Cuestionamos cómo se nos pasa la vida soñando, planeando y viviendo a millón sin disfrutar las pequeñas cosas de las que está hecha la vida… Le cuento un poco sobre la historia del blues y quien era el bluesman desaparecido y el compu sigue emitiendo notas maravillosas, ahora B.B. King junto a Buddy Guy llenan el ambiente…

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B.B. King y Buddy Guy, una pareja descomunal.

Por: Fermín López

“Oh yes I know, there must be a better world somewhere…” (Oh sí, yo sé, debe haber un mundo mejor en alguna parte…). Canto al unísono con una grabación de Dr. John y Rito Rey (Riley King), más conocido en los bajos fondos del blues como B.B. King (Blues Boy King), mientras barro hoy domingo el corredor de mi casa con una escoba de paja que me vendió doña Dioselina, una amable octogenaria de la vereda.

Esta semana estiró los guayos, o más bien colgó la guitarra el rey del blues. Parece que fue ayer cuando lo conocí en el legendario CD Kansas City 1972 que compré en algún agáchese por la carrera séptima u octava hace muchos años, cuando vivía en mi adorada y loca Pereirita. Así que hoy domingo, me toca la nostalgia y pongo a sonar las seis cuerdas mágicas y la voz adolorida y elástica de B.B. King, cantando la herencia cultural de los antiguos griots que viajó en la sangre africana, llevada a la fuerza a América y esclavizada a lo largo del continente, donde un grupo de esclavos esparcidos en el Misisipi, configuraron uno de los estilos musicales más maravillosos de la música…-“¡It´s my own fault baby!…” Trato de improvisar un falsete y muevo mis dedos a lo largo de la escoba que ahora tengo cargada en posición horizontal como tocando guitarra mientras veo de soslayo el video de B.B. King que tengo en el computador en una mesa del pasillo mientras hago oficio y veo al King tirándole picos (besos) al micrófono, cantando junto a Bobby Blue Bland y en ese instante siento que me dicen: “¡Ole Fermín! ¿Qué te pasa home? ¿Te poseyó el Mandinga?”. Volteo, acordándome de la leyenda de que Robert Jhonson le vendió el alma al diablo en un cruce de caminos para tocar el mejor blues de todos los tiempos, y miro que es Andresito, un primo hermano que no veía hace más de siete años.

-“¡Qué hubo pues ole!”, respondo y suelto la escoba y nos fundimos en un abrazo.

-“Este monecas como estás de grande home. ¡Gordo y cacheticolorao! Qué hace que estabas gateando y de nudito atrás…”. Le digo mientras él mueve sus manos al aire gozándome como cuando yo estaba imitando al rey del blues tocando la guitarra y le digo entrando a la cocina: -“¡Este verriondo si es más cansón que un submarino de remos! Descargá pues la maleta y vení te preparo una caspiroleta (eso es un bebedizo energético que hacemos po´acá con huevo batido, leche y panela). –“Y como dites con el rancho?” le pregunto mientras saco unos huevos de un canasto. –“Pues de tu casa me indicaron y preguntando se llega a Roma”, me contesta Andrés mientras acerca un butaco y se sienta a ver como hago el brebaje…

Andresito ya debe estar pisando los treinta años, vivió con nosotros de niño en casa de mis padres un tiempo. Luego nos veíamos en las reuniones familiares y lo último que había sabido de él era que estaba varado (sin trabajo) y se fue pa´l extranjo en busca de un mejor futuro porque esto acá estaba más duro que ver morir a la mamá de hambre…
“Oíste Fermín, está bacano el rancho, yo no creí cuando me contaron que habías agarrao monte. Ese verraco está más loco que una cabra me decía y me toteaba de la risa…”, exclama dándome unas palmadas en el hombro mientras mira el horizonte verde y yo le digo sonriendo: “Perro viejo late echao…”
Le explico mostrándole el paisaje de la finquita que hasta donde le alcance la vista es mío. –“Procurá pa´ que la vista te alcance hasta estas maticas de cidra de acá en frente porque de ahí pa´ allá tiene otro dueño”, aclaro.

Sentados en un tronco seco de un viejo árbol que reposa en el prado de mi casa, recordamos nuestra niñez y más tarde me cuenta cómo fueron de tenaces sus últimos días en Locombia antes de decidirse por abandonar la patria y probar suerte en otro lado
, y en ese instante llega un hilo de voz desgarrada de B.B. King que canta:“Well, my bad luck is falling down like rain, well, my bad luck is falling down like rain, no matter what I do, seems like luck won´t never change…” (Bueno, mi mala suerte cae como lluvia, no importa qué haga, parece que la suerte nunca cambiará).

