Reseña del libro Un bárbaro en Asia, de Henri Michaux.

Isidoro Merino

Isidoro Merino

Por: María Inguilan

El mundo está invadido de “locos”, locos que creen en un dios, en cientos, en Buda, en conjuros, que cantan algo llamado mantras; que ayunan, meditan, que prefieren adorar antes que amar, adoran al Ganges, a Gandhi, a vacas; que evitan hacerle daño a cualquier animal, no lo comen, pues se ven en un futuro, posiblemente, reencarnados en él. La belleza, lo sagrado, lo que nos parece mundano y desagradable lo transfiguran, lo moldean a su manera. En fin, el gran Himalaya, Bengala, Calcuta, ciudades de oriente llenas de hindúes, con su piel oscura, delgados, vestidos de túnicas; mongoles, coreanos, japoneses, chinos, con su piel pálida o amarilla, sus ojos rasgados, sus kimonos, palillos, proverbios, samuráis y honor, sus numerosos símbolos de escritura, muy particulares. Y por si fuera poco nos toparemos con sus incomprensibles lenguas, cantos y pronunciadas o lentas vocalizaciones.

Al otro lado deun bárbaro en asia michaux nuestro continente, en el Oriente, otro territorio, época (y magia) encontraremos culturas indescifrables. Ahora bien, el espacio no es impedimento para conocer lo que está tan lejano, pues lo podemos tener cerca gracias a la globalización, al cine, (hay que destacar que la India en los últimos años se ha convertido en la gran productora), junto con ello la tecnología se ha disparado y es accesible en tantas ciudades. Por otro lado debemos reconocer que esas culturas han cambiado. Michaux lo percibe, y ve cómo la occidentalización se va expandiendo hasta tal punto de desvirtuar y dejar en el olvido a culturas que nos resultan desconocidas e incomprensibles; deja una nostalgia imaginar que esa mirada del hindú que estaba en busca de ese Brahma, posiblemente ya lo ha olvidado. Michaux se pregunta, ¿qué hace que la occidentalización se absorba tan fácil y sea tan atrayente?

Cuando entramos a territorios de Oriente que nos resultan lejanos podemos observar que una gran parte de lo diverso está presente en estas ciudades y aldeas: el físico y pensamiento de sus habitantes, el desarrollo de su arte, lengua, literatura, filosofía, melodías, nos pueden transportar a otra realidad, a otra cosmología. Múltiples realidades creadas por el ingenio de los hombres nos pueden llevar a preguntarnos miles de cosas y quizá cambiar de parecer. El Oriente se ha caracterizado por ese apego o inclinación a un bienestar más espiritual, más cercano a dios, menos material, más nobleza humana, más libertad, más pluralidad, más Kamasutra, menos occidental. Me pregunto si aún insisten en la búsqueda espiritual, que tanto ha cambiado, y si han cambiado de la forma como son ahora. Ojalá se resista a no desaparecer.