del volcán.

Y aunque la Constitución Política de Colombia dice que el subsuelo y los cráteres le pertenecen al Estado, este volcán antioqueño está ubicado en un predio privado, por eso el Gobierno no lo puede intervenir, aun cuando existe la amenaza de la erosión costera.

“Allí siempre ha habido un conflicto jurídico donde el Estado dice que no puede invertir porque es un predio privado”, asegura Diana Garrido, exalcaldesa del municipio.

Juan Carlos Tobón es el dueño del predio que tiene 12 hectáreas y un volcán, el mismo que el Gobierno ha intentado comprar en repetidas ocasiones sin éxito porque no ha podido llegar a un acuerdo sobre el valor del terreno con el dueño.  

Las diferencias en el avalúo han impedido un acuerdo para que el predio sea comprado por el Estado. En últimas se propone una alianza público privada para su manejo.

Entre el 2013 y 2015, según la exalcaldesa, Catastro Departamental avaluó el predio en 1.500 millones de pesos y “el dueño estaba pidiendo 2.000 millones”. Por su parte, Tobón asegura que el predio costaba 1.700 millones de pesos y que a la exalcaldesa no se le dio el precio correcto. Ante ese conflicto, “se habló de hacer dos avalúos más, pero no los hicieron por falta de recursos”, asegura Tobón.

Actualmente se adelantan conversaciones entre Tobón, el alcalde Lorenzo Acuña y la Gobernación para tratar de establecer una alianza público-privada que permita realizar las obras para frenar la erosión y convertir el volcán en un parque recreativo.

Entre tanto, Tobón cobra por servicios de parqueadero, ducha e incluso vende el lodo del volcán en botellas de gaseosa con el argumento de generar ingresos para tratar de frenar, aunque sea de forma artesanal, la erosión marítima en la base del volcán. “El municipio nunca ha hecho ninguna inversión, han intentado, pero ninguna entidad del gobierno ha hecho un gasto”, dice Tobón. Sin embargo, para la exalcaldesa el lugar es el mismo y Tobón “solo recibe la plata, pero no hay mejoras en el volcán”.  

Las obras artesanales para el manejo de la erosión poco o nada han impedido el derrumbamiento del volcán de lodo, afirma la exalcaldesa Diana Garrido.

El volcán está rodeado de cabañas lujosas, la mayoría le pertenece a personas que viven en Medellín. Para Corpurabá, vivir allí es un peligro por la inestabilidad del terreno, pero esto no parece importarle a quienes deciden invertir su dinero en cabañas de lujo alrededor del volcán.

En medio de todas esas cabañas y del olor a petróleo que sale del volcán, vive Sixto Manuel Silgado, el dueño de la casa que desentona entre las cabañas lujosas. “El único pobre soy yo. Toda esta gente tiene plata”, dice Silgado.

Una riqueza turística que parece extinguirse en medio del tira y afloje por un avalúo del amplio predio.

Silgado vive allí desde 1958, cuando el volcán estaba lejos de ser un atractivo turístico porque en el imaginario de la gente era una especie de monstruo que se devoraba cualquier cosa que cayera dentro de él. El hueco era más cerrado y profundo. Había que escalar más que ahora para llegar hasta el lodo.

“En ese tiempo la tierra era de Moisés Reyes (un ganadero del municipio). La gente dice que el volcán tiene dueño, eso no tiene dueño, él apareció ahí por obra de Dios”, asegura Silgado.

Reyes le vendió el predio a la Sociedad Antioqueña de Transporte, que comenzó una obra para ampliar el cráter y dejar el lodo más cerca. “Eso no era así de grande, una casa que estaba ahí al lado se la tragó el volcán, se le hundieron los horcones (columnas de madera)”, cuenta Silgado.

Existen varias versiones acerca de cómo fue que la gente terminó metiéndose al volcán: que las vacas caían en el lodo y no se ahogaban, que un científico cayó por error mientras le hacía estudios y no se hundió. Que “un muchacho que es mudo salió corriendo y se lanzó, la gente gritó: ‘¡mierda se ahogó!’ Y todos estaban esperando la muerte pero él se hundió solo hasta los hombros y salió nadando, y desde ahí fue que se empezaron a meter”, recuerda Silgado. En fin, sobre el asunto se teje toda clase de leyendas.

Pero Tobón, el dueño del predio donde está el volcán, tiene otra versión. Cuenta que, una vez, cuando quienes conformaban la Sociedad Antioqueña de Transporte fueron a Europa para comprar algunos buses, vieron que allá había un volcán turístico con las mismas características que el de Arboletes, en el que la gente se bañaba. “Cuando regresaron del viaje le compraron a Moisés Reyes, después de eso traían todos los fines de semana dos busetas de Coonorte con turistas”, dice.

La fuga de lodo parece irreversible si no se toman medidas de fondo para detener la erosión mediante obras avanzadas de ingeniería.

 

En riesgo por erosión marítima

De acuerdo con el Centro de Atención Inmediata de Arboletes (SOS), la erosión del mar que pone en peligro el volcán se debe a que las olas extraen la arena que está en la base del volcán. Sebastián Valencia, comandante de la estación de bomberos, asegura que la ubicación del volcán lo pone en peligro, está a menos de 100 metros de la playa. Pero a pesar de su cercanía, según Valencia, “no hay forma de monitorearlo”, así lo han corroborado “Corpurabá, la Gobernación e Ingeominas (entidad encargada del servicio geológico colombiano)”, termina.

En los últimos años el volcán no ha mostrado signos de una posible erupción, pero el Centro de Atención Inmediata del municipio dice estar preparado para una eventual erupción o rompimiento del cráter. “Ya hemos atendido emergencias. Hay un cráter que está cerrado, ese es más líquido, más aguado; ahí se ahogó una niña cuando un tipo borracho se tiró con ella”, cuenta Valencia.

Al mencionar lo sucedido, el dueño del predio donde está el volcán asegura que en repetidas ocasiones ha solicitado el cierre total del volcán en horas de la noche. “Cuando comenzamos a cercar los vecinos se quejaron, entonces el inspector (de policía) de la época fue y colocó vallas  diciendo que por ahí podía ingresar todo el mundo”, dice Tobón. Y añade que el problema radica en que la gente ingresa al volcán bajo los efectos del alcohol:   “Parrandean hasta las 4 o 5 y luego se van a meter allá. Ocurrió ese día, un tipo borracho se tiró con la niña, se le advirtió y mientras nos descuidamos él se tiró”.

 

Uso medicinal

Al fango del volcán le atribuyen supuestos sucesos curativos. Dicen que es bueno para la piel, el cabello y que incluso quita los dolores del cuerpo. Silgado asegura haber visto cómo un joven fue sanado de viruela después de haberse bañado en el volcán.

El supuesto hecho ocurrió en medio de una excursión con 16 personas que venían de Medellín. La familia del joven llamó a Silgado para que lo llevara hasta el volcán. “Lo bañé, le unté lodo por todo el cuerpo. Al día siguiente lo llevamos otra vez y a los tres días estaba ‘sequesito’ de la viruela”, cuenta Silgado.

El lodo del volcán es utilizado especialmente para la piel del rostro, lo que lo ha convertido en un producto apetecido por los visitantes. Para Melissa Duque, turista que viene de Medellín, “el lodo del volcán es bueno para limpiar la piel del rostro”. Asegura haber sufrido de acné, pero que después de aplicarse el lodo por algún tiempo la infección desapareció. Y agrega: “no se puede dejar perder el volcán, que es un referente de Urabá en el departamento”.