Desde la beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez, se han publicado artículos y se han presentado análisis que pueden dar luces, pero que también  sesgar la comprensión. Es muy claro que la figura del Papa Francisco trae una visión nueva del mundo y de la misma Iglesia. Por eso, antes de él, no había sido posible reconocer la persona, el martirio de Romero y la devoción del pueblo salvadoreño. Pero, todavía hay mucho por andar. En esta ocasión, se hizo mención del sacerdote jesuita, asesinado en el 77, Rutilio Grande, salvadoreño. Cuya muerte fue determinante en la postura de Romero. Porque se ha dicho que el obispo mártir era realmente conservador, pero que en la medida en que la realidad se puso imposible, se comprometió cada vez más y habló con mayor verticalidad.

Por: Andrés Calle Noreña

Rutilio Grande, imagen tomada de es.wikipedia.org

Rutilio Grande, imagen tomada de es.wikipedia.org

Oscar Romero, sacerdote salvadoreño, conocido por su defensa a los derechos humanos, y por haber sido asesinado durante una misa. imagen tomada de: biografíasyvidas.com

Oscar Romero, arzobispo salvadoreño, conocido por su defensa de los derechos humanos, y por haber sido asesinado durante una misa.
imagen tomada de: biografíasyvidas.com

Junto a estos dos personajes también habría que nombrar a otro sacerdote, éste guerrillero y quien fue asesinado en combate, en 1978, Gaspar García Laviana. También estaban los de la UCA que cayeron en el 89. Ignacio Ellacuría, quien  murió  “junto con los jesuitas Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López. Fueron también asesinadas Elba Julia Ramos, persona al servicio de la Residencia, y la hija de ésta, Celina, de 15 años”.

Por el momento, y en El Salvador, habría que  plantear distinciones, entre: quienes tienen una repercusión política, desde su vida religiosa; los activistas revolucionarios, y los académicos. Para los primeros, su centro de vida era el Evangelio y su coherencia los llevó a enfrentar los abusos del poder. Está el otro caso, parecido al de Camilo Torres en Colombia, el de un sacerdote que, ante la sin salida de una coyuntura histórica, llega a impulsar la revolución y a justificar la intervención en los combates. Por último, los de La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, la UCA, un grupo de jesuitas y dos seglares, hacen parte de un proyecto académico, privado, confesional. Ellos estaban vinculados con pastoral social, con trabajos de pedagogía, investigación, de gran incidencia en un país empobrecido, con necesidades de formación y de criterio científico, y del conocimiento en general.

Camilo Torres Restrepo, sacerdote colombiano, pionero de la Teología de la Liberación. Imagen tomada de: seminariocamilotorres.wordpress.com

Camilo Torres Restrepo, sacerdote colombiano, pionero de la Teología de la Liberación.
Imagen tomada de: seminariocamilotorres.wordpress.com

Ni Ellacuría, ni los compañeros, ni García Laviana, han sido relacionados con la beatificación de Romero. Posiblemente, haya que revisarlos desde su perspectiva social, política, y desde la dimensión eclesial.

María Elvira Samper en su artículo Un abismo entre obispos (ver artículo aquí) hace una comparación entre Romero, Hélder Cámara y Enrique Angelelli, con Builes, de Colombia. Éste es equilibrado, hasta cierto punto, y por lo menos no hace una caricatura. No es fácil hacer este paralelo, porque  son circunstancias y épocas muy diferentes.

Así como se ha hecho una relación entre Romero y los otros hombres de Iglesia, en El Salvador, que es diminuto, habría que hacerlo con Dom Hélder, en el Brasil, que es un casi un continente y que ha tenido otros Obispos, como Casaldáliga y un ex fraile luminoso como Leonardo Boff. El caso de la Argentina es también muy complejo, con gran cercanía entre los dictadores y la Iglesia como institución.

Tampoco es equiparable la pastoral en contextos culturales como el de los campesinos centroamericanos, el gran mestizaje y las urbes de Brasil y un universo argentino de una gran mayoría de hijos de inmigrantes europeos. Estos escenarios tampoco son los mismos de Colombia, y menos de Antioquia, en la primera mitad del Siglo XX.

En cuanto a Builes fue el Obispo de una Diócesis inmensa, entre 1924 y 1971. Sobre él falta mucha información y análisis, lo que en parte adelanta Samper. Ella trae la referencia clara de las pastorales del prelado. De éstas habría que hacer un análisis político, retórico y lingüístico, muy riguroso, y es una investigación que está pendiente.

Pero, además, hay que tener claras las condiciones de vida y la trayectoria de Builes. Él había nacido en 1889. Entonces, las luchas entre conservadores y liberales del fin de ese siglo van a repercutir en su talante. No obstante, él pertenecía a una familia de campesinos de Donmatías, quienes estaban totalmente ausentes de las lides del poder y de las contiendas. Ellos lo que sí recibieron, en cambio, fue el impacto del anticlericalismo, el peso de lo que se asumía como la persecución de la Iglesia y de la fe.

