Maruja Vieira (Manizales, Caldas, 25 de diciembre de 1922). Es una poeta, periodista y catedrática colombiana. Lleva más de sesenta años de activa carrera literaria durante los cuales ha publicado quince libros de poesía, uno en prosa y varias columnas en diversos periódicos colombianos y venezolanos. Es miembro Numeraria de la Academia Colombiana de la Lengua y miembro Correspondiente Hispanoamericana de la Real Academia Española. Ha sido Secretaria General del PEN Club. Sus cátedras de Literatura, Periodismo Cultural y Relaciones Públicas las ejerció en varias universidades colombianas, entre las que se cuentan la Universidad Central y la Universidad de la Sabana, en Bogotá. Entre sus obras: Palabras de la ausencia (1953), Tiempo de vivir (1992), Campanario de lluvia (edición conmemorativa, 1997)Sombra del Amor (1998), Mis propias palabras (antología poética, 2006), Rompecabezas (2010), Tiempo de la memoria (2010), Todo el amor buscando mi corazón (antología descargable, 2011). Gabriel García Márquez escribió este artículo sobre ella (ver).

 

Maruja Vieira

Los desplazados

                  Bogotá, Plaza de Bolívar, 27 de julio de 2007

Llegaron cantando
y sembraron
en el cemento árido.
 
Celebraron
los ritos del amor
y del respeto a las semillas.
 
A cada una de las parcelas
que inventaron
le pusieron el nombre
que dejaron atrás, en el campo.
 
Ahora fue así.
¿Y mañana, cuando sepan
que no los vieron,
que no los escucharon,
que los olvidaron?
 
Mañana…

 

Retratos de Federico

La sonrisa de Federico
junto a la fuente de Cibeles
se burla de los dos leones,
(tan serios).

La mano de Federico
juega con el agua
en un estanque
de la Alhambra

Había sol en Granada esa tarde.

La sombra de Federico
se proyecta sobre la arena,
en Cadaqués junto a Dalí
(tan loco).

Los ojos de Federico
miran serios, sonrientes,
tristes, hondos…

 

Palabras de la ausencia

I
Esta noche la lluvia
rompe contra los árboles su abanico de vidrio
La carta de la madre
me dice cosas tiernas de la casa distante:
“Llamaron a la puerta
igual que tú llamabas al volver por las tardes.
Cuando encuentro tus libros
me parece que has vuelto y que voy a besarte”

II
Madre, cuando despierto
me dice buenos días la verde luz del Ávila.
Y los pájaros cuentan
que amaneció la niebla sobre los apamates.
Porque todos los ríos
me llaman con la letra sonora de sus aguas
Aquí estoy aprendiendo
nombres que tienen gusto de níspero y manzanas.

III
Desde aquí tu ciudad es más cierta y más honda.
Me dibuja en el alma su perfil de montañas.
El escudo del tiempo la defiende de olvidos
por sus águilas negras y sus dulces granadas.
Yo recuerdo sus calles, largos hilos de bruma
que febrero enredaba con agujas de insomnio
Y sus parques de mayo con sonrisas de niños
y los altos balcones rumorosos de junio.

IV
Por tu voz de campana matinal que me aguarda
y mi flecha de sueños que se rompe en el arco
Esta noche de lluvia mis palabras te buscan
por la casa desierta, donde faltan mis pasos.

 

La memoria del árbol

Un día en el futuro recordaré este árbol.

Sentiré que sus ramas llegan hasta mis manos,
cargadas del perfume que hoy difunde la tarde.

Brillantes olas verdes son las hojas y el agua.
El tronco gris dibuja largos, extraños mapas.

Recordaré este cielo, que asoma a mi ventana,
y al pájaro invisible que en las mañanas canta.

Recordaré esta hora, con el hombre que pasa
recogiendo botellas vacías por la calle
y a la niñita pobre que viene sin zapatos
desde la cueva oscura que horada la montaña.

Lejos, una campana. Aquí dentro, la música
y un rostro que me mira de más allá del alma.

Otra vez es septiembre, siento tu amor cercano.

Desde un lugar distinto de la vida, tus ojos
me miran en la bruma que borra las distancias.

En un lejano día recordaré esta hora
y ya estará más cerca de tu orilla mi barca.