YOHIR AKERMAN: ‘EL PAPEL DEL PERIODISTA ES INVESTIGAR’

Yohir Akerman ha sido columnista de El Espectador, El Colombiano y La República, donde ha hecho una labor constante de periodismo investigativo denunciando casos espinosos como los vínculos entre varios miembros de partido Centro Democrático con narcotraficantes, o asuntos de corrupción como el caso de la manipulación de testigos en la que se ha visto envuelto el expresidente Álvaro Uribe. Conversamos con él sobre el oficio del periodismo, la pertinencia y necesidad de las unidades investigativas y el riesgo que encarna en un país tan polarizado como el nuestro.

 

Por / Antonio Molina

¿Por qué hacer periodismo de denuncia?

Esa pregunta me la hace mi esposa todos los días, pues es un ejercicio que lleva a someterse a unos riesgos grandes. Lo que he encontrado en mi camino es que con la crisis que ha tenido el periodismo con la transformación de los medios, el periodismo de denuncia se ha venido perdiendo. Siento que hay una obligación de quienes tenemos la curiosidad por este tipo de periodismo de hacerlo. Si yo no me exijo a mí mismo ponerme en riesgo por hacer denuncia, no puedo esperar que alguien más los asuma. ¿Si yo no estoy dispuesto a jugarme la camiseta, por qué alguien más si debería estar dispuesto?

 

¿Cuáles son esos riesgos en Colombia?

Son de todo tipo: sociales, económicos, jurídicos. Se empieza por perder amigos o por algo que me pasó en un avión donde se me acercó alguien y me dijo que yo le estaba haciendo daño al país, o que constantemente me denuncien penalmente por injuria y calumnia. O riesgos de seguridad que vienen por denunciar grupos de poder oscuros. Entonces, de nuevo los riesgos son todos, pero si no estamos dispuestos a asumir esos costos nos vamos a quedar sin denuncia.

Los enfrentamientos verbales con el exsenador Uribe han sido parte de los efectos de sus columnas. Fotografía / Cortesía

Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, son de las zonas más uribistas del país. Acá ganó el No en el plebiscito. ¿Qué siente cuando visita esta región?

Si la pregunta es si tengo miedo o prevención porque es una zona controlada por grupos sobre los cuales yo escribo, la verdad es que no. Mi vida la vivo de manera tranquila e indiferente de donde esté y mis opiniones son mis opiniones estando en Pereira, Bogotá, Medellín o Miami, que es donde vivo, o en cualquier lugar.

 

¿Cómo nació esa necesidad de hacer periodismo de denuncia?

Es algo que ha venido creciendo desde hace varios años. Antes del Espectador tenía una columna en El Colombiano, y antes de El Colombiano tenía una en La República. Entonces lo que hice fue ajustar la columna al medio y a la audiencia a la cual le estaba hablando. La República es un periódico económico, eran temas económicos. Cuando tuve el privilegio de ser columnista de El Colombiano me di cuenta que le estaba hablando a una audiencia supremamente conservadora, católica, de derecha, supremamente cerrada, entonces establecí que mi identidad y mi misión era tratar de abrir el espectro, de abrir los ojos de aquellos sectores tan cerrados. Tuve columnas de denuncia en algún momento, otras netamente de opinión, como la columna por la cual me echaron de El Colombiano. Cuando paso a El Espectador, que es famoso por sus columnistas de opinión y además en el espacio del domingo, pues hay que hacer una diferenciación de los demás. En El Espectador escriben grandes plumas, personas que admiro desde mis primeros pasos como Héctor Abad Faciolince o Ramiro Bejarano, entonces entendí que mi espacio para abrirme una audiencia y respeto dentro de ese medio era con el periodismo de denuncia, lo que es muchas veces una camisa de fuerza, porque los lectores siempre están esperando que uno salga con la denuncia y cuando no lo hace hay cierta decepción. Generar una denuncia semana a semana es un trabajo monumental por los retos que eso conlleva. Ese fue el camino que me llevó al tipo de columna que escribo hoy en día.