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-“Oíste, la vida si es muy chistosa, yo como era de vago y que no salía de las enaguas de mi mamá y mirá donde fui a parar, a miles de kilómetros de mi pueblo buscando dizque un mejor futuro. Y vos tanto que estudiabas y tanto que andabas, tanta vuelta que dites pa´ terminar en la finca de tu abuelo sembrando fríjoles y yuca…”, inquiere Andresito con tono burlón. –“¡Vida hijueputa!…”, agrega y nos miramos y nos carcajeamos. Ahora le muestro donde duermen los pollos y las gallinas ponedoras.

-“Home Andrés, así es la vida, más rara que un perro a cuadros. Yo seguía las reglas y el camino que según dicen debemos seguir y llegó un momento en la ciudad que me mamé, me harté de todo y sentí que estaba más perdido que Papá Noel en mayo y me dije: Ah, que va home, esto no es conmigo y agarré monte, a poner el polo a tierra y a replantearme un poco de cosas que me habían enseñado y que luego analizando con calma veía que todo estaba más preparado que un kumis. Unos sistemas viejos y obsoletos pintándonos un futuro y mintiéndonos con una cantidad de cosas que si te ponés a pensar, sólo benefician los de arriba, los poderosos, sin importar de que bando sean: Capitalistas, socialistas, comunistas, fascistas, demócratas… Todo es la misma arepa con distinta mantequilla.

La razón de la existencia se golvió fue trabajar como mulas y criar las nuevas generaciones pa seguir manteniendo una tracamanada de malparidos dueños del mundo… El 1% del mundo mantenido en lujos y derroches por el otro 99% de la población que tiene el tiempo empeñado y miando con vejiga prestada pa´ poder sostener esas miasmas holgazanas y sanguijuelas que temperan en la cúspide de la pirámide actual. ¡No, no, no! ¡Estamos es moliendo con yeguas! ¡Conmigo no! Esos malditos no se toman un tinto de cuenta mía…” Ja, ja, ja…” Se carcajea Andresito y continúo: -“Y me vine pa´ acá a tratar de vivir con lo menos posible y buscando más tiempo para mí. Tiempo pa´ descansar, tiempo pa´ leer, tiempo pa´ pasear, tiempo pa´escribir, tiempo pa´escuchar, tiempo pa´sobrevir el día a día (pero viviendo), tiempo pa´sentir, tiempo pa´cantar y en ese momento se me sale un desafinado: “…every day I have the blues…” que suena en el corredor de la casa que ahora atisbamos desde una veranera. –“Toca rebuscar el diario, pero la papita no se pierde muchacho, pa´ jartar, dormir bien y hacer lo que a uno le gusta no se necesita mucho…”, le digo y ahora me trepo a un palo de guayabas y le tiro unas cuantas a Andresito.

-“¿Elegiste entonces la pobreza Fermín?”, cuestiona Andresito echándole muela a una guayaba tierna y amarilla mientras con los pies junta las otras guayabas que han caído al suelo –“O tal vez la pobreza me eligió a mi mucharejo…”, repongo. –“Hombre, es que el término pobreza yo a veces siento que no lo metieron por los ojos como antítesis de la felicidad. Pillate la señora que me vendió esa belleza de escoba de paja con la que estaba barriendo ahora, tiene como ochenta abriles, la conozco desde pequeño que venía a visitar a mi abuelo acá a “Las Acacias” y ¿podés creer que tenemos más canas vos y yo juntos que ella?”. Ahí vive con un hijo y dos nietas pequeñas, siempre se ve sonriendo, cantando y atizando el fogón de leña. En los ratos libres se pone a hacer escobas, sombreros, canastos y otras cosas de iraca que vende su hijo en el pueblo el día de mercado. Hambre no aguanta, se come sus tres golpes al día y comida sana sin pesticidas ni pollos inyectados. Una factura de cuatro mil pesos de energía y otra de dos mil pesos de agua no la van a estresar. ¿Ah? Andresito. Y le cuento, ella está en las estadísticas como pobre y vive más sabroso que Caliche Slim que esta noche no debe poder conciliar el sueño pensando en las reuniones de mañana, en cómo va a amanecer la bolsa, que artimañas debe hacer pa´ no tener pérdidas, como expandir su emporio económico y ni tiempo tendrá de irse a broncear a una de sus tantas mansiones con piscina. “¡Pobre Caliche!”, exclamo, y Andresito suelta una risotada: “¡Ja ja ja, vos si salís con unas home!”

