LA VINDICACIÓN DE LA FIGURA FEMENINA EN LA ODISEA

Este enfoque hecho, tiene como resultado diversas deconstrucciones de los estereotipos de feminidad que, la búsqueda del hombre por el dominio sobre la mujer, con sus siglos de existencia se ha dedicado a perpetuar.

 

Escribe / Emily Sharick Hernández – Ilustración / Stella Maris

Cuando se habla de la mujer en términos mitológicos se tiene una noción ambigua, un poco abstracta y hasta contradictoria que desencadena una infinidad de interpretaciones. Sin embargo, mediante los siguientes renglones intentaré desglosar lo que, a título personal, es uno de los pilares del análisis entre la relación mujer griega antigua – mujer actual. Si bien, es complejo centrarse en dos personajes debido a la variedad que se encuentran en los mitos, Nausícaa y Arete son dos de los mejores ejemplos.

Nausícaa es presentada como la joven princesa pura y llena de indudables gracias y encantos, quien, dadas las circunstancias provocadas por Atenea, se encontró en una situación liosa y poco convencional con Odiseo, el personaje al que serían mostradas aquellas cualidades de nobleza y dulzura de la princesa. A Arete, se le atribuye la identidad de una mujer dominante y astuta cuyo papel en la obra es fundamental para la determinación del camino de Ulises, dado el poder que en sus manos con sabiduría manejaba como reina de los feacios, esta mujer a lo largo de sus apariciones en la obra encarna a la perfección el significado de su nombre, excelencia.

La odisea es clasificada por diversos historiadores y escritores como una de las principales fuentes de información acerca de las mujeres en esta época de la antigua Grecia (teniendo en cuenta las grandes repercusiones culturales que ha traído el poema a través del tiempo), ya que contiene numerosos momentos de la vida cotidiana en donde ellas están en la parte delantera de la escena, lo que nos permite evidenciar e inferir que la mujer en el contexto de la época homérica tiene un triple papel: esposa, reina y ama de casa. En donde se desafía directamente a la cultura machista que ha protagonizado la mayor parte de las épocas.

En el canto IV de La odisea esto está claramente ejemplificado por Arete y las pretensiones futuras de Nausícaa con sus deseos matrimoniales. Ambas mujeres son la muestra de la femineidad versátil en sí misma. Esto se demuestra en la manera en cómo ejercen sus roles, en sus actitudes a lo largo de los cantos que las describen. Es así como Homero logra transmitir al lector, a través de sus relatos, la percepción y el lugar en el que se tenía a la mujer en aquella época.

Como punto de partida y para el desarrollo del análisis, se debe establecer la siguiente cuestión, ¿es Arete el reflejo íntegro del diseño original de la mujer? Y, por consiguiente, ¿es la doctrina feminista la ilación de la misma reina Arete (y múltiples personajes mitológicos como Atenea, Penélope, Afrodita, Hera entre otras) como reflejo de empoderamiento femenino implícito? Aunque la concepción de mujer integral está sujeta a múltiples contextos, y querer idealizar a una basándome en paradigmas erróneos de perfección social es una completa contradicción del enfoque, sí considero que hay ciertas características en las mujeres que me permiten hablar acerca de integridad sin importar el ámbito en el que este término se ejerza.

Arete, vuelve a ser la perfecta ejemplificación, pues, en su momento de protagonismo es evidente que esta mujer está dotada de hospitalidad, compasión, bondad y paciencia, pero a la vez de inteligencia, belleza física, astucia, gracia y liderazgo, cualidades que, en lo personal (y en su mayoría) considero innatas y casi que biológicas en la figura femenina, dando paso a la reiteración del término antes mencionado.

