Peter Hes Stone no podía imaginar el giro que darían sus concepciones sobre el Nuevo  Periodismo luego de entrevistar, en 1981, al escritor colombiano Gabriel García Márquez para The Paris Review. Así lo cuenta el propio Stone en las líneas preliminares. 

 

Traducción y notas por: Carlos Alberto Villegas Uribe

Gabriel García Márquez fue entrevistado en su estudio localizado justo detrás de su casa en San Angel Inn, una antigua y amable colonia de la ciudad de México llena de espectaculares y coloridas flores. El estudio está a corto camino  de la casa principal, un edificio bajo y oblongo que pareciera haber sido diseñado como casa de huéspedes. En él hay un diván, dos sillas simples y un bar improvisado (un pequeño refrigerador blanco provisto de aguas minerales encima).
La imagen más llamativa en el cuarto, encima del sofá, es una enorme foto ampliada de Gabriel García Márquez, solo, vistiendo una elegante capa barrida por el viento, con la cual luce como Anthony Quinn
La entrevista tuvo lugar en el curso de tres reuniones en el atardecer, cada una de dos rigurosas horas. Aunque su inglés es bastante bueno, García Márquez habla generalmente en español y sus dos hijos comparten la traducción. Con frecuencia mueve sus manos con pequeños, pero decisivos gestos para enfatizar un punto o indicar un cambio de dirección en sus pensamientos. Él alterna entre inclinarse hacia sus escuchas y echarse hacia atrás con  sus piernas cruzadas cuando habla reflexivamente.
García Márquez estaba sentado en su mesa al final del estudio y vino a recibirme caminando vigorosamente con un paso ligero. Es un sólido y fornido hombre de cerca de cinco pies y ocho o nueve pulgadas de altura, quien luce como un buen boxeador peso medio, pecho amplio, pero quizás un poco flaco de piernas. Estaba vestido casualmente con unos pantalones de pana y un vistoso suéter cuello-tortuga y unas botas negras de cuero. Tiene un cabello café oscuro rizado y lleva un tupido mostacho.
Peter H. Stone pide permiso para utilizar la grabadora y da inicio a la entrevista:

Juan García Hortelano, Carlos Barral, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Isabel Mirete, Salvador Clotas y José María Castellet, miembros del jurado del Premio Biblioteca Breve de Novela de 1970, declarado desierto. Fotografía / EFE.

¿Qué siente usted acerca del uso de la grabadora?
El problema es en el momento en que usted sabe que la entrevista está siendo grabada, su actitud cambia. En mi caso, inmediatamente tomo una actitud defensiva. Como periodista, yo siento que nosotros todavía no hemos aprendido cómo usar la grabadora para hacer una entrevista. La mejor forma, yo siento, es tener una extensa conversación con el periodista tomando nota y después él debería recordar y escribirlo como una impresión de lo que sintió, no necesariamente usando las palabras exactas expresadas. Otro método útil es tomar notas y entonces interpretarlas con un cierta solidaridad con la persona entrevistada. Qué marcas sacas acerca de la grabación, todo eso que no es leal con la persona que está siendo entrevistada, porque quizás grabar y recordar hace un tonto de ti mismo. Este es el porqué, cuando hay una grabadora, soy consciente de que estoy siendo entrevistado; cuando no hay una grabadora hablo en una forma inconsciente y natural.

Bueno, usted me hace sentir un poco culpable usándola, pero pienso que este es el tipo de entrevista que lo necesita.

De todas formas, logro el propósito que justo le digo: colocarlo a la defensiva.

¿Entonces usted nunca ha usado una grabadora para una entrevista?

Como periodista nunca la usé. Y tengo una buena grabadora, pero la uso para escuchar música. Pero entonces como periodista no he hecho una entrevista. He hecho reportajes, pero nunca una entrevista con preguntas y respuestas.

Yo oí acerca de una famosa entrevista con un marinero que había naufragado.

Eso no fue de preguntas y respuesta. El marinero me contó sus aventuras y yo las reescribí en primera persona y tratando de usar sus propias palabras como si fuera él quien estuviera escribiendo. Cuando el trabajo fue publicado como una serie en un periódico, una parte cada día por dos semanas, fue firmado por el marinero, no por mí. No fue hasta veinte años después que se republicó y la gente encontró que yo lo había escrito. Sin editarlo era tan bueno, todavía lo es después de haber escrito Cien años de soledad.

Desde que iniciamos hablamos de periodismo. ¿Cómo se siente siendo un periodista de nuevo, después de haber escrito novelas tanto tiempo? ¿Las hace con diferente sentimiento o diferente mirada?

