Desde el Instituto de Cultura en su Biblioteca Ramón Correa Mejía, nos encontramos: Catherine Estrada Niño (fotógrafa) y Carolina Hidalgo amigas de la artista y autora Marcela Velásquez, a quién se entrevistó en el marco del Día de la Mujer.

 

mujer

 

Por: Carolina Hidago

(Carolina Hidalgo) Hoy nos acompaña la artista Marcela Velásquez con su exposición itinerante llamada “TODO ES UN JUEGO”. A continuación vamos a hacer una presentación de sus andares, su crecimiento y su proceso personal que ha llevado Marcela como mujer y artista hasta el día de hoy. Marcela cuéntanos:

(risas) tengo 37 años ya…

(Catherine) Ojalá yo a los 37 me vea así. A usted no se le pone más de 32.

(risas de mujeres)

Es que siempre he sido una mujer muy tranquila, puede ser también eso que me ha permitido tener esa capacidad creativa. El poder estudiar, analizar, buscar e interpretar. Porque no he sido una mujer rumbera. Si me gusta bailar, pero siempre ha sido una cosa secundaria. No he seguido el cliché de la bohemia para ser artista. Pero respeto mucho el gusto de las personas.

 

¿Entonces, tú dirías que el Arte es un rejuvenecedor?

No rejuvenecedor, más bien te permite llenar de la capacidad de aprovechar las vivencias diarias, el cotidiano. El artista retoma esto y lo lleva a su cerebro, y cuando menos uno piensa, eso sale en un dibujo, en una pintura, en un poema, en un pensamiento.

¿Y cómo transcurren tus primeras vivencias, en términos sucintos?

Somos emigrantes de Caldas, vengo de un pueblo pequeño llamado Palestina donde todo es ahí pegado. Mi infancia transcurrió en una vereda, en una finca de mi abuelo. Teníamos todas las comodidades. Ya mi abuelo se envejece, las tías crecen. La tía acaba la universidad, y todos nos tenemos que desplazar porque la tía ya se va a venir a trabajar. Y yo entro a un colegio donde era un mundo lleno de arte y cultura como era el Rafael Uribe. Yo era una niña muy inocente y venía de otro ritmo, pero ya en mi pueblo me gustaba escribir poesía. En el pueblo teníamos un grupito de escritores, yo era la única mujer. La mayoría eran adultos y eso no me daba miedo porque antes me gustó más la lectura y desperté mis sensibilidades por la cultura.

El colegio Uribe era popular. Y se reconocía por su diversidad cultural, hasta cosas que uno no había visto nunca. Había un abogado que era profesor llamado Rubén Dario Sierra, él era docente de español. Él tenía un grupo llamado La Fragua. Él era el director. Había unas jornadas como pedagógicas que daban los viernes a las últimas dos horas. Uno llegaba y se iba para el grupo. Éramos chicos que leíamos y corregíamos nuestros escritos.

¿De allí fue que participaron otros autores, hoy conocidos en la ciudad?

Yo estudié con Giovanni Góméz (poeta), con Maicol Ruiz (Docente e investigador), Leandro que enseña en la UTP, con Juan Pablo García que trabajaba en cámara de comercio, Mauricio Ramírez (periodista), con “Vampiro” Palacios que era de línea gótica, Angélica, y una niña que era muy bonita que se salió porque se embarazó.

 

Recuérdanos esa parte de la Fragua…

Allí aprendí mucho, viajamos mucho,  ganamos premios e hicimos libros. Sino que en mi vida ha pasado un transcurso de la muerte de mi abuelo; después matan a un hermano y entro a una especie de depresión, y para mí la escritura se vuelve dolorosa. Entonces, preferí estudiar artes, porque desde niña mi abuelo me había pagado unas clases de pintura. Estando en el colegio hice dos semestres de cursos de extensión en artes cuando estaba en el Olaya. Terminé el colegio e hice la carrera de Licenciatura en Artes, pero no me gradúe. Critiqué mucho la parte del sistema de educación.