Miguel Ángel Builes , eclésiástico y escritor colombiano. Fue obispo de la iglesia católica. Imagen tomada de: delegacionmiguelangelbuiles.blogspot.com

Miguel Ángel Builes , eclésiástico y escritor colombiano. Fue obispo de la iglesia católica.
Imagen tomada de: delegacionmiguelangelbuiles.blogspot.com

Hay que entender que la organización del Estado era incipiente, endeble. En este punto es necesario traer la influencia de Pedro Justo Berrío. Él fue decisivo para la consolidación de lo que podría concebirse como lo público, en Antioquia y en Colombia. Es paradójico, porque si bien él se adhirió al partido conservador, podría bien ser catalogado tanto como moderno, civilista (y no tanto como guerrero), un ilustrado, y por todo esto estar más cercano a lo que se esperaría de alguien con una visión más librepensadora, o por lo menos no autoritaria ni retrógrada. Todo esto para insistir en que en la provincia de Antioquia y en el Norte, porque además Berrío era de Santa Rosa de Osos, había una gran influencia de pensamiento conservador.

Por otra parte, la administración eclesial era totalmente diferente a la del resto de Colombia. La fundación de Diócesis de Santa Rosa de Osos es apenas de 1917. Antes hubo un periodo de gran indefinición, porque se dependía de Popayán y luego de Santa Fe de Antioquia. Esto para resaltar que todo estaba por hacer, que no había una tradición eclesial cimentada. Habría que estudiar mejor cómo se podía promover la vida eclesial en unas regiones tan desasistidas, con fieles tan dispersos. La vida de los sacerdotes y la práctica religiosa eran desarticuladas, no había grandes órdenes, ni instrucción de doctrina, ni una Iglesia poderosa, rica. Todo lo contrario. El primer Obispo fue Monseñor Crespo, que venía de Popayán.

Antes de seguir con el análisis, hay que traer otra referencia y es la llegada de padres Eudistas, franceses, a Cartagena en 1883. De alguna manera ellos venían a llenar la ausencia de los jesuitas, que ya habían sido expulsados por segunda vez del país. Esta comunidad había sido testigo de los horrores que sufrió la Iglesia, después de la revolución francesa. Ellos tenían el espíritu de los sobrevivientes y  de quienes habían experimentado el despotismo ilustrado. Vinieron a retomar el seminario de Santa Fe de Antioquia en 1888. Un seminario que antes habían estado regentado por los Jesuitas. Allí se formó el joven seminarista Builes.

En el momento de recibir la Diócesis, en 1924, como segundo obispo, un sacerdote de 35 años, Builes va a trabajar de la mano de los Eudistas.  Allí comenzó un trabajo de organización de un seminario diocesano, fundación de otro de misiones y tres órdenes de mujeres religiosas.

Es pertinente revisar las referencias, los puntos de partida de cualquier afirmación. Por ejemplo, la Diócesis de Builes era muchos más grande, casi unas tres veces más, que toda la República de El Salvador.

De todas maneras, tanto los Eudistas como su Pastor se dedican a un trabajo espiritual y de formación en la fe. Si más adelante esta pastoral tendrá repercusiones políticas es otra cosa. Por ejemplo, sería importante diferenciar y comparar, la acción de Builes con la de Ezequiel Moreno, en Pasto. Además, el momento del episcopado de Builes coincide con la hegemonía conservadora. Por lo tanto, en el inicio de toda esta gesta no tenía que oponerse al Gobierno, simplemente porque éste se apoyaba en la Iglesia.

A este marco histórico hay que agregarle la Revolución Rusa, de 1917. En estas circunstancias, se impone el propósito de la defensa de la fe, de las grandes misiones. El panorama era éste: había que formar una iglesia doméstica, apoyar la evangelización del mundo entero y emprender la lucha contra el comunismo internacional.

Por esto es muy comprensible que el lema del episcopado de Builes sea, tomado de las cartas de San Pablo, 1ra a Timoteo 6:12, Pelea la buena batalla de la fe.

Además, vendrá la Guerra Civil española, de 1936. Builes recibió las noticias del martirio de los sacerdotes y religiosas que  se sucedió en esta contienda, y esto hacía sufrir su corazón de Pastor.

El problema central, para Builes, y para la Iglesia, era el ateísmo. Las ideologías políticas no las tenían claras, y por esto incurrían en contradicciones.

En este punto, hay que diferenciar entre lo que es el liberalismo, sobre todo el decimonónico, y el comunismo soviético y español, que pertenecen a dos proyectos sociales muy diferentes. Por lo demás, son propuestas antagónicas. Porque, para los liberales, sobre todo los de derecha, en Occidente, y después de la Segunda Guerra, el objetivo principal era extirpar el  comunismo. Mientras que del otro lado, los soviéticos y los marxistas en general, atacaban a Occidente con su liberalismo burgués.

Hay pues una gran confusión tanto en la concepción que se tiene desde la Iglesia, para proyectarse en la política; como, puede pasar, en la política, para profundizar en el conocimiento de la dimensión eclesial.