Siempre he estado convencido de que mi verdadera profesión es esto del periodismo, que yo no gustara del periodismo antes fueron las condiciones del trabajo. Además, yo tenía que condicionar mis pensamientos y mis ideas a los intereses del periódico. Ahora, después de haber trabajado como un novelista y habiendo adquirido independencia financiera, puedo realmente escoger los temas que me interesan y corresponden a mis ideas. En cualquier caso, siempre disfruto mucho la oportunidad de hacer una gran pieza de periodismo.

John Hersey, autor de Hiroshima, conduce un jeep del ejército de Estados Unidos en 1944. El lugar no se conoce. Fotografía / AP

¿Cuál es una gran pieza de periodismo para ti?

Hiroshima fue una excepcional pieza.

¿Hay una historia hoy que te gustaría hacer especialmente?

Hay muchas y de hecho he escrito varias. He escrito acerca de Portugal, Cuba, Angola y Vietnam. Me gustaría mucho escribir sobre Polonia. Pienso que podría describir exactamente qué está sucediendo ahora y sería una muy importante historia. Pero ahora está haciendo demasiado frío en Polonia y soy un periodista a quien le gusta la comodidad.

¿Piensa usted que la novela puede hacer ciertas cosas que el periodismo no puede?

Ninguna. No pienso que haya alguna diferencia. Las fuentes son iguales, el material es el mismo, las fuentes y el lenguaje son los mismos. El diario del año de la peste de Daniel Defoe es una gran novela e Hiroshima es un gran trabajo de periodismo.

 

¿El periodista y el novelista tienen diferentes responsabilidades al balancear la verdad y la imaginación?

En periodismo un hecho que es falso perjudica todo el trabajo. Por el contrario, en ficción un solo hecho que es verdad legitima todo el trabajo. Esta es la única diferencia y estos embustes son el compromiso del escritor. Un novelista puede hacer cualquier cosa que desee tanto como él le haga creer al lector en ello.

Vista de Hiroshima en 1945, luego de la caída de la bomba atómica. Fotografía / Rothman

Mientras transcribía las grabaciones de la entrevista en su apartamento de la Gran Manzana, Peter Stone recordó las gratas jornadas compartidas con el autor de Cien años de soledad, como también recordó que en las asignaturas complementarias de su formación en la Universidad de Los Ángeles había conocido sobre John Hersey y su aporte a la creación del denominado Nuevo periodismo. Así que consultó sus agendas universitarias para reconstruir el perfil del periodista citado por el autor de La hojarasca.

John Hersey nació en Tientsin, China. Hijo de Grace Baird y Roscoe Hersey, misioneros protestantes afiliados al Young Men’s Christian Association of Tientsin. Aprendió a hablar chino antes que inglés.  Su novela The Call (El llamado, 1985) está basada en las experiencias de sus padres y varios misioneros de esa generación. Era descendiente de William Hercy, uno de los primeros fundadores de Hingham, Massachusetts (1635).

Hersey retornó a los Estados Unidos cuando tenía 10 años de edad y estudió en diversas escuelas públicas de Nueva York; luego ingresó a la universidad de Yale y finalmente se graduó en la universidad de Cambridge como becario. Después de Cambridge, Hersey tuvo un trabajo de verano como conductor y secretario privado del escritor Sinclair Lewis (1937), pero falló en sus responsabilidades y ese otoño empezó a trabajar para The Time, donde fue contratado después de escribir un ensayo de pésima calidad. Dos años después (1939) fue transferido a la agencia de The Time en Chungking, China. En 1940 William Saroyan lo enlista entre los editores contribuyentes de The Time.

Durante la segunda guerra mundial Hersey cubrió  como corresponsal las luchas tanto en Europa como en Asia, escribiendo artículos para The Time y el Magazine Life. Él acompañó a las tropas aliadas en la invasión de Sicilia, sobrevivió a cuatro choques de avión y fue condecorado por la Secretaría de la fuerza naval por su papel evacuando soldados heridos de Guadalcanal.

Después de la guerra, durante el invierno de 1945–46, Hersey estuvo en Japón reporteando para The New Yorker sobre la reconstrucción del devastado país. Fue entonces cuando encontró un documento escrito por un misionero jesuita que había sobrevivido a la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. Hersey visitó al misionero, quien le presentó a los otros sobrevivientes.

Poco tiempo más adelante Hersey comienza una discusión con William Shawn, un editor del New Yorker, acerca de un extenso trabajo sobre el verano previo a la bomba. Hersey propuso una historia que transmitiría la cataclísmica narrativa a través de los individuos que habían sobrevivido.