-“¿Pero sabés que hasta razón tenés? La mayoría andamos con el tiempo empeñado jugando a ser “ricos” pagando deudas de juguetes modernos y pendejadas que si uno se pone a coger cosa por cosa y ver que necesita realmente le cuento que le sale una venta de garaje la hijueputa…”, añade Andresito que ahora pela una mandarina con sus manos y nos sentamos de nuevo en la mesa del comedor a escuchar un poco más de blues, mientras le cuento un poco la historia de este género musical que salió de las plantaciones de algodón, las minas, las construcciones de vías férreas, las cárceles y las situaciones más tenaces de miseria y pobreza para convertirse en una de las expresiones culturales más ricas del mundo moderno… Y ahora lo invito a coger unos biches (plátanos) pa´ hacer el almuerzo.

-“La pobreza física realmente es algo impuesto. Leía estos días que si se repartiera la riqueza física que hay en la actualidad nos tocaría a cada uno como de a nueve mil dolorosos. Leía que producimos el doble de la comida que necesitamos, pero paradójicamente el 15% de la población sufre de hambre. Que con el 10% del gasto militar mundial mañana erradicaríamos el hambre y la pobreza en todo el planeta. Pillate esta: Con el 1% del billete que se le han dado a esos estafadores y sanguijuelas de los bancos para sacarlos de la “crisis” podrían ir a la escuela todos los niños de la tierra. ¿Ah? Monecas, acá lo que hay en esta loca esfera es una pobreza espiritual y mental la hijueputa!” Le cuento mientras bajo un racimo de plátanos y me lo echo al hombro.

Me cuenta que tiene ganas de regresar a Locombia, que extraña mucho a su cucha, su tierra, su gente. Me dice que entró a estudiar Economía. Le felicito y le digo que aprenda mucho en los recreos y cuando hable con la gente. –“Es donde más aprende uno hombre, hablando y sabiendo qué piensan los demás…Las clases son sólo guías y metodologías, aunque una que otra vez se encuentra uno a grandes profesores que más que pedagogos son grandes seres humanos. Son los que más huella dejan”.

Le hablo del decrecimiento económico y le recomiendo leer a  Nicolás Jorgito Rojas, más conocido en los bajos fondos de la economía como Nicholas Georgescu-Roegen; Ernesto Federico Chamorro, conocido en Alemania como Ernst Friedrich Schumacher,  Sergio Lato, conocido en Francia como Serge Latouche y Henry David Toro, Thoreau para ser más exactos…

Juntos cocinamos el almuerzo y mientras atizamos el fogón de leña nos invade la nostalgia y hablamos como en nuestra familia los mayores se van yendo, nuestros padres se van llenando de canas y nosotros entramos a una etapa donde ya hemos pasado la mitad de la existencia y vemos como el tiempo implacable nos reclama como trofeos. Cuestionamos cómo se nos pasa la vida soñando, planeando y viviendo a millón sin disfrutar las pequeñas cosas de las que está hecha la vida… Le cuento un poco sobre la historia del blues y quien era el bluesman desaparecido y el compu sigue emitiendo notas maravillosas, ahora B.B. King junto a Buddy Guy llenan el ambiente con una emotiva versión de Stay Around A Little Longer, y mientras Andresito pela los plátanos agarro de nuevo la escoba de paja y juego a ser el rey del blues y canto junto a mis dos ídolos: “I thank the Lord for letting me stay around a little longer, Lord knows I love the life I live, this old road’s been so good to me, I’ve been given much more than I ever dreamed…” (Doy gracias al Señor por permitirme quedarme en torno a un poco más de tiempo, el Señor sabe que me encanta la vida que vivo, este antiguo camino ha sido tan bueno conmigo, me han dado mucho más de lo que jamás soñé…).

Almorzamos una sopa de plátano y pollo, con arroz y aguacate. Sobremeseamos aguapanela con limón, luego nos tiramos en un par de hamacas que Andresito me ha traído de regalo y seguimos charlando mientras reposamos el almuerzo. En el computador suena una de las canciones que programé: “The thrill is gone” de B.B. King y Andresito dice cerrando los ojos: “Esa está poderosa. Muy bonita esa canción, y yo miro una nube que parece tener forma de Lucille (la guitarra del rey del blues) y murmuro cambiando un poco la letra de la canción: “The king is gone…”