“Las crueldades y complicidades que el olvido teje se visten de metáfora, solo desde allí es posible enunciarlo. El ser olvidadas retumba por los huecos corredores de la cárcel y una de las metáforas que más resonancia tiene es aquella que dice “somos flores marchitas”.

 

Por / Natalia Andrea Uribe Tapasco

Los derechos de las mujeres han variado históricamente. En el Egipto Antiguo tenían las mismas libertades que los hombres, un caso muy conocido fue Cleopatra, quien tuvo una influencia importante en su época; su poder y su educación fueron trascendentales para los cambios históricos que vivió el imperio durante su gobierno.

En la sociedad escandinava durante la era vikinga,  aunque no hay certeza sobre ello, hay hipótesis que pueden evidenciar que la mujer cumplía un papel importante, su rol no solo se centraba en procrear, tenían muchas más libertades, derechos y poder; eran guerreras, su sexualidad no era cuestionada y podían solicitar el divorcio libremente.

En Colombia, un ejemplo de mujer luchadora, fuerte y que se desprendía del estereotipo o del papel que se cumplía dentro de la sociedad fue la Cacica Gaitana, indígena que lideró una resistencia armada en contra de la colonización española, entre otras mujeres.

No obstante, la historia no ha sido muy benévola con las féminas, pues la cultura se ha encargado de inferir que su función natural es parir; mientras que a los hombres les corresponde una infinidad de oficios y cargos que pueden ostentar, pues por mucho tiempo, los estudiantes y profesores eran solo hombres, los jueces eran hombres, los médicos y cirujanos eran hombres, todos los alcaldes y gobernadores eran hombres, los escritores, arquitectos, poetas, filósofos, pintores, eran hombres.

En la literatura griega se encuentra, según el relato de Hefesto hijo de Zeus y Hera, la narración sobre cómo Zeus acostumbraba a golpearla y cuando Hefesto quiso defenderla, Zeus lo golpeó, dejándolo cojo para siempre.

Mujeres en prisión reciben visita de sus hijos. Fotografía / Cortesía

En la democracia de Atenas del siglo V a.c. una mujer gozaba de una condición legal independiente de la del hombre, se le prohibía participar en las asambleas populares o ser juez, no tenían acceso a la educación, ni dedicarse a los negocios, ni al discurso filosófico, eran ciudadanas de segunda categoría.

Y el problema no acaba, en la actualidad, con relación a la salud y educación de las mujeres se invierten menos recursos; tienen menos oportunidades económicas, menos poder político, menos libertad de movimiento y su sexualidad está constantemente comentada e intervenida por los hombres y el Estado; adicional a esto, las tradiciones y pensamientos culturales no ayudan con el progreso.

¿Pero por qué se originó todo esto? Según Yuval Noah Harari, en De animales a dioses, se ha originado por mitos infundados y no en hechos biológicos. La teoría más común es que los hombres son más fuertes y que han utilizado su potencia física para obligar a las mujeres a someterse. Asimismo, podían tener acceso a las cosechas y a la agricultura, lo que permitía tener el monopolio de los alimentos.

La segunda teoría se enfatiza en la violencia, la cual infiere que el hombre tiene tendencias a ser más violento y guerrerista que la mujer. Otro aspecto importante, es la maternidad, cuando la mujer se encontraba en embarazo tenía pocas oportunidades de obtener comida y necesitaba mucha ayuda, y con el fin de asegurar su supervivencia y la de sus hijos, no tenía más opción que aceptar las condiciones que el hombre estipulaba.

Así también lo hace Simone de Beauvoir, en el Segundo sexo, afirmando que la menstruación en la mujer no ayudó mucho para que esta pudiera participar activamente en las guerras, caza y conforme iba pasando la historia, en las labores sociales y políticas que sí podían cumplir los hombres el cien por ciento de su tiempo.

Así, entonces, e independientemente de su origen, históricamente la sociedades patriarcales, la iglesia católica y las monarquías impusieron un sistema social donde imperaba el hombre y ha trascendido a lo largo de nuestra historia y cultura occidental.

En nuestra época se dan grandes avances con respecto a la injerencia de la mujer en la sociedad, se le han otorgado derechos y libertades que anteriormente sería impensable acceder: la educación, opinión y su autonomía como ser humano se ha estado garantizando paulatinamente.

Sin embargo, todavía existen muchas problemáticas por resolver, una de estas es su situación en los establecimientos carcelarios, es un fenómeno que poco se estudia y se visualiza, pues como se ha mencionado, las personas que se encuentran encarceladas son gravemente estigmatizadas, sus derechos y su dignidad humana se ve completamente desfigurada y los recursos que reciben por parte del Estado son mínimos.

Así pues, y centrándonos en la historía de la criminología, autores como Beccaria y Bentham analizaron las conductas penales y sus castigos, concluyendo que debe haber una racionalización y humanización en las penas, debía imperar el respeto por el ser humano, la proporcionalidad entre el delito y la pena y la finalidad de un castigo, el cual debía ser exclusivamente la resocialización y reinserción.

Sin embargo, los estudiosos y teóricos infundieron teorías pseudocientíficas sobre la mujer en la criminalidad, por ejemplo, Lombroso pensaba que el comportamiento criminal de la mujer estaba relacionado con aspectos fisiológicos como la menstruación, hasta el punto de afirmar que la gran mayoría de los crímenes femeninos se producían durante dicho ciclo.

Freud reconoció en las causas de la criminalidad femenina algunos aspectos profundos de su naturaleza biológica, entre ellos, la menstruación, fenómeno biológico que era asumido por ellas como un castigo; y lo mismo ocurría con la ausencia de pene, lo que les recordaba su estatus inferior en relación con el hombre, haciéndolas envidiosas y vengativas.

Toda esta información se encuentra en el libro El lugar de los olvidos. Vulnerabilidad de las mujeres en prisión, de Blanca Inés Arellano Cáceres e Inés Patricia Zorro Arellano, mujeres pereiranas y grandes estudiosas de la problemática jurídico social que viven las reclusas en los establecimientos carcelarios, para el caso particular, La Badea en nuestro municipio, que recibe poca ayuda humanitaria y mucha estigmatización social.

Aclarando que este fenómeno no solo la viven las mujeres, los hombres dentro de sus cárceles también tienen grandes dificultades para afrontar su estadía, pues el Estado poco los recuerda. No obstante, y después de leer esta investigación, se puede concluir que se hace necesario establecer una perspectiva y política de género dentro de la criminología y la ley penal con respecto a la mujer, ya que muchas son madres y a partir de ahí se genera un desprendimiento total del núcleo familiar, y no solo esto, el hecho de que tengan que convivir en la cárcel con sus pequeños hace que esto sea aun más degradante.

Por esto, invito a todas las mujeres a leer este libro, muy profundo y nos hace sensibilizar sobre el tema. He aquí un fragmento:

Es el olvido la compañía permanente de las mujeres presas. El olvido desempeña un doble juego: por un lado, las mujeres presas se convierten en ausencias al ser olvidadas por la familia y por las personas cercanas; por otro lado, aprenden ellas mismas a olvidar a los otros y al mundo exterior para poder reconstruir algo diferente. Las crueldades y complicidades que el olvido teje se visten de metáfora, solo desde allí es posible enunciarlo. El ser olvidadas retumba por los huecos corredores de la cárcel y una de las metáforas que más resonancia tiene es aquella que dice “somos flores marchitas”.