Por otro lado, es evidente y se logra inferir según las preferencias de las personas, que en la actualidad el porcentaje poblacional que conoce y ha estudiado la relación de los personajes mitológicos con el movimiento feminista es reducido, en comparación con las personas participantes. Sin embargo, la influencia de los mitos radica en que han construido un preludio esencial en las relaciones de género y en la continuidad de las construcciones culturales que respaldan. Así como en la vida diaria, la mitología intentó también reducir las capacidades de la mujer a un régimen machista, pero el ejemplo de mujeres como Arete y Nausícaa, como bien lo afirma Angie Simonis: “está impregnado de las cualidades de inmanencia (todo lo que tiene vida es sagrado, desde la más humilde hierba hasta la criatura más perfecta de la creación), transformación (desde el propio cuerpo de la Mujer con sus ciclos biológicos y emocionales cambiantes) y creación (mostrando que este principio femenino no está limitado a la maternidad, como ha mantenido el Patriarcado. Esta es sólo una expresión del poder de fecundidad y fertilidad de la mujer que puede ser expresado en cualquiera de sus facetas vitales y de donde pueden resultar productos como un guiso, una obra de arte o una vida humana)”, lo cual reafirma argumentos feministas inspirados en obras y personajes de la antigua Grecia, por lo que la segunda respuesta sería, sí.

Para continuar con esta línea de paradojas, se me presentó una pregunta puntual para evaluar la veracidad de mis argumentos, ¿es Nausícaa una mujer digna de llamar “empoderada” cuando su primera aparición en La odisea relata la búsqueda desesperada e inocente de un hombre que la tomara como esposa? Aunque realmente es lógica la percepción que se obtiene de algunas acciones que catalogarían a Nausícaa como una “doncella necesitada de un hombre para su realización”, en el trasfondo que infiero, estas mismas acciones terminan siendo completamente contrarias a lo esperado.

El comportamiento de la dulce y hermosa joven pudo representar una de las variantes mal entendidas del desarrollo de la mujer y la búsqueda de su propia estabilidad. Nausícaa resultó siendo “la más pura y bella tentación para desviar a Odiseo de su camino hacia Ítaca” y aunque seguramente en sus acciones había una intencionalidad de entregarse a él, tentada por la figura de él, no fue intimidada por la calidad de su coquetería, sino que se mantuvo firme en el “conducto regular” de sus propios valores: fue frente a sus padres, y eso, en lo personal, es una muestra de empoderamiento.

Por otra parte, es fundamental tener en cuenta la influencia de la figura masculina en nuestras dos doncellas llenas de cognición social, empatía y versatilidad. La primera figura masculina con influencia en común sobre ellas dos era Alcinoo, esposo de Arete y padre de Nausícaa. Aunque el texto no brinda mucha información respecto a las relaciones que mantenían como familia, si se puede inferir por la actitud de obediencia de Nausícaa que realmente había un yugo de poder y autoridad al que ella estaba sujeta, pero no se rebasaban los límites del respeto por parte y parte. Por otro lado, Arete muestra reverencia hacia su esposo, pero en su carácter podemos ver como ella lleva las riendas de su matrimonio, con una posición fuerte, gentil y amorosa. Así logró mantener el poder que Alcínoo le concedió.

No podemos dejar a la figura principal de la historia fuera, Odiseo, por su parte, sigue mostrando ante Nausícaa y Arete su personalidad manipuladora, pero a la vez llena de gracia. Realmente es más la influencia que él tiene sobre Nausícaa, llegando a enamorarla y destruyendo de cierta manera sus ilusiones.

Finalmente, a través de este texto y las fuentes de información anteriormente utilizadas, vemos como la mitología griega ejemplifica perfectamente las relaciones de poder degradantes hacia la mujer, pero, aunque nos centramos en esta cultura de patriarcado generacional, es posible lograr un enfoque diferente estudiando las “señales” implícitas que así generaron nuevas interpretaciones, hacia los comportamientos que Homero se encargó de dejar sutilmente marcados en los dos personajes femeninos de este canto de La odisea.

Este enfoque hecho, tiene como resultado diversas deconstrucciones de los estereotipos de feminidad que, la búsqueda del hombre por el dominio sobre la mujer, con sus siglos de existencia se ha dedicado a perpetuar. En conclusión, hay patrones comportamentales de ambos géneros que podemos identificar en obras mitológicas, y que nos permiten tener juicios más objetivos sobre nuestras propias actitudes y formas de vida como sociedad, esto es lo fascinante del contraste con la literatura, que, aunque sea de cierta manera invención, llega a tomar papeles supremamente reales.