Para un Obispo de las montañas y para sus fieles todo estaba ligado con la angustia de la apologética, la defensa de la fe. Los ateos, fueran éstos liberales o comunistas, ante todo eran ateos y por tanto eran enemigos de la fe.  Los fieles recibían instrucción religiosa y actuaban con mucha ignorancia.

Cabe hacer énfasis en que, por lo menos en la meseta de Santa Rosa, la violencia partidista del 50 y del 60 no se propagó como en otras regiones del país. Sí fue muy cruda en el bajo Cauca y en Peque (también dentro de la Diócesis, pero falta ver si esto estaba todo dirigido, orquestado por un Obispo y sus sacerdotes). La conexión que podrían tener los agentes de las masacres, los conservadores, del resto de Colombia, con Builes, es algo que se trata con mucha ligereza. Esto no está suficientemente documentado.

Builes asistió al Concilio Vaticano II, pero a su regreso tuvo grandes dificultades y pronto se enfermó y murió en el 71. A él no le correspondía este aggiornamento.

Hasta aquí va la primera parte del trabajo por hacer, con respecto a la figura de Builes. La otra parte es la de sus compañeros y la de los Obispos en Colombia.

En el seminario de Santa Rosa de Osos y en el de Yarumal se formaron centenares de sacerdotes y una veintena de Obispos que fueron muy influyentes en buena parte del siglo XX, en toda Colombia, y algunos de ellos  se fueron a las misiones extranjeras.

La pregunta que queda por hacer es: Si la formación era un núcleo, si había una unidad en la instrucción eclesial ¿por qué salen otros obispos tan diferentes a Builes, dentro de esta experiencia social y eclesial? Si hay tantas críticas al personaje Builes,  ¿Cómo se puede entender la orientación de una pastoral que tiene grandes frutos, que deja una huella tan significativa?

Oscar Romero, sacerdote salvadoreño, conocido por su defensa a los derechos humanos, y por haber sido asesinado durante una misa. imagen tomada de: biografíasyvidas.com

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez: sacerdote salvadoreño, conocido por su defensa a los derechos humanos, y por haber sido asesinado durante una misa.
imagen tomada de: biografíasyvidas.com

Hay que resaltar, entre muchos otros Obispos, a Jesús Emilio Jaramillo Monsalve. Tal vez, como Romero, se podría hablar de él como un prelado, además de inteligente y elocuente, conservador. Pudieron decir de él que era amigo de los militares, pero nunca que era alguien que bendijera el abuso del poder. Más se puede asociar con la institucionalidad. Pero lejos de ser beligerante o reaccionario, era un hombre bueno, íntegro, impecable. Fue secuestrado y asesinado por el ELN, en 1989.

También, está Gerardo Valencia Cano, Obispo en el Vaupés y luego en Buenaventura. Él sí se ‘convirtió’, después del Concilio Vaticano II, en uno de los adalides de una teología liberadora. Hay que preguntarles por él a los porteños que sí lo conocieron y supieron de su compromiso y defensa de los más pobres. Fue de los fundadores del grupo Golconda. Él murió en un accidente de aviación, en 1972.

El otro jerarca, que no está relacionado con Builes, y que es considerado un mártir de las causas de justicia es Monseñor Isaías Duarte  Cancino. Primer obispo de la Diócesis de Apartadó, en el Urabá. Luego arzobispo de Cali. Fue asesinado, como Romero, después de una ceremonia religiosa, en el 2002.

Estos tres obispos pertenecen a momentos diferentes, a regiones específicas del país.  Por esto, su labor y pensamiento, su compromiso, hay que darles un contexto y hay que ver cuáles son su repercusión política, social, y su dimensión eclesial.

Hace falta entender que la Iglesia, por lo menos en Colombia tiene una presencia institucional y también que tiene énfasis, participación, compromisos muy singulares. Ni se puede criticar toda la Iglesia como estructura de poder, o porque haya estado cerca de los poderosos. Ni se podría generalizar, en un sentido o en otro, la influencia de un prelado, de una comunidad, o de una diócesis.

Así podemos concluir, que las comparaciones son difíciles y riesgosas. Que el artículo de María Elvira Samper sí es importante, pero que se puede quedar sin el suficiente contexto. Que si hacen santo a Builes es un problema del Vaticano. Además, Builes es hijo de su tiempo y sus circunstancias. Cuando se habla de él hay que tener en cuenta sus obras y la influencia que tuvo en sacerdotes, religiosas y laicos. Si no se acercan a los discípulos, el conocimiento que se tenga de Builes está incompleto. Hay Obispos colombianos que surgieron de las cosechas de Builes y son realmente profetas, y uno de ellos mártir. Y cuando nos referimos a los Obispos que encarnan el Evangelio, en América Latina, hace falta tener en cuenta a Jaramillo Monsalve y Duarte Cancino. Ellos dos, y Valencia Cano, con Romero, dentro de la Iglesia se pueden denominar hombres de Dios, de Evangelio. Dentro dela sociedad, de la democracia y la justicia, hay que ver en ellos personas de entrega, de cercanía con el pueblo, de respeto y dignidad.