Hace 90 años fue el Mundial de fútbol en Uruguay, primera versión de un evento que cada cuatro años reúne a la mayor cantidad de aficionados del mundo a través de las transmisiones satelitales. Esta es la primera parte de una historia que pocos conocen.

 

Por / Brandon Stefan Martínez González

El mundo estaba en un momento de inestabilidad y zozobra. Europa vivía el tiempo de pos guerra, del enfrentamiento bélico que hubo entre 1914 y 1918 e intentaba culminar la reconstrucción de sus grandes ciudades. Estados Unidos empezaba a vivir las consecuencias del despilfarro económico de los años 20, que condujo a la caída de la bolsa de valores de Nueva York, en 1929, lo cual desencadenó una crisis económica sin precedentes hasta ese momento. En Latinoamérica, mientras tanto, comenzaba el periodo de las dictaduras militares, y, mientras todo eso pasaba, el 30 de julio de 1930, un hombre manco, en Montevideo, hacía que por cuarta vez cerca de 70.000 uruguayos se abrazaran en el Estadio Centenario al grito unísono de un gol.

Aquella tarde de invierno en Montevideo, los charrúas fueron los primeros en recibir el trofeo Jules Rimet, creado por el escultor francés Abel Lafleur, y nombrado así en honor al entonces presidente de la FIFA, con el cual se premió al país ganador del Campeonato Mundial que promovió el organismo rector del fútbol profesional y que se jugó en Uruguay entre el 13 y el 30 de julio de 1930. Para llegar a esa tarde eufórica, hubo que pasar por un largo y tedioso proceso, en el cual hubo desencuentros ideológicos, fracasos, renuncias, rechazos, presión política y zozobra, características propias de aquel momento histórico, que conocerán en este especial.

Logo del mundial Uruguay 1930. El campeonato se terminó jugando entre el 13 y 30 de julio. Foto / Wikimedia

La idea de París

Este camino comenzó con el organismo encargado de regular el fútbol profesional, el cual fue creado en París el 21 de mayo de 1904, en el marco del partido internacional que enfrentó a Francia contra Bélgica.

“Con este pretexto acudieron a la capital gala delegados de las federaciones alemana, belga, danesa, española, francesa, holandesa, sueca y suiza, reunidos en un congreso de una semana para deliberar diversas cuestiones sobre el fútbol, surgiendo de esta manera la FIFA”, consignó Juan Expósito Bautista, en su libro Organización del fútbol mundial.

El primer presidente de la FIFA, el francés Robert Guérin, había estado a la cabeza de la Federación Francesa de Fútbol y pasó a encargarse de llevar los hilos del organismo recién creado, con el objetivo de internacionalizar dicho deporte. Por eso, en el marco del primer congreso de la organización, llevado a cabo en París, propuso, junto con el secretario de la organización, el banquero holandés Carl Hirschman, la realización de un torneo que reuniera a todas las selecciones del mundo, de modo que el ganador fuera el campeón mundial.

Aunque la propuesta era bastante ambiciosa, no tuvo los suficientes votos para ser aprobada, entre otras cosas, porque la cantidad de federaciones de fútbol fuera de Europa eran pocas. Por ejemplo, en Sudamérica existían la Asociación de Fútbol Argentino, creada en 1893 y la Federación de Fútbol de Uruguay, creada en 1900; mientras que en Oceanía estaba la Asociación de Fútbol de Nueva Zelanda, fundada en 1891.

Como consecuencia del rechazo a la propuesta de Guérin, la FIFA encontró en el Comité Olímpico Internacional, fundado en París en 1894, y en su evento más importante, es decir los Juegos Olímpicos modernos, el escenario para poner en marcha la internacionalización del fútbol; aunque no fue sino hasta la edición de 1920, celebrada en Amberes, Bélgica, cuando la Federación Internacional de Fútbol Asociado se encargó de la realización del torneo olímpico de fútbol. En esa edición también se dio la primera participación de un equipo no europeo, con la asistencia de Egipto.