 

¿Cuáles son esos maestros que han marcado su devenir?

Hay muchos. Tengo que empezar por decir que no soy periodista sino abogado y politólogo, tengo estudios en economía. Admiro a grandes plumas del periodismo investigativo como Daniel Coronell, Ramiro Bejarano, Daniel Samper Pizano, y otras personas de quienes aprendí que hay que tener el valor de pararse frente a los grupos de poder y decirles lo que está mal hecho. La gente alrededor, esté o no esté de acuerdo, va a respetar ese trabajo. Un día Daniel Coronell me dijo “tienes que entender que la mayoría de lectores no te van a leer porque respeten lo que estás haciendo, sino porque van a necesitar seguir odiando lo que tú estás haciendo”. En el fondo lo enmarco en una columna de opinión, porque lo que yo hago es presentar hechos para plantear mi opinión.

 

En Colombia los columnistas hacen opinión y denuncia, algo que no ocurre en otros países. ¿Qué significa eso para usted?

Significa que los medios vienen atravesando una crisis que se ha marcado en Colombia de una manera distinta a otros países. Cuando los medios entran en apretujes económicos son las Unidades Investigativas lo primero que se recorta, porque son algo así como un carro lujoso: hacer investigación es costoso, requiere tiempo, es como lanzar diez cañas de pescar al agua y de pronto una sale con un pescado, es un trabajo donde hay que invertir mucho y el resultado es poco. En ello hay que saber diferenciar el periodismo de denuncia del periodismo de filtración, y es que las instituciones colombianas muchas veces terminan es filtrando a los grandes medios para que estos hagan de caja de resonancia, según la agenda de cierta institución. Entonces hay que saber diferenciar, porque una cosa es lo que a uno le den y le filtren, y otra cosa es lo que uno descubre y prueba a partir de su propia investigación.

Los columnistas Daniel Coronell (izq.) y Akerman (der) han tenido como uno de sus más reiterados temas al exsenador Uribe. Fotografía / Cortesía

¿Por qué siempre la lupa sobre Álvaro Uribe? ¿Eso no es servirle también de caja de resonancia?

Mi trabajo no es sólo sobre paramilitarismo, es sobre muchos grupos de poder, incluido el gobierno de Santos. No diferencio un lado del otro, pero ¿por qué más de un lado que del otro? Creo que estamos en un momento interesante, nos dimos cuenta que al país se le mintió en ciertas cosas y el trabajo del periodismo tiene que ser tomar posición. Lo primero, abusos de Derechos Humanos; lo segundo, mentiras públicas; lo tercero, corrupción. Estamos en un punto en donde se ha polarizado tanto el país y Uribe ha intentado presentarse como la salvación a esa hecatombe que fue hacer las paces con las FARC. Eso lo que ha hecho es llevar a muchos periodistas a que digamos que ni hecatombe, ni salvación: otras son las realidades, por ejemplo, de lo que hizo Uribe durante el proceso de paz con los paramilitares…

 

¿Qué le espera al país con la crisis de los medios, cada vez más pequeños, cada vez más débiles, cada vez con menos recursos?

Creo que hay gente valiosa haciendo trabajos sin esperar ningún retorno económico, sino poder servir a una comunidad, sea la que sea, sea un pueblo pequeño, sea un público internacional. El trabajo se ha ido diversificando para que aquellos que tenemos interés en denunciar a los grupos de poder podamos hacerlo.

 

Y una última pregunta: ¿Cuál cree que es la gran falla del periodismo investigativo en Colombia?

Yo creo que nace desde el concepto: para mí todo el periodismo es investigación, lo que no sea investigación me parece relaciones públicas, publicidad. El periodista por definición tiene que corroborar sus fuentes, tiene que investigar sus temas, sea económico, de cultura, de lo que sea, cuando no investiga cae en el facilismo y la ligereza, que hacen daño. El gran problema nace en esa definición que cree que el periodismo de investigación es como otro brazo, algo distinto donde hay una gente que investiga y se mete en problemas, cuando resulta que no es así: ese es el papel del periodista, investigar.