 

Cuéntame más de esto, porque así como tú, muchos artistas reconocidos tampoco se han graduado…

La universidad me va a premiar a mí, cuando yo sea una gran artista, me va a decir tenga le regalo el título por haber estudiado acá. Graduarme no dice: sí yo soy artista. Muchas personas se han graduado y no han desarrollado ninguna sensibilidad, sólo se dedican a la profesión. Gran parte de nuestra educación sólo se dedica a educar para una sociedad de consumo. También hay otras cosas que realmente son importantes: enseñar a las personas a ver, a amar, a pensar. Algunas personas manipulan el hecho de graduarse, le dicen a uno ya se graduó dedíquese a trabajar. Yo he estudiado toda la vida, desde mi propia conciencia, sé que todos los días tengo que pintar, ver el color, pensar qué pasa con la forma. Ese esfuerzo diario que un artista debe hacer sin importar títulos.

fruta

 

Marcela quiero preguntarte si la ciudad te ha ofrecido espacios para dar a conocer tu arte.

Lo que pasa es que yo he sido muy irreverente, maleducada, egoísta. Porque me parece que esa manipulación de que si usted expone allí o acá, es bueno. Le he huido a esto. No he buscado ser reconocida, muchas veces esto es pedantería. Expuse una vez con unos amigos que se llamaban Centro por la Nueva Cultura que hacíamos exposiciones en la Cuadra del Centro con: James Llanos, Fernando Auli, “El flaco Hoyos”, Ricardo Muñoz y otros. Hacíamos exposiciones en las casas, nos “soyábamos” la cultura.

Siempre he pensado más en el conjunto, en el colectivo, donde hay diversidad y no sólo egos.

 

Cómo has pensado tu obra.

Siempre he tratado de hacer lo que a mí me gusta. Siempre he sido autónoma en las decisiones de pintar lo que me da la gana. Para ganarme el dinero también he sido artesana y me he dedicado a la decoración. Pero mi forma de expresión la mantengo viva.

 

Bueno, hablando de tu obra y de esta semana que hicimos un lanzamiento de la exposición “Todo es un Juego”, una colección de ilustraciones, en el marco de la celebración del día de la mujer, con la  invitación del Centro de Estudios sobre La Mujer, un lugar al que habitamos ya, como mujeres. Me gustaría que nos hables de esta colección que el público puede encontrar en la biblioteca municipal Ramón Correa Mejía.

 

Bueno, “Todo es un juego” es una búsqueda que empezó una vez que me encontré un material, un papel de determinado tamaño como para hacer separa libros. Empecé a rayar con lapicero y encontré que con la tinta se podían hacer muchas cosas. Salían de la nada. De observar la naturaleza, lo que ella me daba. Yo estaba en un entorno totalmente natural, tranquilo. Tenía mi hijo pequeño, así que las ocupaciones de mamá me llevaban a explorar cosas pequeñas. Y allí aparecen patrones que se van repitiendo: La figura de los ojos; la naturaleza de Salento; el tema que me gusta explorar mucho que son las aves. Todo esto a blanco y negro porque la técnica me lo brindaba. Venía del color ya muchos años, y la gente siempre me ha conocido por colorista. Ya el blanco y negro me ha mostrado que el dibujo se puede plasmar en otras cosas: una camisa, un pantalón, una cortina. Poder fusionar el diseño de modas con el arte. Todo significa: “ir viviendo”.

 

Marcela para cerrar la entrevista, regálanos algunos títulos de esta colección “Todo es un juego”. Estoy viendo algunas influencias literarias en ellos.

“Todo es un juego” tiene uno que se llama “Medusa”; “El jardín de Alicia” basado en un libro fantástico, ácido, que nos ha mostrado otras realidades, que hay cosas simples que son mágicas; está “La mujer de pantano” que nace de una experiencia muy bonita de cómo se siente uno al tener una alegría, digamos, que toma muchas formas su cabeza y se vuelve circular, se vuelve cíclope.

 

Un mensaje para las mujeres y nos vamos a tomar café.

Lo que tiene que hacer una mujer es leer y educarse. No necesariamente en una escuela o una universidad, sino leer. Porque cuando uno lee, abre su pensamiento, su ser, su vida.