“Fue en los Juegos Olímpicos de París en 1924 cuando aparecieron en el ámbito internacional selecciones de otros continente como la de Egipto […], Turquía, Estados Unidos y Uruguay”, afirmó Expósito y fue ese el momento en el cual se comenzó a ver al torneo olímpico al nivel de un campeonato mundial de fútbol, aunque la FIFA lo consideraba de categoría aficionada. El país que salió campeón de esa edición fue Uruguay.

Logo de los Juegos Olímpicos París 1924, evento en el que se dio el primer torneo de fútbol en el que participaron selecciones de países de Europa, América y África. Fotografía / Diario Marca.

Después de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, cuyo campeón en fútbol fue de nuevo Uruguay, el entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet, citó a un congreso del cual surgió la idea de hacer un campeonato mundial, teniendo en cuenta que el fútbol ya era un deporte más popular en los países europeos y sudamericanos, de modo que no tardarían mucho en extenderse al territorio asiático y africano. Aunque dicha iniciativa fue consecuencia de la decisión de otro organismo y la conocerán en la siguiente entrega.

 

 En Los Ángeles no se jugó fútbol

“A los estadounidenses les gustan los deportes que sean de la cintura para arriba, que se jueguen con la mano, como el baloncesto, el beisbol, el fútbol americano. No les gustan los deportes que se jueguen con los pies, incluyendo el ciclismo y el fútbol soccer”, afirmó Jhon Jaime Osorio, periodista deportivo de Blu Radio y presentador de la sección deportiva de TeleAntioquia Noticias.

El listado de deportes que presentó el Comité Olímpico Internacional para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1932 no incluyó al fútbol, lo cual inició el disgusto entre ambas organizaciones, y llevó a que la FIFA acelerara el proceso de creación de un campeonato internacional propio, que pudiera competir con el prestigio de los Juegos Olímpicos.

Logo de los Juegos Olímpicos Los Ángeles 1932, evento en el que no hubo campeonato de fútbol. Foto / Ecured

De modo que en el congreso anual de la FIFA, que tuvo lugar en Barcelona en 1929, la comisión conformada por el alemán Linneaman, el austriaco Hugo Meisl, en francés Henri Delaunag, el suizo Bonnet, el italiano Ferreti y el húngaro Fischeri, presentó el proyecto consolidado sobre la organización del campeonato internacional de fútbol, y fue en esa misma reunión en la que se dio la discusión sobre el país que serviría como sede para el primer torneo mundial.

Según información del especial Operación Rusia, del portal web mejicano excelsior.com, los países que postularon su candidatura para ser sede del campeonato mundial de 1930 fueron Italia, Hungría, Holanda, España y Suecia por Europa, mientras que por Latinoamérica se postuló Uruguay. El presidente de la FIFA inclinó su posición porque el mundial se hiciera en América, pero, como era necesaria la aprobación de la mayoría de los asistentes al congreso, los países europeos retiraron su candidatura y apoyaron a Italia como única posible sede para realizar el torneo en el viejo continente.

Para tomar la decisión, Jules Rimet, presidente de la FIFA, propuso que cada representante de las federaciones asistentes al congreso diera su voto por la sede que consideraba debía ser elegida, y explicara los motivos por los que prefería la opción que escogiera. El discurso que fue determinante para la elección de Uruguay fue el del argentino Adrián Beccar Varela, quien “hizo revivir en los presentes el dramatismo de la final de las olimpiadas de Ámsterdam, un año antes, cuando la Argentina se enfrentó al Uruguay en un  encuentro que la prensa etiquetó como el match del siglo”, concluyó Oscar Andrés De Masi en un artículo publicado por la Universidad de San Isidro de Buenos Aires, Argentina.