En mayo de 1946 Hersey viajó a Japón, donde gastó tres semanas haciendo investigación y entrevistando a los sobrevivientes. Él retornó a los Estados Unidos a finales de junio y comienza escribir sobre seis sobrevivientes de Hiroshima: un sacerdote jesuita alemán, una costurera viuda, dos médicos y una joven mujer que trabajaba en una fábrica.

El resultado fue su más notable trabajo, un artículo de 31.000 palabras que fue publicado por The New Yorker en la edición del 31 de agosto de 1946. La historia trata sobre la bomba atómica lanzada sobre la ciudad japonesa el 6 de agosto de 1945 y sus efectos en seis ciudadanos japoneses. El artículo ocupó casi la edición entera del magazine, algo que The New Yorker no había hecho antes.

El propio Hersey había condenado con frecuencia el Nuevo Periodismo, el cual de diversas maneras él había ayudado a crear. Probablemente habría estado en desacuerdo con una descripción de su artículo sobre los efectos de la bomba atómica como Nuevo Periodismo. Tiempo después, el ascético Hersey llegó a sentir que algunos elementos del Nuevo Periodismo de los años 70 no fueron suficientemente rigurosos entre los hechos y lo reportado. Después de la publicación de Hiroshima, Hersey anotó: “las importantes noticias y boletines son pronto olvidados por el tiempo de ayer y el papel de la mañana es usado para tirar a la caneca de la basura. Las cosas que nosotros recordamos son emociones, impresiones, ilusiones, imágenes y caracteres: elementos de ficción”.

Hersey fue un activo manifestante contra la guerra de Vietnam, lo que le granjeó la enemistad de varios de sus colegas de la academia. Fotografía / Getty Images

Poco antes de escribir Hiroshima, Hersey publicó su novela De hombres y guerra, un recuento de historias de guerra miradas a través de los soldados, más allá de los ojos de un corresponsal de guerra. Una de las historias en la novela de Hersey fue inspirada en el presidente John F Kennedy y la lancha torpedera  PT109 que él comandó en la segunda guerra mundial.

Pronto, terminada la guerra, los corresponsales comenzaron a publicar principalmente ficción. The Wall (1950), novela de guerra de Hersey, presentada como un redescubierto diario, recuerda la génesis y destrucción del gueto de Varsovia. Ganó el National Jewish Book Award  y recibió el Sidney Hillman Foundation Journalism Award.

Su artículo acerca de las dificultad de los lectores escolares fue publicado en 1954 por Life Magazine como ¿Por qué los estudiantes tienen dificultades con la primera R? Una comisión local que arrojó luz sobre un problema nacional: la lectura fue la inspiración de la historia juvenil del Doctor Seuss El gato en el sombrero. Más allá de una crítica al sistema escolar, era una novela especulativa.

Hersey escribió además The Algiers Motel Incident, acerca de un tiroteo racial motivado por la policía durante los disturbios en 1968 en la calle 12 en Detroit, Michigan.

La primera novela de Hersey, Una campana para Adano (A Bell for Adano), acerca de la ocupación de los aliados a un pueblo de Sicilia durante la segunda guerra mundial, ganó el Premio Pulitzer de novela (1945) y fue adaptada al cine en 1945 (Bell for Adano), bajo la dirección de Henry King. Su novela corta A Single Pebble (1956)  es la historia de un joven ingeniero estadounidense quien viaja río arriba por el Yangtze, un río basura,  durante 1920, descubriendo que sus románticos conceptos sobre China se vienen abajo.

Su novela White Lotus (1965) es una exploración de la experiencia afroamericana antes de los derechos civiles, reflejados en una historia alternativa en la cual blancos estadounidenses son esclavizados por los chinos después de ellos perder la Gran Guerra.

Desde 1965 a 1970 Hersey fue maestro en el Pierson College (uno de los doce colegios residenciales de la Yale University), donde su franco activismo y temprana oposición a la guerra de Vietnam le hizo controvertir con sus colegas, pero ser admirado por muchos estudiantes.

Después del  juicio a las Panteras Negras en New Haven, Connecticut, Hersey escribió cartas a sus colegas en las cuales los primeros maestros de Yale estaban de acuerdo con los derechos civiles y el activismo antiguerra e intentó explicárselo a algunos colegas molestos.

Por 18 años Hersey también enseñó dos cursos de escritura en ficción y no ficción para estudiantes de Yale.
Durante 1985 Hersey regresó a Hiroshima, donde escribió Hiroshima, las consecuencias y continuó su historia original. The New Yorker publicó la actualización de Hersey “The memory of what happened at Hiroshima” el 15 de julio de 1985.

John Hersey murió en Key West, Florida, el 24 de marzo de 1993.

