MARGARITA CALLE-1El reto de transformar estas realidades nos compromete a todos como sujetos culturales e históricos y como miembros de una Nación que merece que sus ciudadanos alcancen una mejor preparación para la vida.

Por: Margarita Calle*

Muchas voces se han hecho sentir en el país a raíz del penoso lugar ocupado por Colombia en las pruebas Internacionales Pisa 2012, realizadas por Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), las cuales se ocupan de evaluar la calidad de la educación a nivel internacional. Como se ha difundido a través de diferentes medios, el país ocupó el puesto 62 entre 65 evaluados, en una prueba que concentra su interés en los estándares que deben alcanzar los estudiantes en la áreas de lenguaje, matemáticas y ciencias.

A diferencia de quienes parecen sorprendidos por este resultado, los que participamos de procesos académicos en el ámbito de la Universidad, desde hace un buen rato hemos diagnosticado las deficiencias con las que ingresan los estudiantes a la educación superior y las dificultades que conlleva materializar el ideal de una educación integradora, cuando las presiones y demandas que impone la racionalidad positivista de nuestras instituciones educativas, tienden a imponerse como referentes de formación.

De acuerdo con la escritora y profesora Susana Henao, coordinadora del Área de Comunicación y Lengua Materna del Departamento de Humanidades de la UTP, “los resultados de las pruebas Pisa arrojan resultados catastróficos para Colombia. Si a esto se le suman las estadísticas sobre el alto consumo de servicios en telefonía celular, se podría afirmar que seguimos privilegiando la oralidad como modo de comunicación, mientras mantenemos invisibles las ventajas de la lengua escrita y las operaciones de pensamiento derivadas de ellas. La causa de tan vergonzoso resultado no debe atribuirse sólo al currículo educativo. También obedece a que el perfil del colombiano lector y por lo tanto reflexivo y crítico- no aparece como protagonista de ninguna campaña publicitaria, moral o política. No hay prestigio ni reconocimiento en poseer las competencias necesarias para actuaciones lingüísticas destacadas, y por lo tanto, no puede esperarse que un mensaje en el sentido de desarrollarlas llegue a la mayoría de la población colombiana”.  

El reto de transformar estas realidades nos compromete a todos como sujetos culturales e históricos y como miembros de una Nación que merece que sus ciudadanos alcancen una mejor preparación para la vida.

* Directora Maestría en Estética y Creación, UTP.