Adrián Beccar Varela, representante argentino en el congreso de 1929 de la FIFA, que con su discurso ayudó a que Uruguay fuera definido como sede del primer mundial. Foto / Wikimedia

Como conclusión para esta entrega, la decisión del Comité Olímpico Internacional de que en Los Ángeles 1932 no se jugara fútbol fue un paso determinante para la realización del primer mundial de fútbol, y aunque las relaciones entre la FIFA y el COI se vieron afectadas por esa decisión, es innegable que el historial de Uruguay en las olimpiadas del 24 y el 28 fueron uno de los factores que determinó que el país sudamericano fuera elegido como sede del campeonato de fútbol. El otro motivo de peso lo conocerá en la siguiente entrega.

 

El contexto geopolítico europeo y la elección de Uruguay

La década de los años 20 en Europa estuvo marcada por las dificultades económicas y sociales que dejó el final de la I Guerra Mundial, y aunque desde 1924 grandes economías como la británica y la francesa habían conseguido superar el periodo de recesión económica que se vivió desde 1919, la tensión causada por las indemnizaciones que tenía que pagar Alemania a los países vencedores de la guerra, fue uno de los factores que dificultaron la realización de la copa mundial en Europa.

Otro motivo –ligado al tema social que dio fuerza a la elección de Uruguay como sede del campeonato mundial– fueron los nacionalismos exacerbados y heridos que dejó como consecuencia la guerra, y que de haberse realizado el torneo en Europa se hubieran convertido en un problema, teniendo en cuenta que según el Sociólogo y PhD en deporte, Alejandro Villanueva, “el deporte es un campo de enfrentamiento simbólico que, si bien deja consecuencias como rivalidades entre contendores, subliman la guerra y dejan en el espacio deportivo los enfrentamientos que podrían ser bélicos”, por lo que, para los condiciones sociales europeas del momento se hubiera convertido en un posible nuevo detonante de conflicto.

Europa después de la primera guerra mundial. Foto /El Español.

“En medio de ese caos geopolítico, aparece América como una opción distinta, ya que era una economía emergente en medio de la crisis mundial de Europa y Estados Unidos, y Uruguay surgió como una opción para evitar líos, ya que era un país tranquilo, con escenarios de fútbol y con el Río de la Plata cerca”, aseguró Jhon Jaime Osorio. Tal vez pensando en ese motivo fue que Jules Rimet se inclinó inicialmente porque el primer campeonato mundial se jugara por fuera del viejo continente.

Por otro lado, Uruguay tenía un contexto político, social y económico más tranquilo. Para la fecha del mundial, en julio de 1930 los uruguayos celebraban el centenario de la jura de la Constitución, en la cual se establecieron como un estado republicano, unitario, católico y que la ciudadanía se limitaba solo a los propietarios e ilustrados y se negaba a los artesanos y analfabetos.

Teniendo en cuenta la tradición futbolera del país sudamericano y luego de haber sido elegido como sede para el campeonato, “los uruguayos se comprometieron con la construcción de un estadio con capacidad para 108.000 espectadores, cuya construcción finalizó poco antes de comenzar el torneo”, concluyó Néstor Falcciani, en su libro La historia de los mundiales, publicado en 2005.

Según el escritor uruguayo Osvaldo Soriano, la construcción del escenario deportivo se demoró ocho meses, y se llamó Centenario en honor a la celebración nacional antes referenciada. El estadio fue construido por el arquitecto uruguayo Juan Antonio Scasso,  con capacidad para albergar a 90.000 espectadores, y declarado como Monumento del Fútbol Mundial por la FIFA. Lo más llamativo de la obra es La Torre de los Homenajes, un edificio de 100 metros erigido sobre la Tribuna Olímpica, pensado para conmemorar las fechas históricas del país.