Portada del número 82, que incluía entrevistas con García Márquez y Fuentes. Además nota sobre Cortázar, entre otros. Foto / Archivo

Cuando por fin Peter Stone recibió en su apartamento de Nueva York la edición 82 de la Paris Review publicada en el invierno de 1981 (The Art of Fiction No. 69), donde se incluía su entrevista a Gabriel García Márquez, dos sentimientos encontrados empañaban la alegría de su relectura:

Por una parte su admiración por Hersey, un periodista valiente con una significativa trayectoria que incluía la publicación de crónicas ampliamente laureadas y una extensa bibliogafía con títulos como: Men on Bataan, 1942; Into the Valley, 1943; A Bell for Adano, 1944; Hiroshima, 1946; The Wall, 1950; The Marmot Drive, 1953; A Single Pebble, 1956; The War Lover, 1959; The Child Buyer, 1960; Here to Stay, 1963; White Lotus, 1965; Too Far To Walk, 1966; Under the Eye of the Storm, 1967; The Algiers Motel Incident, 1968; Letter to the Alumni, 1970; The Conspiracy, 1972; My Petition for More Space, 1974; The Walnut Door, 1977; Aspects of the Presidency, 1980; The Call, 1985; Blues, 1987; Life Sketches, 1989; Fling and Other Stories, 1990; Antonietta, 1991; Key West Tales, 1994.

Y por otra parte, el conocimiento de que John Hersey había sido llamado “el plagiario compulsivo”, pues había usado párrafos completos de la biografía escrita por Laurence Bergreen sobre James Agee en su propio ensayo sobre Agee publicado en The New Yorker y que la mitad de su libro Men on Bataan provenía del trabajo publicado en Time por Melville Jacoby y su esposa.

 

Referencias

Documentos traducidos y editados por el autor del artículo a partir de las siguientes fuentes:
John Hersey. Recuperado de https://en.m.wikipedia.org/wiki/John_Hersey
A Bell for Adano (novel). Recuperado de  https://en.m.wikipedia.org/wiki/A_Bell_for_Adano_(novel)
Gabriel García Márquez, The Art of Fiction No. 69. Recuperado de https://www.theparisreview.org/interviews/3196/gabriel-garcia-marquez-the-art-of-fiction-no-69-gabriel-garcia-marquez
Peter Stone. Recuperado de https://en.m.wikipedia.org/wiki/Peter_Stone

 

Memoria del autor

Carlos Alberto Villegas Uribe. Escritor, artista, gestor y periodista cultural colombiano. Docente de pregrado y postgrado en las universidades del Quindío, Javeriana y Antonio Nariño. Miembro fundador de la Asociación Colombiana de Caricaturistas: El Cartel del Humor y Gerente de Cultura del Departamento del Quindío. Creó la cátedra Psicogénesis de la risa en la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana. Director de las revistas Termita Caribe y del Boletín de la Red de Estudios Interdisciplinarios sobre la Risa –REIR–, T.A. en la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea en Texas University at El Paso -UTEP-, U.S.A. Como artista plástico ha recibido premios y menciones en los salones regionales del Quindío. Entre sus obras escritas figuran: Sinfonía escritural: Hoffman, Hoffman, Hoffman (novela inédita), El libro de las palabras innombrables (novela juvenil inédita), Gracias por la alas (Novela inédita); Bitácora de Ulises (poemario); Cartas a Pandora (poemario); Desde Ítaca (poemario); Cantos y cuentos de Kantú Konto (poemario infantil); La caricatografía en Colombia: Propuesta teórica y taxonómica (investigación semiótica), Caricatografía y Periodismo (investigación semiótica); Cuento contigo(colección de relatos); Videopoesía y otras hierbas (inédita); No me jodan. Literadura breve, libro en (P)reparación; Manifiesto del Mibonachi, libro en (P)reparación. Ha publicado en revistas nacionales e internacionales. Fue becario de la Unión Europea en el programa: Becas de Alto Nivel para profesionales de América Latina –ALBAN– y desarrolló la tesis laureada Sobresaliente Cum Laude Psicogénesis de la risa, la risa como construcción de cultura para la obtención del doctorado La lengua, La literatura y su relación con los medios de comunicación de la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, UCM. Estudios de maestría en Creative Writing en la Universidad de Texas en El Paso, UTEP. Ha sido distinguido con la Orden al Mérito Literario, Ciudad de Calarcá 128 años, con el Escudo del Departamento del Quindío por su aporte a la cultura regional y con el Premio Will Eisner (2017) en la modalidad vida y obra del Colectivo Cultural Comic Sin Fronteras (Pereira,Colombia)