Estadio Centenario de Montevideo, 1930. Foto / Conmebol

El gobierno uruguayo financió la construcción del estadio y estaba tan interesado en que el torneo, que para ese momento fue de carácter invitacional, tuviera una amplia acogida por parte de las federaciones que podían participar; que ofreció ayudar a la financiación del viaje desde Europa hasta Montevideo. Hubo un interés político, que sumado al historial deportivo de los charrúas hasta ese momento, le dieron la posibilidad a Uruguay de ser sede del campeonato, aunque las pretensiones uruguayas se verían afectadas por una circunstancia que conocerán en nuestra siguiente entrega.

 

La gran dificultad: el viaje a Montevideo

“Doce naciones llegaron al puerto de Montevideo. Toda Europa estaba invitada, pero solo cuatro seleccionados europeos atravesaron el océano hacia estas playas del sur: (Eso está muy lejos de todo, decían en Europa, y el pasaje sale caro)”, consignó Eduardo Galeano en el libro Fútbol a sol y sombra. La FIFA había extendido la invitación para el campeonato a todas las federaciones europeas que hacían parte de la organización, sin embargo, cuando faltaban dos meses para la realización del campeonato ningún equipo europeo había confirmado su asistencia al torneo.

Jules Rimet, tercer presidente de la FIFA. Ocupó el cargo entre 1921 y 1954. Fue el gran promotor del primer mundial de fútbol.

El Mundial de Uruguay fue el único que se jugó sin haber pasado por un proceso de partidos clasificatorios. El formato que propuso en primera instancia la FIFA para el torneo pretendía que 16 equipos participaran, sin embargo, la negativa de las grandes potencias europeas que utilizaron como argumentos la distancia y que la situación económica no era buena como consecuencia de la guerra y, por lo tanto, no podían costear el viaje hasta Montevideo, obligó a que se cambiara el formato y el torneo se jugara con menor cantidad de selecciones.

Las selecciones nacionales que rechazaron la invitación de la FIFA al torneo fueron la antigua candidata a sede Italia, España, Suiza, Austria, Checoslovaquia, Alemania y Hungría; lo cual llevó a que Jules Rimet y la mesa principal del organismo rector del fútbol ejercieran presión en algunas federaciones para que aceptaran la invitación al campeonato, lo cual desencadenó en que Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania aceptaran finalmente la invitación.

Rumania la aceptó luego de que Rimet hablara con el rey del país, lo cual llevó a que de una manera particular se conformara el equipo nacional que luego viajó a Montevideo. Según el blog español “20 minutos” el equipo rumano asistió “por iniciativa del rey Carlos II, quien seleccionó a los jugadores de una empresa petrolera estatal, obligando a la compañía a que los liberaran para ir al mundial a representar a su país”.

Al equipo anfitrión se sumaron las cuatro selecciones europeas que aceptaron participar en el campeonato mundial y un grupo de siete federaciones de América, conformado por Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay y Perú; equipos que llegaron a Montevideo días antes del inicio de la Copa Mundial.

Futbolistas entrenando en el barco Conte Verde, en el que viajaron los deportistas de varios países a Montevideo. Foto tomada de internet.

“El 5 de julio de 1930, el barco Conte Verde ancló en el puerto de Montevideo, luego de tres semanas de viaje, proveniente de Europa. Con él arribaban jugadores yugoslavos, belgas y rumanos, más los brasileños que habían subido en Río de Janeiro […] además transportaba el trofeo” aseguró Néstor Falcciani. En ese barco también viajó el equipo francés, el presidente de la FIFA y tres árbitros europeos.

Cuando todos los equipos estaban en Montevideo se realizó el sorteo de los grupos del campeonato, el cual no se había realizado con el objetivo de evitar que los países participantes, en caso de quedar en un grupo que no les pareciera beneficioso, renunciaran a su participación. Para cerrar el capítulo de las dificultades de viajar a Montevideo, es necesario mencionar que el equipo de Egipto había aceptado la invitación, pero por la distancia pidió aplazar la fecha de inicio del torneo, lo cual fue rechazado por la FIFA. El gran ausente del primer mundial merece un capítulo aparte.

Twitter: @brandonstefan9

(Continúa el miércoles)